Una escuela "ideal" para el siglo XXI

domingo, 24 de septiembre de 2017
"Solo existen dos días al año en los que no se puede hacer nada. Uno se llama ayer y otro mañana. Por lo tanto, hoy es el día ideal para amar, crecer, hacer y, principalmente, vivir." Dalai Lama

A día de hoy, todavía hay personas que viven el aprendizaje como los episodios de una serie de televisión (aprovecho para comentar gratuitamente que, a veces, el mundo de la educación me recuerda un poco a Juego de tronos). Es decir, entienden el aprendizaje como un continuo en el que cada capítulo supone un paso más hacia la consecución de un conocimiento sólido y permanente.

Pero, en realidad, el aprendizaje no es ni sólido ni permanente. El aprendizaje es fluido plural, plural, contingente e híbrido:

-Fluido porque es cambiante.
-Plural porque no hay una única forma de hacer ni de saber.
-Contingente por puede suceder o no suceder, no es algo que puede adquirirse de forma permanente.
-Híbrido porque puede adquirirse en lugares y de formas diversas.

Esta manera de entender el aprendizaje requiere de una escuela distinta. La escuela "ideal" del siglo XXI debe ser emprendedora, innovadora y ética para poder formar personas autónomas, creativas y con espíritu crítico.

En la escuela "ideal" del siglo XXI, los alumnos y alumnas los alumnos aprenden, disfrutan, participan... ¡viven!. Es una escuela que vive el hoy (en el sentido de la cita del Dalai Lama que encabeza el post) sin perder de vista el pasado y con vocación de futuro.

La escuela "ideal" debe permitir a los alumnos y alumnas saber quiénes son y ayudarles a saber quiénes quieren llegar a ser. Para ello deben adquirir todo tipo de conocimientos, pero también destrezas, habilidades... sin perder de vista que la escuela ya no es el único lugar donde los niños y niñas pueden acceder al conocimiento.

Antes de acabar... os habréis fijado que desde el título del post he entrecomillado la palabra "ideal". Lo "ideal" siempre es una abstracción, un modelo, que solo tiene sentido cuando se adapta a las necesidades de los centros y a su contexto. Por tanto, no hay recetas infalibles y siempre tenéis que evaluar qué es aquello que os funciona, más allá de las modas.

13 razones para trabajar la inteligencia emocional en el aula

domingo, 17 de septiembre de 2017
"Todo había sido oscuridad durante días, pero entonces hubo un pequeño rayo de luz... un rayo de luz que me hizo pensar que quizá..."

Hace un rato acabo de ver el último episodio de la serie de televisión 13 Reasons Why. Para los que no la conozcáis, en esta serie basada en una novela de Jay Asher, se narra la historia de Hannah, una estudiante que se suicida después de haber sufrido bullying en el Instituto.

Sí, lo sé, es una serie de televisión y como tal tiene sus aspectos matizables y sus puntos criticables. Pero no deja indiferente a nadie y hace visible un importante problema en escuela e institutos...

Ver esta serie me ha llevado a pensar en la importancia de trabajar de forma sistemática la inteligencia emocional en nuestros centros educativos. Y quisiera compartir 13 razones por la que es fundamental que la educación emocional sea una parte fundamental de lo que nuestros alumnos y alumnas adquieren en la escuela. Porque  "En la escuela actual, la gestión de las emociones es tan importante como la resolución de ecuaciones o conocer los elementos de la tabla periódica. Podemos olvidar las fechas exactas de los acontecimientos históricos (podemos encontrarlas con un solo clic), pero las capacidades emocionales y sociales que se aprendan en la escuela se utilizarán para toda la vida."



1. En la escuela debemos aprender a reconocer las emociones en nosotros mismos y en los demás. Todas las emociones son importantes e inevitables, por ello es tan importante saber identificarlas.

2. Reconocer las emociones es lo que nos va a permitir gestionarlas, dominarlas y controlarlas. Tener una mayor tolerancia a la frustración, lo que facilitará que no nos rindamos ante la primera dificultad que no encontramos.

3. De esta forma tendremos un mejor autoconocimiento.

4. Y una mayor empatía, lo que nos permitirá entender mejor a los demás y ponernos en su lugar. Lo que nos hará ser más asertivos.

5. Eso nos facilitará escuchar a los demás de manera activa y mejorar nuestra capacidad para expresarnos y comunicarnos con ellos.

6. Conocernos mejor a nosotros mismos aumenta nuestra autoestima. Y querernos a nosotros mismos en básico para conseguir alcanzar nuestros objetivos en la vida.

7. Una buena inteligencia emocional nos proporciona equilibrio y balance. Pensar en las consecuencias de nuestros actos o en lo que sucede cuando no hacemos lo que debemos hacer.

8. Todo lo dicho nos permite ser más flexibles, Esto facilita que podamos adaptarnos mejor a situaciones nuevas y cambiantes. Las cosas flexibles toman distintas formas sin romperse... y eso es fundamental para tener éxito en la vida.

9. Desarrollar la inteligencia emocional nos permite mejorar nuestras tomas de decisiones. Y la vida no es más que una sucesión sin fin de toma de decisiones.

10. Todo ello nos hará más resilientes. Todos podemos caer, fallar o equivocarnos (de hecho, esto es inevitable) pero es necesario tener la capacidad de levantarnos y volverlo a intentar tantas veces como sea necesario.

11. Si identificamos y controlamos nuestras emociones seremos más perseverantes y entusiastas en la resolución de los retos antes lo que la vida nos pondrá a prueba.

12. Ser inteligentes emocionalmente nos permitirá reducir los conflictos. Y en el caso de que sucedan afrontarlos.

13. Esto facilitará que podamos acabar con una de las lacras de nuestras escuelas: el acoso o bullying.

Estas son 13 razones por las que es tan importante aprender ciencias, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas (STEAM) en nuestros centros educativos como la inteligencia emocional que nos permita gestionar de forma adecuada estos conocimientos.
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Educar en la virtualidad

domingo, 10 de septiembre de 2017
"El modo en que nos pensamos a nosotros mismos en tanto que personas está históricamente entremezclado con el modo en que pensamos en las tecnologías." (Osborne y Rose) en Loveless y Williamson; Nuevas Identidades de aprendizaje en la era digital. Editorial Narcea

Vivimos en un mundo extraño, donde lo real y lo virtual se confunden y entremezclan conformando una nueva forma de vivir. Tomamos café descafeinado, bebemos leche sin lactosa y comemos dulces sin azúcar... y lo que es más extraño aún educamos a nuestros hijos y alumnos con un sucedáneo de enseñanza sin aprendizaje (donde lo importante es aprobar y no aprender).

Actualmente, nuestra forma de entender la realidad, los símiles y metáforas que usamos para explicar el mundo, son del ámbito digital. Por eso decimos que debemos actualizarnos y aprender y desaprender durante toda la vida, que debemos cambiar de chip, que la mejor forma de aprender es en red, que todo es efímero, fugaz, cambiante... Y eso es totalmente aplicable al ámbito de la educación.

Queramos o no nuestra forma de enseñar está basada en la virtualidad, por "lo digital" es nuestra forma de explicar y entender el mundo. Lo virtual no es lo opuesto a lo real, sino que se complementan. Da igual sí usamos o no las TIC en el aula, da igual si damos más importancia a las disciplinas académicas que al aprendizaje más global... todos educamos en la virtualidad.

Eso está provocando ciertas incongruencias en nuestra forma de educar. Es muy difícil cuestionar aquello que está muy arraigado en nuestra forma de enseñar, por eso muchos sienten pavor a una escuela sin exámenes, a trabajar valores además de contenidos, a entender al docente como guía y no como transmisor directo del conocimiento... Por ese motivo, cuanto antes aceptemos todos que la tecnología condiciona nuestra visión del mundo, antes podremos aceptar que debemos cambiar nuestra forma de educar.

Nuestra labor como educadores es mucho más fácil con alumnos motivados, curiosos, comprometidos e interesado... creo que eso nadie lo discutiría. Para eso es necesario que entendamos cuál es la realidad en la que viven, qué es lo que les mueve a actuar, cuáles son sus sueños. Y todo eso está condicionado por lo digital, por lo virtual.

Por todo lo dicho, ahora que empieza el curso, os pido que no os conforméis con hacer lo de siempre, os pido que asumáis riesgos, que probéis cosas nuevas, que seáis creativos y hábiles en la resolución de los problemas que sin duda se os plantearán a lo largo de este curso. Pero sobre todo y cómo dice la famosa canción de Alaska: ¿A quién le importa cómo lo haga? No te dejes seducir por cantos de sirena y ten siempre presente que lo importante es que tus alumnos y alumnas aprendan.
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Las 4 T para educar: tiempo, templanza, ternura y trabajo

domingo, 3 de septiembre de 2017
La educación no consiste solo en transmitir información, aunque algunos se empeñen en asegurar lo contrario. La escuela sirve para aprender matemáticas, ciencias, lengua ¡por supuesto!... pero la educación que ofrecemos en nuestras escuelas debe servir también para responder a estas preguntas:

- ¿Quién soy?
Lo que los alumnos y alumnas aprenden en el colegio debe ayudarles a conocerse, es decir, ser conscientes de sus fortalezas y sus debilidades, de sus posibilidades y sus límites. Debe servir para que tengan confianza, para que persigan sus sueños, su vocación. La escuela debe ayudar a los alumnos y alumnas a ser más perseverantes, más resilientes, más meticulosos.

- ¿Dónde estoy?
La escuela debe preparar para el presente. Debe ayudar a los alumnos y alumnas a ser capaces de participar activamente de la escuela, de la familia, de los amigos. Debe dotarles de las habilidades y destrezas que les permitan disfrutar de la infancia con plenitud.

- ¿Adónde voy?
También debe prepararles para ser capaces de afrontar la incertidumbre del futuro. Debe dotarles de las herramientas que les permitan aprender a lo largo de toda la vida, adaptarse a los cambios y salir con éxito de los desafíos a los que deberán enfrentarse.

Para que la educación sea capaz de dar respuesta a estas tres preguntas necesita de las 4 T: tiempo, templanza, ternura y trabajo.

Tiempo. "Todo va demasiado deprisa en la educación actual, seguramente contagiada por el ritmo frenético de la vida misma. Queremos saber un poco de muchas cosas, por lo que pasamos por ellas de forma superficial y ligera." La educación necesita pausa, momentos de calma, espacios de reflexión. El tiempo es uno de los mejores regalos que podemos hacer a nuestros alumnos y alumnas.

Templanza. No es habitual pedir moderación en la educación que ofrecemos en nuestras escuelas... pero es muy necesario. Moderación en la cantidad de contenidos curriculares que son de obligado cumplimiento, moderación en los "inventos" metodológicos que se aplican sin un análisis y una evaluación previa...

Ternura. Mostrar afecto, interés y preocupación por las necesidades de los alumnos y alumnas es otro aspecto fundamental en la educación escolar. Con ternura, la letra entra.

Trabajo. Olvidamos muy a menudo que sin esfuerzo no hay aprendizaje. Pero trabajar para aprender no es sinónimo de sacrificio y dolor, el esfuerzo puede y debe ser gozoso. Un alumno motivado (como cualquier persona, en cualquier aspecto de la vida) es capaz de trabajar sin descanso y sin ningún tipo de queja.

Aplica estas 4 T y comprobarás su eficacia.
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¿Por qué la escuela es hoy más necesaria que nunca?

domingo, 27 de agosto de 2017
"Necesitamos una escuela que sepa ofrecer la posibilidad de exprimir del modo más adecuado la propia vocación, la propia inteligencia y los propios sentimientos." Francesco Tonucci en el Prólogo del libro de Mar Romera: La familia, la primera escuela de las emociones.

Transformar la escuela para que dé respuestas efectivas y eficaces a las necesidades del mundo en el que van a vivir las personas es un reto tan apasionante y complejo como necesario. Y es que, aunque algunos lo pongan en duda, la institución escolar es hoy más importante y necesaria que nunca (para muestra lo que ha sucedido con la radicalización de los terroristas que han cometido el atentado en Barcelona).

Esta transformación se está llevando a cabo de forma muy diversa y dispar. Algunos proponen la aplicación de metodologías inductivas, otros dar más importancia a aspectos emocionales o tener más en cuentas las aportaciones de la neurodidáctica... No hay consenso sobre cómo transformar la educación que ofrecemos en nuestras escuelas, pero sí que lo hay en que es necesario hacerlo... y con urgencia.

La escuela del siglo XX tenía como propósito principal la alfabetización de la población, garantizar a todo el mundo el acceso al conocimiento básico. La escuela del siglo XXI debe ir más allá y preparar al conjunto de la sociedad para aprender a lo largo de toda la vida. Hoy en día no tiene ningún sentido creer que al conseguir un título o un diploma académico ya podemos dejar de aprender y empezar a trabajar. ¡No podemos dejar de aprender nunca!

Tampoco se trata de que la escuela deje de enseñar "contenidos" para enseñar a dominar las "emociones". No se trata de enfrentar contenidos versus emociones, sino de que se complementen y se refuercen mutuamente. La escuela no solo debe preocuparse sobre qué enseñar sino también sobre cómo enseñarlo.

La transformación de la escuela pasa también por la incorporación de las TIC aprovechando todas las posibilidades didácticas que ofrecen. Google (Internet) no proporciona "saber" sino "información". Para que esta información se convierta en conocimiento tiene que ser procesada, analizada, comparada, valorada, evaluada... y esto debe ser enseñado en la escuela.

Hoy más que nunca necesitamos a la escuela, pero como nos propone Tonucci en la cita inicial del post (por cierto, recomiendo la lectura del libro de Mar Romera), una escuela más inclusiva, más personalizada, que dote a todas las personas de las herramientas (conocimientos, destrezas, habilidades...) que les permitan tener una vida plena. Una escuela del siglo XXI para el siglo XXI.
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El traje nuevo del profesor o el docente desnudo

domingo, 23 de julio de 2017

Ilustración de Vilhelm Pedersen, el primer ilustrador de Andersen.
https://es.wikipedia.org/wiki/El_traje_nuevo_del_emperador
Uno de los cuentos infantiles que siempre me ha fascinado es El traje nuevo del emperador, también conocido como El rey desnudo, de Hans Christian Andersen.

No voy a contar su argumento, de sobras conocido por todos, pero si que quiero comentar su moraleja: no debemos dejarnos llevar por lo que dicen los demás, ni por lo que otros hacen, ni tener obediencia ciega sin criterio propio... ¡Qué gran enseñanza para los que nos dedicamos a esto de educar!

Lo que le sucede al emperador del cuento, le pasa también a algunos docentes en sus aulas... están "desnudos" porque les han hecho creer que llevan un traje hecho a medida y confeccionado con las telas más finas y suaves que nadie pueda imaginar. Y nadie, ni ellos mismos, se atreve a decirles que van "desnudos": "pensarán que soy un/a profe carca", "creerán que no soy innovador/a", "parecerá que no estoy a la última"...

Algunos profes van desnudos y otros llevan trajes inadecuados. Y mira que, igual que en el cuento, en muy sencillo averiguar si esto sucede: solo hay que preguntar a los alumnos y alumnas cómo ven ellos ese traje. La mirada de los niños, y evaluar si alcanzan los aprendizajes que nos habíamos propuestos, son la prueba de si vamos desnudos o no, de si vamos vestidos adecuadamente o no.

Para que nuestros alumnos y alumnas aprendan, es fundamental que nos vistamos con las ropas adecuadas a cada momento, tiempo y lugar; es básico que seamos plenamente conscientes de la ropa que llevamos y de por qué la llevamos.

Al hilo de esta metáfora de cuento, me gustaría acabar diciendo que si un docente quiere conseguir llegar a sus alumnos y alumnas de manera que estos se emocionen y aprendan de manera significativa y autónoma, debe presentarse (metafóricamente) desnudo ante ellos, mostrándose abiertamente ante ellos, ofreciéndoles amor y respeto... como publicó en Twitter hace unos días mi amigo Óscar González (@OscarG_1978): "La mejor herramienta disciplinar de todos los tiempos: un abrazo".
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5 razones para educar des-pa-ci-to

domingo, 16 de julio de 2017
"Estudiar sin pensar es tan inútil como pensar sin estudiar." Confucio

Es más que probable que, al leer el título del post, en tu cabeza hayan resonado algunas notas de la canción de moda de estos días. Da igual si, como me sucede a mi, la canción os parece facilona y pegadiza... todos en algún momento nos hemos sorprendido tarareándola o moviendo la cabeza siguiendo el ritmo mientras suena de fondo en la radio del coche o en la televisión.

Igual de inevitable que verse atrapado por la susodicha cancioncita, es la eterna discusión sobre cuál es la mejor manera de educar. Y el título de la canción nos viene de lujo para reclamar una educación que vaya des-pa-ci-to, pasito a pasito.

Todo va demasiado deprisa en la educación actual, seguramente contagiada por el ritmo frenético de la vida misma. Queremos saber un poco de muchas cosas, por lo que pasamos por ellas de forma superficial y ligera.

Pero si queremos educar a personas del siglo XXI es necesario establecer espacios de reflexión, momentos de calma, de profundización, de análisis... A continuación se enumeran cinco razones por la que esto es cada vez más necesario:

1. Porque la educación tiene que ser adaptativa. Debe servir para conseguir que las personas sean capaces de aprender a lo largo de toda su vida, que sean capaces de adaptarse a los cambios y a enfrentarse a los desafíos y retos de la vida.

2. Porque la educación debe ser ética. Debe servir para mejorar el mundo: para tener conciencia ecológica y no desaprovechar los escasos recursos de la naturaleza, para participar de forma activa y responsable en pro del bien común...

3. Porque la educación ha de ser crítica. Debe servir para formar personas capaces de pensar por sí mismos, capaces de replantearse lo establecido.

4. Porque la educación tiene que ser colaborativa. Debe servir para que las personas seamos capaces de trabajar juntas, de aunar esfuerzos, de cooperar...

5. Porque la educación tiene que ser creativa. Debe servir para que las personas seamos capaces de ir más allá de lo establecido, que tengamos una mirada disruptiva. Y eso requiere de tiempo.

Te pido que ahora dediques unos instantes a reflexionar sobre esta manera de entender la educación. Luego, si quieres, puedes seguir cantando Despacito y disfrutando del verano.
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