¿Debemos retirar los relojes analógicos de los colegios? Lo digital como efecto, no como causa

domingo, 16 de junio de 2019
Imagen de Gerd Altmann en Pixabay
"Pensamos que el mundo digital es la causa de todo y tendríamos, por el contrario, que leerlo como lo que probablemente es, o sea, un efecto: la consecuencia de una determinada revolución mental." Alessandro Baricco

Leí, hace unos días, en la versión digital de La Vanguardia (hace tiempo que deje de leer la prensa en papel), la siguiente noticia: Los colegios británicos retiran los relojes tradicionales porque los niños no saben leer las manecillas

En este artículo la directora de un colegio del barrio de Camden (Londres) comenta que no tiene sentido que los alumnos tengan que preocuparse de interpretar qué hora es en "un reloj que no forma parte de sus vidas". Recomiendo la lectura del artículo completo para hacernos una idea de por dónde van los tiros en el tema de la digitalización de la educación... y podréis comprobar que está muy distante de lo que en realidad deberíamos estar debatiendo y haciendo.

La noticia, ya de por sí impactante para mí, coincidió en el tiempo con la lectura del último libro de Alessandro Baricco: The Game... con lo que me dio aún más pie a reflexionar sobre cómo lo digital está cambiando el mundo o, más correctamente, cómo el mundo está utilizando lo digital en su cambio. No es lo mismo.

Sabemos con certeza que en un futuro no muy lejano tendremos que manejarnos con herramientas que todavía hoy no existen. Pero todavía sabemos con mayor claridad que no queremos que el mundo del siglo XXI se mueva con los parámetros del siglo XX, cuyos resultados fueron muy contradictorios, capaces de mostrar los mayores progresos de la humanidad, pero también sus más terribles miserias. En este sentido, la escuela (la educación en general) se está transformando porque hoy ya no se consideran válidos los paradigmas educativos del siglo pasado. Se rechaza sistemáticamente, casi de forma visceral, todo vestigio de la escuela del siglo XX: se repudian los libros de texto, se niega la importancia de las asignaturas, se menosprecia el valor del profesor transmisor/expositor, se reniega de las clases magistrales, se minusvaloran las metodologías didácticas de antaño... Todo está en proceso de cambio.

No es la cultura digital la promotora de este cambio en la educación. Es la necesidad de cambiar la educación la que está utilizando las herramientas y la tecnología digital para cambiar el paradigma educativo. Por tanto, lo importante no es si utilizamos o no IPads, chromebooks o cualquier otro gadget. Lo verdaderamente relevante es aprovechar estas posibilidades en nuestro interés y para conseguir nuestros objetivos.

Por tanto, lo importante no es si utilizamos los relojes analógicos o no en la escuela, o si dedicamos parte del tiempo escolar a enseñar a nuestros alumnos y alumnas a cómo interpretar el movimiento y la posición de las agujas del reloj. Lo importante es cómo podemos integrar la cultura digital en nuestros centros educativos para conseguir cambiar el propósito de la educación. Si queremos una civilización que sepa vivir y convivir en paz, un mundo sostenible, una sociedad más justa y equitativa... necesitamos una escuela nueva, una nueva forma de educar.

Soy muy consciente de que todo cambio, toda revolución, provoca un fuerte movimiento de resistencia. Por ello, existe aún un nutrido grupo de educadores que insisten en mantener los principios de la educación del siglo XX como los pilares básicos de la formación de las nuevas generaciones. Pero el cambio en la educación llegará (se está produciendo de forma exponencial) como ha llegado a otras instituciones y distintos ámbitos de la sociedad, la economía y la política. El cambio es imparable.

10 claves para aprender (de verdad)

domingo, 9 de junio de 2019
Las 10 cleves son igualmente importantes.
"A los ignorantes les aventajan los que leen libros. A estos, los que retienen lo que han leído. A estos, lo que comprenden lo que han leído. A estos, los que se ponen manos a la obra." Proverbio hindú

Todos sabemos que en la escuela no siempre aprendizaje y aprobado son sinónimos. Y creo que todos estaremos de acuerdo en admitir que ya es hora de que aprender es más importante que aprobar. O, al menos, que ambas cosas fueran lo mismo.

A continuación, me gustaría compartir 10 claves que considero fundamentales para conseguir que los alumnos y alumnas aprendan (de verdad), para que el aprendizaje que adquieren en la escuela les sirva para toda la vida, para que sean no solo creadores de contenido sino de conocimiento:

1. Utilizar las metodologías y los recursos disponibles en función del contenido y de los objetivos de aprendizaje a conseguir, y no al revés. En función de qué queremos que aprendan, debemos elegir la mejor manera de que lo hagan.

2. Por eso, los contenidos deben ser significativos y adecuados para todos los alumnos y alumnas...

3. ... Y las tareas y actividades que se propongan deben contemplar distintos niveles de dificultad y distintos procesos cognitivos.

4. Es necesaria (y debe ser exigida) la máxima implicación de los docentes (a nivel individual y como claustro), de los alumnos y alumnas y de las familias. Todo aprendizaje requiere de un esfuerzo, de un tiempo y de un buen grado de atención y concentración.

5. Las tareas que se propongan deben promover en buena medida el trabajo colaborativo. Los alumnos y alumnas deben ser agrupados a los largo de las diferentes tareas siguiendo distintos criterios en función del trabajo a realizar (grupos heterogéneos, homogéneos...).

6. Es muy importante entender que la escuela forma parte de una comunidad, que está condicionada por su entorno y sus circunstancias. La labor que se realiza en las aulas puede y debe tener una incidencia real en la comunidad.

7. No deben menospreciarse las habilidades (blandas y no tan blandas) de los alumnos y alumnas. Valorar las posibilidades de todos y cada uno de los alumnos y alumnas y potenciar su autoestima.

8. Aceptar los currículos oficiales de de manera crítica y entender que en la vida real los contenidos nunca se presentan de forma estanca como sucede con las asignaturas escolares.

9. Es imprescindible que exista un proyecto de centro compartido por toda la comunidad. Solo así la integración de lo que se lleva a cabo en la escuela conducirá a un aprendizaje significativo y será coherente y compartido por todos.

10. Evaluar a diario el proceso de aprendizaje, más allá del examen o el test puntual correspondiente. Evaluar para mejorar el aprendizaje, no para calificarlo.
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7 exámenes en una semana: ¿Evaluamos?

domingo, 2 de junio de 2019
"Cuando los estudiantes hacen trampa en los exámenes es porque nuestro sistema escolar valora más las notas de lo que los estudiantes valoran el aprendizaje." Neil deGrasse Tyson

Se acerca el final de curso. Como cada año es época de evaluaciones finales, es el momento de aprobar o suspender, Es tiempo de prisas, ansiedad, agobio, nervios. insomnio... para alumnos, pero también para profesores y familias.

Habitualmente es el momento de querer hacer en unos días lo que es trabajo de todo el curso. Es el sprint final, es como si tras los 42 kilómetros de una maratón, empezáramos a esforzarnos cuando solo faltan los últimos 195 metros...

Es época de exámenes. Y no, no estoy en contra de los exámenes. Un buen examen es un instrumento muy válido de medición del aprendizaje. Estoy en contra de los exámenes si facilitan que se pueda empollar unos contenidos en poco tiempo para que sean aprobados, olvidando por completo, o casi, todo lo memorizado en unos pocos días. Y es que aprobar es mucho más que calificar.

En estas fechas de evaluaciones finales son habituales las travesías de hacer un examen tras otro en unos pocos días. Siete exámenes en una semana (es un ejemplo real de un centro educativo cuyo nombre no voy a citar) es una cantidad de exámenes que más que medir el aprendizaje, ponen a prueba la capacidad de alumnos, docentes y familias para aguantar la presión, los nervios y la ansiedad. Y es que sin duda la evaluación no consiste en eso.

La evaluación no es un momento puntual, es un proceso; ni debería servir para etiquetar el aprendizaje con un número. La evaluación debe servir para que los alumnos y alumnas conozcan sus fortalezas y sus debilidades, para que puedan seguir aprendiendo mejorando su proceso de aprendizaje.

Evaluar es tan necesario como difícil. Porque, según Neus Sanmartí, es el motor del aprendizaje, ya que de ella depende tanto qué y cómo se enseña, como el qué y el cómo se aprende. Dime cómo evalúas y sabré qué tipo de docente eres. Ya es hora de entender que la nota no siempre es sinónimo de aprendizaje, ya es hora de valorar el aprendizaje.
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La educación tiene que cambiar, pero ¿cómo?

domingo, 26 de mayo de 2019
"Uno de los peligros que encierra la educación normalizada es el concepto de que una sola fórmula sirve para todos y la vida es lineal." Ken Robinson

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay 
La educación tiene que cambiar. Lo cierto es que puede hacerlo y lo está haciendo. Y creo que es el cambio es tan necesario como inevitable. Los conocimientos y las destrezas que se necesitaban hace cincuenta años no son las mismas que las que se necesitan hoy, porque el mundo de hoy poco o nada tiene que ver con el mundo de hace cincuenta años.

Pero lo cierto es que se siguen necesitando conocimientos. Los niños y niñas que asisten a la escuela deben aprender los conceptos que les permitan ser parte activa y responsable de su sociedad, los conceptos que les permitan reconocerse como pertenecientes a su cultura y las habilidades que les permitan tener una vida individual y social plena. Y para ello no hay fórmulas universales ni mágicas (aunque algunos sigan pensando lo contrario)... aunque sí que existen recursos y posibilidades que faciliten conseguir nuestros objetivos educativos.

Si bien no podemos utilizar con todos nuestros alumnos y alumnas una misma solución para que aprendan, sí que debemos saber que el aprendizaje es más fácil cuando emociona. Y como a todos no nos emocionan las mismas cosas, es muy importante que los y las docentes tengan un conocimiento personalizado de sus alumnos y alumnas. Es evidente que también se aprende sin emoción, se puede aprender por obligación (todos lo hemos hecho y aún lo hacemos) y por necesidad (si el aprendizaje me facilita la vida es más factible conseguirlo).

La utilización de distintas metodologías didácticas también es un recurso que facilita el aprendizaje. Cuantos más y mejores recursos utilicemos, más y mejores posibilidades hay de que nuestros alumnos y alumnas aprendan. Pero como ya escribí en una ocasión: "Estos días hay demasiados fashion victims en nuestras aulas, docentes que aplican de manera poco reflexiva las metodologías de moda, por el simple hecho de estar de moda. Estas metodologías hay que conocerlas, reflexionar sobre ellas, aplicarlas y evaluarlas... no convirtamos en un inconveniente lo que es, sin duda, una ventaja."

En este contexto, los y las docentes deben recibir una formación continua y coherente. Pero no solo de metodologías didácticas, neurociencia, mindfulness, etc., sino también de didácticas específica de las distintas áreas del conocimiento, sin que esto vaya en detrimento de trabajar los contenidos de forma integrada por proyectos. Tan importante es lo que se explica como la forma en la que se hace... y en las ofertas formativas habituales es muy difícil encontrar cursos de mejora de las didácticas específicas de las diferentes áreas del saber.

También se habla mucho de la incorporación de las TIC en nuestras escuelas como parte de ese proceso de cambio. La tecnología solo es efectiva cuando es invisible, es decir, cuando su uso no está por encima del objetivo educativo a conseguir, sino que es una herramienta, más dentro de un proceso complejo, para conseguirlo. Las TIC son tan necesarias como inevitables porque forman parte de nuestra vida cotidiana, pero siempre deben estar al servicio de la mejora del proceso de aprendizaje.

La educación está cambiando, pero depende de nosotros que ese cambio sea para mejor. Porque el cambio en sí mismo no conlleva una mejora. La mejora se produce cuando el cambio nos hace mejores personas.
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Enseñar en el siglo XXI: el conocimiento que nos hace mejores personas

domingo, 19 de mayo de 2019
"El cerebro no teje de la nada el nuevo conocimiento o las ideas creativas. Buena parte de lo que hacemos, tal vez la mayor parte de lo que hacemos, se modela en mayor o menor grado sobre información adquirida con anterioridad, incluso cuando se trata de la innovación más original y de los más sobresalientes actos de creatividad." Elkhonon Goldberg

Aunque no todo el mundo estará de acuerdo con esta afirmación, estoy seguro de que la mayor parte de la información y los contenidos que hacemos que los alumnos y alumnas aprendan en la escuela ni son importantes ni deben utilizarlos con frecuencia, por este motivo acaban desvaneciéndose, olvidándose.

Pero a pesar de ello, también estoy convencido de que esa información, que esa adquisición de contenidos no solo es importante, sino que es imprescindible. Mar Romera afirma que la escuela del siglo XXI que quiere es la que se ocupa del Ser y no del Saber. Entiendo lo que quiere decir y sé que ese tipo de afirmaciones son titulares muy llamativos y provocadores, pero la escuela del siglo XXI no tiene que elegir entre lo uno y lo otro, sino que debe proporcionar los conocimientos que se conviertan en mejores personas. Además, es un lugar privilegiado para que aprendan a hacer cosas con los conocimientos adquiridos y para que aprendan a compartirlos y a convivir con los demás. La escuela del siglo XXI es la escuela del Saber, del Ser, del Hacer y del Convivir.

Enseñar no puede limitarse a transmitir conocimiento compartimentado en asignaturas. La complejidad de la realidad del mundo en el que vivimos nos obliga a ofrecer conocimientos integrados y aplicados a situaciones y contextos reales. Pero la adquisición de conocimientos es imprescindible... la cuestión es hacer una selección significativa de ellos, escoger aquellos que son básicos e imprescindibles. No es una tarea fácil, pero es muy necesaria. Lo que no tiene ningún sentido son los actuales currículos repletos de conceptos superfluos y caducos.

El aprendizaje es algo parecido a construir una figura con piezas de Lego. De cuantas más piezas dispongas y cuanto más variadas sean, más posibilidades hay de construir figuras más complejas, creativas e innovadoras. Dotar a nuestros alumnos y alumnas de esas piezas requiere de experiencia, práctica, formación y evaluación, necesita de implicación y profesionalidad docente.

Enseñar es mucho más que explicar de forma superficial conceptos vagos cuyo único fin es el de olvidarse al cabo un tiempo. Enseñar es dar las herramientas, las destrezas y los conocimientos que nos permitirán ser mejores personas.
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¿Existe un modelo de buen profesor?

domingo, 12 de mayo de 2019
¿Qué maestros y/o profesores te han influido más a lo largo de tus años de vida académica? ¿Qué docentes consideras que han sido importantes en algún aspecto de tu vida personal y/o laboral? Dedica unos instantes a pensar en esos hombres y mujeres…

Es muy probable que esos maestros y profesores sean muy distintos entre sí, tanto en su forma de dar clase como en su forma de ser. Al menos, así sucede con los docentes que me han influido a mi, aquellos que han dejado su huella en mi manera de entender la educación, de entender el mundo.

Puede que alguno de esos docentes se pasara la clase hablando, explicando con pasión y rigor los más diversos contenidos de su asignatura. Es posible que otros fomentaran de manera efusiva tu participación activa en el aula, planteándote retos, desafiándote a alcanzar tus metas. O quizás tenías la certeza de que alguno de ellos se preocupaba sinceramente por ti, por tus problemas, por tus ilusiones, por tus inquietudes, por tus sueños…

Me atrevo a afirmar que es una verdad incuestionable que los buenos docentes son muy diferentes entre sí, por lo que es imposible establecer de una forma clara, concisa e indiscutible un “modelo de buen profesor”. Mas si tenemos en cuenta que el docente que te influye a ti, no tiene porque causar el mismo efecto en tus compañeros y compañeras por mucho que estéis en la misma aula y os trate de igual forma.


*Este post fue publicado originalmente para la campaña #realinfluencers con el título Los buenos docentes.
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El aprendizaje sincero: contra el postureo educativo

domingo, 5 de mayo de 2019
Vivimos en la sociedad de la apariencia, donde se valora más parecer que ser, tener que saber. Hoy lo importante para triunfar no es lo que sabes, sino lo que aparentas saber. En psicología se conoce como complejo de Eróstrato al trastorno que lleva a una persona a querer ser el centro de atención, a destacar a cualquier precio. Y creo que es un mal muy extendido en el mundo actual.

Las redes sociales (facilitan mostrar una imagen idealizada de nuestra realidad), la infoxicación (recibimos cada vez más información y no hay tiempo para leerla y menos aún para asimilarla), las fake news (lo importante no es la veracidad de la información, sino su impacto) son algunos de los ejemplos que condicionan nuestra manera de estar en el mundo y de comprenderlo. Y la educación no es ajena a esto...

Vaya por delante que todos hemos utlilizado el postureo alguna vez, yo el primero. Pero, ¿merece la pena ese tipo de reconocimiento? ¿Aporta algo positivo a nuestra forma de afrontar la vida? Cuando alguien aparenta saber y no sabe, tarde o temprano pone en evidencia su incapacidad o lo que es aún peor puede estar haciendo un mal irreparable. Es por eso que creo que debemos acabar con el postureo educativo.

Propongo que la educación que transmitamos en nuestras escuelas tenga como consecuencia un aprendizaje sincero. Todo aprendizaje necesita de información y motivación, y para ser significativo y perdurable, necesita procesar más que memorizar. No es que la memoria no sea importante, lo es y mucho, lo que no es lícito es potenciar la memoria a corto plazo para aprobar un test y desechar el contenido al cabo de poco tiempo. Este no debe ser el objetivo de la educación que impartimos en nuestras escuelas, ni el resultado para nuestros alumnos.


Un aprendizaje sincero es perdurable, adaptable, significativo y extrapolable. Un aprendizaje que no se base en el postureo sino en el conocimiento facilitaría que nuestro sistema educativo acabara con el abandono escolar temprano, del que somos número uno en Europa. Hay que crear espacios de aprendizaje formal que den cabida al mayor número de personas para que no queden al margen de la sociedad y puedan aprender para tener una vida más plena.

Desde aquí quiero pedir encarecidamente a todos los miembros de la comunidad educativa que hagamos un esfuerzo por dejar de lado el postureo y por sentar las bases de una educación que cumpla con el objetivo de formar personas capaces de cambiar el mundo, de adaptarse a las circunstancias cambiantes y de tener un pensamiento crítico y sostenible.
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