Profe: aprendo contigo, aprendo de ti... y aprendo conmigo mismo

domingo, 19 de marzo de 2017
En su discurso de aceptación del título de doctor honoris causa por la Universidad Pompeu Fabra, Miquel Barceló, el genial pintor mallorquín, explicó una anécdota que me parece muy significativa para entender cómo se produce el aprendizaje en el ámbito escolar.

Barceló cuenta que asistió durante tan solo unas semanas a la Escuela de Bellas Artes de Barcelona y que, al cabo de unos años, se reencontró con el que había sido director de esta escuela cuando él era alumno. El director le manifestó con entusiasmo que había sido el mejor alumno que había pasado por el centro. Barceló, con cierta sorpresa, le dijo: "Caramba, debe saber que yo asistí a la escuela tan solo un mes"; a lo que el director le respondió: "Es igual, aprovechó usted muy bien el tiempo".


No siempre es posible aprender uno mismo.
A veces necesito aprender contigo y de ti.
Esta anécdota nos muestra que, en la escuela, la transmisión de conocimiento directo o reproductivo por parte del docente al alumno no es la única, ni tan siquiera la función principal, y que la transmisión indirecta o inductiva del conocimiento debe tener más importancia.

Lo cierto es que ni el docente debe "enseñarlo" todo, como si el alumno fuera un recipiente vacío al que hay que llenar; ni este debe "descubrirlo" siempre todo, porque de esta forma sería difícil progresar al repetir eternamente procesos innecesarios. Decidir qué y cómo enseñar es, posiblemente, la tarea más importante del docente.

Buscar el equilibrio entre los diferentes estilos de enseñanza y de aprendizaje es una tarea imprescindible en nuestras escuelas. Para ello, la mayoría de las veces solo es necesario aplicar el sentido común. Hay distintas y variadas formas de enseñar y de aprender, lo que hace necesario conocer nuestro perfil docente y el perfil de inteligencias múltiples de nuestros alumnos y alumnas para así plantear estrategias que faciliten nuestra labor y para compensar aquellos aspectos en los que tenemos mayores deficiencias.

No debemos olvidar nunca que un maestro, que un profesor, no solo "informa", sino que además "forma". Esto condiciona necesariamente la relación que se establece entre docente y alumno. La figura del docente es necesaria para educar a los alumnos, aunque estos tengan un alto grado de autonomía. Por este motivo, el e-learning, por ejemplo, es un complemento muy valioso para la labor docente, pero nunca puede sustituirla del todo.

También es importante tener siempre presente que tanto enseñar como aprender requieren de un esfuerzo. Ni se aprende ni se enseña por "ciencia infusa", sin trabajo. Si alguien no lo ve así, tiene un grave problema para cumplir con su cometido. La cuestión es saber vestir ese esfuerzo para que sea gozoso y no estresante con los elementos adecuados: motivación, interés, curiosidad, asombro, creatividad, disrupción, colaboración, inclusión...

Quien piense que enseñar y aprender tiene que ser siempre sacrificado y doloroso, le hace un flaco favor a la Educación; pero lo mismo sucede con quien piense que se aprende sin esfuerzo.

Aprender durante toda la vida no es una opción, es una obligación

domingo, 12 de marzo de 2017
"[Nuestra educación] adolece de una enorme carencia en lo que atañe a una necesidad primordial del vivir: equivocarse y engañarse lo menos posible, reconocer fuentes y causas de nuestros errores e ilusiones, buscar en toda ocasión el conocimiento más pertinente posible." Edgar Morin


Lo peor que le puede pasar a una persona, sea en su vida cotidiana o en su vida laboral, es pensar que ya lo sabe todo, que ya no tiene nada que aprender.

Hoy en día, aprender durante toda la vida no es una opción, es una obligación. Nadie sabe cómo será el futuro, pues el mundo cambia cada vez más y más deprisa, por lo que debemos estar preparados para enfrentarnos a él. Y no hay mejor manera de prepararse para los retos que han de venir que prepararse día a día para afrontar el presente.

Por eso hay que cambiar nuestra forma de enseñar en las escuelas. Hay que preparar a los niños y jóvenes para que vivan el presente, no para lo que serán en el futuro. Hay que enseñarles a equivocarse lo menos posible, por lo que no podemos castigarles o sancionarles por errar, sino que debemos darles las herramientas para que lo hagan lo menos posible.

Analizar y evaluar nuestros actos y sus consecuencias es una labor que debe enseñarse desde la escuela. Debemos aprender que nuestras acciones conllevan unas consecuencias. Por ello, no solo es importante aprender contenidos de las materias curriculares, sino que debemos aprender a utilizar las herramientas no cognitivas que nos permitan dar respuesta a los desafíos.

La escuela nos enseña sin tener en cuenta los problemas que plantea el vivir, como si el conocimiento y el saber estuvieran desvinculados de la vida real. ¡Qué gran error! En la escuela debemos preparar la vida en todos sus ámbitos: aprender a conocer, a ser, a hacer y a convivir. Y eso, no es una opción, es una obligación.

En muchas ocasiones pienso que no hacemos esto en nuestras escuelas porque la educación actual carece de poesía... porque deja de lado la vertiente humana, aquello que tiene que ver con lo más íntimo de las personas, con las emociones. En realidad, es nuestro mundo el que no tiene poesía, el que obliga a la escuela a preparar a los jóvenes para la empleabilidad y para que sirvan para el progreso económico. Pero la realidad es que la escuela debe preparar para la vida, para desarrollar su potencial al máximo.

La realidad es que la escuela actual está envuelta en un huracán. Las escuelas que funcionan son las que están inmersas en el ojo de huracán, donde todo está en calma. Pero el resto están siendo sacudidas por los fuertes vientos de cambio que azotan nuestro mundo. Para conseguir salir del huracán, estas escuelas deben entender que hay que preparar a los niños y jóvenes para que sean capaces de aprender autónomamente durante toda su vida.
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Maestro no estás solo: educar es cosa de todos

domingo, 5 de marzo de 2017

Ya es hora de revertir la afirmación de Recalcati que encabeza este post: hay que acabar con la soledad del maestro. Pero esta es una tarea tan necesaria como complicada.

Decía César Bona (@cccesssarrr) en una entrevista que "es un error pensar que en casa se educa y en la escuela se enseña". No puedo estar más de acuerdo con él, hace tiempo que esa afirmación es errónea. En el mundo actual la transmisión de conocimiento está directamente vinculada con la transmisión de valores, emociones...

Creo que es importante no perder de vista que si el papel del maestro se limita exclusivamente a la transmisión del conocimiento propio de las distintas asignaturas, la docencia será una de las muchas profesiones en las que los robots sustituyan a las personas. Y eso sucederá en un futuro inmediato.

Necesitamos que familia y escuela remen en la misma dirección. De nada sirve que en el hogar se digan y se hagan unas cosas, se transmitan unos valores, y en el aula se digan y hagan cosas distintas. Educar es una tarea colectiva, una labor social. El maestro que pretenda enseñar en la soledad de su aula, no podrá cumplir con su función. Se acabaron las puertas cerradas en las aulas.

En una sociedad donde el conocimiento está siempre disponible, donde Google se ha convertido en el depositario del saber y lo ha convertido en algo fácilmente accesible, la propensión a intentar adquirirlo sin esfuerzo es muy fuerte, genera lo que Massimo Recalcati llama "anorexia mental". La labor del maestro debe ser luchar contra ella. El conocimiento solo puede adquirirse con esfuerzo (no confundir con sacrificio y angustia).

Ya no podemos permitirnos educar en soledad, la soledad en educación es cosa del pasado. El saber compartido se amplifica, la experiencia educativa compartida, también. Por tanto, el acto de educar debe ser horizontal (todos debemos participar con responsabilidad) y no vertical (traspasar el conocimiento del maestro al aprendiz).

En conclusión, educar en el mundo actual tiene estas características:

1. Perder el miedo a compartir. De hecho, hay que compartir siempre.

2. No existe un único espacio donde educar, se educa en todo tiempo y lugar.

3. No hay transmisión de conocimiento sin valores, no hay valores sin conocimiento.

4. Hay que preparar para el presente, dotar de las herramientas que permitan vivir el ahora, para poder afrontar el futuro con garantías de éxito.
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No solo hay que educar distinto, hay que educar mejor

domingo, 26 de febrero de 2017
"Lo que se le dé a los niños, los niños darán a la sociedad." Karl Menninger

El mundo de la educación está lleno de buenas intenciones, pero nos juzgan por nuestros resultados no por nuestros propósitos, aunque a veces parece que lo olvidemos. Es por ello que no solo debemos educar de una manera distinta a como se ha hecho tradicionalmente, sino mejor.

Las dificultades ante las que nos enfrentamos para educar mejor, es decir, para dotar a las personas de las herramientas que les permitan tener un aprendizaje autónomo y perdurable en el tiempo, son múltiples y variadas. La primera de ellas tiene que ver con la gran cantidad de contenidos innecesarios, inútiles, obsoletos y desfasados que pretendemos enseñarles.

No somos conscientes de los tratos que llegamos a acumular en nuestras casas, en nuestros trasteros guardados en cajas sin clasificar, hasta que tenemos que organizar una mudanza o tenemos que hacer una limpieza a fondo por obras o algo parecido. Guardamos todas esas cosas porque les tenemos afecto, por si acaso algún día las necesitamos (cosa que nunca sucede)... en general, nos cuesta despegarnos de nuestraspropiedades. Pues algo parecido ocurre con los contenidos que se establecen en el currículo y que nos "obligan" a enseñar en la escuela. Son contenidos que han ido acumulándose con el paso del tiempo, se han ido añadiendo nuevos, pero no se han desechado los que han quedado desfasados.

También sucede lo mismo con nuestra forma de enseñar, con nuestra práctica educativa. Incluso aquellos que innovan de forma evidente suelen conservar maneras de hacer que proceden de metodologías obsoletas.

Por todo ello, propongo que de tanto en tanto, dediquemos un tiempo para hacer limpieza, para reflexionar y detectar qué enseñamos que ya no tenga sentido y cómo lo hacemos.

También es interesante saber ordenar, clasificar todo lo que hacemos en cajas diferentes. con sus etiquetas, que nos permitan acceder a ello de manera más fácil. Solo así seremos conscientes de que son cosas útiles, que cumplen con un objetivo o no.

Otra de las grandes dificultades a la que nos enfrentamos a la hora de educar mejor es el reparo que tenemos a evaluar y ser evaluados, y nuestra arraigada costumbre utilizar para ello casi exclusivamente exámenes. El propósito de la evaluación es detectar si estamos consiguiendo nuestros objetivos o no, e identificar qué tenemos que cambiar para conseguirlo. Para ello no solo tenemos que evaluar si se adquieren o no ciertos contenidos, sino el proceso como se llega a ellos. Hay que evaluar también las destrezas, habilidades y el grado de competencia que tenemos. La evaluación no debe tener como objetivo premiar, castigar o clasificar sino dirigir nuestra práctica educativa. Para saber si no solo educo de forma diferente, sino mejor, necesito evaluar constantemente lo que hago.

Por tanto, adelgazar de manera coherente el currículo y perder el miedo a evaluar y a ser evaluados de una manera constante y no puntual son dos de las cosas que nos permitirán educar mejor. Vamos a ello.
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ABSC: Aprendizaje Basado en el Sentido Común

domingo, 19 de febrero de 2017

En el mundo actual estamos viviendo tiempos de aparición continua y casi descontrolada de múltiples metodologías didácticas "emergentes": ABP (Aprendizaje Basado en Proyectos), Flipped Learning, Inteligencias múltiples, Aprendizaje servicio, Aprendizaje cooperativo... Cada poco tiempo aparece una metodología nueva que pretende solucionar todos los problemas de la educación.

Por este motivo creo que ha llegado el momento de reivindicar y defender las bondades de una metodología que, a pesar de su probada eficacia y sencillez en la aplicación, brilla por su ausencia en la mayoría de nuestras escuelas: el ABSC o el Aprendizaje Basado en el Sentido Común.

De hecho, el ABSC es la herramienta que debe permitir a los docentes aplicar con sentido y funcionalidad cualquier otra metodología. En función de mi entorno, de mi centro, de mis alumnos, de mis circunstancias... y de lo que quiero conseguir en cada momento, el ABSC nos permite escoger qué metodología o metodologías son las más adecuadas.

El sentido común nos permite entender que es más importante aprender que aprobar, que tan importante como el conocimiento es la gestión de las emociones, que se aprende más colaborando que compitiendo, que se puede disfrutar del aprendizaje, que la escuela debe preparar para la vida en un sentido amplio... Y para conseguir todo esto debemos aplicar en cada momento y con el máximo criterio la manera más adecuada de enseñar.

La calidad de la educación tiene que ver con una evaluación constante de la experiencia docente y con una revisión continua de nuestros conocimientos didácticos, con una actitud abierta y alejada de cuestiones preconcebidas y una búsqueda permanente de las necesidades de nuestros alumnos. Para conseguirlo hay que aplicar, sin duda, el sentido común, cosa que no es fácil, pero que es absolutamente necesaria.
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¿Por qué hemos desterrado la imaginación de la práctica educativa?

domingo, 12 de febrero de 2017
"La creatividad necesita la inspiración de la imaginación, es su sustrato básico, es el alimento que lleva a materializar los sueños." Marta Ligoiz

Hablar de la importancia que le otorgamos a la imaginación en la educación actual es como intentar escribir un cuento con un bolígrafo sin tinta, es decir, una tarea inútil porque no quedará nada escrito en el papel. La imaginación no tiene valor alguno en la práctica educativa de nuestros centros de enseñanza.

La imaginación es progresivamente desterrada y denostada en las escuelas. Durante los primeros años de escolarización se potencia en los niños pero, conforme pasan los cursos, la imaginación va desapareciendo de las aulas, hasta el punto de estar muy mal vista por la mayoría de los docentes de enseñanza media y superior. Ser imaginativo suele ser considerado como un defecto y no como una virtud.

Pero, en educación, la imaginación ha de servir para comprender mejor la realidad, no para evadirse de ella. La imaginación es necesaria para romper las limitaciones de la sensatez y la cordura, para romper las limitaciones de lo previsible y lo establecido. Por ello, es tan necesaria y aplicable en la solución de un teorema matemático como en la creación de un poema, como en un debate en el aula, etc.

No se trata de vivir permanentemente entre ogros, duendes y seres fantásticos... se trata de tener la facultad, la habilidad de enfrentarse a los problemas sin estar limitado por el corsé de lo presumible. En este sentido, Gianni Rodari dijo que: "Si queremos enseñar a pensar, debemos antes enseñar a inventar". En la escuela se enseña a imitar, a obedecer, a memorizar el saber establecido; cuando debería enseñarse a crear, a reflexionar, a preguntar, a cuestionar el saber establecido para mejorar el mundo en el que vivimos.

Las personas imaginativas son más curiosas, son más observadoras, escuchan más atentamente y miran más profundamente las cosas que les rodean. Y esas son virtudes y habilidades fundamentales para las personas.

Potenciar la imaginación en nuestra práctica educativa es dar alas al conocimiento, pero a un conocimiento creativo, crítico, significativo. En verdad, la racionalidad no está reñida con la imaginación, más bien al contrario, se complementan. Sin imaginación, la educación solo puede ser reproductiva... y eso no es lo que pretendemos cuando educamos a las personas del siglo XXI.
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El riesgo de no arriesgar en educación

domingo, 5 de febrero de 2017
"En un mundo que cambia rápido, la única estrategia que tiene garantizado fracasar es no tomar riesgos." Mark Zuckerberg

En la escuela solemos relacionar el riesgo con el fracaso, y no hay error más grande ni nada es más contrario a la esencia de la educación.

Educar es un diálogo abierto y permanente, un proceso que tiene como objetivo dotar a las personas de los conocimientos, las habilidades y las destrezas que les permitan aprender autónomamente durante toda su vida y así adaptarse, con espíritu crítico y creativo, a las exigencias de un mundo cambiante... y para conseguirlo es necesario asumir riesgos, que lejos de conducirnos al "fracaso" nos deben acercar cada vez más al "éxito".

La escuela no debe ser un freno a la autonomía
y la creatividad de los alumnos.
"Pruébalo, inténtalo... no tengas miedo a equivocarte" debería ser una de las frases más escuchadas en nuestras aulas. En cambio, solemos escuchar: "Esto se hace así", "¿Puedes repetir lo que acabo de decir?", "El resultado es correcto, pero no lo has hecho como debe hacerse, como yo he explicado". Los alumnos deben aprender por motivación, no por intimidación o coacción. Por este motivo, el docente en el aula debe dejar de ser un dictador, en los dos sentidos de la palabra: no debe exigir obediencia ciega e incondicional y no debe "dictar su conocimiento" para que el alumno "lo copie".

La escuela debe ser un desafio constante para los alumnos (y para los docentes), debe suponer un reto. No podemos (ni debemos) dárselo todo hecho. Cuando las cosas son demasiado fáciles, cuando no necesitan de la implicación y de la responsabilidad de los alumnos, no hay aprendizaje significativo, ni progreso posible. El aprendizaje que adquieren es fingido, es decir, no tiene permanencia en nuestra memoria ni modifica su comportamiento ni sus actos.

A los alumnos se les debe educar para que sean capaces de hacer preguntas más que dar respuestas, para que sean capaces de plantear y resolver problemas, para que sean capaces de construir y de crear cosas. Se les debe educar para que sean responsables de su propio aprendizaje, no para que sean capaces de repetir lo que el profesor les transmite.

Es habitual escuchar a personas adultas decir que, en su trabajo o en la vida, se sienten  como si estuvieran siendo permanentemente examinadas. En realidad, lo que sucede es que deben enfrentarse constantemente a situaciones problemáticas y cambiantes a las que tienen que adaptarse. La vida es así, y la escuela debe asumir el riesgo de prepararnos para ello.
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