Mi presentación en SIMO 2018

viernes, 16 de noviembre de 2018

Innovar en educación: por qué, cuándo y para qué


El pasado jueves 15 de noviembre tuve la oportunidad de participar en SIMO 2018 con una conferencia sobre innovar en educación. Fue una experiencia muy enriquecedora poder compartir con un buen número de docentes mis opiniones sobre este tema.

Si queréis consultar la presentación, la comparto con todos vosotros en PDF y también os dejo aquí el vídeo sobre Dick Fosbury que proyecté (y que no puede verse en el PDF).

Para los que no pudisteis asistir, estas son algunas de las principales ideas que comenté:

- Innovación y educación son dos palabras que se suelen utilizan con demasiada ligereza.
- La innovación es el objetivo de nuestra acción educadora.
- No todo el mundo puede ni debe ser innovador.
- Los docentes tenemos la obligación de ser proactivos, de adaptarnos al cambio.
- La innovación necesita efectividad, sostenibilidad y replicabilidad.
- En educación, la única forma de ser innovador es conociendo la herencia pedagógica.
- Innovar no es introducir tecnología.
- Innovar no es utilizar metodologías.

Espero que sea de vuestro interés.

¿Escuela sí o escuela no? ¡Tú decides!

domingo, 4 de noviembre de 2018
"Siempre ha habido aprendizaje sin educación y educación sin enseñanza. Siempre ha habido mucha educación sin escuela y mucho aprendizaje sin educación." Carlos Magro (@c_magro)

La escuela actual presenta muchos inconvenientes, demasiadas incongruencias y no pocos anacronismos. Pero, a pesar de todo, sigue siendo un lugar privilegiado para preparar a los hombres y mujeres que tienen que hacer de este mundo un lugar mejor. Claro que hay conocimientos que deben adquirirse dentro de la escuela, pero hay otros muchos que no. Pero, ¿debemos dejar la educación de nuestros jóvenes en manos de Google?

La escuela actual tiene una misión y un propósito demasiado utilitarista: formar a nuestros jóvenes para una profesión, para encontrar un trabajo. Hemos reducido el asistir a clase a un montón actividades dirigidas a seleccionar a los alumnos y alumnas según los resultados que obtienen en pruebas donde, en demasiadas ocasiones, solo se valora su capacidad memorística y su habilidad para adaptarse al sistema.

Parece que hemos olvidado que la palabra escuela, etimológicamente proviene del griego σχολή (scholé), que significa "ocio, tiempo libre", y la hemos convertido en un lugar donde se va por obligación para hacer cosas a las que no le encontramos el sentido. La escuela debería un lugar al que se quiere asistir por el gusto de aprender, un lugar donde debemos despertar en los alumnos y alumnas el deseo por seguir aprendiendo constantemente, siempre, durante toda la vida, en cualquier circunstancia.

Si no cambiamos la escuela, la condenamos a convertirse en una institución vacía e inútil. ¿Tan difícil es cambiarla? Se nos ocurren multitud de excusas para no hacerlo. Y sí, hay una falta de recursos e inversiones preocupante, irritante e insoportable que dificultan que se produzca el cambio.

A pesar de ello, "solo un sistema educativo de calidad, inclusivo, integrador y exigente, garantiza la igualdad de oportunidades y hace efectiva la posibilidad de que cada alumno o alumna desarrolle el máximo de sus potencialidades." ¿Sabéis de dónde es esta cita? Del Preámbulo de la LOMCE... sí, de nuestra ley educativa (con todos los defectos y limitaciones que tiene, que no son pocas).

Y es que el propósito de la escuela es preparar a los niños y niñas para la vida, con todo lo que ello significa (aprender conceptos, lograr competencias, gestionar emociones, adquirir valores...). Si no adaptamos la escuela a este objetivo, estará absolutamente fuera de juego y, en poco tiempo, dejará de ser necesaria.
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