10 cosas que también hay que aprender en la escuela

domingo, 7 de febrero de 2016
La educación que se imparte en la escuela, como los barcos, está diseñada en compartimentos estancos para mantenerse a flote cuando falla alguno de sus elementos. La escuela está dividida en cursos, en asignaturas, tiene horarios rígidos, aulas cerradas... son espacios diferenciados, independientes, cerrados e incomunicados. Se cree que si uno de estos elementos no funciona correctamente, los demás al estar aislado seguirán funcionando con normalidad. Pero eso no es cierto.

La escuela y la educación que en ella se imparte son un conjunto complejo e interconectado, a imagen y semejanza de los vasos comunicantes. Como todos sabemos, los vasos comunicantes son una serie de recipientes de distintas formas y tamaños que están unidos por la base; cuando el líquido que contienen "está en reposo alcanza el mismo nivel en todos los recipientes, sin influir la forma y volumen de estos." Eso es lo que en realidad sucede en la escuela, todo está conectado y tiene influencia sobre la totalidad de sus elementos. La educación es orgánica.

En la escuela organizada en compartimentos estancos el aprendizaje se adquiere por transmisión directa y memorización. En la escuela de los vasos comunicantes, el aprendizaje, para ser eficaz, debe seguir unos pasos:

1. Conocer. La escuela debe ser un lugar de contacto con el mundo, un lugar donde vivir experiencias que permitan conocer la realidad.

2. Aprender. Solo cuando conoces algo eres capaz de aprenderlo. De memorizarlo, de retenerlo en nuestra mente.

3. Aplicar. Ese aprendizaje solo adquiere sentido y significatividad si nos sirve para aplicarlo a situaciones concretas, para dar respuesta a problemas...

4. Evaluar. Cuando somos capaces de aplicar un conocimiento, somos capaces de analizar sus consecuencias y de valorar sus resultados.

5. Crear. Es el último paso, la culminación del proceso. Para ser creativo tienen que darse los pasos previos que hemos descrito.


En esta escuela de vasos comunicados no podemos limitarnos al aprendizaje de los contenidos y conceptos propios de las diferentes asignaturas sino que debemos posibilitar el aprendizaje de otros aspectos que tienen una función fundamental en la capacidad de autoaprendizaje continua necesaria para el éxito en la vida.

A continuación, enumeraré 10 de estos aprendizajes que también debe tener en cuenta la escuela:

1. Perspicacia. La agudeza para ser capaz de ir más allá de lo evidente, de lo habitual, de lo que se espera de uno.

2. Agradecimiento. Tiene que ver con la empatía, con la capacidad de ponerse en lugar del otro, de valorar lo que se ofrece.

3. Resilencia. La capacidad de levantarse cuando uno se cae, de seguir adelante sin miedo al fracaso. Tolerar bien la frustración al no alcanzar de manera inmediata lo que se quiere.

4. Colaboración. Saber compartir, colaborar, trabajar en equipo, sumar esfuerzos y talentos.

5. Perseverancia. Ser constante en la persecución de nuestros objetivos, no dejar de perseguir nuestros sueños, encontrar nuestro elemento y no dejar de luchar por él.

6. Meticulosidad. La capacidad de ser muy concienzudo en todo lo que se hace, en no conformarse con lo básico, con lo elemental, buscar la excelencia en todo lo que se hace.

7. Autoestima. Tener un buen concepto de uno mismo, tener el convencimiento de que se puede llegar a conseguir aquello que se uno se propone.

8. Iniciativa. No esperar que las cosas suceden porque sí, sino que hay que lanzarse a buscarlas, a conseguirlas con esfuerzo.

9. Espíritu crítico. No aceptar nada como válido sin plantearse sus consecuencias. Ser capaz de pensar por uno mismo.

10. Creatividad. Es la culminación del aprendizaje, la capacidad de crear algo nuevo o de dar una respuesta más eficaz a un problema.

Una escuela que sea capaz de enseñar los contenidos de las materias que marca el currículo y los 10 saberes que hemos enumerado, es una escuela que prepara la vida, una escuela capaz de dar respuesta a las necesidades reales de nuestro tiempo. Una escuela del siglo XXI.

De qué hablo cuando hablo de educar

lunes, 1 de febrero de 2016
"Así es la escuela. Lo más importante que aprendemos en ella es que las cosas más importantes no se pueden aprender allí." Haruki Murakami: De qué hablo cuando hablo de correr


No es la primera vez que comparo la educación con una carrera de larga distancia (ver post). Estos días, mientras releía De qué hablo cuando hablo de correr de Murakami, he vuelto a reflexionar sobre sus semejanzas y me gustaría compartilo con todos vosotros.

Aunque pueda parecer paradójico, empezaré mostrando mi desacuerdo, al menos en parte, con la afirmación de Murakami con la que he encabezado el post. Es cierto que en demasiadas escuelas, aquellas que no han sabido o podido adaptarse a los nuevos tiempos, no se enseñan a los alumnos "las cosas importantes de la vida".

Pero no es menos cierto que la escuela es un lugar privilegiado para que los estudiantes aprendan esas cosas que van más allá de los conceptos y los datos de una asignatura. Deben aprender matemáticas (¡por supuesto! y con el máximo nivel de exigencia), pero también a identificar y dominar sus emociones; deben aprender ciencias (¡faltaría más! y con el mayor nivel posible), pero también a trabajar colaborativamente; deben aprender geografía (¡sin dudarlo! y con mejor de los criterios), pero también a pensar con espíritu crítico...

El problema es que seguimos entendiendo la educación como un producto y no como un proceso. Al igual que en una carrera de fondo, estamos pendientes de la clasificación y el cronómetro comparándonos con los demás corredores, en lugar de disfrutar de la experiencia y la superación de uno mismo. Murakami afirma: "Porque si hay un contrincante al que deber vencer en una carrera de larga distancia, ese no es otro que el tú de ayer." En nuestras aulas no debe importar si un alumno es mejor o peor que otro, no se trata de una competición, sino que lo que debe importar es si cada alumno es mejor que sí mismo antes de su proceso de aprendizaje, si cada alumno es capaz de conseguir lo mejor de sí.

En una época en la que grandes empresas, como Google, ya no escogen a su personal según su expediente académico sino en función de sus habilidades no cognitivas, la escuela sigue confundiendo las calificaciones con el aprendizaje. La desconexión de la escuela con la realidad social y tecnológica es tan grande que muchos están empezando a dudar de su necesidad. En nuestras manos está la posibilidad de dar la vuelta a esta situación.

Ya es hora de empezar a entender la educación como una gran aventura (como salir a correr por el bosque disfrutando de ello) y no como un mero ejercicio intelectual sin relación con la vida, ya es hora de que en nuestra escuelas se aprendan, también, "las cosas más importantes".
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Angustia docente: educar sin certeza

lunes, 25 de enero de 2016
Creo que no somos conscientes de estar educando a generaciones a las que no podemos asegurarles un futuro mejor que el nuestro. No podemos asegurarles un empleo fijo (una profesión para toda la vida) ni, en consecuencia, una estabilidad económica, ni un medio ambiente y un clima estables, ni tan siquiera podemos garantizar su seguridad ante ataques terroristas.

Por ello es tan importante proporcionarles la mejor educación que esté en nuestras manos, sin excusas, sin pretextos, sin miedos. Debemos ofrecerles una educación que les permita aprender autónomamente a lo largo de toda la vida, para que sean capaces de adaptarse a los retos y a los problemas a los que deberán enfrentarse.

Vivimos en la época de mayor cantidad de información de la historia, pero también en la de mayor incertidumbre. Durante mucho tiempo, cuando se educaba a un niño se tenía la certeza de que lo que se le estaba transmitiendo era un conocimiento fiable, seguro y perdurable, no había posibilidad de error, se les enseñaba con el convencimiento de que lo que aprendían era para todo la vida, era para siempre. Eso otorgaba a los docentes una gran autoridad social y les permitía ejercer su labor con gran seguridad y tranquilidad.

El problema de la educación actual es que aunque en nuestro mundo ya no hay certezas sino interrogantes, la pedagogía, los sistemas educativos, la formación del profesorado... están diseñados y pensados para un mundo que ya no existe.

Esa paradoja causa una sensación de angustia entre los docentes, que se manifiesta en dudas, inseguridad, desánimo, desasosiego... Ante esta situación muchos optan por el conservadurismo, por mantener la tradición (siempre se ha hecho así es un frase que duele). Como consecuencia de ello, los alumnos salen de la escuela antes de tiempo por falta de interés, o bien, permanecen en ella sin llegar a adquirir los conocimientos, las habilidades y las destrezas necesarias para la vida.

Afortunadamente, otros muchos optan por innovar, por adaptar sus prácticas educativas a las necesidades reales de los alumnos del siglo XXI. Como consecuencia de ello, el paradigma educativo se está transformando y muchos alumnos reciben una educación que les permite ser creativos, críticos, emprendedores, colaboradores y, sobre todo, personas con capacidad de aprendizaje continuo.

Todos y cada una de las personas que se dedican al noble arte de educar deben optar por una de estas dos opciones; la primera solo conduce al fracaso, la segunda posibilita el éxito. ¿Cuál es tu opción?
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El docente como camaleón: adaptarse a las circunstancias

domingo, 17 de enero de 2016
"El buen profesor no nace, se hace." José Antonio Marina

Para muchos de nosotros, el camaleón es un animal curioso por su capacidad para cambiar el color de la piel, adaptándose al entorno. A pesar de lo que habitualmente se piensa, los camaleones no cambian de color para camuflarse sino para encontrar pareja y para amedrentar a otros animales ante posibles conflictos, es decir, para alcanzar objetivos vitales de gran importancia.

Esta habilidad del camaleón de estar presente en un entorno sin ser visto es especialmente interesante para los docentes. Tradicionalmente las aulas de las escuelas estaban diseñadas para facilitar la visibilidad del profesor, para que fuera el centro de todas las miradas. Eso le permitía mantener la disciplina y ser el garante de la transmisión del saber.

Pero en la escuela actual, el papel del docente es otro y ya no necesita ser el centro de atención, sino todo lo contrario, su propósito es estar presente y tener la capacidad de pasar inadvertido cuando así lo considere oportuno, para permitir que sus alumnos sean los constructores de su aprendizaje. El docente ya no es el transmisor del saber sino el posibilitador del aprendizaje.

La relación enseñante/estudiante se ha entendido como una relación entre opuestos, como un conflicto, cuando en realidad el verdadero aprendizaje se produce en el encuentro entre ambos.

El "docente camaleón" es el maestro del siglo XXI: es capaz de adaptarse a las circunstancias del aula, a las necesidades e intereses de cada uno de sus alumnos, a la realidad del mundo y la sociedad...

La diversidad y la diferencia en el aula no es la excepción, como se ha considerado habitualmente, sino que es la norma. Por tanto, la personalización del proceso de enseñanza/aprendizaje es una necesidad imperiosa.

Tenemos tendencia a considerar la figura del docente como algo único e inalterable, como si siempre tuviera de comportarse y actuar de la misma manera en el aula. Pero eso no es así, la figura del docente es múltiple, es flexible, es adaptable. El docente en su aula debe presentar diversas actitudes y comportamientos. En ocasiones debe desaparecer; otras, debe sorprender. A veces debe preguntar; otras, responder. A veces debe provocar; otras, sugerir.

Para transmitir a sus alumnos, un docente debe hacerles pensar, experimentar, recordar... pero también reír, llorar, sentir... ese el único camino para que alcancen un aprendizaje significativo que les servirá para tener una vida más plena. Y eso solo se consigue con más y mejor formación docente.
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Hoy es un día perfecto para aprender

domingo, 10 de enero de 2016
Francesco Tonucci explica la anécdota de un niño de 6 años de Bogotá que le dice a su madre: "Mamá yo quiero ir a la escuela un día a la semana, porque en ese día puedo aprender todo lo que me enseñan, y los otros me hacen falta para jugar".

A pesar de que sabemos que, en la escuela actual, los alumnos solo consiguen asimilar una pequeñísima parte de todo lo que se enseña, muchos se empeñan en no cambiar nada, en seguir haciendo siempre lo mismo. Los intereses de los alumnos y los intereses de la escuela están tan alejados que ir al colegio se percibe como una obligación y un aburrimiento en lugar de vivirse como un privilegio, como una oportunidad para tener una vida más plena y feliz.

Es curioso que aceptemos con toda la naturalidad del mundo que las mochilas de los niños que empiezan la escuela estén cargadas de sueños, de ilusión, de creatividad, de curiosidad, de una sed insaciable por aprender... pero que, con el paso del tiempo, esas mochilas acaban siendo muy pesadas y están solo cargadas de libros y cuadernos; lo cual no es una cosa mala si los libros y los cuadernos se utilizaran para aprender y no exclusivamente para aprobar exámenes.

Deberíamos empezar cada jornada escolar con la actitud y el convencimiento de que "hoy es un día perfecto para aprender". Pero ese aprendizaje debe servir para dominar las matemáticas, la física. la literatura, el arte... pero no para repetir conceptos de forma mecánica sino para comprenderlos y ser capaces de aplicarlos.

Cuando un alumno adquiere un nuevo conocimiento debería ser siempre capaz de dar respuesta a esta pregunta: "¿Y qué?" Es decir, cómo y para qué puedo utilizar eso que he aprendido, cómo puede hacerme más feliz, más autónomo, mejor persona...

Hace unos días Joselu, autor del blog Profesor en la Secundaria, escribía un comentario a uno de mis post en el que decía: "Se puede aprender con mucho corazón pero a la hora de la verdad hay que memorizar, retener, asimilar, hacer esquemas, mapas conceptuales, estudiar ... La información es ubicua, es cierto, pero un profesor bueno ayuda a seleccionar, a establecer criterios, delimitar conceptos, a formar mentes predispuestas al conocimiento en este caso científico".

Aprender siempre requiere de un cierto esfuerzo y es necesario memorizar, retener... pero esto solo tiene sentido si es significativo para el alumno, si lo hace para algo más que para sacar buena nota (aunque si lo hace, mejor), si lo hace para que le sirva para hacerle más feliz (sea en el sentido que sea).
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Enseñar es imposible... afortunadamente

domingo, 3 de enero de 2016
"Enseñar es imposible... y esto abre posibilidades sin precedentes." Elizabeth Ellsworth

Photo credit: BC Gov Photos via Foter.com / CC BY-NC-SA
La escuela nos da conocimientos pero no habilidades y destrezas para aplicarlos a la vida. Así ha sido durante mucho tiempo y así será hasta que nos decidamos a cambiar, de una vez por todas, el paradigma educativo imperante.

El conocimiento ya no es una posesión del docente, ni tan siquiera de la escuela, el conocimiento está en todo lo que nos rodea, es fácil y rápido acceder a él. La información está disponible en todo momento y en todo lugar y se actualiza permanentemente. Por ello, la escuela tiene la imperiosa necesidad de transformarse y dejar de ser una "asesina de pasiones" para convertirse en un espacio donde despertar la curiosidad, fomentar la creatividad, identificar y controlar las emociones, trabajar colaborativamente y prepararse para la vida y para ser feliz.

Enseñar no es rutina, repetición y recitación (las 3 R) sino que es creatividad, colaboración y corazón (las 3 C). Por eso, la educación que se proponga en nuestros centros educativos debe partir del impulso natural por aprender que tenemos las personas y debe dejar de lado la recitación memorística de datos. Debe ser una enseñanza que permita a las personas desarrollar todo su potencial, que les permita vivir autónomamente (incluido en lo económico), que les posibilite seguir aprendiendo durante toda la vida. Las personas aprendemos desde la cuna hasta la tumba y el aprendizaje es el que permite alcanzar la felicidad (o los momentos de felicidad) que es lo que da sentido a nuestra existencia.

Para poder enseñar aplicando las 3 C, hay que entender que, como dice María Acaso, lo que los profesores enseñan no es lo que los alumnos aprenden. Para que la enseñanza tenga sentido, el docente debe preguntarse en todo momento ¿A quién estoy educando? Es una obligación para cualquier docente conocer a sus alumnos, pero esa también es una misión imposible: el alumno no siempre es exactamente como lo percibe el docente. Por eso, la educación es un diálogo y no un monólogo. El aprendizaje significativo, aquel que tendrá una incidencia real en la vida de los alumnos, solo puede alcanzarse dialogando.

Dialogando docentes con alumnos, alumnos con alumnos, docentes con docentes, docentes con familias... todos debemos participar de la construcción del aprendizaje. El docente debe asegurar que los cimientos sean sólidos, pero para edificar el saber deben participar todos los implicados.

Enseñar es imposible, por eso aprender es la clave de la educación de nuestros alumnos.


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El Blog de Salvaroj os desea...

lunes, 21 de diciembre de 2015
Un año más quiero agradecer vuestro apoyo incondicional y la oportunidad que me dais de compartir con todos vosotr@s sobre educación. Por eso os propongo una misión para el nuevo año 2016... ¿Podemos conseguirlo?


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