La creatividad se puede enseñar... pero no es fácil

domingo, 10 de diciembre de 2017
"La actividad creativa no es fácil ni sencilla y, de hecho, no siempre es deseable en cualquier situación." Loveless y Williamson

No tengo ninguna duda de que, como opina sir Ken Robinson, la creatividad se puede aprender cómo se aprende a leer, escribir, sumar o dibujar.

Pero la creatividad, el ser creativo. no es fácil, ni sencillo; y aún menos enseñarla y aprenderla. Habitualmente no quedamos con la visión "happy" de que para ser creativo o creativa uno debe hacer lo que quiera y le apetezca. Nada más lejos de la realidad.

La creatividad no es solo tener buenas ideas o hacer cosas bonitas y emotivas, en realidad es una experiencia disruptiva y como tal en ocasiones es dolorosa y causa frustración, pues no obliga salir de nuestra zona de confort y, lo que es peor, obliga al otro a salir de la suya... y eso suele generar conflicto, como bien saben las personas creativas.

Hay que escoger muy bien los momentos en los que debemos ser creativos. Pretender estar siempre en "modo creativo" es agotador y poco efectivo. La creatividad ayuda a la innovación y esta necesita de momentos de calma para consolidarse. Estar cambiando a un ritmo acelerado en exceso puede llegar a ser contraproducente.

Ser creativo, tener espíritu crítico, ser disruptivo... son cualidades indispensables para triunfar en este mundo de incertidumbre en el que vivimos. Tener la capacidad de mirar de otra manera, de no limitarnos a reproducir lo que otros han hecho o dicho es lo que nos facilitará adaptarnos a un mundo cambiante y progresar.

Como dije en otro post de este blog: "Educar en el conocimiento estandarizado responde a un concepto de la escuela como institución de control social. En cambio, educar en la creatividad responde a una escuela cuya función es la de transformar la sociedad." Estoy convencido de ello. Pero que nadie piense que educar en la creatividad es fácil ni sencillo. Educar en la creatividad es complejo y complicado, por eso en necesario que cambien las estructuras más profundas de la institución escolar y de nuestras formas de enseñar y aprender.

La creatividad está muy ligada al trabajo colaborativo, a la educación emocional, a aprender a pensar... y todo esto (y mucho más) debe tener cabida en nuestra tarea educativa.

Abrazos en clase: educar con afectividad y con efectividad

domingo, 3 de diciembre de 2017
No comparto en absoluto la afirmación de que se educa en casa y se aprende en la escuela. 

Hoy en día se educa en la familia, pero también en la escuela. Y estoy convencido de que se aprende en la escuela y en la familia (y gracias a los medios de comunicación, a la facilidad del acceso a la información...). No ser consciente de ello es un grave perjuicio para los niños y los jóvenes, pero también para la escuela y las familias.

La clave está en la cooperación y la coordinación entre familia y escuela. Ya va siendo hora de que todos rememos en la misma dirección, que todos demos los mismos "mensajes", que todos entendamos y compartamos que hay algunos valores que son indispensables para sobrevivir en el mundo actual.

La tolerancia, la cooperación, la responsabilidad, la transparencia, el entusiasmo son algunos de esos valores que, además de en la familia, deben tener cabida en la escuela. Por eso es necesario educar en nuestras escuelas con afectividad y efectividad.

Los alumnos y alumnas de nuestras escuelas tienen que "abrazar" los contenidos de las distintas materias. Queremos que salgan de la escuela con el máximo nivel de conocimientos posibles. Pero los alumnos también tienen que "abrazar" las destrezas, las habilidades y las competencias que les permitirán tener una vida plena.

Pero, aunque algunos todavía sean reticentes a creerlo, los alumnos y las alumnas deben ser ellos mismo abrazados, en sentido literal y figurado. Es cierto que los abrazos no sustituyen a las ecuaciones, a las fórmulas matemáticas, a las definiciones de conceptos, a las reglas ortográficas..., eso es cierto, pero sin duda ayudan a que todo esto se entienda mejor, se asimile más y se interiorice de forma significativa de modo que sean capaz de utilizarlos durante toda su vida.

Aunque te cueste entenderlo, los abrazos no se dan solo con los brazos, no es solo acercan nuestros corazones para que latan uno junto a otro. Los abrazos también se dan con la mirada, preguntando cómo te encuentras, qué te preocupa, cómo te sientes, qué te pasa... Y de ese tipo de abrazos los docentes tenemos que darlos todos los días, en todo momento.

Sí, una de las funciones de los docentes es dar abrazos (de los reales y de los figurados). Puede que esto sea una pequeña parte de la solución para mejorar la educación en nuestras escuelas, pero es muy necesaria.
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¿Hablamos de innovación educativa?

domingo, 26 de noviembre de 2017
"Educar es convertir el conocimiento en experiencia personal y la información en vida." Massimo Borghesi

Hace un tiempo leí en El Adarve (el blog de Miguel Ángel Santos Guerra, febrero de 2013) una anécdota que se me antoja muy significativa para entender un poco mejor la situación de la educación en nuestras escuelas:

"Una maestra le pregunta a una alumna, un tanto abstraída en sus propios pensamientos:


-Dígame, ¿cuántas patas tiene un artrópodo?

La alumna, exhalando un hondo suspiro, responde:


-Ay, señorita, ya me gustaría a mí tener los problemas que tiene usted."

Hay una realidad que, cada uno por diferentes motivos e intereses, nos empeñamos en ignorar: no existe una única Educación, no hay un único tipo de escuela, no hay un solo tipo de alumno y no hay una única forma de enseñar y de aprender.


Por eso, innovar, o lo que es lo mismo, buscar cambiar la escuela y la forma de enseñar, se ha convertido en una especie de obsesión para todos y todas, que amenaza con convertirse en un serio problema. Por eso me parece importante no hacerlo a la ligera y reflexionar profundamente sobre lo que estamos haciendo.

Lo cierto es que el límite entre innovación y extravagancia es cada vez más difuso. Muchas de las experiencias que se están llevando a cabo en nombre de la innovación parecen estar por encima de los intereses de los alumnos y las alumnas. Interesa lo "diferente" sin evaluar ni tener en cuentas sus resultados y consecuencias.

Quizás ha llegado el momento de frenar la "innovación". El objetivo de ese alto en el camino es consolidar los avances realmente están produciendo una mejora en los procesos de enseñanza/aprendizaje.

Que nadie se equivoque ni saque conclusiones precipitadas. Lo cierto es que la educación y la escuela deben adaptarse a los cambios del mundo en el que vivimos al menos a la misma velocidad con los que estos se producen. Y cada vez se producen más deprisa. Pero esos cambios deben producir mejoras mesurables o dar respuesta a nuevas situaciones.

La sociedad actual y sus características obliga a necesitar aprender muchas más cosas de la que eran necesarias hace un tiempo. Ahora sigue siendo necesario aprender todo lo de antes, pero además también debemos aprender creatividad, trabajo colaborativo, control de nuestras emociones... Hoy es tan necesario tener una buena cabeza como tener un buen corazón.

En este contexto, la escuela tiene la obligación de estar siempre alerta a las necesidades emergentes de las personas y de la sociedad en su conjunto. Eso implica innovar, es decir, mejorar procesos y metodologías. Pero esto no supone estar inventando cosas nuevas y extravagantes todos los días. Hay que dejar que la innovación se aposente en nuestra manera diaria de enseñar para que sus resultados se consoliden.
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7 elementos clave para mejorar la educación escolar

domingo, 19 de noviembre de 2017
"La escuela debe ser un lugar para todos los niños, no basada en la idea de que todos son iguales, sino de que todos son diferentes." Loris Magaluzzi

Para hablar de los elementos clave para mejorar la educación que ofrecemos en nuestras escuelas, primero es necesario que nos pongamos de acuerdo en qué es y qué función tiene la institución escolar.

En un mundo donde la información fluye de forma incontrolada, en una sociedad donde la posverdad parece modelar nuestra forma de ver el mundo y los robots nos están sustituyendo en tareas antes reservadas a las personas, la escuela no puede ser exclusivamente un lugar de transmisión de conocimiento.

La escuela debe ser también un lugar donde posibilite el desarrollo personal y social (crecimiento personal, habilidades sociales, valores, habilidades no cognitivas...), y el desarrollo laboral (aprender a aprender, adaptación al cambio, autonomía e iniciativa emprendedora, responsabilidad...). Es decir, en la escuela se deben trabajar todas aquellas habilidades, destrezas y conocimientos que permitan a las personas tener una vida plena.

¡Somos personas diversas en un mundo diverso!, y eso debe estar presente en la escuela, que hasta ahora ha sido un instrumento de estandarización y no de personalización.

Es en este contexto en el que debemos entender los 7 elementos clave para mejorar la educación que propongo a continuación:

1. Dejar trabajar a los docentes con autonomía y sin prejuicios. Ellos son los que mejor conocen a sus alumnos y alumnas y el contexto en el que desarrollan su trabajo. Ellos son los que tienen los conocimientos para saber qué, cómo, cuándo y de qué forma enseñar.

2. Considerar siempre al alumno como sujeto activo del aprendizaje. Entender que no es un recipiente vacío al que hay que llenar de datos y conceptos, sino una persona con necesidades, intereses, miedos, emociones...

3. Nadie debe quedar excluido, por ninguna causa, de la escuela, del acceso a la información y el conocimiento. La escuela ha de ser inclusiva y no selectiva.

4. El aprendizaje debe ser colaborativo y cooperativo, haciendo agrupamientos flexibles. El aprendizaje necesita momentos de intimidad y momentos de compartir. La escuela debe facilitar el desarrollo de las habilidades para trabajar conjuntamente.

5. La realidad es compleja y la escuela la simplifica compartimentalizando los aprendizajes en asignaturas. Esto debe combinarse con aprendizaje basado de proyectos, que partan de los intereses de los alumnos y alumnas y den una visión real de la complejidad de los retos a los deberán enfrentarse.

6. La cooperación entre las familias y la escuela es fundamental. Así como la relación real y efectiva de la escuela con la comunidad a la que pertenece.

7. Cambiar los sistemas de evaluación. Dejar de calificar exclusivamente los aprendizajes adquiridos y pasar a utilizar una evaluación más diagnóstica sobre los procesos de aprendizaje. Incorporar para ello mecanismo de autoevaluación y coevaluación.
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Educar para levantarte si has caído

domingo, 12 de noviembre de 2017
"El fracaso no es caer, sino negarse a levantarse." Proverbio chino

Justo cuando las personas necesitamos ser más hábiles, más competentes, más autónomos, más emprendedores y más creativos para afrontar con garantías de éxito los retos y desafíos que nos plantea el mundo y la sociedad en que vivimos, se acaba de detectar una "nueva enfermedad" en nuestros centros de educación infantil, que amenaza con contagiarse a otros niveles educativos.

Esta "enfermedad" se manifiesta con una sintomatología bastante curiosa: niños y niñas que caen al suelo y se quedan allí inmóviles sin poder levantarse; llorando y quejándose, pero totalmente incapaces de levantarse por sí mismos,

Resulta que se ha demostrado que esta "enfermedad" es consecuencia de que, durante mucho tiempo, cuando los niños y niñas caen al suelo siempre hay un padre, una madre, un abuelo, una abuela (un maestro, una maestra) que, sin perder un segundo, corre para levantarlos del suelo y comprobar con estruendosa preocupación que no les ha pasado nada, sin dejar que sean los propios niños y niñas los que se levanten por sí mismos.

El caso es que, con la mejor de las intenciones (porque eso es indiscutible), no permitimos que nuestros hijos e hijas (alumnos y alumnas) se enfrenten a la posibilidad de equivocarse (de caer) y tener que buscar soluciones a esa situación de manera autónoma. Por eso, les hacemos tareas escolares en vez de ayudarles si nos piden ayuda, no les permitimos que exploren el mundo para que no se hagan daño, les llenamos el tiempo de actividades formativas sin darles oportunidad a que se aburran para sean creativos e imaginativos a la hora de buscar entretenimiento... Sí, se lo damos todo hecho, se lo hacemos todo.

Estamos educando a nuestros hijos e hijas (alumnos y alumnas) para evitar que se caigan, que se equivoquen, cuando deberíamos estar educándolos para que no tengan miedo al fracaso, para que tengan una alta tolerancia a frustración, para que aprendan de sus errores, en definitiva, para que se levanten cuando caigan.

"Las personas se hacen más fuertes al darse cuenta de que la mano ayudante que necesitan está al final de su propio brazo." Sidney J. Phillips
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La gran "mentira" sobre la educación

domingo, 5 de noviembre de 2017
"Excelente maestro es aquel que, enseñando poco, hace nacer en el alumno un deseo grande de aprender." Arturo Graf

Llevamos demasiado tiempo discutiendo sobre lo nuevo y lo viejo en educación. Y nos está sucediendo lo mismo que está pasando en nuestra sociedad. Vivimos tiempos convulsos, donde las posiciones extremas se enfrentan sin capacidad para dialogar. Y eso es algo que no nos podemos permitir.

La gran "mentira" en la educación actual es que el enfrentamiento entre lo tradicional y lo innovador es totalmente falso y contraproducente. No se puede ser innovador sin conocer y respetar el saber educativo que ha permitido que generaciones enteras aprendan. A la vez que no se puede ser tan conservador como para pretender que no cambie nada.

La innovación debe ser una actitud presente en cualquier educador. Pero innovar debe permitir solucionar problemas existentes o para dar respuesta a nuevas necesidades, nunca el cambiar por cambiar debe ser el objetivo.

En este sentido, es absurdo discutir sobre si hay que implantar radicalmente las metodologías inductivas. Hay que utilizar la mejor forma de enseñar en función de las necesidades, de los objetivos, del contexto... no se debe utilizar una u otra metodología por el hecho de que esté de actualidad.

La educación que debemos ofrecer a nuestros alumnos debe tener siempre presente que:

- Vivir es adaptarse constantemente en un mundo cambiante.

- Emprender es una actitud necesaria para lograr el aprendizaje.

- Se aprende a lo largo de toda nuestra vida.

- No existen verdades absolutas ni recetas mágicas.

- El "miedo" no es el mejor entorno para el aprendizaje.

- Como dice Francisco Mora: solo se aprende lo que se ama.

- Es muy importante identificar y saber gestionar las emociones.

- Colaborar es una habilidad fundamental para aprender más y mejor.

- Es mejor aprender menos cosas pero de forma más profunda.

La gran "mentira" de la educación es actuar siguiendo posiciones extremas y modas pasajeras, y no pensar en lo que debemos hacer para conseguir su verdadero objetivo: que las personas puedan tener una vida plena. La gran "mentira" de la educación es actuar de forma ostentosa sin evaluar los resultados que se obtienen y sentirse satisfecho por ello.
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El niño que quería aprender, pero tenía que aprobar

domingo, 29 de octubre de 2017
La educación debería considerarse un viaje de descubrimiento. Debería estimular las llamas de la imaginación y encender el fuego de la curiosidad.” Richard Gerver
Hace ya un tiempo publiqué este artículo en @INED21 que hoy quiere recuperar porque creo que tiene plena vigencia:
Hacia los 3 años de edad empieza una de las etapas más interesantes de nuestra vida: la etapa de la preguntas. “¿Por qué?” se convierten en las palabras más empleadas por los niños y niñas ávidos de saciar su curiosidad, por saber cómo funciona el mundo:¿Por qué brilla el Sol? ¿Por qué no se caen las estrellas? ¿Por qué el agua moja? ¿Por qué no tienes pelo en la cabeza, papá?
Los niños necesitan descubrir el mundo, ordenar y dar una explicación razonable a lo que les rodea, conocer los motivos de las cosas… y esa es una actitud que jamás deberíamos perder. Aunque hay que reconocer que es difícil para los adultos aguantar la intensidad de las preguntas de los niños, es importante que les apoyemos y que favorezcamos que  puedan buscar por si mismos algunas de las respuestas que tanto anhelan.
Hacia esa misma edad, un buen número de niños y niñas inician su periplo por la educación formal. Llegan a los centros educativos y allí, poco a poco, se produce un extraño fenómeno: se dan cuenta de que para que su vida escolar sea confortable y exitosa no necesitan ser curiosos, sino recordar lo que los docentes les dicen que tienen que saber.
Hace un tiempo, escribí en un post:
“No sé muy bien por qué la escuela es un lugar donde la curiosidad y la creatividad se transforman en monotonía y memorización. Lo que sí sé es que debemos trabajar para cambiar el hecho de que ir a la escuela es una obligación y un sacrificio para los chavales (y para los adultos) y conseguir que la escuela sea un lugar donde los alumnos (y los docentes) quieran ir y disfruten aprendiendo y enseñando en ella.”
La historia de la vida escolar de muchos alumnos podría llevar por título La historia del niño que quería aprender pero tenía que aprobar. Si nos preocupamos por conseguir que aprender y aprobar sean una misma cosa, estaremos haciendo de la escuela un lugar privilegiado para formar personas que sean capaces de transformar el mundo en un lugar mejor.
De algún modo, deberíamos poder mantener durante toda la vida el espíritu de la etapa de las preguntas, que la curiosidad fuera el motor permanente de nuestro aprendizaje. Así seríamos adultos capaces de adaptarnos a las exigencias de un mundo cambiante. Un adulto que conserva la capacidad de hacerse preguntas para entender cómo funciona el mundo es un adulto creativo e innovador, capaz de proponer ideas y ofrecer soluciones que a nadie se le habían ocurrido antes.
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