Empieza el curso, ¿empieza el estrés?

domingo, 28 de agosto de 2016
"Cuando nos sentimos más motivados y vinculados, el 'estrés bueno' nos sitúa en la zona óptima, donde funcionamos con plenitud de condiciones. Si los problemas resultan excesivos y nos desbordan, entramos en la zona del agotamiento, donde los niveles de hormonas del estrés son demasiado elevados y entorpecen el rendimiento." Daniel Goleman: El cerebro y la inteligencia emocional: nuevos descubrimientos

La persona que veis de espalda en la fotografía soy yo mientras contemplo una hermosa puesta de sol en la Costa Brava. Aunque no lo parezca, en ese momento estaba preparando este y los próximos post del blog y reflexionando sobre los más diversos temas educativos.

Resulta que la mayoría de las veces, las ideas más brillantes llegan cuando, tras un intenso periodo de trabajo y preparación, desconectas y te dedicas a otra cosa: descansar, hacer deporte, pasear... Y es que como dice Pilar Montero en ¡Está ardiendo una papelera!: "Si por nosotros fuera seguiríamos siendo alumnos y estudiantes toda la vida; de todo lo que leemos, vemos, oímos o conocemos, sacamos provecho para nuestras clases y alumnos."

En ese momento de calma y contemplación, se me ocurrió que ahora que está a punto de empezar el curso escolar, ¿empieza de nuevo el estrés?

@bitiji expresaba, en el tuit que reproduzco a continuación, lo estresante que es ir a la escuela para muchos alumnos:



El problema es que aunque la neurociencia (y también la experiencia diaria) nos demuestra que nuestra capacidad de aprender es muy vulnerable al estrés, porque el hipocampo tiene una enorme cantidad de receptores de cortisol, no empeñamos en ocupar todas las horas del día de nuestros hijos y alumnos con tarea escolares y extraescolares, insistimos en que aprendan unos mínimos curriculares que de "mínimo" no tienen nada, en que sepan varios idiomas, en que sean grandes deportistas...

Además de por una exigencia excesiva, los niveles de estrés de los alumnos se ven aumentados por la falta de planificación y por la presión (externa e interna) por obtener buenos resultados.

Ahora que está a punto de empezar el curso, aún a falta de conocer cómo serán tus alumnos individualmente y como grupo (lo que es básico para preparar adecuadamente el curso), es el momento de plantear cómo se pueden reducir los niveles de estrés. Lo primero que hay que tener presente es que tan negativo es el exceso de estrés como la ausencia absoluta de una cierta tensión de aprendizaje. Para ello:

- Reta, provoca, desafía a tus alumnos con actividades que les motiven, que sean relevantes para ellos.
- Provócales para que descubran, experimenten, construyan, manipulen...
- Determina momentos de desconexión donde los contenidos que trabajan puedan asentarse en su memoria.
- Identifica cuáles son los contenidos clave que deban aprender significativamente, no pretendas que los sepan todo porque puede que entonces no aprendan nada.
- Enséñales a ser creativos, meticulosos, perseverantes, curiosos y a trabajar colaborativamente.

En definitiva, haz que disfruten de su aprendizaje y que su paso por la escuela sea gozoso y les sirva para afrontar de forma adecuada la incertidumbre de lo que está por venir.

No hay que ir a la escuela: ¡Hay que vivirla!

domingo, 17 de julio de 2016
Estoy convencido de que en educación es imposible alcanzar la perfección y de que hay más de una manera adecuada de enseñar y de aprender. Esto es así porque las personas y la sociedad cambian permanentemente y de formas muy diversas. A pesar de ello, también estoy totalmente seguro de que vivir cada día con el objetivo de alcanzar esa perfección, es la mejor alternativa que tenemos para educar a nuestros alumnos y desarrollar nuestra tarea de educadores.

En la actualidad no tiene sentido restringir la escuela a la mera transmisión de conocimientos propios de las distintas materias. Sé que no todo el mundo comparte esta afirmación, pero lo cierto es que la escuela debe abrirse a trabajar valores, emociones, habilidades no cognitivas..., es decir, debe dotar a los alumnos de todas las herramientas (contenidos, valores, emociones, habilidades no cognitivas...) necesarias para que puedan manejarse en la complejidad del mundo moderno y afrontar los retos que les deparará el futuro. Si ni lo hace quedará obsoleta en breve.

Es una realidad evidente que la tecnología ha posibilitado y acelerado el acceso y el tratamiento de la información de un modo impensable hace tan solo unos años. Esto ha posibilitado la aparición de recursos tipo Khan Academy que cumplen de manera eficaz la función de transmisión de conocimiento. ¿Significa esto que los contenidos no son importantes en nuestras escuelas? En absoluto. La clave de educación del siglo XXI está en encontrar el equilibrio entre 3 elementos: contenidos, pedagogía y tecnología.

- Contenidos. La transmisión de conocimientos de las distintas áreas curriculares es una parte fundamental del trabajo escolar, pero no la única ni la más importante. El problema viene cuando se pretenden enseñar demasiadas cosas y de manera no significativa. Los contenidos clave deben aprenderse de manera relevante e integrada de modo que el alumno entienda qué puede hacer con ese conocimiento y sea capaz de aplicarlo para afrontar los desafíos a los que deberá enfrentarse.

- Pedagogía. Tan importante como lo que se enseña es la manera como se hace. El dominio de la materia que imparte un docente es condición necesario, pero no suficiente. Debe complementarse con conocimientos y recursos didácticos. Saber motivar a los alumnos es básico para que estos aprendan de una manera activa y participativa.

- Tecnología. Introducir la tecnología en las aulas es necesario porque esta forma parte de la vida cotidiana de alumnos y profesores. Pero no se trata de utilizar gadgets por esnobismo, sino para aprovechar todo su potencial didáctico: facilitan la personalización del aprendizaje, la autonomía, la iniciativa, el trabajo colaborativo... y abren una puerta al mundo.

Para que la educación que ofrecemos en nuestros centros dé una respuesta eficaz a las necesidades del siglo XXI, los niños y las niñas no deben ir a la escuela, sino que deben vivirla: deben aprender, deben emocionarse, deben participar, deben colaborar... más allá de aprobar pruebas y exámenes.
LEER MÁS...

Consejos para educar más allá de seguir instrucciones

domingo, 10 de julio de 2016
"Los problemas del mundo actual son, simplemente, demasiado complejos para resolverlos utilizando las herramientas de una única disciplina académica." Tony Wagner

Tengo la certeza de que educamos a nuestros niños y jóvenes a seguir instrucciones: les ofrecemos una educación tipo IKEA. ¡Como si la vida pudiera vivirse siguiendo un manual de instrucciones! Para colmo, tenemos la tendencia a simplificar al máximo ese "manual de vida".

El problema es que no siempre tenemos todas las piezas, ni encajan unas con otras de forma fácil y efectiva. Además, la mayoría de las veces cuando crees que ya has acabado el montaje, te das cuenta de que te han sobrado algunas piezas...

Lo cierto es que no existe ningún tipo de manual de instrucciones para educar. No hay recetas infalibles que conduzcan al éxito, ni siquiera existe una única forma de hacerlo. Por ello, más que enseñar a nuestros hijos y alumnos a seguir instrucciones deberíamos enseñarles a tener la capacidad de crear y de adaptarse a diferentes situaciones y contextos.

Para ello es necesario tener en cuenta unas directrices que pueden ayudarnos a educar de una manera más adecuada para afrontar los retos del mundo actual:

- Autonomía. Es importante que los niños puedan equivocarse, que les permitamos buscar su camino para alcanzar un objetivo. No les hacemos ningún favor cuando les solucionamos sus problemas o les hacemos sus tareas. Hay que dejar que lo intenten, que se equivoquen, que lo vuelvan a intentar, que se responsabilicen de sus acciones.

- Espíritu crítico. No aceptar nada como indiscutible, como verdad absoluta es el mejor camino para ser creativo y emprendedor. Deben aprender a solucionar problemas y a cuestionar situaciones.

- Autoestima. Para ir más allá de la obediencia ciega y del camino marcado en los "manuales de instrucciones" es necesario tener una alta autoestima, que se sepan capaces de conseguir sus objetivos. Mantener altas sus expectativas y pedirles un alto nivel de exigencia son fundamentales para una educación que permita adaptarse a los cambios.

- Colaboración. Que sean capaces de trabajar de manera colaborativa es una necesidad en el mundo actual debido a la complejidad de los retos a los que deberán enfrentarse.

- Comunicación. En un mundo infoxicado es necesario que sean capaces de discernir entre la información relevante y la que no lo es. También es indispensable que sepan expresar sus ideas y opiniones de manera eficaz.

Para conseguir todo eso es importante que lean, que jueguen, que visiten museos, que escuche música, que vivan nuevas experiencias, que debatan, que cuestionen, que consulten fuentes diversas, que sean meticulosos y perseverantes... porque, como dijo John Ruskin, "Educar a un niño no es hacerle aprender algo que no sabía, sino hacer de él alguien que no existía".
LEER MÁS...

¿Por qué se olvida en vacaciones lo aprendido durante el curso?

lunes, 4 de julio de 2016
"El colmo de la estupidez es aprender lo que luego hay que olvidar." Erasmo de Rotterdam

Ha acabado el curso escolar en España, es tiempo de disfrutar de unas merecidas vacaciones. Docentes y alumnos necesitan descansar y tener nuevas y enriquecedoras experiencias de aprendizaje lejos de las aulas.

Durante el periodo vacacional se produce un hecho curioso que demuestra las graves deficiencias de nuestro sistema educativo: es la época en la que se olvida todo aquello que no se ha aprendido de manera relevante y significativa durante el curso. Durante las vacaciones, aquello que llamamos aprendizaje fingido desaparece del mismo modo que llegó: de forma rápida y sin dejar rastro.

Esto sucede tan a menudo que hay una frase típica entre los docentes de muchos centros educativos al empezar el curso: "No se acuerdan de nada". Seguramente, este es el motivo por el que muchos profesores y profesoras encargan a sus alumnos tareas académicas para realizar durante el periodo vacacional, restándoles tiempo para vivir nuevas y enriquecedoras experiencias de vida. ¡Como si lo que no se ha aprendido de manera adecuada durante el curso se pudiera aprender durante el verano!

El problema es tan evidente que incluso la mayoría de libros de texto de educación Primaria empiezan con un tema 0 de repaso de los principales contenidos trabajados en el curso anterior. ¡Como si el aprendizaje permaneciera oculto en algún lugar del cerebro y aflorara al realizar unas pocas actividades mecánicas y repetitivas!

Lo que no se olvida nunca, ni durante las vacaciones ni durante el resto de la vida, son aquellos aprendizajes que pasan a formar parte del ser de los alumnos, aquellos que les emocionan y les son útiles para seguir aprendiendo siempre... aquellos que realmente les preparan para la vida.

Mi apreciado y admirado amigo Manu Velasco en su blog (El Blog de Manu Velasco) ofrecía una lista con los placeres (que no deberes) de verano para alumnos y profes: ver una puesta de sol, leer para soñar, caminar por la orilla de la playa con los pies descalzos... ¡ser feliz! Hacer todo esto durante el verano solo es posible cuando se entiende que la escuela sirve para mucho más que calificar a los alumnos, sirve para prepararles para la vida, para que sean capaces de desarrollar su talento, para que puedan adaptarse a los retos continuos que les planteará la vida.

Se aprende siempre, no solo en la escuela durante el curso académico, se aprende de y con los profesores, de y con los padres, de y con los amigos... lo importante es que lo que se aprende tenga sentido y relevancia para vivir mejor. ¡No dejéis de aprender durante las vacaciones, no dejéis de aprender nunca!
LEER MÁS...

¿A quién le asusta educar creativamente?

domingo, 26 de junio de 2016
"La creatividad es simplemente conectar cosas. Cuando preguntas a gente creativa cómo hicieron algo, se sienten un poco culpables porque realmente no lo hicieron, simplemente vieron algo. Les parecía obvio después de un tiempo. Eso es porque eran capaces de conectar experiencias que habían tenido." Steve Jobs
 

Hace unos días se publicaba en la prensa la noticia de un profesor universitario mexicano que, para que sus alumnos le presten atención, da sus clases disfrazado de Spiderman. ¿Genialidad o rareza? Tener un pensamiento disruptivo o creativo no es necesariamente sinónimo de excéntrico ni de extravagante.

La frontera entre la creatividad y la excentricidad no siempre es demasiado clara. Puede que este sea un primer motivo por el que algunos docentes tienen miedo a educar creativamente: cierto pudor a hacer el ridículo o a perder autoridad al tener un comportamiento peculiar que rompe con lo establecido como norma. La creatividad implica abandonar nuestra zona de confort... y eso no es fácil ni cómodo. La labor del docente no es dar espectáculo ni hacer performances, pero tampoco es tener un comportamiento encorsetado e inflexible, que no consiga llamar la atención de sus alumnos ni motivarlos.

En ocasiones cuesta bastante distinguir las propuestas educativas verdaderamente innovadoras y creativas, de las propuestas que repiten modelos, ideas o principios planteados hace mucho tiempo, aunque no hayan llegado a materializarse; o de aquellas que son simple extravagancia.

En realidad, ¿qué es una educación creativa? Una educación creativa es aquella que permite a los alumnos hacer algo más que reproducir aquello que se aprende para pasar un test o un examen, o para responder las preguntas del Trivial. La creatividad es necesaria para escribir un poema, pintar un cuadro o componer una melodía; pero también lo es para plantear una teoría científica, un teorema matemático o encontrar una manera de curar una enfermedad.

Para perder el miedo a educar creativamente hay que abandonar la idea de que a la creatividad se llega por inspiración. A la creatividad se llega, principalmente, teniendo un perfecto conocimiento del objeto de estudio y trabajando duro. Por este motivo, para que la educación sea creativa debe ofrecer un alto nivel de contenidos, pero no enfocados a la memorización y la reproducción sino a la comprensión y la producción o transformación. La creatividad no surge de la nada, hay que alimentarla con conocimiento.

Comparar, relacionar, inferir, deducir, analizar, valorar... son estrategias de pensamiento creativo que tienen que estar presentes en nuestra forma de educar. Seguramente este es otro de los motivos por el que educar creativamente le asusta a algunos: hace la labor del docente más compleja... pero infinitamente más rica y efectiva.

Estoy de acuerdo con Ken Robinson cuando plantea que la creatividad es tan importante como la alfabetización y que por eso debemos tratarla con la misma importancia. Una educación que dé respuesta a las necesidades del mundo actual necesita de ambas cosas. Hay que conocer el saber que ha ido adquiriendo la humanidad con el paso del tiempo y disponer de las herramientas que permitan hacer cosas nuevas con ese conocimiento. Y eso es algo que no debería dar miedo a nadie.
LEER MÁS...

El profesor que quiere enseñar, pero no le dejan...

domingo, 19 de junio de 2016
"En verdad, mi papel como profesor, al enseñar el contenido a o b, no es solamente esforzarme por descubrir la sustantividad del contenido para que el alumno lo grabe. Mi papel fundamental, al hablar con claridad sobre el objeto, es incitar al alumno para que él, con los materiales que ofrezco, produzca la comprensión del objeto en lugar de recibirla, íntegramente, de mí." Paulo Freire


Enseñar es siempre una tarea compleja que se complica aún más cuando debe hacerse dentro de un sistema perverso. Hay una conocida viñeta del gran Forges, basada en una idea de Lourdes Miquel y texto de Nieves Alarcón, en la que un señor con aspecto de funcionario le pregunta a una mujer cuál es su profesión. A lo que ella contesta: "Animadora, educadora, actriz, maestra, psicóloga, guía turística, acompañante, traductora, ponente, lingüista, psiquiatra, diseñadora, formadora, escritora, dibujante, gesticulante y paseante". O lo que es lo mismo "profe de español".

Esto que Forges expresa con humor es la prueba de la gran cantidad de funciones que se han ido incorporando a la función docente con el paso de los años. Algunos se sienten incómodos ante esta realidad y reclaman que su única función es la transmisión de los contenidos de su asignatura. Otros, al contrario, reclaman situarse en el extremo opuesto y reclaman que en su función como docentes la transmisión de los contenidos de las materias de currículo es la menos importante de sus tareas.

Entre los dos extremos que he comentando existe una gran mayoría de docentes que pretenden enseñar los contenidos de las diferentes asignaturas pero de forma que resulten relevantes a sus alumnos, que sepan que hacer con esos contenidos, habilidades, destrezas y competencias para que les ayuden a tener una vida mejor. Pero, como ya he dicho antes, estos docentes quieren enseñar, pero el perverso sistema educativo no les deja.

Un sistema educativo que se caracteriza por un currículo excesivo, por la transmisión de unos contenidos distribuidos en compartimentos estancos alejados de los intereses reales de los alumnos, por un exceso de burocracia, por una deficiente formación pedagógica de los docentes para atender la diversidad en el aula y los conflictos de disciplina, por una ineficaz incorporación de las TIC, por una evaluación meritocrática basada en unas pruebas que premian el aprendizaje fingido... Todo esto dificulta enormemente la tarea de aquellos docentes que pretenden dotar a sus alumnos de las herramientas que les permitan tener una vida plena.

La mejor manera de dejar de ser un docente que quiere enseñar, pero no le dejan es no olvidar nunca que para enseñar es necesario no dejar de aprender nunca y que el verdadero sentido de la enseñanza viene dado por el aprendizaje de sus alumnos. La función de la escuela es preparar la vida y para ello son necesarios los contenidos de las diferentes materias (a los que se llega mejor si se trabaja de forma global o por proyectos) pero también otras habilidades no cognitivas como la perseverancia, la gratitud y la meticulosidad.
LEER MÁS...

El aprendizaje fingido: una propuesta diferente para evaluar el curso que acaba

domingo, 12 de junio de 2016
"El evaluador es un educador; su éxito debe ser juzgado por lo que otros aprenden." Lee J. Cronbach

Hace unos días, al intentar entrar en una página web para preparar este post, recibía continuamente el siguiente mensaje: ERROR 404. NOT FOUND. Un error en el sistema me impedía consultar la página y en su lugar aparecía siempre el exasperante mensaje.

Pero, como no hay mal que por bien no venga, en ese momento me di cuenta de que la educación actual tambn tiene su ERROR 404: el aprendizaje fingido.

El aprendizaje fingido es aquel en el que se memoriza contenido sin entender su significado, sin que sea significativo, con el objetivo de servir como respuesta a una prueba, a un examen, a una actividad... y que es desechado de nuestra memoria inmediatamente después de haber cumplido con su objetivo de uso. Como consecuencia, el alumno puede obtener una buena calificación que dé lustro a su expediente académico, pero en realidad es un espejismo, una falsa ilusión, que puede tener consecuencias negativas en su futuro académico y laboral.

Este tipo de aprendizaje está muy extendido en nuestras escuelas y es consecuencia directa del tipo de evaluación con la que valoramos los aprendizajes adquiridos por los alumnos.

Ahora que en España está a punto de finalizar el curso escolar, me gustaría proponer otra manera de evaluar sus resultados. La evaluación que se plantea a nuestros alumnos debe ser clara, oportuna, válida y suficientemente amplia como para tener en cuenta muchas más variables que las respuestas de un examen. Para colmo en muchas ocasiones esta prueba es de opción múltiple para facilitar su evaluación.

Para evaluar si nuestros alumnos han adquirido durante el curso los objetivos perseguidos no debería utilizarse exclusivamente el bolígrafo rojo. La evaluación más que una prueba o un examen que contabilice aciertos y errores, debería ser un diálogo; más que comprobar si son capaces de reproducir respuestas, debemos valorar si pueden plantearlas de manera que demuestren que han entendido significativamente lo que han estudiado. Conocer el grado de adquisición de los contenidos y competencias de las distintas asignaturas es un elemento muy importante de la evaluación, pero no el único. Es igualmente importante comprobar si los alumnos han adquirido mayor destreza en el desarrollo de sus habilidades no cognitivas (perseverancia, curiosidad, optimismo, autocontrol...), ya que estas son fundamentales para desenvolverse adecuadamente en distintos ámbitos de la vida.

Otro aspecto que creo imprescindible conocer en la evaluación del curso que acaba es el grado de satisfacción de los alumnos: si se han cumplido sus expectativas, qué creen que podría mejorarse, qué les ha gustado más... Este me parece un indicador muy importante para saber cuál ha sido el grado de relevancia de los contenidos, competencias, habilidades y destrezas que los alumnos han adquirido.

Además de saber si el curso les ha hecho más sabios y más competentes, es importante saber si también les ha hecho mejores personas. Si queremos cambiar nuestra forma de educar, debemos cambiar nuestra forma de evaluar.
LEER MÁS...
Con la tecnología de Blogger.
Subir