Balance de un año educativo complejo y apasionante: me confieso

domingo, 24 de junio de 2018
Acaba de llegar el verano y con él, al menos en nuestro hemisferio, acaba el curso académico. Es el momento de hacer balance y valorar cómo ha ido todo.

A nivel personal, ha sido un año tan complicado como apasionante. He participado en la coordinación de un material de educación primaria para una editorial. La propuesta consiste en elaborar materiales didácticos que superen el concepto caduco de libro de texto y ofrecer materiales que puedan dar una respuesta diversa y adaptativa a las diferentes necesidades de docentes y alumnos.

Este proyecto me ha llevado mucho tiempo y esfuerzo... y eso ha repercutido en este blog. He tenido alguna que otra crisis para mantener un cierto ritmo de publicaciones y que estas fueren de interés y mantuvieran los niveles de calidad que me autoexijo. También he estado menos participativo en redes sociales y he participado en menos "saraos educativos". En las redes sociales (Twitter) porque aunque aún es mucho lo que me aportan y me encanta compartir y debatir con mi claustro virtual, no me gusta el tono de enfrentamiento y las faltas de respeto que se están produciendo cada vez con mayor frecuencia. Todos deberíamos expresar nuestras ideas y opiniones sin llegar a la falta de repeto y mucho menos al insulto. En jornadas y formaciones... porque el día solo 24 horas y no se puede abarcar todo, al menos con un cierto nivel de calidad y coherencia.

Me gustaría aprovechar la ocasión para aclarar que, con lo que publico en este blog, nunca he tenido la pretensión de decirle a nadie cómo debe dar sus clases o comportarse con sus alumnos y alumnas... es pretencioso y absurdo por parte de cualquiera decirle a un docente cuál es la mejor manera de dar su clase o qué metodología debe aplicar, sin conocer ni a sus alumnos, ni su centro, ni su formación, ni sus circunstancias.

Todo lo que escribo y comparto en este blog o en redes sociales son invitaciones y provocaciones para reflexionar sobre la educación en abstracto porque creo que es lo que debemos hacer todas las personas que nos dedicamos a este mundo. Creo que reflexionar sobre educación mejora (o puede mejorar) la práctica educativa. Estoy convencido de que tanto para utilizar como para cuestionar una metodología educativa es necesario conocerla a fondo... y, a partir de ahí, defender su uso o su abuso. Debemos empezar a valorar cada vez más los datos y los resultados tangibles, que las opiniones o las intuiciones.

Posdata: Lamento el rollo casi psicoanalítico que os he explicado, pero sentía la necesidad de hacerlo. Por cierto, aprovechad el verano para descansar y recuperar energías.

Educar es conectar mentes y conectar corazones

domingo, 17 de junio de 2018
"La tendencia a tratar el aprendizaje como una actividad individual se ve reforzada por la cultura competitiva de continuos exámenes." Ken Robinson



A veces tengo a sensación de ir contracorriente. En un tiempo donde todo sucede a velocidad de vértigo, donde todo es inmediato, donde se buscan soluciones "mágicas" y recetas metodológicas que prometen arreglar todos los males de la educación, a mi me da por mantener un blog donde reflexionar sobre todos estos temas... y parece que eso ya no se lleva, que no está de moda.

A pesar de ello, me reafirmo: hoy es más necesario que nunca reflexionar sobre la educación. Y es que lo que estamos viviendo en nuestros centros centros educativos, en particular, y en la sociedad, en general, es tan apasionante como peligroso.

Desde que las neurociencias nos han permitido entender que nuestras habilidades personales pueden desarrollarse a lo largo de toda la vida, a la educación formal se han abierto un abanico de posibilidades que, aunque conocidas desde hace mucho tiempo, no se daban las condiciones adecuadas para su implementación en la realidad de nuestras escuelas. Lo que nos propusieron hace muchos años pedagogos como Montessori, Freinet, Dewey, Decroly y otro muchos, hoy puede ser al fin realidad en nuestros centros educativos.

Dice José Antonio Marina que el talento no está antes, sino después de la educación. Eso supone que no solo podemos y debemos aprender ciencias, matemáticas o literatura, sino que también podemos y debemos aprender capacidades como la creatividad, el emprendimiento, el agradecimiento, la perseverancia o la resiliencia. A pesar de ello seguimos enseñando y evaluando como si el aprendizaje solo pudiera alcanzarse de forma individual, memorísticas, repetitiva y competitiva.

Sin duda el aprendizaje necesita de la memoria, pero aprender no es memorizar. Aprender es conectar, relacionar, comparar, analizar, intercambiar y colaborar. Para aprender es necesario conectar mentes y conectar corazones, compartir conocimiento y compartir emociones. Para aprender es necesario conectar ideas y hechos, saberes y valores, conceptos y sentimientos.

La vida no es un simulacro de la vida, la escuela es la vida... y, en ella, los alumnos y las alumnas deben adquirir y manejar los conocimientos, las habilidades, las destrezas y las capacidades que necesitan para dar respuesta a los retos, desafíos y necesidades que les plantea la vida.

El "docente instructor", aquel que enseña exclusivamente conceptos y datos de una materia o asignatura, es una reliquia del pasado. Pero, el "docente emocional", el que solo trabaja lo emocional, lo sentimental, el ser, es una falacia bienintencionada del presente. Todo docente debe ser a la vez "instructor" y "emocional" porque como dice el maestro Francisco Mora solo se aprende lo que se ama.

La educación del siglo XXI debe hacer personas más competentes que competitivas, más colaboradoras que individualistas, más críticas que sumisas, más autónomas que dependientes y eso solo se consigue si conectamos mente y conectamos corazones.
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¿Puede un algoritmo educar a un niño?

domingo, 10 de junio de 2018
"Los megamillonarios de Silicon Valley saben perfectamente que es mucho mejor que sus hijos tengan una enseñanza personalizada a que sean instruidos por los algoritmos de los ordenadores. Pero es inexacto decir que apartan a sus hijos de la tecnología, pues cuando terminan las clases la utilizan en su casa." Linda Castañeda

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? es el título del libro en el que se está inspirada la película de culto Blade Runner. ¿Serán las generaciones futuras educadas por robots mediante complejos algoritmos?, podría ser el título de una reflexión sobre el futuro inmediato de la educación.

Uno de los grandes retos a los que va a enfrentarse la educación en los próximos años, como otros muchos aspectos de nuestro mundo, es la "robotización" de los procesos de enseñanza/aprendizaje. De hecho, el proceso ya ha comenzado. Se están empezando a proponer soluciones tecnológicas simples (y de bajo coste) a complejos problemas y situaciones educativas. Se pretende que un algoritmo marque el camino de aprendizaje personalizado para cada uno de los estudiantes. Se piensa erróneamente que un buen algoritmo es mejor que un mal profesor... pero deberíamos tener claro que ese es el peor error que se puede cometer para que la educación del futuro sea de calidad.

Un algoritmo nunca podrá sustituir a un docente, como mucho podrá ayudarle, facilitar su tarea. Pero esto es así siempre y cuando entendamos de una vez por todas que en las escuelas los alumnos van para mucho más que para aprender contenidos de las distintas áreas curriculares o asignaturas, allí los alumnos y las alumnas deben aprender todos aquellos contenidos, todas aquellas destrezas y habilidades que les permitan tener éxito en la vida.

Con un algoritmo se puede instruir, pero no educar. Como dice Catherine L'Ecuyer: 
"La dificultad de educar, y también paradójicamente el éxito en hacerlo, reside precisamente en eso: en la capacidad de discernir entre lo que reclama el niño y lo que reclama su naturaleza, que no siempre coinciden. Eso no lo puede hacer un manual de crianza escrito por personas que no conocen a nuestros hijos, no lo puede hacer una aplicación informática, por muy sofisticados que sean sus algoritmos, ni nos lo pueden resolver consejos, por muy bienintencionados que sean, y menos si son oportunistas y seudocientíficos."

La tecnología está facilitando y facilitará, sin ninguna duda, los procesos de enseñanza/aprendizaje. Pero, en educación, el factor humano es indispensable e insustituible. El mundo actual es digital, nuestros hijos y alumnos usan la tecnología para su vida cotidiana e incluso algunos piensan que los robots nos sustituirán en muchas de las tareas que no necesitan de la creatividad y la intuición de los humanos... y la docencia es una de estas tareas.
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Aquí no sobra nadie: Decálogo para una escuela inclusiva

domingo, 3 de junio de 2018
"No hay calidad sin equidad. No hay equidad sin atención a la diversidad. No hay buena atención a la diversidad sin concepciones y actitudes presididas por el sentido de inclusión." Miguel Ángel Santos Guerra

Todos somos iguales y todos somos distintos. Iguales en derechos y deberes, en oportunidades; todos somos distintos en intereses y talentos. Por ello, la verdadera revolución, la transformación radical que debe producirse en el mundo de la educación es que la escuela debe dejar de ser selectiva y debe pasar a ser inclusiva.

Creo sinceramente que el mundo es mejor cuando compartimos, que cuando competimos; creo que es más justo cuando incluimos, que no cuando seleccionamos y excluimos. Y la escuela debe ser un instrumento para que esto sea posible.

A continuación, propongo 10 ideas para una escuela inclusiva*:

1. Escuela de calidad para todos y todas. Todos tenemos derecho a recibir una educación de calidad que nos permita desarrollar al máximo nuestro potencial y nuestro talento y minimizar al máximo nuestras limitaciones.

2. Atender la diversidad del alumnado. Se trata de ofrecer a todos los alumnos y alumnas las mismas oportunidades y condiciones a través de una atención personalizada.

3. Formación docente continua y de calidad. La escuela inclusiva necesita que los profesores y profesoras estén permanentemente aprendiendo y formándose, compartiendo experiencias entre ellos.

4. Fomentar la creatividad y la innovación del profesorado.  Se trata de conocer y dominar las metodologías didácticas que den respuestas a los desafíos a los que se enfrentan ante sus alumnos y alumnas.

5. Educación emocional. Una escuela inclusiva no solo debe enseñar contenidos de las distintas áreas curriculares, sino que debe ayudar a que los alumnos y alumnas identifiquen y gestionen de forma eficaz sus emociones.

6. Afecto y confianza. Los alumnos y alumnas de una escuela inclusiva deben aprender a autogestionarse y a tener la máxima autonomía, sean cuales sean sus talentos y limitaciones.

7. Implicación de todos los agentes de la comunidad educativa. Docentes y familias deben participar activa y conjuntamente en la organización y el funcionamiento de una escuela inclusiva.

8. Favorecer la permanencia de los alumnos y alumnas en el sistema educativo. La orientación y la tutorización son herramientas fundamentales para conseguir que nadie quede fuera del sistema educativo, porque ello supondría su exclusión social.

9. Cambiar los sistemas de evaluación. En una escuela inclusiva se deben evaluar los procesos de aprendizaje y el esfuerzo por alcanzarlos y no solo los resultados.

10. Todo el alumnado, sin excepción, debe formar parte activa y responsable de la comunidad escolar. La escuela es una representación de la vida misma por lo que un funcionamiento democrático de la misma es una condición inexcusable.

*Parte de este decálogo está inspirado en las conclusiones y las actas del congreso Diversidad, calidad y equidad educativas, celebrado en diciembre de 2011... pasan los años y seguimos luchando por conseguir una escuela inclusiva.
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10 mentiras sobre la educación escolar actual

domingo, 27 de mayo de 2018
"Una escuela es una comunidad de personas que aprenden. ¿Qué hace que una escuela sea buena? Debería crear las condiciones óptimas para que tus hijos aprendan y evolucionen en todos los aspectos (...): cognitivo, afectivo, social y espiritual. Debería sacar a la luz sus mejores cualidades personales y ayudarles a desarrollar las competencias que necesitan para abrirse camino en la vida." Ken Robinson: Tú, tu hijo y la escuela.


La educación está viviendo un momento de transformación, que podríamos denominar disruptivo. Es decir, todo está cambiando inevitablemente y a una velocidad impensable para una institución históricamente tan conservadora como es la escuela. Esta situación de crisis de transformación está creando ciertas distorsiones a la hora de interpretar lo que está pasando realmente.

Este artículo está pensado para desenmascarar algunas de estas confusiones y mentiras que circulan en nuestro día a día y que, gracias a las redes sociales, se amplifican y transmiten sin freno y sin las verificaciones que serían convenientes.

1ª mentira: Si una persona despertara después de cincuenta años en un aula de una escuela actual, no vería ningún cambio con respecto a la escuela de su época. La transformación de los espacios de aprendizaje en las escuelas se está produciendo cada vez de forma más evidente. Eso que se conoce como aula del futuro es una realidad cada día más evidente, a pesar de los costes económicos que conlleva. Lo cierto es que se están creando nuevos espacios que condicionan una nueva manera de enseñar y de aprender.

2ª mentira: El propósito de la escuela continúa siendo invariablemente la transmisión de conocimiento de las diferentes áreas curriculares. Sin duda, esta continúa siendo una de las funciones de la escuela, pero no es la única ni posiblemente la más importante. Como dice Robinson en la cita que encabeza este post, el propósito de la escuela es dotar de los conocimientos, las herramientas, las destrezas, las habilidades... que ayudarán a nuestros alumnos y alumnas a tener éxito en la vida.

3ª mentira: Los alumnos son receptores pasivos de su aprendizaje. La consolidación de un buen número de metodologías inductivas, que se están introduciendo de manera evidente en nuestras aulas, es una buena muestra de ello. El problema, como he comentado ya en otras muchas ocasiones, está en no hacer un buen uso de ellas... está sucediendo y es necesario ponerle freno.

4ª mentira: Hay un fuerte enfrentamiento entre "buenos" y "malos" profesores. Podría parecer que eso está sucediendo... pero creo que es más un eco, una consecuencia de la utilización masiva y descontrolada de las redes sociales. En ellas damos rienda suelta a nuestro ego y transmitimos una imagen distorsionadas e idealizada de la realidad. Los "superprofes" no existen... o quizá sí, cualquier persona que dedica su tiempo a enseñar, a facilitar el aprendizaje de otra persona, merece ese calificativo. Pero no siempre lo grandes profes reciben premios y reconocimientos.

5ª mentira: Más innovación, implica más y mejor aprendizaje. Esta afirmación no siempre es real. En el nombre de la innovación se están cometiendo verdaderas atrocidades con nefastas consecuencias para el alumnado. La innovación debe tener sentido y debe disponer de tiempo para consolidarse.

6ª mentira: La tecnología no se está incorporando en las aulas. No es verdad, la tecnología sí que se está incorporando en los procesos de enseñanza/aprendizaje. Sí, es cierto que a un ritmo muy lento y no sin dificultades y múltiples obstáculos, pero cada día se están mejorando procesos gracias al uso de las TIC. Por si alguien aún tiene la intención de enfrentarse a esta realidad, le diría que dedicara su esfuerzo a otros asuntos... la tecnología acabará siendo un elemento imprescindible en nuestras aulas de manera inminente e inevitable.

7ª mentira: La neurociencia está transformando nuestra forma de enseñar y de aprender. Esto aún no es una realidad, la neurociencia está todavía en una fase demasiado embrionaria y la incidencia de sus descubrimientos en la realidad del aula es muy compleja y difícil. Estoy convencido de que en un futuro (que deseo no muy lejano) está mentira pasará a ser una verdad indiscutible.

8ª mentira: Hay que enseñar a cada niño o niña según su estilo de aprendizaje. En ocasiones comentemos el error de querer facilitar demasiado la labor de los alumnos. En lugar de limitarnos a enseñarles de manera que se refuerce su talento, quizá resulte más interesante que les enseñemos reforzando aquello en lo que tienen más dificultades o limitaciones. Relacionado con esto, me gustaría poner atención el mal uso que se está cometiendo de la teoría de la inteligencia múltiples en muchas aulas, reconocidas y denunciadas por el propio Gardner. 

9ª mentira: Hay que mejorar los resultados en PISA a toda costa. Esto es algo que nuestros gobernantes, e incluso la opinión pública (si es que esta existe), demandan como si fuera la solución a todos los problemas de nuestro sistema educativo. PISA solo es un indicador, potente pero limitado... la mejora de los resultados debería ser por mejorar los procesos de enseñanza/aprendizaje y no por preparar a nuestros alumnos y alumnas para mejorar en estas pruebas.

10ª mentira: Hay que recuperar la cultura del esfuerzo: codos, codos... Creo que no hay que confundir la capacidad de sufrimiento y angustia, con la motivación y las ganas de trabajar y estudiar. Loa alumnos se esfuerzan más cuando entienden y captan el sentido y la aplicación de aquello que están aprendiendo. Es hora de acabar con los exámenes que solo evalúan la retentiva a corto plazo de información y pasar a una evaluación diagnóstica que sirva para mejorar el aprendizaje de nuestros alumnos y alumnas.

Seguro que tú conoces otras mentiras sobre la educación escolar actual... ¿las compartes con nosotros?
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Autocomplacencia educativa: Más no siempre es mejor

domingo, 13 de mayo de 2018
"Está de moda el dar más, exigirse, ir más lejos, estar maravilloso por dentro y por fuera, hacer deporte y cuidarse. Pero esta corriente e imposición por la superación personal puede generar unas expectativas inalcanzables para algunos y sentimientos de frustración, la sensación de tener que estar siempre corriendo para no llegar nunca."  Patricia Ramírez (@patri_psicologa)

Vivimos con la permanente, incómoda y desagradable sensación de que, si te despistas, te quedas fuera de juego... y eso nos conduce con demasiada frecuencia a la insatisfacción y a la frustración personal y profesional. Ante esta situación los profesionales de la educación tenemos dos opciones: nos rendimos y decidimos hacer siempre lo mismo pase lo que pase, suceda lo que suceda; o, por el contrario, no dejamos de hacer más, de buscar nuevos caminos, de innovar sin descanso.

Las personas autocomplacentes suelen ser indulgentes y poco críticas, se sienten satisfechas con lo que hacen y dicen. Basan su vida en la aceptación de lo establecido, rehúyen de las complicaciones. En principio, eso no me parece mal siempre y cuando sus alumnos y alumnas, en el caso de los docentes, aprendan. El problema es que este tipo de personas no aceptan otros puntos de vista, otras formas de actuar y se pasan la vida atacando a aquellos que no se regocijan en su aceptación de lo establecido.

En el lado contrario están aquellos y aquellas que no dejan de hacer cosas nuevas cada día, que lo "flipean" todo, que "gamifican" hasta lo "ingamificable". Sé que es duro de aceptar, pero en educación no siempre más es mejor.

Creo que en estos momentos convulsos y de transformación de la educación, sería muy positivo dejar que las metodologías que se están introduciendo en las aulas se consoliden, se evalúen y se mejoren con datos reales y contratables y no con intuiciones bienintencionadas, pero no siempre constatables.

Que hay que cambiar es una realidad incuestionable. Que tengamos que hacerlo de cualquier modo y a cualquier precio... eso es más que cuestionable. En ciertos momentos, aceptar nuestras limitaciones y nuestro modo de hacer las cosas, no es incompatible con la capacidad de mejorar.
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El mejor regalo de un docente a su alumno: Cree en ti

domingo, 29 de abril de 2018
"Si no puedes volar entonces corre, si no puedes correr entonces camina, si no puedes caminar entonces arrástrate, pero hagas que hagas, sigue moviéndote hacia adelante." Martin Luther King

¿Para qué sirve la escuela? En la respuesta a esta cuestión está la verdadera clave de la innovación educativa. En este mundo globalizado, digitalizado y en continuo movimiento, la escuela ha de servir para mucho más que para transmitir los contenidos de las distintas áreas curriculares. El mundo y los desafíos que nos plantea son tan complejos que ya no podemos darle respuesta con respuestas simples y compartimentadas.

El verdadero propósito de la escuela es preparar para la vida y eso no es tarea fácil ni simple. Para conseguir este objetivo la escuela debe ser por un lado transmisora del saber de las distintas disciplinar, pero de no manera aislada y ni descontextualizada, ese saber tiene que ser multidisciplinar y, sobre todo, aplicable en la solución de situaciones reales de la vida.

Pero para cumplir con su función, la escuela aún debe ir más allá. La capacidad de trabajar en equipo, el reconocimiento y la gestión de las emociones, el espíritu crítico y la capacidad para pensar de forma autónoma, entre otras muchas cosas relacionadas con la educación del carácter y las habilidades y destrezas personales, son imprescindibles para que nuestros alumnos afronten el futuro con garantías de éxito.

"Cree en ti" debería ser el mejor regalo que los docentes puedan hacer a sus alumnos y alumnas. La confianza en sus posibilidades y el conocimiento y aceptación de sus limitaciones (al menos para poder enfrentarse a ellas) es la manera más adecuada para que desarrollen al máximo su talento y puedan perseguir sus sueños. Porque los sueños son el combustible del aprendizaje.

Cree en ti, cree en ti, cree en ti, cree en ti... debería ser una especie de mantra que los docentes deberían repetir constantemente a los jóvenes que deben hacer del mundo un lugar mejor... y esa es una tarea tan compleja que lo que los alumnos y alumnas deben aprender en la escuela va mucho más allá de aprobar exámenes y memorizar conceptos. Aunque parece que a algunos todavía les cueste un poco entenderlo.

Para alcanzar estos conocimientos, destrezas, habilidades y saberes hay muchos caminos distintos. El mejor de ellos lo debes decidir tú en función de tu realidad, de tus circunstancias y las de tus alumnos. La mejor manera de enseñar es la que consigue que los alumnos aprendan... y eso se puede conseguir de las más diversas formas, no hay un único camino ni una receta mágica.

Cree en ti... yo creo en ti.
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