Oportunidades y riesgos de digitalizar la educación

domingo, 9 de diciembre de 2018
"La tecnología no es nada. Lo importante es que tengas fe en la gente, que sean básicamente buenas e inteligentes, y si les das las herramientas, harán cosas maravillosas con ellas." Steve Jobs

"La tecnología es solo una herramienta. En términos de llevar a los niños a trabajar juntos y motivados, el profesor es el más importante." Bill Gates

Vamos a establecer una premisa que debemos compartir para entender de forma correcta todo lo que se dirá a continuación: los alumnos y alumnas pueden aprender igual de bien (o de mal) en un aula llena de tablets, ordenadores, pizarras digitales y dispositivos móviles, que en un aula con pupitres, pizarra y tiza y libros de papel. Esto es así porque las herramientas digitales o analógicas no son lo importante, lo que realmente importa es lo que hacemos con ellas.

La introducción de lo digital en las aulas de nuestros centros educativos es cada vez más evidente y, a imagen y semejanza del mundo en el que vivimos, cada vez lo será más. Pero lo importante no son los gadgets tecnológicos, sino las posibilidades didácticas que nos proporcionan. Las TAC (tecnologías del aprendizaje y el conocimiento) plantean formas nuevas y creativas de aprender.

Si el propósito de la escuela es preparar a los alumnos y alumnas para la vida, la tecnología no puede quedar al margen de ella. Por tanto, un de las funciones de la educación escolar es la alfabetización digital y la eliminación de lo que se denomina brecha digital, es decir, la distancia entre las personas que usan la tecnología como herramienta habitual y útil en su vida cotidiana y aquellas que no tienen acceso o no saben cómo utilizarla.

Me gusta mucho la propuesta de Jordi Adell (@Jordi_a) de dejar de hablar de nativo e inmigrante digital (como definió Marc Prensky) para pasar a hablar de residente y visitante en la red, según la actividad que se desarrolle en Internet. Creo que ofrece una visión más adecuada de cara a planear una didáctica de lo digital más efectiva y eficaz.

En cualquier caso, lo importante es el desarrollo didáctico del uso de la tecnología en el aula y la capacitación docente (en su manejo y provecho). Las TAC pueden facilitar una educación más social y colaborativa, una educación que dote a los alumnos y alumnas de los conocimientos y las habilidades que necesitan para tener éxito en la vida.

¿Educamos para la ignorancia?

domingo, 25 de noviembre de 2018
"La ignorancia completamente consciente es el preludio de cada avance real de la ciencia." James Clerk Maxwell

¿Estamos educando a nuestros alumnos y alumnas de forma que los hacemos ignorantes?

No, rotundamente no... si entendemos ignorante como algo negativo: Que carece de cultura o conocimiento (según la Real Academia de la Lengua, 2.ª acepción).

Pero sí que deberíamos estar educándolos como ignorantes según su 1.ª acepción en el diccionario de la RAE: Que ignora o desconoce algo. Como leí hace unos días en un artículo de La Vanguardia en la educación de nuestros jóvenes estamos pasando del "sé que esto es así, pero no sé por qué" al "no sé qué es, pero puedo averiguarlo".

Durante muchos años la educación se ha basado en el convencimiento de que se podía alcanzar el conocimiento. Pero en el mundo actual necesitamos una educación que se base en la posibilidad de adaptarnos constantemente a él, que nos dote de las herramientas que nos permitan alcanzarlo en un momento y en unas circunstancias concretas.

Y es que en la sociedad del conocimiento, no siempre este está al alcance de todo el mundo. Ni es cierto que todo este a un clic, ni que Internet sea el depósito de todo el saber de la humanidad. La única certeza de la sociedad del conocimiento es que la generación acelerada y continua de datos e información genera constantemente ignorancia, pues nadie es capaz de saberlo todo... ¡ni falta que hace!

Ante este estado permanente de ignorancia, la educación que damos a nuestros alumnos y alumnas debe ser asertiva, resiliente y proactiva, porque lo importante no es lo que sabemos sino lo que aún no sabemos. Ser conscientes de nuestra ausencia de un conocimiento es lo que nos permitirá alcanzarlo, siempre y cuando disponga de las destrezas y habilidades que me permitan hacerlo.

Y es que hay una gran diferencia entre ignorancia y estupidez, La ignorancia nos señala "lo que queda por hacer", la estupidez nos hace creer que podemos "alcanzar el conocimiento pleno". El conocimiento genera ignorancia... y este principio debe estar siempre presente en nuestra manera de educar.

La ignorancia que no nos podemos permitir en educación es aquella que no enseña a trabajar colaborando en equipo, que no saber enseñar a enfrentarse a nuevas situaciones, retos o desafíos, que no deja de castigar el error, que creer que el error es un fracaso y no un paso hacia el éxito.

Como dijo Karl Popper: "La verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimiento, sino la negativa a adquirirlo".
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4 claves para aprender: emoción, curiosidad, atención y memoria

domingo, 18 de noviembre de 2018
"Hoy solo se debe y se puede enseñar a través de la alegría, porque conocemos bien los sustratos cerebrales de estos procesos." Francisco Mora (@morateruel)

El objetivo de cualquier docente es enseñar cada día de forma más eficiente en la escuela. Y está claro que una misma fórmula estandariza no sirve para todos los alumnos y alumnas.

Por tanto, no existen fórmulas infalibles ni recetas mágicas sobre cómo enseñar a nuestros alumnos y mucho menos en el mundo volátil, incierto, complejo y ambiguo en el que vivimos. Por este motivo, la educación es igualmente compleja e incierta y solo puede ir en la dirección correcta si tiene siempre presente la realidad en la que se lleva a cabo, el contexto en el que se aplica, las características cognitivas y de carácter de los alumnos y, por supuesto, sus circunstancias, intereses y motivaciones.

Esta complejidad manifiesta en la manera de educar obliga a los docentes a colaborar, intercambiar experiencias... a conectar ideas y hechos. Ya no tiene sentido el docente solitario que se encierra en su aula como en un castillo y se "defiende" del exterior levantado el puente levadizo e impidiendo que nadie ni nada pueda entrar allí. La realidad de la educación del siglo XXI nos obliga a derribar las puertas y los muros de las aulas para dejar entrar a otras personas, enriqueciendo la experiencia de aprendizaje de los alumnos y alumnas. La escuela debe ser una comunidad creativa de aprendizaje.

¡Qué importante es compartir prácticas educativas de éxito! Que no se queden aisladas y ocultas en un aula concreta de una escuela concreta. ¡Qué importante es evaluar las experiencias que llevamos a cabo y obtener evidencias de su aportación positiva en el proceso de enseñanza/aprendizaje!

Ante esta necesidad ineludible de transformar la educación y la evidencia de que no existen fórmulas mágicas, tan solo cabe señalar algunas claves, en concreto cuatro, que pueden ayudar a mejorar el aprendizaje de nuestros alumnos: emoción, curiosidad, atención y memoria.

La emoción es muy importante en educación porque posibilita la curiosidad y la atención. Y estos tres aspectos son fundamentales para conservar en la memoria de nuestros alumnos los aprendizajes que llevan a cabo. Sin memoria, no hay aprendizaje. Pero lo que se aprende se fija en ella siempre y cuando se comprende, se entiende su aplicación en contextos de realidad.

Una escuela basada en el placer por el aprendizaje y la curiosidad innata de los alumnos y alumnas es el mejor fundamento para que puedan aprender de forma autónoma a lo largo de toda su vida. Y esa es la mejor herramienta de vida que les podemos aportar porque vivir es adaptarse constantemente a los cambios que nos presenta la vida.
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Mi presentación en SIMO 2018

viernes, 16 de noviembre de 2018

Innovar en educación: por qué, cuándo y para qué


El pasado jueves 15 de noviembre tuve la oportunidad de participar en SIMO 2018 con una conferencia sobre innovar en educación. Fue una experiencia muy enriquecedora poder compartir con un buen número de docentes mis opiniones sobre este tema.

Si queréis consultar la presentación, la comparto con todos vosotros en PDF y también os dejo aquí el vídeo sobre Dick Fosbury que proyecté (y que no puede verse en el PDF).

Para los que no pudisteis asistir, estas son algunas de las principales ideas que comenté:

- Innovación y educación son dos palabras que se suelen utilizan con demasiada ligereza.
- La innovación es el objetivo de nuestra acción educadora.
- No todo el mundo puede ni debe ser innovador.
- Los docentes tenemos la obligación de ser proactivos, de adaptarnos al cambio.
- La innovación necesita efectividad, sostenibilidad y replicabilidad.
- En educación, la única forma de ser innovador es conociendo la herencia pedagógica.
- Innovar no es introducir tecnología.
- Innovar no es utilizar metodologías.

Espero que sea de vuestro interés.
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¿Escuela sí o escuela no? ¡Tú decides!

domingo, 4 de noviembre de 2018
"Siempre ha habido aprendizaje sin educación y educación sin enseñanza. Siempre ha habido mucha educación sin escuela y mucho aprendizaje sin educación." Carlos Magro (@c_magro)

La escuela actual presenta muchos inconvenientes, demasiadas incongruencias y no pocos anacronismos. Pero, a pesar de todo, sigue siendo un lugar privilegiado para preparar a los hombres y mujeres que tienen que hacer de este mundo un lugar mejor. Claro que hay conocimientos que deben adquirirse dentro de la escuela, pero hay otros muchos que no. Pero, ¿debemos dejar la educación de nuestros jóvenes en manos de Google?

La escuela actual tiene una misión y un propósito demasiado utilitarista: formar a nuestros jóvenes para una profesión, para encontrar un trabajo. Hemos reducido el asistir a clase a un montón actividades dirigidas a seleccionar a los alumnos y alumnas según los resultados que obtienen en pruebas donde, en demasiadas ocasiones, solo se valora su capacidad memorística y su habilidad para adaptarse al sistema.

Parece que hemos olvidado que la palabra escuela, etimológicamente proviene del griego σχολή (scholé), que significa "ocio, tiempo libre", y la hemos convertido en un lugar donde se va por obligación para hacer cosas a las que no le encontramos el sentido. La escuela debería un lugar al que se quiere asistir por el gusto de aprender, un lugar donde debemos despertar en los alumnos y alumnas el deseo por seguir aprendiendo constantemente, siempre, durante toda la vida, en cualquier circunstancia.

Si no cambiamos la escuela, la condenamos a convertirse en una institución vacía e inútil. ¿Tan difícil es cambiarla? Se nos ocurren multitud de excusas para no hacerlo. Y sí, hay una falta de recursos e inversiones preocupante, irritante e insoportable que dificultan que se produzca el cambio.

A pesar de ello, "solo un sistema educativo de calidad, inclusivo, integrador y exigente, garantiza la igualdad de oportunidades y hace efectiva la posibilidad de que cada alumno o alumna desarrolle el máximo de sus potencialidades." ¿Sabéis de dónde es esta cita? Del Preámbulo de la LOMCE... sí, de nuestra ley educativa (con todos los defectos y limitaciones que tiene, que no son pocas).

Y es que el propósito de la escuela es preparar a los niños y niñas para la vida, con todo lo que ello significa (aprender conceptos, lograr competencias, gestionar emociones, adquirir valores...). Si no adaptamos la escuela a este objetivo, estará absolutamente fuera de juego y, en poco tiempo, dejará de ser necesaria.
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La escuela cansada

domingo, 28 de octubre de 2018
"La escuela a medida no se puede describir de manera definitiva, en un modelo que se debe probar y repetir. Solo puede nacer como una escuela que renueva constantemente su modelo, reinterpretando constantemente las exigencias, las sugerencias directas o indirectas, la cultura espontánea, las necesidades de aquellos niños concretos, de aquel niño concreto, aquel año, aquel día." Gianni Rodari

Los síntomas de cansancio de la escuela son evidentes, pero también las múltiples fórmulas para revertirlos que cada día ponen en marcha miles de docentes. Esas buenas prácticas docentes son las vitaminas que permitirán rejuvenecer, reformular, una escuela que por momento parece incapaz de dar soluciones a las nuevas necesidades del mundo globalizado y digital en el que vivimos.

Otra de las cosas que ayudará a que la escuela vuelva a su edad dorada, a recuperar su energía juvenil, es la dotación de recursos económicos por parte de las administraciones correspondientes, la mejora de los recursos, la reducción de las ratios, la mejora laboral de los docentes y el reconocimiento de su labor a todos los niveles... Esto es básico, aunque de tan básico que es, en ocasiones lo olvidamos.

La escuela actual necesita de grandes dosis de adaptabilidad a las situaciones y necesidades cambiantes, de resiliencia para levantarse tantas veces como caiga, de creatividad para ser capaz de afrontar los problemas de aprendizaje de los alumnos desde distintos puntos de vista, de cooperación porque trabajando juntos llegamos más lejos, de entusiasmo que sirva de combustible para que todo lo demás sea posible.

Pero no solo con entusiasmo vamos a rejuvenecer la escuela. La formación y la mejora de los conocimientos docentes es fundamental. Los docentes tienen que mejorar constantemente el dominio de su área de enseñanza, pero también la manera como hacen que sus alumnos accedan a ellos. Tan importante es lo que se enseña como el modo que se hace.

La escuela está cansada porque está demasiado parada, demasiado quieta. La escuela necesita de movimiento para sentirse más eficaz y eficiente. Cuanta más capacidad tenga para responder de manera rápida a los problemas y a las nuevas situaciones, más energía tendrá. No hay mayor revitalizante que ver que lo que haces, por mucho esfuerzo que cueste, da sus frutos.

La escuela es una institución vieja y está cansada, pero sigue siendo tan necesaria como el primer día y es, sin duda, un lugar privilegiado para que los niños y los jóvenes de hoy sean las personas que cambiarán el mundo. La escuela no es el problema, la escuela es la solución.
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Educar con emoción, aprender con pasión

domingo, 21 de octubre de 2018
"La emoción es la energía que mueve el mundo. Es ese motor que todos llevamos dentro y nos hace reaccionar ante diferentes tipos de estímulos provenientes del medio ambiente o la memoria." Francisco Mora

La emoción es un factor muy importante en la educación porque es la llave que abre la puerta de la curiosidad y la atención.


Una educación basada en el placer por el aprendizaje y la curiosidad es la base para que los alumnos y alumnas puedan aprender de forma autónoma a lo largo de toda su vida. Debemos aprender a aprovechar su impulso natural por aprender para que sirva de motor para la adquisición de los conocimientos, las competencias y las habilidades que les permitirán realizarse plenamente como personas.

Eso está fuera de toda duda.


La contraposición entre contenidos y emociones, que es una cuestión muy discutida en la actualidad, es una falacia. Ambos son igualmente importantes, se complementan y refuerzan. No es por casualidad que el área de nuestro cerebro que gestiona la memoria a largo plazo y las emociones sea la misma. Los contenidos deben trabajarse en profundidad para que se comprendan y sean significativos. Solo así pueden emocionar a los alumnos y alumnas. Por eso, hay que adelgazar los currículos y hacerlos más razonables.


Eso está fuera de toda duda.

Pero conseguir esto no es una tarea sencilla. Si nos guiamos por lo que vemos cada día en las redes sociales, en mi caso especialmente Twitter, en muchas ocasiones se confunde educar con emoción con un bienintencionado pero ineficaz catálogo de frases tipo Mr. Wonderful. Con el agravante de que estas frases provocan su reacción contraria tipo Mr. Puterful...


Tenemos que dejar de lado las frases grandilocuentes y el postureo para afrontar la educación desde la evidencia. Creo que es necesaria mucha más pedagogía y mucha menos pantomima. Hay que empezar a analizar y evaluar resultados que se obtienen utilizando distintas metodologías para descubrir qué es lo que funciona y produce una mejora real en los procesos de enseñanza/aprendizaje. Entonces y solo entonces, cuando tengamos la evidencia de que algo funciona deberíamos aplicarlo de forma generalizada en nuestras escuelas.

Eso está fuera de toda duda... y más que una demanda es una necesidad imperiosa.

"El futuro es ahora" se puede leer en la fotografía que acompaña este post. No puedo estar más de acuerdo. Si no cambiamos nuestra forma de enseñar hoy, lo más probable es que mañana sea tarde. Nuestra escuela ha sufrido durante muchos años un apagón emocional que debemos revertir de inmediato si queremos que las generaciones venideras construyan un mundo mejor.
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