5 cosas que no sé sobre Educación

domingo, 10 de marzo de 2019
"Jamás he conocido un hombre tan ignorante del que no pudiera aprender algo." Galileo Galilei

La única certeza que tengo sobre el mundo de la Educación es que no hay verdades absolutas ni fórmulas mágicas ni recetas infalibles. De hecho, cada vez soy más consciente de que para afrontar cómo educar es mejor ser consciente de tu ignorancia que de tu sabiduría. Es decir, si crees que sabes mucho no tendrás la capacidad de adaptar tu forma de educar a las circunstancias, a las necesidades, al entorno... En cambio, si eres consciente de tu ignorancia, antes de actuar, analizarás las circunstancias, las necesidades, el entorno...

Por este motivo, ando estos días reflexionando sobre las cosas que no sé sobre Educación. Y me gustaría compartir con vosotros 5 de ellas:

1. No sé cómo podemos ponernos de acuerdo sobre cuál es el propósito de la Educación. La manera de entender la Educación condiciona, sin ningún lugar a dudas, nuestra forma de educar.

2. No sé cómo colaborar o debatir sobre Educación con quien no quiere hacerlo. La intransigencia es uno de los mayores males de la Educación. Quien no es capaz de escuchar con la mente abierta las opiniones de otros, nunca progresará ni avanzará en su manera de educar.

3. No sé cómo hacer que la Educación sea realmente inclusiva, que no deje a nadie de lado, que no se limite a seleccionar quién vale y quién no con criterios más que dudosos.

4. No sé qué es en realidad la innovación educativa. Se presentan como innovadoras muchas propuestas que no lo son en absoluto y, por ignorancia de la herencia pedagógica, se presentan como novedosas propuestas que en ocasiones tienen más de cien años de antigüedad.

5. No sé cómo convencer a los incrédulos de que la pedagogía no es la causa de los males de la Educación, sino su única solución.

Espero que estas 5 muestras de mi ignorancia sobre la educación nos ayuden a todos reflexionar sobre ella y nos ayuden a educar cada día un poco mejor.

La educación se construye con el lenguaje de los sueños

domingo, 3 de marzo de 2019
"Siembra en los niños ideas buenas, aunque no las entiendan... Los años se encargarán de descifrarlas en su entendimiento y de hacerlas florecer en su corazón." María Montessori

Imagen de darksouls1 en Pixabay

Los niños y las niñas no ponen límites a las cosas que pueden llegar a hacer. Todos y cada uno de ellos se cree capaz de cualquier cosa y actúa como tal. Se creen capaces de viajar por el espacio, de luchar contra dragones, de pintar los más hermosos cuadros, de encontrar la cura de las perores enfermedades... Según Ken Robinson, esto sucede porque no tienen ningún miedo a equivocarse... "hasta que el sistema les va enseñando poco a poco que el error existe y que deben avergonzarse de él".

Los contenidos, las competencias, los valores son importantísimos para la educación de los niños y las niñas, pero la educación verdadera, esa que les permite crecer siendo quienes quieren y pueden ser, que les impulsa a desarrollar sus talentos, que les da las herramientas para tener opinión propia y espíritu crítico, esa educación se construye con el lenguaje de los sueños.

Los sueños están hechos con un material capaz de adaptarse a cualquier persona, que les motiva a perseguir metas, que les da fuerza para trabajar sin descanso para alcanzar sus objetivos. En los sueños todo es posible... y ese debe ser siempre el punto de partida de la educación: TODO ES POSIBLE. Los límites de aquello que podemos o no podemos hacer los deben poner nuestras capacidades y no ser el resultado de una educación que no nos permita desarrollarnos al máximo.

Si la educación se construye exclusivamente con el lenguaje de la realidad, es meramente reproductiva y su función es la de conservar lo establecido. Pero la educación también debe formar personas capaces de hacer del mundo un lugar siempre un poco mejor y por eso es necesario que utilice el lenguaje de los sueños. La vida es mejor cuando nunca se deja de soñar.
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Educar sin miedo

domingo, 24 de febrero de 2019
"La educación ayuda a la persona a aprender a ser lo que es capaz de ser." Hesíodo

Una de las características más definitoria del ser humano es nuestra diversidad. Tenemos culturas y religiones distintas, opiniones diferentes, ideologías políticas en ocasiones contrapuestas y, por tanto, hay tantas maneras de entender el mundo como personas habitan el planeta.

Puede que esta sea una de las causas por las que es tan complicado ponernos de acuerdo sobre cuál es la mejor manera de educar. Porque para decidir cómo hay que educar a nuestros niños y niñas, lo primero que hay que plantearse es cuál es el propósito de la educación. Y esta no es una decisión nimia ya que los niños y las niñas son lo más importante que tiene una sociedad porque ellos son los protectores de los sueños de la misma y los garantes de su buen funcionamiento futuro. Por este motivo debemos educarlos sin miedo.

Si entendemos el mundo como un lugar competitivo donde el más fuerte se impone sobre el débil educaremos a nuestros niños y niñas de forma selectiva, procurando que cada uno ellos intenten ser el mejor de manera individual, algo así como una competición deportiva sin fin.

En cambio, si creemos en un mundo en el que todos tenemos cabida, donde todos colaboramos, educaremos a nuestros niños y niñas de manera inclusiva, sin excluir a nadie. El objetivo es que cada persona sin excepción alcance lo mejor de sí misma.

Y entre estas dos maneras extremas de entender el mundo hay muchas otras que se diferencias en matices, pero que implican otras formas de entender el propósito de la educación.

Por todo lo explicado es por lo que la mayoría de las discusiones sobre si una metodología didáctica es adecuada o no, si utilizamos libros de texto o no, si damos clases magistrales o no... tienen más que ver sobre cómo entendemos el mundo y no sobre las bondades o deficiencias de las metodologías mismas. Y aquí radica la dificultad para que nos pongamos de acuerdo sobre cuál es la mejor manera de educar.

Por eso es tan importante educar sin miedo, porque nuestras generaciones futuras serán en buena parte el resultado de la manera como les hemos educado e interactuarán en el mundo con los valores que les hayamos transmitido. Aquí radica el valor de la docencia y la importancia sin parangón de la educación.
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Corazón y razón en la educación actual

domingo, 10 de febrero de 2019
"Es muy importante entender que la inteligencia emocional no es lo opuesto a la inteligencia, no es el triunfo del corazón sobre la cabeza, es la intersección de ambas." David Caruso

En la sociedad actual y, por tanto, también en la educación, la razón parece haber perdido parte de la importancia que tenía. ¡Qué terrible error! ¿Cómo podemos vivir y aprender sin discurrir sobre todas las cosas?

Pero en el mundo actual tampoco parece que la emoción esté mucho mejor considerada. Todo se hace en función del interés, de los réditos materiales que se puedan conseguir con nuestras acciones. Y eso también sucede en la educación del siglo XXI, muy encaminada en formar personas que en el futuro sean buenos profesionales.

La razón y la emoción, el cerebro y el corazón, deben formar parte por igual de la educación. Es un error optar por lo uno o por lo otro. Los contenidos son importantes y el nivel de exigencia para su adquisición debe ser alto. Pero estos contenidos deben aprenderse de modo significativo, deben entenderse y saber utilizar en distintos contextos. Los contenidos no tienen sentido si se pretende que se memoricen de manera provisional y se olviden tras un examen. Además, parece probado que el aprendizaje es más significativo cuando emociona.

La gestión y el control de las emociones también dota a las personas de una mayor capacidad para adaptarse a situaciones cambiantes... y eso en el mundo actual es un gran valor para tener éxito. Reconocer nuestras emociones es tan importante como identificar las de los demás. La resiliencia es una capacidad que nos ayuda a ser más inteligentes en todos los sentidos.

La razón es básica para entender el mundo, la emoción es fundamental para gestionarlo. Por eso no podemos ofrecer a nuestros alumnos y alumnas una educación sin uno de estos elementos. No tiene ningún sentido perder ni un minuto de nuestro tiempo en discutir si la educación debe dejar de lado los contenidos o si la emoción no debe formar parte de la formación en nuestras escuelas. Cerebro y corazón deben formar parte de cualquier proceso de enseñanza/aprendizaje.

Dicen que la manera más rápida y efectiva de cambiar la mente de una persona es conectando con ella a través del corazón. Por eso, por mucho que a ciertas personas les cueste entenderlo, la mejor manera de que nuestros alumnos y alumnas aprendan es emocionándoles. Tú como docentes debes encontrar cuál es la mejor manera de hacerlo, porque hay múltiples formas de conseguirlo... conoces a tus estudiantes y sé capaz de encontrar aquello que les motiva.
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Aprender de verdad, enseñar de verdad

domingo, 3 de febrero de 2019
"Dar clase con la boca cerrada supone evitar la tentación natural de dar clase Narrando y proporcionar a los estudiantes experiencias instructivas y después provocar en ellos la reflexión sobre estas experiencias." Don Finkel


https://www.flickr.com/photos/sweet_vengeance/5054972190
Hace unos días, Toni Solano (@tonisolano), para mí una de las voces más sensatas y coherentes del universo educativo, publicaba el siguiente tuit:
Me dice un alumno: "me han dado la nota de ****** y he sacado un 9". Le doy la enhorabuena y le pregunto qué contenidos salían en el examen. "Uf, ya no me acuerdo de qué iba. Hace tres semanas que lo hicimos". ¿En esto consiste la excelencia?

Soy de los que creen que los contenidos y los conceptos siguen siendo importantes en la escuela. Pero qué sentido tiene promover el aprendizaje fingido, qué sentido tiene hacer que los alumnos y alumnas acumulen datos y conceptos en su memoria a corta plazo para que se olviden a los pocos días. ¿Eso es aprendizaje?

El aprendizaje es activo y debe ser construido. No. esto no quiere decir que las clases magistrales sean siempre inútiles. Según Don Finkel este tipo de clase solo funciona los estudiantes han tenido de verdad las experiencias relatadas y si la explicación del docente les ayuda a reflexionar por ellos mismos sobre esa experiencia. Siempre he defendido que las formas de enseñar son diversas y variadas, por lo que hay que utilizar la metodología más adecuada para conseguir nuestros propósitos.

Enseñar es complejo y complicado, pero también lo es el aprender. Por ese motivo es mejor no dedicar ni un minuto de nuestro tiempo a memorizar cosas que vamos a olvidar al cabo de poco tiempo, es mejor no dedicar ni un poco de nuestro esfuerzo a trabajar cosas sin sentido. Lo que se aprende en la escuela debe servir para siempre, para poder afrontar la vida con garantías.

La realidad es muy compleja y solo puede afrontarse con la misma complejidad. Pocas veces debemos enfrentarnos a algún reto en nuestra vida con los conocimientos aislados de una única materia o disciplina. Los conocimientos deben estar interrelacionados y deben presentase en su contexto. Es el momento de replantearnos la existencia de asignaturas y horarios, de clases cerradas, de la presencia de un único profesor por clase, de agrupaciones por edad, de aulas auditorio. Es el momento de afrontar la complejidad del proceso de enseñanza/aprendizaje en su totalidad.

Sé que esta propuesta no gusta a aquellos que se dedican a la enseñanza desde una perspectiva de especialista en un campo del saber, pero la colaboración y cooperación es más que una opción, es una necesidad.
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La escuela que necesitamos

domingo, 27 de enero de 2019
"Lo que se hace en la escuela no es para la escuela, es para la vida: principio de transferencia. La escuela que quiero necesita un proyecto educativo que no potencie las diferencias." Mar Romera: La escuela que quiero

Me encanta el título del último libro de Mar: La escuela que quiero, pero yo hoy voy a hablar de la escuela que necesitamos. Porque no se trata de una opción personal o de algo que entra dentro de lo opinable, sino que se trata de una cuestión de obligado cumplimiento para afrontar la formación de las generaciones futuras.


Todos somos distintos, todos somos iguales. La escuela que necesita que necesitamos tiene que ser capaz de incluirnos a todos, debe ser capaz de posibilitar que cualquier alumno o alumna desarrolle su máximo potencial y minimice sus limitaciones. La escuela que necesitamos debe posibilitar que un estudiante con talento para la física o las matemáticas alcance el máximo conocimiento y dominio de esa materia, pero también debe posibilitar que un estudiante con grandes dotes para la danza pueda alcanzar su sueño de ser bailarín.

La escuela que necesitamos no puede permitirse que nadie quede fuera del sistema, porque como sociedad no nos lo podemos permitir. Todos y cada uno de nosotros es necesario para que nuestro mundo sea más justo, sostenible y solidario. Porque una sociedad no evoluciona formando con excelencia y seleccionando a unos pocos destinados a ser la élite, sino que se desarrolla cuando todos y cada uno de sus miembros es capaz de aportar lo mejor de sí mismo.

La escuela que necesitamos debe hacer que aprendamos de verdad y no de forma fingida. Los aprendizajes que se adquieran en ella deben servir para que podamos adaptarnos a los retos de un futuro incierto. No sirve de nada seguir potenciando una escuela donde se evalúa para calificar (poner una nota), la escuela debe evaluar para que los estudiantes sepan cuáles son sus puntos fuertes y cuáles sus puntos mejorables en el proceso de aprendizaje.

La escuela que necesitamos requiere que los alumnos y alumnas se esfuercen y trabajen duro, que aporten siempre lo mejor de sí. Pero no estoy hablando de "codos, codos" ni de "la letra con sangre entra", se puede y se debe trabajar al máximo disfrutando del proceso. Para ello es fundamental que lo que se enseñe en la escuela que necesitamos sea valorado por los estudiantes como algo útil y válido para su vida presente y futura. Por eso en la escuela que necesitamos no podemos trabajar solo contenidos de distintas materias, ni solo emociones, valores y competencias: debemos trabajar todo eso al unísono.

Para finalizar, la escuela que necesitamos debemos construirla entre todos. Debatiendo y compartiendo desde el respeto y de forma constructiva, o como lo dice magistralmente Fernando Trujillo: "Cientos de años de Ciencias de la Educación nos han llevado a concluir que los estudiantes aprenden mejor simplemente hablando entre ellos para resolver problemas, en vez de escuchándonos a nosotros, los docentes, contarles cómo se resuelven esos problemas".
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Educación, ¿avanzamos o retrocedemos?

domingo, 13 de enero de 2019
"La educación está en movimiento (...). La pregunta, por tanto, no es si la escuela está en transformación o no, sino más bien hacia dónde avanza (o incluso si retrocede)." Fernando Trujillo (@ftsaez)


Reconocer que la educación está en continuo movimiento, que es como un ser vivo que nace, crece, se reproduce y se adapta (porque no muere, sino que se transforma) es un paso fundamental para mejorarla y hacerla eficiente en el cumplimiento de su propósito, que no es otro que el de preparar a las personas para la vida.

El movimiento conlleva acción. Por ese motivo docentes y alumnos deben tener una actitud activa para que ese movimiento sea productivo (en términos de generación de conocimiento significativo) y eficaz en cuanto a su capacidad de dar respuesta a las nuevas necesidades que se generan con los cambios de la sociedad. Por ejemplo, en este mundo hiperconectado, donde lo digital invade todos los ámbitos (laboral, de relación con los demás, de entretenimiento,,,), ¿tiene sentido no incluir lo digital en el ámbito escolar?

En una educación en movimiento, lo ecléctico y lo transversal deben ser la clave. No existen caminos señalados hacia el éxito, ni recetas mágicas infalibles. Escoger en cada momento y situación cuál es el método y la metodología para conseguir nuestros objetivos es de obligado cumplimiento. No debemos dejarnos llevar por el inmovilismo ni por el fanatismo ciego por alguna de las "motodologías" de moda.

Si has leído bien: motodologías, que son aquellas que nos están imponiendo como si nos "vendieran la moto", es decir, sin tener constancia real de sus resultados, ni una evaluación fiable de su aplicación.

El peligro de la educación actual, y al mismo tiempo la grandeza, es que su transformación está condicionada por nuestras acciones. Estamos en un momento de retroceso en lo que se refiere a valores y políticas. La irrupción en el panorama político de partidos de ideología de extrema derecha está llevando a plantear cosas en el ámbito de la educación que nada tienen que ver con lo pedagógico, sino todo lo contrario con cuestiones ideológicas que algunos ya creíamos superadas.

En nuestras manos está, en nuestras acciones diarias, que la educación avance o retroceda. Creo que es una irresponsabilidad quedarse al margen y ver cómo van desarrollándose los acontecimientos. Luchar contra la desinformación, las fake news y la propaganda ideológica demagógica solo puede combatirse con pedagogía y responsabilidad por nuestra parte.
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