Evaluar para aprender no para juzgar*

domingo, 21 de abril de 2019
La evaluación supone una plataforma de diálogo entre los evaluadores y los evaluados, entre diversos estamentos de los evaluados, entre los evaluadores y las diversas audiencias, entre éstas y los evaluados, etc. Pero el diálogo tiene una doble finalidad: trata por una parte, de generar comprensión del programa y, por otra, de mejorar la calidad del mismo.” Miguel Ángel Santos Guerra

Para entender todo lo que comentaremos a continuación, debemos tener presente que ir a la escuela es inevitable, pero aprender es una opción.

El sistema educativo actual tienen el efecto perverso de convertir a los docentes “seleccionadores” que deciden quién sigue en el sistema y quién queda fuera, en función de criterios poco claros. Los actuales sistemas de evaluación obligan a los docentes a etiquetar a los alumnos de manera rígida valorando aspectos memorísticos y de recitación de contenidos.

La escuela que necesitamos en el siglo XXI ya no debe ser selectiva sino inclusiva. Una escuela en la que nadie debe quedar excluido, ya que lo que se adquiere en ella son las destrezas, las habilidades cognitivas y no cognitivas, los conocimientos… que permitirán a las personas ser capaces de aprender autónomamente a lo largo de toda su vida. De esta manera podrá afrontar con garantías de éxito los retos y desafíos que la vida le irá deparando.

En esta escuela inclusiva, el criterio tradicional de comparar a los alumnos y a las alumnas entre sí, carece de todo fundamento. La evaluación del aprendizaje adquiere una dimensión distinta a la de la escuela selectiva: los aspectos a evaluar van más allá de la memorización de conceptos (y su recitado). Incluyen también la habilidad para pensar críticamente, la capacidad de comunicarse oralmente y por escrito), la resolución de problemas, la competencia tecnológica…

Acostumbramos a aceptar que la evaluación es el final del proceso de aprendizaje, un “punto y final” que nos permite discernir si se ha producido ese aprendizaje y en qué grado. La materialización de este tipo de evaluación es el examen. Pero, en realidad, la evaluación debe ser una actividad sistémica y continua, debe producirse durante todo el proceso de aprendizaje, como un “punto y seguido” que nos permite en todo momento ser una guía que acompañe al alumnado a su consecución. La materialización de este tipo de evaluación son la rúbricas.

Hay tres preguntas clave que todo docente debe plantearse a la hora de evaluar a su alumnado:

1. ¿Qué queremos que aprendan?
2. ¿Qué han aprendido hasta ahora?
3. ¿Qué hacer para acortar la distancia entre lo que han aprendido y lo que tienen que aprender?

Con las respuestas que obtengamos al plantearnos estas preguntas, podremos decidir cuál es la estrategia más adecuada que debemos aplicar para que cada uno de nuestros alumnos y de nuestras alumnas aprendan.

La evaluación no es calificación, sino que es diagnóstico. Y en este contexto la evaluación del aprendizaje no debe ser competencia exclusiva de quien ejerce la docencia. La autoevaluación y la coevaluación son herramientas indispensables porque los alumnos y las alumnas son parte activa del proceso. Ser consciente del propio aprendizaje (metacognición) y conocer cómo te ve el resto aporta una información esencial para gozar cada vez de una mayor autonomía.

En la escuela del siglo XXI, los docentes y las docentes deben evaluar para que su alumnado aprenda y no para ser juzgado. Bajo esa perspectiva la evaluación debe ser sistémica, continua, formativa y participativa. Solo así conseguiremos que lo importante sea aprender y no juzgar.


*Revisión de artículo publicado en EvaluAcción el 16 de octubre de 2017.

Profesores excepcionales

domingo, 14 de abril de 2019
"He llegado a creer que un gran maestro es un gran artista y que existen tan pocos como existen grandes artistas. La enseñanza podría incluso ser la mayor de las artes ya que el medio es la mente y el espíritu humano." John Steinbeck

Los grandes maestros son tan escasos como los superhéroes de los cómics y las películas de Marvel. Tiene poderes excepcionales como ellos y los emplean para que sus alumnos y alumnas aprendan todo aquello que les ha de permitir ser mejores personas y tener una vida plena.

"Un gran poder conlleva una gran responsabilidad" le dijo el tío Ben a Spiderman... y eso es lo que también deben tener siempre presente los profesores y profesoras excepcionales. ¿Pero qué es un profesor excepcional?

Un profesor excepcional es aquella persona que utiliza todo su conocimiento, sus habilidades, su humanidad, su entusiasmo y su tiempo para hacer más fácil, más eficaz y más significativo el aprendizaje para sus alumnos y alumnas.

A mí me fascinan estos docentes, me sirven de modelo, me motivan con su entusiasmo, aprendo de ellos y disfruto comentando y compartiendo sus experiencias... pero estos docentes son excepcionales en el doble sentido de la palabra: constituyen una excepción a la norma y se apartan de lo ordinario. Por este motivo, su manera de enseñar no puede convertirse en norma, no se puede ser exportable al conjunto de los docentes.

No es lícito pedir a los docentes que lo sean las 24 horas del día, los 365 días de la semana. Hacer esto es opcional, pero no puede ser norma. Esto es así para cualquier profesional de cualquier ámbito.

Ojalá cada vez existan más profesores y profesoras excepcionales porque ellos y ellas hacen una labor impagable con los alumnos y alumnas que tiene la fortuna de recibir sus aprendizajes. Pero no debemos olvidar que son la excepción y no la norma. Hay miles y miles de docentes que, sin ser excepcionales, consiguen que sus alumnas y alumnos aprendan de manera autónoma y adquieran los conocimientos y las competencias que necesitan para tener éxito en la vida. ¡Gracias a todos!
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¿Por qué la realidad supera (casi) siempre a la pedagogía?

domingo, 31 de marzo de 2019
"Cuestionarse las cosas permite a los innovadores romper con lo establecido y considerar nuevas posibilidades." Tony Wagner

Imagen de Ulrike Mai en Pixabay 
El interés que demuestra la comunidad educativa es inversamente proporcional a la dotación de recursos que recibe por parte de las administraciones. Es una paradoja, cuantos menos recursos, más propuestas disruptivas se producen y más congresos y jornadas sobre educación con gran afluencia de docentes se organizan y se llevan a cabo. Me parece que es una respuesta comprensible, pero... ¿es eficaz?

La realidad, es decir, la falta de recursos económicos, las insostenibles ratios de alumnos y alumnas, el desinterés de los políticos, la nula valoración social del trabajo de los educadores y educadoras..., es una piedra muy pesada en la espalda de la pedagogía, por lo que muchas de sus propuestas quedan en acciones bienintencionadas sin resultados efectivos sobre la mejora del aprendizaje.

Esa es la cruda realidad. Un montón de docentes, orientadores, pedagogos... haciendo mucho más de lo que su profesionalidad les demanda y logrando apenas pequeños logros en su espacio más próximo sin tener una incidencia destacada en el conjunto del sistema.

¿Significa eso que debemos dejar de intentar aportar nuestro grano de arena? Dijo Eduardo Galeano que "Mucha gente pequeña en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo" y me parece una frase tan hermosa como peligrosa. El hacer pequeñas cosas no debería ser motivo de dejar de lado el hacer grandes cosas. Me explico: el esfuerzo vocacional de miles de educadores debe ir siempre acompañado de acciones contundentes por conseguir que las administraciones dediquen los recursos necesarios para que nuestros niños y jóvenes reciban la educación que merecen y necesitan.

Yo, como el niño de la película El sexto sentido, en ocasiones veo innovadores. Ojalá los siga viendo por mucho tiempo, pero con el apoyo real para que sus acciones tengan una incidencia menos parcial y mucho más global.
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Las 10 palabras que tienen que cambiar la educación

domingo, 24 de marzo de 2019
Imagen de Gerd Altmann en Pixabay 
"Una palabra mal colocada estropea el más bello pensamiento." Voltaire

La neurociencia considera que las palabras que usamos pueden cambiar nuestra mente. Del mismo modo, las palabras que utilizamos en nuestra manera de educar definen lo que entendemos por educación. Por eso es muy importante elegir bien las palabras que usamos, porque van a configurar aquello de lo que hablamos.

Nuestra forma de entender la educación, y, por tanto nuestra forma de educar, viene definida por las palabras con la que hablamos de ella. Este es el motivo por el que me gustaría compartir con cuáles son las diez palabras que creo que pueden cambiar la educación:

1. Inversión. Sin inversión económica para dotar a los centros educativos de recursos, para poder reducir las ratios, para mejorar los recursos materiales de las aulas, para formar más y mejor a los y las docentes... todas las demás palabras que puedan utilizarse pierden una parte de su poder.

2. Saber. Una de las funciones fundamentales de la educación es la adquisición de conocimientos... eso no deberíamos olvidarlo nunca. Pero esos conocimientos deben ser útiles, aplicables a la vida, que nos permitan ser críticos. Hay que huir del saber fugaz, ese que se olvida a las pocas horas de hacer un examen. ¡Ah! Por cierto, cualquier aprendizaje requiere de un esfuerzo y de un nivel de concentración y atención. Pero ese esfuerzo puede realizarse de muchas formas y no vales eso de que la letra con sangre entra... ese es el recurso de quien no tiene recursos.

3. Hacer. La educación también necesita de la palabra hacer porque siempre debe invitar a la acción. Lo que aprendemos debe poder materializarse en cosas concretas que nos permitan mejorar nuestra vida y la de los demás.

4. Pensar. La educación también debe ayudarnos a pensar mejor a dotarnos de estrategias y destrezas que nos permitan tener una visión propia de las cosas y nos permita discernir entre lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo...

5. Convivir. No estamos solos, cualquier aspecto de nuestra vida necesitas de otros. Saber convivir es un valor imprescindible en nuestro mundo y la educación no puede estar al margen de esta realidad.

6. Colaborar. Pero no se trata solo de convivir en armonía con los demás, sino de tener la capacidad de colaborar, de cooperar, de compartir conocimientos y experiencias. La educación debe hacernos competentes más que competitivos.

7. Inclusión. No podemos dejar a nadie fuera de la educación. Se trata de que cualquier individuo, sea como sea, tenga el talento que tenga quede incluido en el sistema educativo para que pueda desarrollar al máximo su potencial, sea este cual sea.

8. Emoción. Hay quien dice que sin emoción no hay aprendizaje. Quizás es una afirmación algo extremista (creo que se aprende también por necesidad e incluso por obligación), pero que duda cabe de que con emoción el aprendizaje es un poco más fácil y significativo. 

9. Sostenible. La educación debe incidir en los valores que hacen el mundo sostenible porque nada de lo dicho anteriormente tiene sentido si acabamos con el planeta.

10. Creatividad. Tener una mirada disruptiva, ser creativo/a a la hora de afrontar los problemas y desafíos de la vida es fundamental para desarrollarnos como personas y para colaborar en hacer un mundo cada vez un poco mejor.
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5 cosas que no sé sobre Educación

domingo, 10 de marzo de 2019
"Jamás he conocido un hombre tan ignorante del que no pudiera aprender algo." Galileo Galilei

La única certeza que tengo sobre el mundo de la Educación es que no hay verdades absolutas ni fórmulas mágicas ni recetas infalibles. De hecho, cada vez soy más consciente de que para afrontar cómo educar es mejor ser consciente de tu ignorancia que de tu sabiduría. Es decir, si crees que sabes mucho no tendrás la capacidad de adaptar tu forma de educar a las circunstancias, a las necesidades, al entorno... En cambio, si eres consciente de tu ignorancia, antes de actuar, analizarás las circunstancias, las necesidades, el entorno...

Por este motivo, ando estos días reflexionando sobre las cosas que no sé sobre Educación. Y me gustaría compartir con vosotros 5 de ellas:

1. No sé cómo podemos ponernos de acuerdo sobre cuál es el propósito de la Educación. La manera de entender la Educación condiciona, sin ningún lugar a dudas, nuestra forma de educar.

2. No sé cómo colaborar o debatir sobre Educación con quien no quiere hacerlo. La intransigencia es uno de los mayores males de la Educación. Quien no es capaz de escuchar con la mente abierta las opiniones de otros, nunca progresará ni avanzará en su manera de educar.

3. No sé cómo hacer que la Educación sea realmente inclusiva, que no deje a nadie de lado, que no se limite a seleccionar quién vale y quién no con criterios más que dudosos.

4. No sé qué es en realidad la innovación educativa. Se presentan como innovadoras muchas propuestas que no lo son en absoluto y, por ignorancia de la herencia pedagógica, se presentan como novedosas propuestas que en ocasiones tienen más de cien años de antigüedad.

5. No sé cómo convencer a los incrédulos de que la pedagogía no es la causa de los males de la Educación, sino su única solución.

Espero que estas 5 muestras de mi ignorancia sobre la educación nos ayuden a todos reflexionar sobre ella y nos ayuden a educar cada día un poco mejor.
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La educación se construye con el lenguaje de los sueños

domingo, 3 de marzo de 2019
"Siembra en los niños ideas buenas, aunque no las entiendan... Los años se encargarán de descifrarlas en su entendimiento y de hacerlas florecer en su corazón." María Montessori

Imagen de darksouls1 en Pixabay

Los niños y las niñas no ponen límites a las cosas que pueden llegar a hacer. Todos y cada uno de ellos se cree capaz de cualquier cosa y actúa como tal. Se creen capaces de viajar por el espacio, de luchar contra dragones, de pintar los más hermosos cuadros, de encontrar la cura de las perores enfermedades... Según Ken Robinson, esto sucede porque no tienen ningún miedo a equivocarse... "hasta que el sistema les va enseñando poco a poco que el error existe y que deben avergonzarse de él".

Los contenidos, las competencias, los valores son importantísimos para la educación de los niños y las niñas, pero la educación verdadera, esa que les permite crecer siendo quienes quieren y pueden ser, que les impulsa a desarrollar sus talentos, que les da las herramientas para tener opinión propia y espíritu crítico, esa educación se construye con el lenguaje de los sueños.

Los sueños están hechos con un material capaz de adaptarse a cualquier persona, que les motiva a perseguir metas, que les da fuerza para trabajar sin descanso para alcanzar sus objetivos. En los sueños todo es posible... y ese debe ser siempre el punto de partida de la educación: TODO ES POSIBLE. Los límites de aquello que podemos o no podemos hacer los deben poner nuestras capacidades y no ser el resultado de una educación que no nos permita desarrollarnos al máximo.

Si la educación se construye exclusivamente con el lenguaje de la realidad, es meramente reproductiva y su función es la de conservar lo establecido. Pero la educación también debe formar personas capaces de hacer del mundo un lugar siempre un poco mejor y por eso es necesario que utilice el lenguaje de los sueños. La vida es mejor cuando nunca se deja de soñar.
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Educar sin miedo

domingo, 24 de febrero de 2019
"La educación ayuda a la persona a aprender a ser lo que es capaz de ser." Hesíodo

Una de las características más definitoria del ser humano es nuestra diversidad. Tenemos culturas y religiones distintas, opiniones diferentes, ideologías políticas en ocasiones contrapuestas y, por tanto, hay tantas maneras de entender el mundo como personas habitan el planeta.

Puede que esta sea una de las causas por las que es tan complicado ponernos de acuerdo sobre cuál es la mejor manera de educar. Porque para decidir cómo hay que educar a nuestros niños y niñas, lo primero que hay que plantearse es cuál es el propósito de la educación. Y esta no es una decisión nimia ya que los niños y las niñas son lo más importante que tiene una sociedad porque ellos son los protectores de los sueños de la misma y los garantes de su buen funcionamiento futuro. Por este motivo debemos educarlos sin miedo.

Si entendemos el mundo como un lugar competitivo donde el más fuerte se impone sobre el débil educaremos a nuestros niños y niñas de forma selectiva, procurando que cada uno ellos intenten ser el mejor de manera individual, algo así como una competición deportiva sin fin.

En cambio, si creemos en un mundo en el que todos tenemos cabida, donde todos colaboramos, educaremos a nuestros niños y niñas de manera inclusiva, sin excluir a nadie. El objetivo es que cada persona sin excepción alcance lo mejor de sí misma.

Y entre estas dos maneras extremas de entender el mundo hay muchas otras que se diferencias en matices, pero que implican otras formas de entender el propósito de la educación.

Por todo lo explicado es por lo que la mayoría de las discusiones sobre si una metodología didáctica es adecuada o no, si utilizamos libros de texto o no, si damos clases magistrales o no... tienen más que ver sobre cómo entendemos el mundo y no sobre las bondades o deficiencias de las metodologías mismas. Y aquí radica la dificultad para que nos pongamos de acuerdo sobre cuál es la mejor manera de educar.

Por eso es tan importante educar sin miedo, porque nuestras generaciones futuras serán en buena parte el resultado de la manera como les hemos educado e interactuarán en el mundo con los valores que les hayamos transmitido. Aquí radica el valor de la docencia y la importancia sin parangón de la educación.
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