Se acaba el curso: "He aprobado" o "Me han suspendido"

domingo, 18 de junio de 2017

copy emoticonos: Alan Klim
"Lo poco que he aprendido carece de valor, comparado con lo que ignoro y no desespero en aprender." René Descartes

Se acaba el curso académico 2016/17 y hay dos expresiones que miles y miles de estudiantes van a repetir hasta la saciedad: "He aprobado" y "Me han suspendido".

Los estudiantes se otorgan los méritos del aprobado, pero suelen culpar a los profesores del suspenso. Puede que esto suceda como consecuencia de la idiosincrasia del ser humano, que se responsabiliza de sus éxitos y se vanagloria de sus virtudes, pero hace todo lo contrario con sus fracasos y defectos.

Pero, quizás, también sea consecuencia de los sistemas de evaluación que se utilizan mayoritariamente en nuestros centros educativos. Estos favorecen el aprendizaje fingido, es decir, aquel en el que se memoriza contenido sin comprensión del mismo, con la finalidad de servir de respuesta a un examen y, a continuación, ser desechado de nuestra memoria.

Lo que deberían decir los miles y miles de estudiantes que acaban el curso es: "He aprendido" o "No he aprendido", y cuestionarse "Qué tengo que hacer para seguir aprendiendo".

Por supuesto que hay alumnos y alumnas que aprueban y aprenden al mismo tiempo. Afortunadamente son muchos y muy buenos (que la educación en este país no está tan mal como algunos la pintan). Pero no es menos cierto que aún hay demasiados centros educativos que utilizan la evaluación como un fin en sí misma, y no como un medio para dirigir el proceso de aprendizaje. Siguen obsesionados por las notas y las calificaciones, por seleccionar y clasificar; cuando deberían estarlo por el aprendizaje y la inclusión.

Por todo lo dicho, creo sinceramente que la evaluación en nuestras escuelas "no progresa adecuadamente y necesita mejorar".

¿Cómo ofrecer una educación de calidad en nuestras escuelas?

domingo, 11 de junio de 2017
"La educación es un descubrimiento progresivo de nuestra propia ignorancia." Will Durant

Debo confesar que cuantas más cosas creo saber sobre educación, cuantos más libros leo, cuanta más gente sabia escucho y cuantas más experiencias conozco; menos claro tengo qué, cómo, con qué y cuándo enseñar... lo que no sé es si es algo bueno o algo malo.

Sospecho que es algo positivo, ya que vivimos en un mundo tan complejo y diverso en el que, al menos en lo que se a la educación se refiere, no existen soluciones únicas, infalibles e indiscutibles.

Quizás este sea el motivo por el cual, en el panorama educativo actual, estamos perdiendo el norte. Olvidamos con demasiada frecuencia el verdadero propósito de la educación: que nuestros alumnos y alumnas dispongan de los conocimientos, las destrezas, las habilidades, el carácter... que les permitan estar preparados (en el sentido más amplio que puedas imaginar) para la vida. Olvidamos demasiado a menudo que lo que debemos conseguir en nuestras escuelas, no es que los niños y las niñas hagan lo que quieran, si no que quieran lo que hagan (Montessori).

Tenemos una tendencia casi obsesiva a complicarnos la existencia, y lo que es peor aún la existencia de nuestros alumnos y alumnas. Proponemos supuestas innovaciones cada vez más complicadas y complejas que no apartan mejora ni solución real alguna, pero las defendemos porque "molan" porque es "cool", porque nos diferencia de "otros".

Si de verdad queremos mejorar la calidad de la educación que ofrecemos en nuestras escuelas, debemos plantearnos propósitos claros y sencillo como estos:

- Leer comprensiva y compulsivamente.
- Comunicarse de forma eficaz, ya sea oralmente o por escrito. Utilizar provechosamente las TIC.
- Ser capaces de plantear y resolver problemas, es decir, ser capaces de pensar de forma creativa y crítica.
- Conocer el mundo que nos rodea, pero no de memoria sino comprendiéndolo. Educar localmente para entender el mundo en su globalidad.
- Conocer y dominar el lenguaje de las ciencias, de las matemáticas; pero también el de la música, la pintura, la escultura...
- Conocer las emociones y dominarlas. Tener un carácter perseverante, meticuloso, resiliente...

Para conseguir esto (y seguramente alguna que otra cosa más) hay muchos caminos. Busca y encuentra el tuyo propio, evalúa los resultados que consigues, revísalo permanentemente y, sobre todo, compártelo con otros. Pero ten siempre presente que "la complejidad es tu enemiga. Cualquier tonto puede hacer algo complicado. Lo difícil es hacer algo simple." (Richard Branson).
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Educación "selfie"

domingo, 4 de junio de 2017
Entre selfie y selfie quizás nos quede un rato para enseñar y aprender. 

Si buscas en Google frases cortas para selfies puedes encontrar joyas como: "Hay un mundo mejor, pero es carísimo", "Estudiar es desconfiar de la inteligencia del compañero de al lado", "Vivir en las nubes no es malo, lo malo es bajar", "Prohibirnos algo es despertarnos el deseo"... cada una de ellas una muestra de cómo son, cómo piensan y cómo viven los jóvenes de la Generación Selfie.

Esta generación es fruto de un futuro incierto, de estar permanente sometidos a una sobreexposición de información... se les acusa de narcisistas, de superficiales, de ser más visuales que textuales, de consumistas, de apáticos, de involucrarse poco o nada en la comunidad, de dependientes de la tecnología... Pero muchas veces olvidamos que también son curiosos, que utilizan de forma cotidiana las redes sociales para expresar opiniones y para comunicarse con otras personas, que son solidarios, que tienen iniciativa...

Los jóvenes (y no tan jóvenes) que no dejan de autofotografiarse a la mínima ocasión y de compartir su imagen en Instagram, Snapchat, Facebook (o yo que sé que red social está de moda ahora entre ellos) necesitan de una educación que les proporcione herramientas para afrontar la incertidumbre, que les posibilite ser autónomos y emprendedores, que les dé esperanza para perseguir sus sueños.

Debemos ofrecerles una educación que les enseñe a pensar, que les permita interactuar con el mundo de forma sostenible, que les ayude a conocer y controlar sus emociones, que les permita tener una mirada divergente y ser creativos. Por supuesto, no se puede conseguir nada de todo esto sin ayudarles a acceder al conocimiento de forma significativa, sin abrirles las puertas del conocimiento. Pero, en este contexto, debemos ser conscientes de que menos, es más: deberían aprender menos cosas, pero de forma mucho más profunda. No olvidemos que la comprensión es la base para la memorización.

La educación que les ofrecemos a los jóvenes del siglo XXI debe ser compartida, colaborativa y las TIC es lo que nos permitirá que así sea. Debemos enseñarles que si aprenden solos aprenden más rápido, pero que se aprende más y mejor en compañía.

Yo creo en los jóvenes de esta generación y en su capacidad para cambiar el mundo, de nosotros depende prepararlos para que lo consigan.
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La "moda" de las metodologías didácticas innovadoras

domingo, 28 de mayo de 2017
Aunque lo pueda parecer por el título, este post no es una crítica a las metodologías didácticas innovadoras (inductivas, activas...), es un toque de atención ante su mal uso y abuso.

Estoy convencido de que cuantos más y mejores recursos didácticos tengamos más y mejores posibilidades hay de que nuestros alumnos aprendan. De hecho, como puedes ver en la ilustración, las metodologías didácticas de las que disponemos son como la ropa que tenemos en nuestros armario.

Si nos vestimos de forma distinta según la época del año, las condiciones meteorológicas, las circunstancias e incluso nuestros gustos personales y criterios de funcionalidad y comodidad... ¿por qué no hacemos lo mismo con nuestra forma de educar? Por mucho que estuviera de moda, ¿vestirías un jersey de lana de cuello alto a 40 grados centígrados a la sombra o una camiseta sin mangas a 20 grados bajo cero? Pues lo mismo sucede con las metodologías didácticas innovadoras, hay que utilizar en todo momento la que mejor se adapte a las características de un proceso de enseñanza/aprendizaje concreto y a los objetivos que queremos alcanzar.

Permitidme un consejo radical: No utilicéis nunca una metodología didáctica que no dominéis, en la que no tengáis formación suficiente. Para utilizar cualquier metodología es necesario pasar al menos por tres fases: formación/reflexión, aplicación y evaluación. Hay que saber cómo funciona, por qué, para qué, cuándo, dónde y con quién aplicarla.

Si en un momento concreto se quiere transmitir conocimientos a los estudiantes que por su complejidad necesitan de una explicación detallada y personalizada se puede hacer una clase magistral. Si se pretende que los estudiantes desarrollen aprendizajes activos a través de la resolución de problemas se puede aplicar ABP; además, se puede trabajar colaborativamente. Si lo que se busca es que los alumnos ejerciten, ensayen y pongan en práctica sus conocimientos previos se puede plantear la sesión con resolución de problemas...

Estos días hay demasiados fashion victims en nuestras aulas, docentes que aplican de manera poco reflexiva las metodologías de moda, por el simple hecho de estar de moda. Estas metodologías hay que conocerlas, reflexionar sobre ellas, aplicarlas y evaluarlas... no convirtamos en un inconveniente lo que es, sin duda, una ventaja.
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Tiritas para esta educación "partía"

domingo, 21 de mayo de 2017
Estos días, el cantante y compositor Alejandro Sanz está celebrando el 20 aniversario de uno de los discos más importantes de la música Pop en español. Una de las canciones insignia de ese disco fue Corazón partío y, como homenaje, me gustaría mostraros que la letra de esta canción refleja de manera sorprendentemente acertada la situación actual de la educación... de esa educación partía, que necesita tiritas que ayuden a cuidarla.

Por supuesto, la “interpretación” que hago de la letra es totalmente libre y nada tiene que ver con lo que pretende expresar Alejandro... pero ya veréis que es una interpretación cuanto menos curiosa:

Tiritas pa' este corazón partío.
Tiritas pa' este corazón partío.

Si sustituimos la palabra corazón por educación, esta frase expresa una realidad indiscutible: la educación está herida y necesita que la cuidemos. La educación está en un proceso de transformación que provoca una angustiosa sensación de indefinición, que hace que esté pasando por unos momentos decisivos en los que necesita del máximo cuidado por parte de todos.

Ya lo ves, que no hay dos sin tres,
que la vida va y viene y que no se detiene...
Y, ¿qué sé yo?


La vida no se detiene, va cambiando, se transforma y las personas tenemos que estar preparadas para enfrentarnos a ella. Hay que prepararse para aprender durante toda la vida, sin descaso, para ser capaces de adaptarnos a los cambios, para ser resilientes, para no quedar abandonado en los márgenes de la sociedad. ¿Qué sé yo? Refleja la incertidumbre con la que nos enfrentamos al futuro.

Pero miénteme aunque sea, dime que algo queda
entre nosotros dos, que en tu habitación
nunca sale el sol, ni existe el tiempo,
ni el dolor.


Tu habitación es tu escuela... en ella todo es artificial, todo es falso: ni pasa el tiempo, ni sale el sol. Se pretende enseñar de manera aséptica, sin dolor, sin tener en cuenta la realidad. Los alumnos deben enfrentarse a situaciones hipotéticas alejadas de sus intereses cuando podrían aprender interaccionando con lo cotidiano, planteando y solucionando situaciones reales, prestando servicios a la comunidad a la que pertenecen (aprendizaje servicio).

Llévame si quieres a perder,
a ningún destino, sin ningún porque.


Si nada cambia, si no transformamos nuestra manera de enseñar en las escuelas, el resultado será que los alumnos no llegarán a ningún destino, a ningún lugar... se perderán sin remisión en la vorágine de un mundo en continuo cambio.

Ya lo sé, que corazón que no ve
es corazón que no siente,
o corazón que te miente, amor.
Pero, sabes que en lo más profundo de mi alma
sigue aquel dolor por creer en ti,
¿qué fue de la ilusión y de lo bello que es vivir?

Para que me curaste cuando estaba herío,
si hoy me dejas de nuevo el corazón partío.


Este fragmento nos dice que, de forma involuntaria, algunos docentes que no ven ni sienten la necesidad de cambiar la educación se esfuerzan por enseñar a sus alumnos de la mejor manera posible. Pero no lo consiguen pues nos les ofrecen las herramientas y destrezas que les permitan afrontar los desafíos de la vida. La educación que les ofrecen nos les prepara para la vida (vital y laboral). Y por eso el reproche final: para qué tengo que esforzarme si tengo la certeza de que lo que me enseñan en la escuela no me va a servir para nada: me dejas de nuevo el corazón partío.

¿Quién me va a entregar sus emociones?
¿Quién me va a pedir que nunca me abandone?
¿Quién me tapará esta noche si hace frío?
¿Quién me va a curar el corazón partío?
¿Quién llenará de primaveras este enero,
y bajará la luna para que juguemos?
Dime, si tú te vas, dime, cariño mío,

¿quién me va a curar el corazón partío?

Los alumnos necesitan de docentes que les emocionen, que sientan pasión por enseñar; que les protejan y estén siempre a su lado; que les ayude a levantarse si se caen; que les ayuden a perseguir sus sueños y sus ilusiones. Tenemos que enseñarles matemáticas, ciencias, filosofía, literatura pero también a identificar y controlar sus emociones, a trabajar colaborativamente, a ser autónomos...

Dar solamente aquello que te sobra
nunca fue compartir, sino dar limosna, amor.
Si no lo sabes tú, te lo digo yo.
Después de la tormenta siempre llega la calma,
pero, sé que después de ti,
después de ti no hay nada.


Enseñar es un acto de generosidad, un acto de amor... y si no se entiende así es muy difícil conseguir que los alumnos alcancen un aprendizaje significativo y valioso para su vida. Hay que seguir peleando por transformar la educación, hay que seguir haciendo pedagogía de la nueva educación, hay que seguir poniendo tiritas a la educación partía.

Sé que esta interpretación de la letra de la canción es fruto de mi imaginación y nada tiene que ver con las intenciones del autor... pero, ¿a que no deja de ser curiosa?
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En clase no hay preguntas estúpidas

domingo, 14 de mayo de 2017
"De vez en cuando tengo la suerte de enseñar en una escuela infantil o elemental. Encuentro muchos niños que son científicos natos, aunque con el asombro muy acusado y el escepticismo muy suave. Son curiosos, tienen vigor intelectual. Se les ocurren preguntas provocadoras y perspicaces. Muestran un entusiasmo enorme. Me hacen preguntas sobre detalles. No han oído hablar nunca de la idea de una pregunta estúpida." Carl Sagan

En muchos centros educativos (en la mayoría) se prepara a los alumnos para que sean capaces de responder preguntas, pero no para sean capaces de plantearlas. De hecho, en algunas aulas se comportan como si asistir a clase fuese algo parecido a participar en un concurso de televisión, donde hay que responder, lo más rápidamente posible, el mayor número de preguntas: Gana quien es capaz de responder sin equivocarse a las preguntas de un examen, sin importar si ha habido o no un aprendizaje significativo. Y pierde quien no es capaz de reproducir las respuestas... aquel que, por un motivo u otro, "pasapalabra".

En una escuela cuyo principal propósito era ser garante de la transmisión de conocimientos, esto era aceptado como válido y servía como criterio de selección de los alumnos. Pero en una escuela cuyo objetivo es formar a personas que sean capaces de cambiar el mundo, y de la que nadie puede quedar excluido, esto carece de validad y legitimación. Lo que debemos hacer es dotarles de las herramientas necesarias para que sean capaces de cuestionarse el mundo en el que vivimos.

Una educación basada en respuestas busca conseguir personas sumisas, que se somentan al establishment imperante. En cambio, una educación basada en preguntas pretende provocar a los alumnos, busca despertar su espíritu crítico, hacerles responsables de sus actos y acciones. Perder el miedo a hacer preguntas posibilita el cambio, la creatividad, la innovación, la colaboración, la resiliencia...

La educación que lleva a las personas a cuestionarse lo establecido necesita de un tiempo más lento, un tiempo que permita la reflexión, profundizar en los contenidos y conceptos que se estudian. Una educación basada en las respuestas es mucho más acelerada y superficial. Como dice Carl Honoré: "Creo que vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir. Nuestra cultura nos inculca el miedo a perder el tiempo, pero la paradoja es que la aceleración nos hace desperdiciar la vida".

Antes de finalizar, una aclaración que seguramente no debiera ser necesaria: como en todo y para todo hay que aplicar el sentido común. Que la educación que ofrecemos a nuestros alumnos les desafíe a plantear preguntas, no quiere decir que tengamos que cuestionarlo absolutamente todo, que no tengamos que transmitir nada de lo que la humanidad ha ido aprendiendo a lo largo de la historia. Es una cuestión de actitud y predisposición a la hora de enseñar y aprender... Lo dicho: ¡sentido común!
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Educar en la esperanza y la confianza

domingo, 7 de mayo de 2017
Educar es mostrar que hay sol tras los nubarrones.
"Educar es guiar a los estudiantes en su viaje personal hacia modos más veraces de ver el mundo y de estar en él." Parker J. Palmer: El coraje de enseñar. Editorial Sirio

El mundo actual, con su inconsistencia e incertidumbre, provoca desconcierto y nos hace sentir pequeños e insignificantes porque no hay referentes estables ni objetivos claros que perseguir. Nos sentimos superados por las circunstancias y es fácil caer en la frustración y el desánimo, esto les sucede especialmente a los más jóvenes.

La falta de algo estable a lo que aferrarse tiene consecuencias negativas en nuestra manera de entender la educación y, por tanto, de entender y afrontar la vida. Por eso, la educación que ofrecemos a los niños y jóvenes debe tener como propósito ayudarles a no desencantarse ante los retos de la vida, a no empequeñecerse ante ellos, sino dotarles de las herramientas que les permitan enfrentarse con garantías de éxito. La educación debe ayudarles a buscar su "elemento" (en el sentido que propone Ken Robinson), a perseguir sus sueños... y no rendirse nunca; y no debe ser un elemento de exclusión y discriminación.

Nuestros alumnos necesitan tener la certeza de que el esfuerzo que están realizando en sus estudios tiene una incidencia significativa en sus vidas a todos los niveles: en lo intelectual, en lo emocional y en lo espiritual. Educar, en este sentido, necesita de dos elementos imprescindibles: esperanza y confianza.

Esperanza porque sin ella no hay presente ni futuro. Tener esperanza significa tener expectativas de que se van a conseguir nuestros propósitos. La esperanza es más fuerte que el miedo y nos permite perseguir nuestros sueños. La esperanza nos hace perseverantes, entusiastas y resilientes, nos da fuerzas para no caer en el desánimo ni la frustración.

Confianza porque hay una correlación elevada entre ella y el aprendizaje. Cuando se tiene confianza en uno mismo y cuando se recibe la confianza de los demás en nuestras posibilidades es más fácil encontrar la forma de alcanzar nuestros objetivos. La falta de confianza es el primer paso para fracasar, en cambio, si hay confianza el error es un paso más hacia el éxito.

Este tipo de educación basada en la esperanza y en la confianza solo es posible en una escuela inclusiva y no selectiva, que no excluye a nadie.
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