7 contenidos o habilidades que hay que trabajar en la escuela

domingo, 1 de mayo de 2016
"El que no cree estar necesitado no desea tampoco lo que no cree necesitar." Platón

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Entender qué es y para qué sirve la escuela es fundamental para que los docentes hagan propuestas didácticas que posibiliten que los alumnos aprendan, y para que estos estén motivados y predispuestos para ese aprendizaje.

Durante mucho tiempo se ha considerado que la escuela es una institución destinada a proporcionar los conocimientos básicos para alfabetizar a la población para que tenga acceso a la sociedad y a la cultura. Leer, escribir, calcular y unos rudimentos de ciencias naturales y sociales eran los contenidos mínimos que debía tener una persona para no ser considerada analfabeta. Pero, por mucho que unos pocos se esfuercen en negar lo que es evidente, los tiempos han cambiado.

Para desenvolverse en el mundo actual es necesario otro tipo "alfabetización", son necesarios otros saberes, otras habilidades, otras destrezas que permitan a las personas vivir en un mundo que es cambiante. Por supuesto que es necesario tener un excelente nivel de comprensión lectora, poseer una gran capacidad de expresión y comunicación tanto oral como escrita y manejar unos altos conocimientos de los que conocemos como asignaturas STEM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). ¡No es posible sobrevivir en el mundo actual sin estos conocimientos!

También hay otros saberes que son igualmente importantes: el arte, la literatura, la filosofía..., aunque últimamente estén siendo desprestigiados y relegados de los currículos escolares. Sin estos saberes no se puede tener una comprensión completa de nuestro mundo.

Ahora bien, hay otros contenidos que también deben entrar en nuestros centros educativos para que nuestro mundo sea más justo, más equitativo... un mundo mejor. No se trata de proponer nuevas asignaturas o materias sino de darles un tratamiento global y transversal. Se trata de siete conocimientos o habilidades que debe poseer cualquier persona para no ser analfabeta funcional en la era de la información y la incertidumbre:

1. Aprender a aprender. Inexcusablemente la escuela debe proporcionar las herramientas necesarias para que las personas puedan aprender de manera autónoma a lo largo de toda su vida. La educación es un proceso que no tiene fin y las personas debemos adaptarnos a situaciones nuevas a nuevos retos constantemente.

2. Creatividad. Tanto si eres ingeniero, médico, peluquero o camarero, en el mundo actual necesitas de la creatividad para plantear nuevas soluciones más eficaces a problemas ya existentes o para dar respuesta a situaciones nuevas.

3. Valores humanos. La crisis más preocupante del mundo actual no es la económica, sino la de valores. Una escuela sin valores está condenada a la desaparición, pues la simple transmisión de contenidos ha encontrado diferentes canales que llevan a cabo ese cometido con gran efectividad.

4. Igualdad de género. La escuela es un lugar privilegiado para aprender que todas las personas tenemos los mismos derechos y debemos disponer de las mismas oportunidades sea cual sea nuestro sexo. Hombres y mujeres deben participar en igualdad de condiciones de la sociedad... y esto debe empezar en nuestros centros educativos.

5. Ciudadanía. La participación activa, crítica y responsable de todas las personas en la sociedad en la que viven es un deber y una necesidad. Tomar conciencia del valor de lo colectivo ayudará a acabar con algunos de los grandes problemas de nuestro mundo como la corrupción política.

6. Ecología/sostenibilidad. La escuela tiene el deber y la obligación de educar a las personas para cuidar el mundo en el que vivimos. Por mucho que trabajemos valores y contenidos de nada serviría si acabamos destruyendo nuestro planeta.

7. Salud/nutrición. Aprender a tener hábitos saludables de higiene y salud es muy importante para alcanzar la plenitud y el bienestar. Las personas deben cuidar tanto cuerpo como alma.  

Sé que algunos seguirán pensando que todos estos estos saberes y habilidades no son responsabilidad de la escuela... y parte de razón tienen, porque no son de su exclusividad. Para lograrlos deben trabajar juntos la escuela, la familia y la "tribu" entera. Pero si la escuela no sirve para preparar para la vida ni para hacer un mundo mejor, ¿para qué sirve?

La escuela salvaje: aprender en la era de la información

domingo, 24 de abril de 2016
"Internet aporta ahora una gigantesca mezcla cultural de saberes, rumores y creencias de todo tipo, una especie de escuela salvaje que prescinde de la escuela oficial y en la que se están informando y formando las nuevas generaciones." Edgar Morin

Manuel Castells, una de las personas que mejor conoce las características de la era de la información, afirma que "Como sucede con cualquier cambio tecnológico transcendental, los individuos, las empresas y las instituciones que lo experimentan se sienten abrumados por él, debido a que desconocen cuáles serán sus efectos."
Godzilla. Foto by Tom Simpson 
https://www.flickr.com/photos/randar/17622123675

Internet ha entrado en el mundo de la educación como una especie de Godzilla, que amenaza con arrasarlo todo. Para algunos, Internet (y todo lo que conlleva) se concibe como una especie de monstruo mutante que amenaza con acabar con todo lo establecido y que les pone en grave peligro.

Ante el miedo que les provoca, muchos son los que pretenden seguir enseñando como siempre, como si nada hubiera cambiado. Pero estas son personas que viven en un mundo que no comprenden. No podemos seguir educando a nuestros niños y jóvenes como lo hacíamos 50 años atrás. El mundo ha cambiado, por tanto, la educación también debe cambiar.
Durante mucho tiempo hemos llamado educación informal a todo aquello que enseña contenidos, valores, hábitos y destrezas fuera de las instituciones creadas para ello. Actualmente creo que deberíamos empezar a denominarla educación salvaje, ya que la información es tanta y se puede acceder a ella con tanta facilidad que es casi imposible dominarla ni controlarla, lo que puede provocar una sensación de estar sumidos en el caos.

Una de las características más significativas de Internet es que es libre e incontrolable. La red se puede vigilar pero no se puede controlar. Por eso, la incorporación de Internet en la escuela convierte al docente en una especie de jardinero, que debe procurar a sus alumnos las mejores condiciones para que estos se desarrollen, procurando en todo momento regar los conocimientos que deben adquirir y dotándolos de las herramientas necesarias para discernir entre las informaciones válidas y aquellas que no lo son. Así cada alumno y cada alumna llegará a ser un hermoso y único jardín.

Aunque con la aparición de la radio y de la televisión pareció que se iba a producir un cambio radical, se puede afirmar que nunca antes la educación formal, la institución escolar en concreto, ha tenido que enfrentarse con algo que tuviera un impacto tan grande en sus fundamentos y en su estructura. Luchar contra todo lo que conlleva la aparición de Internet es inútil, supone un gasto de energía baldío. Hay que aceptar el nuevo escenario y asimilarlo como algo habitual en nuestras vidas para sacar provecho de lo que nos aporta y aprovechar sus ventajas.

Internet ya está presente en casi todas las cosas (automóviles, televisores, teléfonos, neveras...) y forma parte de la vida cotidiana de los niños y jóvenes a través de 
redes sociales, chats, juegos... Por ello, nuestros alumnos asisten atónitos a que una parte tan importante de su identidad como personas quede fuera de la institución escolar y no entienden a una institución a la que perciben como anacrónica y, tristemente, en ocasiones inútil. Como consecuencia de esto, quedan a merced de esa "escuela salvaje" que les aporta una inmensa cantidad de información no siempre válida ni adecuada sin disponer de las herramientas que les permitan validar o refutar la información que reciben. Y eso es algo que como educadores no podemos permitir que suceda.
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Si los niños pudieran jugar más...

domingo, 17 de abril de 2016

Carl Honoré, en su libro de recomendable lectura Bajo presión, transcribe la siguiente cita de Nigel Cumberland, experto en coaching ejecutivo y formación del liderazgo:

"Si los pequeños pudieran jugar más, habría mejores ingenieros, mejores directivos y más inspiración en el lugar de trabajo. Si se le niega a un bebé o a un niño de entre uno y dos años la oportunidad de jugar, y después se le lleva al jardín de infancia, donde compite y se le juzga en todo momento, nace el miedo, y esto crea una falta de disposición a asumir riesgos. El resultado, adultos aburridos."


En edades tempranas, el juego nunca es una pérdida de tiempo, ni un simple entretenimiento, El juego, además de facilitar el desarrollo de las capacidades motoras, es un acto fundamental para la formación de habilidades y destrezas, para la adquisición de valores, para el desarrollo de la inteligencia racional y la inteligencia emocional. Con el juego, los niños y las niñas experimentan, comparten, pierden, ganan, aprenden a anticiparse, a concentrarse, a ser imaginativos, a ser creativos, a ser curiosos. Todos estos aprendizajes son esenciales para el futuro desarrollo de la personalidad y para una adecuada adquisición del aprendizaje.

Aprender no siempre es fácil ni cómodo, enseñar tampoco. Pero, a veces, tengo la sensación de que no empeñamos en hacerlo aún más difícil y más incómodo. En los primeros años de escolarización permitimos que el juego forme parte del proceso de aprendizaje de los alumnos, pero conforme pasan los años desterramos el juego como recurso educativo. Lo mismo sucede en el ámbito familiar, conforme pasan los años dejamos cada vez menos tiempo para el juego llenando la agenda de los niños y las niñas de actividades extraescolares formativa, que son una extensión de las actividades académicas y buscan alcanzar el mejor expediente posible, no el disfrute ni el gozo.

No me cansaré de repetir que todo aprendizaje requiere de un esfuerzo, pero que no debemos confundir constancia y perseverancia con sacrificio y sufrimiento. Aplicar a la educación los principios de la gamificación puede ayudar a conseguir la motivación necesaria para ayudar a que los alumnos se motiven y disfruten mientras se esfuerzan aprendiendo (y los docentes enseñando).

Hay un concepto psicológico que nos puede ayudar a entender esto: el flujo. Es el estado mental en el que una persona está completamente inmersa en la realización de una tarea con total implicación, absoluta concentración para alcanzar su consecución con éxito. En esas situaciones la actividad por sí misma es gratificante, el tiempo parece ir más deprisa y la motivación se retroalimenta al ir aprendiendo de los errores para alcanzar el objetivo deseado.

Si consiguiéramos que las actividades que planteamos en la escuela llevan a los alumnos a ese estado de flujo, acabaríamos de una vez con la maldita expresión "codos y más codos para aprender". Si los niños jugaran más, aprenderían más y mejor.
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De una educación aburrida a una educación emocionante

domingo, 10 de abril de 2016
Foto de Alex Fuentes (https://www.flickr.com/photos/alexcampro/4225312382)
Todos conocemos a algún niño o niña que tiene problemas de aprendizaje y/o adaptación en la escuela: suspende, no participa en las tareas de clase, presenta falta de atención y concentración e, incluso, puede que muestre algún problema de disciplina. Pero ese mismo niño o niña es capaz de reconocer, por ejemplo, la marca y el modelo de cualquier coche que ve por la calle explicando las características de su motor y su precio en el mercado o de cantar todas las canciones de sus grupos musicales favoritos sin dejarse ni una sola palabra de la letra, aunque sea en una lengua extranjera (¡he visto adolescentes cantando en japonés y en coreano!).

En casos como los descritos es evidente que estos niños y niñas no presentan ningún problema de aprendizaje, se trata de una cuestión de motivación. ¿Qué podemos hacer entonces para que los alumnos estén motivados?

Algunos, como Alberto Royo, afirman que los alumnos deben venir motivados de casa y que deben buscar la motivación en la consecución de unos méritos personales que les sitúen en un lugar predominante ante sus rivales/compañeros de clase para optar a mejores universidades o mejores empleos... Desafortunadamente, la meritocracia acaba llevando a la educación a una simple búsqueda de resultados, de mejores calificaciones, de un expediente académico brillante, donde lo importante no es saber sino ser el mejor.

Pero, en mi opinión. la educación es otra cosa. Educar es guiar, retar, desafiar, provocar; y aprender es conocer, comprender, aplicar y crear. Los estudiantes deben explorar las ideas, comprender los conceptos y saber explicarlos y aplicarlos más allá de la memorización a corto plazo, tan efectiva para aprobar los exámenes con los que se suele evaluar en muchos de nuestros centros educativos. Por ese motivo, es la escuela la que debe motivar a los alumnos adaptando su manera de transmitir los conocimientos a sus intereses y a sus necesidades reales, mostrándoles la utilidad y el sentido de aquello que están aprendiendo.

Pero, ¡cuidado! Eso no significa en absoluto que solo deban aprender lo que quieran, lo que les apetezca. Todo lo contrario... el nivel de exigencia a la hora trabajar los contenidos propios de las diferentes materias debe ser alto, muy alto. Se trata de cambiar la metodología de enseñanza/aprendizaje para obtener el mejor aprendizaje posible.

Ya está bien de potenciar el falso debate de que si personalizamos la enseñanza, de que si introducimos en las aulas la educación emocional, el desarrollo de competencias y habilidades no cognitivas, la consecuencia es un descenso en el nivel de exigencia en cuanto al aprendizaje de conceptos y contenidos, en la disciplina y en la capacidad de esfuerzo de los alumnos. La propuesta de incorporar todos estos aspectos en nuestras escuelas tiene como objetivo que nuestros alumnos aprendan más y mejor. La escuela no es solo un lugar de adquisición de conocimiento, es también un espacio de preparación para la vida.

Se trata de enseñar a pensar, de que además de solucionar problemas, aprendan a plantearlos; de que entiendan que lo que están aprendiendo tiene un sentido... Los niños que aprenden a pensar son adultos críticos y participativos.

¡Sin excusas!, tenemos que pasar de una educación aburrida y sin sentido a una educación emocionante y significativa. No se trata de negar la importancia de la memoria, no hay aprendizaje sin memorización, se trata transformar una escuela basada en la evaluación de la memoria a corto plazo en una escuela basada en el aprendizaje.
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El futuro de la educación no está en estandarizar sino en personalizar

domingo, 3 de abril de 2016
"El dejar ver a un niño que te tomas su pasión en serio y quieres tomar parte en ella es el catalizador más poderoso del mundo." Kristine Barnett: La chispa.

Foto de Manuel Martín Vicente bajo licencia Creative Commons.
Probablemente os habréis dado cuenta de que he tomado prestado el título del post de una frase de Escuelas Creativas de Ken Robinson, ya que lo que comentaré a continuación está inspirado en buena medida en su forma de entender la educación.

Todas las personas somos distintas, nos motivan cosas muy diversas, nos emocionan cosas muy dispares. Algunos disfrutamos hablando y pensando sobre educación, otros se emocionan con una competición deportiva o con una buena obra de teatro. Hay personas que se enfervorizan resolviendo un problema matemático y personas que se conmueven con los versos de un poema. También hay personas que levantan edificios y otras que prefieren construir castillos en el aire.

Todos tenemos algo que nos apasiona, que mueve nuestra existencia, que nos incita a actuar, que nos anima a levantarnos si caemos, a volver a intentarlo si fracasamos. Por eso, si queremos que la educación cumpla de manera eficaz y exitosa con su función, debemos descubrir cuál es ese "elemento", en palabras de Ken Robinson; cuál es esa "chispa", que así es como la denomina Kristine Barnett en un libro que recientemente se ha publicado en castellano y cuya lectura recomiendo vehementemente.

Cada día estoy más convencido de que es absurdo (e ineficaz) enseñar a todo el mundo de la misma forma. No existe un modelo único de educación, igual que no existe un único tipo de persona. La educación no debe dirigirse a un "yo colectivo" sino a un "yo individual", es decir, debemos adaptar nuestra forma de enseñar a las características, habilidades, destrezas e intereses de cada uno de nuestros alumnos.

Por eso, creo que esa tendencia de estandarizar la educación, que está invadiendo de manera evidente los sistemas educativos de la mayoría de los países, no es el camino correcto.

El terreno de la personalización presenta más complicaciones que el de la estandarización. No da el mismo trabajo aplicar un solo modelo igual para todos, que personalizar el método de enseñanza a las características de cada persona, a su "chispa"... Entonces, ¿por qué querría un docente entrar en ese espacio? Porque es la mejor manera de que sus alumnos aprendan, y eso compensa (o debería compensar) cualquier esfuerzo. 
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La educación, ¿se sufre o se disfruta?

lunes, 28 de marzo de 2016



Forma y contenido son importantes.
Estas vacaciones de Semana Santa he tenido la fortuna de pasar unos días en Bilbao. Allí disfruté, entre otras muchas cosas, del Museo Guggenheim.

A mi entender, este museo presenta una característica que le diferencia de otros muchos museos: el edificio (el continente) es tan importante o más que las obras de arte que contiene (el contenido). Para las personas a las que les gusta el arte, ver las obras de Andy Warhol, de Jean-Michel Basquiat, de Eduardo Chillida... es un verdadero placer, pero disfrutar del edificio en sí mismo, es un privilegio.

Eso mismo sucede con la educación. Aprender ciencias, matemáticas, literatura... es fundamental para que cada uno encuentre su lugar en el mundo, en la sociedad a la que pertenece; pero lo realmente importante es el privilegio de disfrutar permanentemente del proceso educativo.

La revisión permanente de nuestro conocimiento del mundo, de nuestras habilidades y destrezas para enfrentarnos a los retos que nos plantea la vida, de nuestra capacidad de aprender y adaptarnos... es lo que aporta sentido a la educación.

Por ese motivo, frente a aquellos que entienden que la educación requiere de un esfuerzo y sufrimiento, que relacionan con el espíritu de sacrificio y la disciplina (mal entendida desde una perspectiva pseudomilitar); yo creo que la educación necesita de perseverancia y constancia relacionadas con el goce de disfrutar del proceso de aprendizaje. ¡Por supuesto que cualquier aprendizaje requiere de un esfuerzo!, pero si este esfuerzo va acompañado de un componente emocional es mucho más eficaz.

No se trata de "anteponer el sentido lúdico al esfuerzo que conlleva cualquier aprendizaje" como cuestiona Alberto Royo (con quien no comparto la mayoría de sus ideas sobre la educación), se trata de que ese aprendizaje tenga sentido, sea significativo, tenga un enfoque práctico y competencial.

Dice Alberto Royo que "a la escuela se va a aprender no a buscar la felicidad", pero ¿acaso el aprendizaje que sirve para tener un espíritu crítico, que sirve para dar respuestas creativas, que sirve para convivir mejor y en armonía... no conduce a la felicidad? ¿Acaso aprendizaje y felicidad son incompatibles?

Creo que ya es hora, que ya no podemos esperar más, que ya vale de hablar de la educación del futuro. Esa nueva educación la necesitamos ahora, la necesitamos para formar a las generaciones actuales que son las que deben ayudar a adaptarnos al mundo de incertidumbre en el que vivimos.

Si seguimos educando y evaluando en nuestras escuelas desde una perspectiva memorística, donde lo importante es retener datos y conceptos para recitarlos y demostrar nuestra sabiduría "de Trivial"; si seguimos ofreciendo a nuestros jóvenes una educación "depredadora" y no una educación "productora"... los estamos condenando a una vida sin sentido.
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¿Por qué no nos ponemos de acuerdo sobre cuál es la mejor forma de educar?

domingo, 20 de marzo de 2016
"Si yo, que soy profesor, no me ocupo de mis alumnos, soy un criminal. Mato su potencial pasión." Nuccio Ordine

Cuando se alzan cada vez más voces reclamando un nuevo paradigma educativo, entre las que modestamente me incluyo, también surgen otras voces (Gregorio Luri, Alberto Royo...) que expresan una opinión radicalmente distinta. ¿Por qué es tan difícil que nos pongamos de acuerdo sobre cuál es la mejor manera de educar?

La primera dificultad reside en la esencia misma de la educación. Todos coincidimos sin demasiados problemas en que es un arma muy poderosa. Pero como cualquier arma puede tener distintos usos. La educación puede ser entendida como un poderoso instrumento de control, de reproducción de lo establecido, o bien, todo lo contrario, como una herramienta de cambio, de construcción de espíritu crítico, de producción de nuevas maneras de entender el mundo.

Otra dificultad reside en el hecho de que tanto educadores como educandos somos seres humanos, somos personas con intereses propios, con nuestra complejidad, con nuestras circunstancias. Aunque en ocasiones educamos en nuestros centros educativos como si nuestros alumnos no fueran personas sino plantas (les obligamos a permanecer inmóviles, en silencio, hablamos de jardín de infancia, de cultivar su mente, de dotarles de buenas raíces...), en realidad, estamos educando personas, individuos que además deben tener las habilidades necesarias para convivir en sociedad.

Hay otras muchas "dificultades" que podríamos comentar, pero quisiera detenerme aquí para hablar de la función docente. En un mundo cada vez más mediatizado por la tecnología, el papel del docente sigue siendo tan importante que no hay un modelo único de éxito educativo porque su influencia es fundamental en el aprendizaje de los alumnos.

Los docentes que consiguen que sus alumnos aprendan son aquellos que logran motivarlos, que consiguen retarlos, que son capaces de encontrar y potenciar su pasión. Lo cierto es no hay una única manera de conseguirlo. Hay docentes que utilizando libros de texto hacen que sus alumnos aprendan, hay docentes que lo consiguen trabajando por proyectos, otros lo hacen invirtiendo la clase... Pero el elemento que parece marcar de un modo fundamental el éxito de los alumnos es que el docente se ocupe y se preocupe de ellos, que sea capaz de llegar más allá de lo que establecen los currículos, que sea un guía, que sea un modelo.

Ya he utilizado en otras ocasiones esta cita de Maria Montessori: "La mayor señal del éxito de un profesor es poder decir: "Ahora los niños trabajan como si yo no existiera"." Y es que, más allá de metodologías, tecnologías y otras "gías" que se nos puedan ocurrir, sin un buen docente, cualquier aula está vacía.


Sin un buen docente, cualquier aula está vacía.

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