10 cosas que todos tus alumnos y alumnas merecen

domingo, 23 de septiembre de 2018
"El sistema educativo se tendría que construir pensando en el desarrollo de los niños." Richard Gerver

Qué y cómo aprender en la escuela es una cuestión clave para el desarrollo de las generaciones futuras y es motivo de múltiples y variadas reflexiones en todo tipo de contextos. A diario, gracias a la magia de las redes sociales y al trabajo incansable de miles de profesionales de la educación, podemos leer, debatir, compartir y comentar muchas experiencias y teorías educativas, con las que no siempre se está de acuerdo, pero que nos enriquecen.

Hoy os propongo algo distinto. Más allá de las grandes metodologías didácticas, os propongo pensar en esas cosas que no cuestan mucho y dan resultados fantásticos. En esos pequeños detalles que muchas veces pasan desapercibidos y pueden hacer que el clima de aprendizaje en el aula sea el adecuado, que la actitud de los alumnos y alumnas para el aprendizaje sea la más propicia para alcanzarlo, que la relación docente/alumno sea fluida y respetuosa.

Dice Juanjo Vergara (@juanjovergara) que los alumnos, y nosotros mismos, aprendemos porque queremos, cuando sentimos la necesidad de conocer. Os propongo 10 cosas que todos los alumnos y alumnas merecen y que ningún docente debería dejar de darles para facilitar que sientan esa necesidad de conocer:

1. Confianza, que se crea en ellos. Todo alumno merece que el docente crea en él, que lo trate como si tuviera el potencial necesario para hacer cosas maravillosas. Solo así un alumno puede alcanzar su máximo talento y tener la oportunidad de perseguir sus sueños.

2. Ser escuchados. En general, a los niños y niñas se le oye mucho, pero se les escucha poco. Es hora de que tengan voz, que se tengan en cuenta sus necesidades, sus intereses, sus motivaciones.

3. Participar activamente. Si lo que se propone en el aula parte de sus intereses, los alumnos y alumnas deben ser partícipes de la organización y la realización de las actividades que se llevan a cabo.

4. Recibir sonrisas. Todos los alumnos y alumnas debería recibir, al menos, una sonrisa en cada clase. Crear un clima afectivo y alegre facilita un ambiente propicio para aprender y para convivir.

5. Escuchar cosas amables y constructivas. Dirigirse a los alumnos y alumnas con un lenguaje positivo, que destaque lo bueno y que no estigmatice con negatividad, también es un elemento imprescindible para un buen ambiente de aprendizaje y de convivencia.

6. Ser mirados a los ojos. Un alumno que siente la mirada de su profesor, siente a su vez que es participe de lo que está sucediendo en el aula. Además, si la mirada es el espejo del alma, el contacto visual facilita la conexión a nivel emocional.

7. Saciar su curiosidad y creatividad. La actividad de los docentes debe ir encaminada a que los alumnos y alumnas aprovechen su curiosidad para aprender y su creatividad para tener una mirada disruptiva.

8. Permitir que aprendan de sus errores. No es bueno que a los alumnos y alumnas se les ponga todo fácil "para que no se frustren". Debe permitirse que pierdan el miedo a equivocarse, a probar cosas nuevas, a hacer las cosas a su manera.

9. Inclusión. Es obligación de todo docente que se haga todo lo posible para evitar la exclusión del sistema del cualquier alumno o alumna. Que no se les seleccione con criterios arbitrarios debería ser un objetivo prioritario en la escuela del siglo XXI.

10. Aprender más allá de aprobar. Como conclusión, todos los alumnos y alumnas merecen que se les enseñe más allá de aprobar, que su paso por la escuela les proporcione los conocimientos, las destrezas y las habilidades necesarias para tener éxito (a todos los niveles) en la vida.

Enseñar en un mundo digital y acelerado

domingo, 16 de septiembre de 2018
"La profesión del educador contribuye más al futuro de la sociedad que cualquier otra profesión." John Wooden

Cuando nos enfrentamos al reto de tener que enseñar/formar/educar deberíamos tener siempre presente el contexto y las circunstancias en las que vivimos, nosotros como educadores y, más importante aún, los sujetos de la educación: hijos, alumnos...

Y lo cierto es que vivimos en un mundo global, digital, hiperconectado, acelerado y superficial donde el acceso al conocimiento se ha facilitado de forma impensable hace tan solo unas décadas. Cualquier conocimiento, información, idea... (incluso los más inadecuados) están a nuestro alcance a un solo "clic". Por tanto, todo aquello que nuestros hijos/alumnos quieran aprender, lo harán por su cuenta y sin ningún tipo de filtro en YouTube. ¿Es adecuado delegar el acceso al conocimiento a Internet?

Quizás ha llegado el momento de adelgazar y flexibilizar los currículos educativos y dejar más tiempo y espacio a los intereses y motivaciones de los alumnos y alumnas. Creo que sí que hay una serie de conocimientos que podríamos llamar clave o básicos a los que todo alumno debería acceder. Pero cuando analizamos los estándares de aprendizaje que establece el currículo, aunque hagamos un análisis rápido y superficial, nos damos cuenta de que esos contenidos distan mucho de ser los básicos y obligatorios para todo alumno.

La realidad de la educación actual es que nos enredamos en debates interminables sobre qué metodología o qué tecnología debemos utilizar cuando nuestros debates y discusiones deberían centrarse en el qué, el para qué y el cuándo educar. La verdadera revolución de la educación pasa por redefinir cuál es su propósito, cuál es su fin. Cuando tengamos claro su propósito y cuáles son los conocimientos y/o competencias que deben adquirir nuestros alumnos y alumnos, será el momento de hablar del cómo las adquieren.

La realidad de nuestro día a día en educación es que la pobreza de recursos (materiales y teóricos) para innovar se ve sustituida por el ímpetu, el entusiasmo y la entrega de un pequeño porcentaje de docentes... y, aún reconociendo el enorme mérito de estos docentes, este no es el camino para educar en un mundo digital y acelerado.
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Todo profesor quiere que sus alumnos aprendan

domingo, 9 de septiembre de 2018
"El currículo es viejo, viejo, viejo. Enseñamos a leer libros sobre nada importante, a escribir a mano con buena letra, a calcular de cabeza, a memorizar tablas... y todo esto ya no es tan útil como antes." Marc Prensky

Cuando debatimos, en ocasiones acaloradamente, sobre qué, cómo, cuándo y dónde educar nos aferramos a nuestras creencias, experiencias e ideas y nos olvidamos que hay un principio básico indiscutible: Todo profesor quiere que sus alumnos aprendan. A partir de aquí podemos empezar a debatir, reflexionar e incluso discutir de manera que sirva para, entre todos, mejorar la educación que ofrecemos a nuestros niños y jóvenes.

Todo docente quiere enseñar a sus alumnos aquello que ellos creen que les va a servir para su desarrollo personal y/o laboral... la cuestión principal reside en establecer qué aprendizajes son estos y cuál es la mejor manera de alcanzarlos.

Hace un tiempo escribí en un post para la campaña #realinfluencers que "enseñar no puede reducirse solo a una técnica, a la aplicación de una u otra metodología didáctica. Esta es condición necesaria, pero no suficiente. Un buen docente, además de tener un gran conocimiento de la materia (o materias) que imparte, debe tener una serie de habilidades, destrezas y valores como la empatía, la resiliencia, la creatividad, la capacidad de comunicar (escucha, diálogo), la tolerancia a la frustración... A su vez debe también conocer a sus alumnos (sus talentos, sus limitaciones, sus posibilidades) y el contexto en el que enseña." Y sigo suscribiendo cada una de estas palabras. Una persona puede ser un gran músico, por ejemplo, un excelente guitarrista... pero eso no le capacita de manera fehaciente para ser un buen educador... la enseñanza requiere conocimientos específicos para llevarla a cabo.

La mejora de la educación pasa ineludiblemente por la redefinición de cuál es su propósito y aquí hay múltiples opiniones que se basan más en creencias e ideologías que en constataciones basadas en principios válidos y coherentes. Lo que no debería ser motivo de disputa es que para educar se necesita una mayor dotación económica por partes de las administraciones (la educación no es un gasto, es una inversión), una mejor formación inicial y continua para los docentes (que esté contemplada en su horario de trabajo), la disminución de las ratios y la elaboración de leyes educativas valientes que recojan la experiencia de las personas que están cada día a pie del cañón en las aulas.

A pesar de todo... creo que la educación que se ofrece en nuestros centros educativos es de una altísima calidad y que la escuela y los profesionales que en ella trabajan realizan una tarea poco valorada y reconocida. Existe una tendencia injustificable a desmerecer esa labor. ¡Claro que hay cosas que se pueden mejorar!... pero no estamos tan mal como a algunos les gusta decir.

Este curso que empieza, y para el que os deseo lo mayores éxitos educativos, vamos a seguir reflexionando y debatiendo sobre educación. Pero que este debate sea constructivo y sirva para una mejora real de la formación y el aprendizaje de nuestros alumnos.
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¿Al salir de clase? Educar durante las vacaciones

domingo, 8 de julio de 2018
"La primera tarea de la educación es agitar la vida, pero dejarla libre para que se desarrolle." Maria Montessori

Ya no hay alumnos en nuestros centros educativos. Llegaron las vacaciones y con ellas, pasa lo mismo cada año, llegan las listas de tareas, deberes o "queredes" que algunos docentes publican en las redes sociales y triunfan en likes y tuits. Listas con incidencia a nivel de prensa, radio y televisión que se sorprenden con el hecho de que haya docentes que no propongan a sus alumnos tareas escolares para los meses de verano.

No, en este post no voy a dar una lista de tareas. ¡Ni nada que se le parezca! Solo quiero invitar a reflexionar sobre qué es la educación (en cualquier época del año, en cualquier contexto, en cualquier circunstancia).

Durante el curso, para muchos niños y niñas la vida fuera de la escuela continúa siendo excesivamente académica. Sus actividades extraescolares son una extensión de saberes y experiencias que se consideran necesarios para tener éxito en la vida (especialmente en la laboral). Y esa misma idea suele hacerse extensiva durante el periodo vacacional.

¡Por eso me encantan esas listas! Me parece que son propuestas muy necesarias para que la educación de niños y niñas cumpla con su principal propósito: prepararles para la vida (en todos los sentidos). Lo que en realidad cuestiono es que esas tareas se propongan solo para las vacaciones, deberían plantearse durante todo el año y, especialmente, en los centros educativos durante el curso académico.

Dibujar o escribir lo que te apetezca, pasear por el bosque, escuchar música, mirar las estrellas, hacer deporte, cantar, bailar, jugar, leer por gusto, hacer nuevos amigos y amigas... ¡eso hay que hacerlo siempre! Eso, junto con la adquisición de contenidos y competencias curriculares, es preparación para la vida.

Casi siempre olvidamos que el día tiene 24 horas. Si de estas, 8 las pasamos durmiendo, nos quedan 16 horas para realizar actividades de todo tipo. También durante las vacaciones. Por lo que si un niño o niña necesita reforzar algún aspecto académico durante las vacaciones, tampoco es ningún crimen. Al contrario, es necesario para que se ponga al día, para compensar aquellos aspectos en los que pueda tener alguna limitación o deficiencia.

Pero para hacer esto no es necesario volver a encerrarse en un aula. Se puede hacer mediante juegos, retos y desafíos que les hagan trabajar y disfrutar al mismo tiempo. La propuesta de actividades gamificadas se me antoja una herramienta genial para estas tareas.

¡Feliz verano!
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7 ideas clave sobre educación que nadie debería cuestionar

domingo, 1 de julio de 2018
"En lo que respecta a la enseñanza, es importante no limitar el porvenir de tus hijos dando por hecho que la educación que tú tuviste será de manera inevitable la más conveniente para ellos. Quizá das por sentado que algunas asignaturas serán necesariamente más útiles que otras para su futuro profesional. Con este mundo en continuo cambio, eso podría no ser cierto." Ken Robinson

Siempre he pensado, y no voy a cambiar de opinión ahora, que en educación no existen recetas mágicas, ni fórmulas infalibles que nos aseguren alcanzar nuestros objetivos. Lo que funciona en un centro, en un aula y con unos alumnos no tiene porque funcionar en otro contexto y circunstancia.

A pesar de ello, creo que sí que existen algunas ideas clave que pueden considerarse como pilares de una educación de calidad. A continuación comentaré 7 de estas ideas que, el título del post, me he atrevido a decir que nadie debería cuestionar... y, aunque soy consciente de que esa es una misión casi imposible, sí que tengo el convencimiento de que son cuestiones que van más allá de metodologías y modas o "motodologías" como me gusta llamarlas, porque te venden la moto sin contrastar y evaluar sus resultados de forma fiable):

1. Mantén siempre un alto nivel de exigencia con tus alumnos y alumnas. No les hacemos ningún favor cuando, para evitar que fracasen o se equivoquen, bajamos nuestro nivel de exigencia. No hay que ponérselo todo tan fácil que no tengan la opción de equivocarse, de tropezar para tener que levantarse... que no tengan que esforzarse.

2. Solo se aprende con trabajo y esfuerzo, el aprendizaje no aparece de manera difusa. Pero el trabajo y el esfuerzo no están reñidos con el goce y el disfrute. El aprendizaje tiene que ser una experiencia gratificante y no frustrante.

3. Saca el máximo provecho de los recursos de que dispongas. Antes de que se me malinterprete, creo que es obligación de toda la sociedad en su conjunto exigir que nuestros centros educativos tengan todos los recursos necesarios para poder desarrollar adecuadamente los procesos de enseñanza/aprendizaje. Pero eso no impide que seamos capaces de exprimir al máximo los recursos (aunque sean escasos) disponibles. Me explico: si mi aula dispone de una PDI, no es de recibo utilizarla de manera similar a una pizarra de tiza.

4. Conoce a fondo a tus alumnos y alumnas, sus talentos y limitaciones, sus sueños y sus frustraciones. Y, como dice mi amigo Manu Velasco (@manu_Velasco), ayúdales a que se conozcan a sí mismos.

5. Consigue que tus alumnos y alumnas sean lo más autónomos posible, tanto en acción (que sean competentes) como en pensamiento (que sean críticos).

6. Huye del aprendizaje memorístico a corto plazo y selectivo que da respuesta a la cultura del examen. Busca que el aprendizaje sea significativo y, en la medida de lo posible, emocionante.

7. Evalúa para diagnosticar, no para calificar. Lo importante no es la calificación, la nota, sino el aprendizaje. Comprobar si se ha aprendido y cómo se ha aprendido debería ser el objetivo de la evaluación en nuestros centros educativos.
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Balance de un año educativo complejo y apasionante: me confieso

domingo, 24 de junio de 2018
Acaba de llegar el verano y con él, al menos en nuestro hemisferio, acaba el curso académico. Es el momento de hacer balance y valorar cómo ha ido todo.

A nivel personal, ha sido un año tan complicado como apasionante. He participado en la coordinación de un material de educación primaria para una editorial. La propuesta consiste en elaborar materiales didácticos que superen el concepto caduco de libro de texto y ofrecer materiales que puedan dar una respuesta diversa y adaptativa a las diferentes necesidades de docentes y alumnos.

Este proyecto me ha llevado mucho tiempo y esfuerzo... y eso ha repercutido en este blog. He tenido alguna que otra crisis para mantener un cierto ritmo de publicaciones y que estas fueren de interés y mantuvieran los niveles de calidad que me autoexijo. También he estado menos participativo en redes sociales y he participado en menos "saraos educativos". En las redes sociales (Twitter) porque aunque aún es mucho lo que me aportan y me encanta compartir y debatir con mi claustro virtual, no me gusta el tono de enfrentamiento y las faltas de respeto que se están produciendo cada vez con mayor frecuencia. Todos deberíamos expresar nuestras ideas y opiniones sin llegar a la falta de repeto y mucho menos al insulto. En jornadas y formaciones... porque el día solo 24 horas y no se puede abarcar todo, al menos con un cierto nivel de calidad y coherencia.

Me gustaría aprovechar la ocasión para aclarar que, con lo que publico en este blog, nunca he tenido la pretensión de decirle a nadie cómo debe dar sus clases o comportarse con sus alumnos y alumnas... es pretencioso y absurdo por parte de cualquiera decirle a un docente cuál es la mejor manera de dar su clase o qué metodología debe aplicar, sin conocer ni a sus alumnos, ni su centro, ni su formación, ni sus circunstancias.

Todo lo que escribo y comparto en este blog o en redes sociales son invitaciones y provocaciones para reflexionar sobre la educación en abstracto porque creo que es lo que debemos hacer todas las personas que nos dedicamos a este mundo. Creo que reflexionar sobre educación mejora (o puede mejorar) la práctica educativa. Estoy convencido de que tanto para utilizar como para cuestionar una metodología educativa es necesario conocerla a fondo... y, a partir de ahí, defender su uso o su abuso. Debemos empezar a valorar cada vez más los datos y los resultados tangibles, que las opiniones o las intuiciones.

Posdata: Lamento el rollo casi psicoanalítico que os he explicado, pero sentía la necesidad de hacerlo. Por cierto, aprovechad el verano para descansar y recuperar energías.
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Educar es conectar mentes y conectar corazones

domingo, 17 de junio de 2018
"La tendencia a tratar el aprendizaje como una actividad individual se ve reforzada por la cultura competitiva de continuos exámenes." Ken Robinson



A veces tengo a sensación de ir contracorriente. En un tiempo donde todo sucede a velocidad de vértigo, donde todo es inmediato, donde se buscan soluciones "mágicas" y recetas metodológicas que prometen arreglar todos los males de la educación, a mi me da por mantener un blog donde reflexionar sobre todos estos temas... y parece que eso ya no se lleva, que no está de moda.

A pesar de ello, me reafirmo: hoy es más necesario que nunca reflexionar sobre la educación. Y es que lo que estamos viviendo en nuestros centros centros educativos, en particular, y en la sociedad, en general, es tan apasionante como peligroso.

Desde que las neurociencias nos han permitido entender que nuestras habilidades personales pueden desarrollarse a lo largo de toda la vida, a la educación formal se han abierto un abanico de posibilidades que, aunque conocidas desde hace mucho tiempo, no se daban las condiciones adecuadas para su implementación en la realidad de nuestras escuelas. Lo que nos propusieron hace muchos años pedagogos como Montessori, Freinet, Dewey, Decroly y otro muchos, hoy puede ser al fin realidad en nuestros centros educativos.

Dice José Antonio Marina que el talento no está antes, sino después de la educación. Eso supone que no solo podemos y debemos aprender ciencias, matemáticas o literatura, sino que también podemos y debemos aprender capacidades como la creatividad, el emprendimiento, el agradecimiento, la perseverancia o la resiliencia. A pesar de ello seguimos enseñando y evaluando como si el aprendizaje solo pudiera alcanzarse de forma individual, memorísticas, repetitiva y competitiva.

Sin duda el aprendizaje necesita de la memoria, pero aprender no es memorizar. Aprender es conectar, relacionar, comparar, analizar, intercambiar y colaborar. Para aprender es necesario conectar mentes y conectar corazones, compartir conocimiento y compartir emociones. Para aprender es necesario conectar ideas y hechos, saberes y valores, conceptos y sentimientos.

La vida no es un simulacro de la vida, la escuela es la vida... y, en ella, los alumnos y las alumnas deben adquirir y manejar los conocimientos, las habilidades, las destrezas y las capacidades que necesitan para dar respuesta a los retos, desafíos y necesidades que les plantea la vida.

El "docente instructor", aquel que enseña exclusivamente conceptos y datos de una materia o asignatura, es una reliquia del pasado. Pero, el "docente emocional", el que solo trabaja lo emocional, lo sentimental, el ser, es una falacia bienintencionada del presente. Todo docente debe ser a la vez "instructor" y "emocional" porque como dice el maestro Francisco Mora solo se aprende lo que se ama.

La educación del siglo XXI debe hacer personas más competentes que competitivas, más colaboradoras que individualistas, más críticas que sumisas, más autónomas que dependientes y eso solo se consigue si conectamos mente y conectamos corazones.
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