Tiritas para esta educación "partía"

domingo, 21 de mayo de 2017
Estos días, el cantante y compositor Alejandro Sanz está celebrando el 20 aniversario de uno de los discos más importantes de la música Pop en español. Una de las canciones insignia de ese disco fue Corazón partío y, como homenaje, me gustaría mostraros que la letra de esta canción refleja de manera sorprendentemente acertada la situación actual de la educación... de esa educación partía, que necesita tiritas que ayuden a cuidarla.

Por supuesto, la “interpretación” que hago de la letra es totalmente libre y nada tiene que ver con lo que pretende expresar Alejandro... pero ya veréis que es una interpretación cuanto menos curiosa:

Tiritas pa' este corazón partío.
Tiritas pa' este corazón partío.

Si sustituimos la palabra corazón por educación, esta frase expresa una realidad indiscutible: la educación está herida y necesita que la cuidemos. La educación está en un proceso de transformación que provoca una angustiosa sensación de indefinición, que hace que esté pasando por unos momentos decisivos en los que necesita del máximo cuidado por parte de todos.

Ya lo ves, que no hay dos sin tres,
que la vida va y viene y que no se detiene...
Y, ¿qué sé yo?


La vida no se detiene, va cambiando, se transforma y las personas tenemos que estar preparadas para enfrentarnos a ella. Hay que prepararse para aprender durante toda la vida, sin descaso, para ser capaces de adaptarnos a los cambios, para ser resilientes, para no quedar abandonado en los márgenes de la sociedad. ¿Qué sé yo? Refleja la incertidumbre con la que nos enfrentamos al futuro.

Pero miénteme aunque sea, dime que algo queda
entre nosotros dos, que en tu habitación
nunca sale el sol, ni existe el tiempo,
ni el dolor.


Tu habitación es tu escuela... en ella todo es artificial, todo es falso: ni pasa el tiempo, ni sale el sol. Se pretende enseñar de manera aséptica, sin dolor, sin tener en cuenta la realidad. Los alumnos deben enfrentarse a situaciones hipotéticas alejadas de sus intereses cuando podrían aprender interaccionando con lo cotidiano, planteando y solucionando situaciones reales, prestando servicios a la comunidad a la que pertenecen (aprendizaje servicio).

Llévame si quieres a perder,
a ningún destino, sin ningún porque.


Si nada cambia, si no transformamos nuestra manera de enseñar en las escuelas, el resultado será que los alumnos no llegarán a ningún destino, a ningún lugar... se perderán sin remisión en la vorágine de un mundo en continuo cambio.

Ya lo sé, que corazón que no ve
es corazón que no siente,
o corazón que te miente, amor.
Pero, sabes que en lo más profundo de mi alma
sigue aquel dolor por creer en ti,
¿qué fue de la ilusión y de lo bello que es vivir?

Para que me curaste cuando estaba herío,
si hoy me dejas de nuevo el corazón partío.


Este fragmento nos dice que, de forma involuntaria, algunos docentes que no ven ni sienten la necesidad de cambiar la educación se esfuerzan por enseñar a sus alumnos de la mejor manera posible. Pero no lo consiguen pues nos les ofrecen las herramientas y destrezas que les permitan afrontar los desafíos de la vida. La educación que les ofrecen nos les prepara para la vida (vital y laboral). Y por eso el reproche final: para qué tengo que esforzarme si tengo la certeza de que lo que me enseñan en la escuela no me va a servir para nada: me dejas de nuevo el corazón partío.

¿Quién me va a entregar sus emociones?
¿Quién me va a pedir que nunca me abandone?
¿Quién me tapará esta noche si hace frío?
¿Quién me va a curar el corazón partío?
¿Quién llenará de primaveras este enero,
y bajará la luna para que juguemos?
Dime, si tú te vas, dime, cariño mío,

¿quién me va a curar el corazón partío?

Los alumnos necesitan de docentes que les emocionen, que sientan pasión por enseñar; que les protejan y estén siempre a su lado; que les ayude a levantarse si se caen; que les ayuden a perseguir sus sueños y sus ilusiones. Tenemos que enseñarles matemáticas, ciencias, filosofía, literatura pero también a identificar y controlar sus emociones, a trabajar colaborativamente, a ser autónomos...

Dar solamente aquello que te sobra
nunca fue compartir, sino dar limosna, amor.
Si no lo sabes tú, te lo digo yo.
Después de la tormenta siempre llega la calma,
pero, sé que después de ti,
después de ti no hay nada.


Enseñar es un acto de generosidad, un acto de amor... y si no se entiende así es muy difícil conseguir que los alumnos alcancen un aprendizaje significativo y valioso para su vida. Hay que seguir peleando por transformar la educación, hay que seguir haciendo pedagogía de la nueva educación, hay que seguir poniendo tiritas a la educación partía.

Sé que esta interpretación de la letra de la canción es fruto de mi imaginación y nada tiene que ver con las intenciones del autor... pero, ¿a que no deja de ser curiosa?

En clase no hay preguntas estúpidas

domingo, 14 de mayo de 2017
"De vez en cuando tengo la suerte de enseñar en una escuela infantil o elemental. Encuentro muchos niños que son científicos natos, aunque con el asombro muy acusado y el escepticismo muy suave. Son curiosos, tienen vigor intelectual. Se les ocurren preguntas provocadoras y perspicaces. Muestran un entusiasmo enorme. Me hacen preguntas sobre detalles. No han oído hablar nunca de la idea de una pregunta estúpida." Carl Sagan

En muchos centros educativos (en la mayoría) se prepara a los alumnos para que sean capaces de responder preguntas, pero no para sean capaces de plantearlas. De hecho, en algunas aulas se comportan como si asistir a clase fuese algo parecido a participar en un concurso de televisión, donde hay que responder, lo más rápidamente posible, el mayor número de preguntas: Gana quien es capaz de responder sin equivocarse a las preguntas de un examen, sin importar si ha habido o no un aprendizaje significativo. Y pierde quien no es capaz de reproducir las respuestas... aquel que, por un motivo u otro, "pasapalabra".

En una escuela cuyo principal propósito era ser garante de la transmisión de conocimientos, esto era aceptado como válido y servía como criterio de selección de los alumnos. Pero en una escuela cuyo objetivo es formar a personas que sean capaces de cambiar el mundo, y de la que nadie puede quedar excluido, esto carece de validad y legitimación. Lo que debemos hacer es dotarles de las herramientas necesarias para que sean capaces de cuestionarse el mundo en el que vivimos.

Una educación basada en respuestas busca conseguir personas sumisas, que no se somentan al establishment imperante. En cambio, una educación basada en preguntas pretende provocar a los alumnos, busca despertar su espíritu crítico, hacerles responsables de sus actos y acciones. Perder el miedo a hacer preguntas posibilita el cambio, la creatividad, la innovación, la colaboración, la resiliencia...

La educación que lleva a las personas a cuestionarse lo establecido necesita de un tiempo más lento, un tiempo que permita la reflexión, profundizar en los contenidos y conceptos que se estudian. Una educación basada en las respuestas es mucho más acelerada y superficial. Como dice Carl Honoré: "Creo que vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir. Nuestra cultura nos inculca el miedo a perder el tiempo, pero la paradoja es que la aceleración nos hace desperdiciar la vida".

Antes de finalizar, una aclaración que seguramente no debiera ser necesaria: como en todo y para todo hay que aplicar el sentido común. Que la educación que ofrecemos a nuestros alumnos les desafíe a plantear preguntas, no quiere decir que tengamos que cuestionarlo absolutamente todo, que no tengamos que transmitir nada de lo que la humanidad ha ido aprendiendo a lo largo de la historia. Es una cuestión de actitud y predisposición a la hora de enseñar y aprender... Lo dicho: ¡sentido común!
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Educar en la esperanza y la confianza

domingo, 7 de mayo de 2017
Educar es mostrar que hay sol tras los nubarrones.
"Educar es guiar a los estudiantes en su viaje personal hacia modos más veraces de ver el mundo y de estar en él." Parker J. Palmer: El coraje de enseñar. Editorial Sirio

El mundo actual, con su inconsistencia e incertidumbre, provoca desconcierto y nos hace sentir pequeños e insignificantes porque no hay referentes estables ni objetivos claros que perseguir. Nos sentimos superados por las circunstancias y es fácil caer en la frustración y el desánimo, esto les sucede especialmente a los más jóvenes.

La falta de algo estable a lo que aferrarse tiene consecuencias negativas en nuestra manera de entender la educación y, por tanto, de entender y afrontar la vida. Por eso, la educación que ofrecemos a los niños y jóvenes debe tener como propósito ayudarles a no desencantarse ante los retos de la vida, a no empequeñecerse ante ellos, sino dotarles de las herramientas que les permitan enfrentarse con garantías de éxito. La educación debe ayudarles a buscar su "elemento" (en el sentido que propone Ken Robinson), a perseguir sus sueños... y no rendirse nunca; y no debe ser un elemento de exclusión y discriminación.

Nuestros alumnos necesitan tener la certeza de que el esfuerzo que están realizando en sus estudios tiene una incidencia significativa en sus vidas a todos los niveles: en lo intelectual, en lo emocional y en lo espiritual. Educar, en este sentido, necesita de dos elementos imprescindibles: esperanza y confianza.

Esperanza porque sin ella no hay presente ni futuro. Tener esperanza significa tener expectativas de que se van a conseguir nuestros propósitos. La esperanza es más fuerte que el miedo y nos permite perseguir nuestros sueños. La esperanza nos hace perseverantes, entusiastas y resilientes, nos da fuerzas para no caer en el desánimo ni la frustración.

Confianza porque hay una correlación elevada entre ella y el aprendizaje. Cuando se tiene confianza en uno mismo y cuando se recibe la confianza de los demás en nuestras posibilidades es más fácil encontrar la forma de alcanzar nuestros objetivos. La falta de confianza es el primer paso para fracasar, en cambio, si hay confianza el error es un paso más hacia el éxito.

Este tipo de educación basada en la esperanza y en la confianza solo es posible en una escuela inclusiva y no selectiva, que no excluye a nadie.
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¿Tienen los alumnos el "deber" de aprender en la escuela?

domingo, 30 de abril de 2017
Photo credit: Kate Ter Haar. 
"Es necesario aprender lo que necesitamos y no únicamente lo que queremos." Paulo Coelho

Vivimos en un mundo tan complejo, en el que hay tanta información y cambios constantes, que ir a la escuela es un derecho, pero aprender en ella es un deber. O como he dicho en otras ocasiones: no hay que ir a la escuela, hay que vivirla (ver post).

Hay una creciente tendencia a evitar reconocer que los niños tienen deberes, seguramente por sobreprotección, y no solamente derechos. Pero aceptar que los alumnos tienen el "deber" de ir a la escuela no debería ser algo que nos incomodara, sobre todo si lo que hacen en la escuela es aprender y adquirir las habilidades, las destrezas, los conocimientos... que les permitirán afrontar el presente y el futuro con garantía de éxito. La cosa cambia cuando en la escuela se prioriza "aprobar" por encima de "aprender".

Se atribuye a Jean Paul Sartre una frase que, a mi entender, ofrece una idea clara de lo que debería ser la escuela para los alumnos: "Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace." Los alumnos no deben hacer solo lo que ellos quieren o les gusta, pero los docentes tienen la obligación de hacerles querer lo que hacen. No es lícito pretender que quieran hacer algo a lo que no le encuentran ningún sentido, ni valor, ni utilidad. No podemos olvidar que el deber se convierte en motivación solo cuando se aprende a amarlo... y despertar el deseo de aprender es tarea de los docentes (y las familias, por supuesto).

Para que esto se produzca es necesario que la escuela acepte con normalidad que ya no es el garante único de la transmisión del conocimiento (aunque sigue teniendo un lugar preponderante), que existen otros medios también eficaces para ello. Esa facilidad de acceso a la información debe convertirse en una ventaja para la escuela, una de sus nuevas funciones debe ser la de enseñar a discriminar y valorar la información relevante.

Eso implica que los docentes deben aprender a enseñar de otra forma y a enseñar otras cosas que no solo los contenidos de las disciplinas académicas: tolerancia a la frustración, trabajo colaborativo, creatividad... Y, aunque a muchos les cueste entenderlo, esto no va en detrimento de los conceptos propios de las materias, sino que es un complemento necesario. Muchos docentes idealizan la educación del pasado ante la incertidumbre que provoca un futuro incierto. El cambio, lo nuevo, lo desconocido obligan a salir de la zona de confort y eso suele provocar rechazo, miedo e inseguridad.

Que ir a la escuela sea un "deber" para los estudiantes, no debería estar reñido con que sea un "gozo". Sabemos que cuando más y mejor se aprende es cuando nos emocionamos, cuando el aprendizaje es significativo. Para que esto sea posible no existe ninguna receta, ni ninguna fórmula mágica. Si conseguimos conectar lo que se enseña en las escuela con los "intereses" de los alumnos, conseguiremos personalizar el aprendizaje. Ahí está la clave para mejorar la educación que ofrecemos en nuestros centros de enseñanza.
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La educación que deja huella (y no cicatrices)

domingo, 23 de abril de 2017
"Las buenas prácticas educativas dejan huella en las personas, dejan la impronta necesaria para que podamos desarrollarnos de forma autónoma a lo largo de nuestra vida. En cambio, las malas prácticas educativas dejan cicatrices que impiden que alcancemos nuestra máxima plenitud, limitándonos e impidiéndonos que seamos capaces de adaptarnos a situaciones cambiantes."

Este párrafo es el que da pie al título de mi primer libro La educación que deja huella (y no cicatrices), publicado por Ediciones deFabula (@EdDeFabula) y que fue presentado el pasado día 20 en Barcelona.


Con ilustraciones de @javigaar y prólogo de mi admirado y amigo Manu Velasco (@Manu_Velasco), a los que no tengo palabras para agradecer sus aportaciones, el libro es, en buena parte, el resultado de casi cinco años de publicaciones en este blog.

Ha sido un ejercicio de sistematización, de ordenación, que necesitaba llevar a cabo, ya que tenía la sensación de tener muchas cosas publicadas pero muy dispersas. Quería darle coherencia y unificación a todas las reflexiones que iba haciendo de forma aislada cada semana... ¡Espero haberlo conseguido!

Por eso, hoy que es el Día Internacional del Libro quería aprovechar para dar las gracias a todos los que cada semana os pasáis por aquí, a los que comentáis lo que escribo (ya sea para mostrar vuestro desacuerdo o para expresar vuestra conformidad), a los que lo compartís en las redes sociales, a los que los difundís en vuestros blogs o entre vuestros contacto y, por supuesto, a los que me acompañasteis en la presentación del libro. A todos. ¡gracias! Este libro también es un poco vuestro.




Si leéis el libro y queréis comentar alguna cosa, podéis utilizar los hastag #eduhuella. #eduhuelladefabula, #eduhuellasalvaroj. Estaré encantado de conocer vuestras opiniones.


¡Feliz Día Internacional del Libro!
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El docente es un facilitador, no un expositor

domingo, 9 de abril de 2017
Si buscar en imágenes de Google la palabra profesor, las fotografías que aparecen de forma mayoritaria es un hombre (muchos con corbata) o una mujer, en actitud de estar dando una lección, con una pizarra verde de las de toda la vida como fondo. Y esa es la imagen mayoritaria que se tiene de los docentes.

Que la gente en general tenga esa imagen del profesor, tiene una justificación, ya que la imagen del profesor dando una clase magistral es la que han vivido.

El problema aparece cuando son los propios docentes los que se ven así. Permitidme que os explique una anécdota: el otro día, asistí a la presentación de una experiencia educativa bastante innovadora en la que un profesor explicaba que había dejado de explicar los temas a sus alumnos, sino que eran ellos los que, a través de vídeos, adquirían la información y él les guiaba, les planteaba actividades y les solucionaba dudas. Bien, pues al acabar el acto, una profesora de ESO me comentó que ese profesor no explicaba a sus alumnos porque no dominaba la asignatura... ¡Esa mujer no había entendido nada de lo que nos habían explicado!

Es evidente que para enseñar es necesario un buen conocimiento de la materia (o materias o proyectos...) que se imparte. Pero hay otras muchas condiciones tan o más necesarias: el conocimiento de los estudiantes, el conocimiento de cómo se enseña y el conocimiento del contexto en el que se enseña.

Que alguien sea un buen profesor no viene dado exclusivamente por su nivel de conocimiento de una materia, porque el propósito de la docencia no es que él sepa, sino que sepa transmitir el saber a sus alumnos. Para ello es necesario tener recursos didácticos para afrontar las distintas situaciones de aprendizaje que se plantean en el aula.

Hay un refrán popular que, como todos ellos, concentra un saber muy profundo: Del mal maestro no sale discípulo diestro. Todos estaremos de acuerdo en afirmar que para tener una educación de calidad es necesario tener buenos docentes... y el buen profesor es el que consigue que sus alumnos aprendan.
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¿Cómo explicar a un alumno que lo que hace en la escuela es importante?

domingo, 2 de abril de 2017
"Todos lo sabemos: una hora de clase puede cambiar una vida, dar al destino otra dimensión, consagrar para siempre lo que sólo estaba débilmente esbozado." Massimo Recalcati

Nadie sabe con certeza cómo será la educación del futuro, pero reflexionar sobre ello nos ayuda a mejorar la educación del presente. Esta es la que, en realidad, debe importarnos.

Aún hoy hay quien piensa que esto no es arte.
De manera análoga, hay quien piensa
que la Nueva Educación, ni es nueva ni es educación.
El presente de la educación está en plena convulsión, entre otros motivos, por la irrupción de tecnologías que ofrecen un abanico de posibilidades impensables hasta hace muy poco. El mundo digital está cambiando la educación del mismo modo que, en el siglo XIX, la aparición de la fotografía cambió el mundo de la pintura.

El paso del tiempo ha demostrado que la fotografía no acabó con la pintura sino que le abrió un nuevo campo de posibilidades, transformándola hasta convertirla en algo muy distinto de lo que había sido hasta ese momento. Y es que los avances tecnológicos transforman lo más profundo de las comunidades humanas: sus valores.

En este momento de profundos cambios, los que nos dedicamos a la apasionante y compleja tarea de educar sabemos que "una hora de clase" puede cambiar una vida. Pero, ¿lo saben nuestros alumnos? ¿Qué percepción tienen sobre lo que deben aprender en la escuela?

Creo que todos estamos de acuerdo en aceptar que los alumnos que piensan que lo que aprenden en la escuela les es útil para su vida, están más motivados y desempeñan mejor su labor académica. El problema surge cuando esa percepción de utilidad se identifica con aprobar, más allá de la calidad del aprendizaje. Esta situación queda perfectamente reflejada en el conocido refrán: Pan para hoy, y hambre para mañana.

Los educadores tenemos la obligación (más allá de que también es labor de la familia) de transmitir a los estudiantes el deseo de aprender, de generar en ellos curiosidad por el conocimiento. Esto se consigue desafiándolos, retándolos, no poniéndoles las cosas demasiado fáciles, permitiendo que experimenten sin que penalicemos el error. También se consigue facilitando que trabajen colaborativamente, educando sus emociones, potenciando sus capacidades comunicativas...

Lo que los alumnos aprenden en la escuela deben ser cosas realmente significativas para ellos e imprescindibles para cualquier persona. El problema es que los actuales currículos educativos ya no cumplen con esa función pero siguen siendo el referente de los aprendizajes escolares.

Para que los alumnos valores la utilidad de la educación que reciben en la escuela, hay que mostrarles el sentido y el valor personal de lo que aprenden: eso es personalizar el aprendizaje.
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La educación está cambiando: ¿estamos preparados?

domingo, 26 de marzo de 2017
"Lo que hace que una clase sea una buena clase no es que en ella se aprendan fechas y datos, sino que se establezca un diálogo constante, una confrontación de opiniones, una discusión sobre lo que se aprende en la escuela y lo que ocurre fuera de ella." Umberto Eco

Da igual si eres docente, alumno, padre, madre, pedagogo, director de escuela, orientador...: ¿Estás realmente preparado/a para aceptar y asumir los cambios que se están produciendo en el mundo de la educación?

Porque es un hecho indiscutible que la educación está cambiando. Queramos o no, nos guste o no, nos parezca bien o no... la transformación del paradigma educativo vigente es una realidad. Es algo que podemos ver en el día a día, pero también en las jornadas y congresos educativos.

En el último mes he asistido a dos grandes eventos sobre educación. El primero organizado por WISE y el Banco de Santander tenía como tema Imaginando el futuro de la educación. El segundo evento fue el ITworldEdu, al que puede asistir invitado por @educaixa, que tenía como tema Transformando la escuela. Los temas que se trataron en ambos eventos nos muestran sin discusión que estamos en un proceso de transformación imparable.

¿Cuáles son esas cosas que están cambiando?

- La primera de ellas es la personalización del aprendizaje con la ayuda de la tecnología digital. La transversalidad de los contenidos que se enseñan en las aulas y su conexión con lo que los alumnos aprenden fuera de ella.

-La aplicación de metodologías que según los principios de la neurodidáctica mejoran los procesos de enseñanza aprendizaje, que requieren de una participación activa y responsable de los alumnos. Se ha demostrado la inoperancia de las clases magistrales y las bondades del ABP (aprendizaje basado en proyectos), del trabajo colaborativo, de la identificación y control de las emociones, del Flipped Classroom, la gamificación...

-La creatividad como motor del aprendizaje. En el mundo actual tenemos que formar a personas capaces de dar respuestas nuevas, disruptivas, diferentes a los retos y desafíos que el futuro nos deparará.

Está cambiando la función misma de la escuela. Antes la escuela debía asegurar el acceso al conocimiento mínimo indispensable a todas las personas. Ahora el acceso a ese conocimiento se ha facilitado enormemente y la función de la escuela es, según autores como Marc Prensky, hacer un mundo mejor.

Pero la mejor prueba de que la escuela está cambiando es el trabajo diario de miles de profesores que demuestran que otra educación no solo es posible, sino que es una realidad que mejora el aprendizaje de los alumnos al hacerlos participar de su construcción, al motivarlos al despertar su curiosidad y al empujarlos a que sean ellos los que se enfrenten a retos donde tengan que elaborar cosas, resolver problemas que tengan incidencia en el mundo real y no se queden solo en el plano de la teoría.

La educación está cambiando y ahora eres tú quien debe decidir qué actitud tomar ante esta situación: ¿me subo al carro y me adapto porque mejora mi labor como educador o me lamento de forma trágica porque estos cambios me obligan a salir de mi zona de confort?
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Profe: aprendo contigo, aprendo de ti... y aprendo conmigo mismo

domingo, 19 de marzo de 2017
En su discurso de aceptación del título de doctor honoris causa por la Universidad Pompeu Fabra, Miquel Barceló, el genial pintor mallorquín, explicó una anécdota que me parece muy significativa para entender cómo se produce el aprendizaje en el ámbito escolar.

Barceló cuenta que asistió durante tan solo unas semanas a la Escuela de Bellas Artes de Barcelona y que, al cabo de unos años, se reencontró con el que había sido director de esta escuela cuando él era alumno. El director le manifestó con entusiasmo que había sido el mejor alumno que había pasado por el centro. Barceló, con cierta sorpresa, le dijo: "Caramba, debe saber que yo asistí a la escuela tan solo un mes"; a lo que el director le respondió: "Es igual, aprovechó usted muy bien el tiempo".


No siempre es posible aprender uno mismo.
A veces necesito aprender contigo y de ti.
Esta anécdota nos muestra que, en la escuela, la transmisión de conocimiento directo o reproductivo por parte del docente al alumno no es la única, ni tan siquiera la función principal, y que la transmisión indirecta o inductiva del conocimiento debe tener más importancia.

Lo cierto es que ni el docente debe "enseñarlo" todo, como si el alumno fuera un recipiente vacío al que hay que llenar; ni este debe "descubrirlo" siempre todo, porque de esta forma sería difícil progresar al repetir eternamente procesos innecesarios. Decidir qué y cómo enseñar es, posiblemente, la tarea más importante del docente.

Buscar el equilibrio entre los diferentes estilos de enseñanza y de aprendizaje es una tarea imprescindible en nuestras escuelas. Para ello, la mayoría de las veces solo es necesario aplicar el sentido común. Hay distintas y variadas formas de enseñar y de aprender, lo que hace necesario conocer nuestro perfil docente y el perfil de inteligencias múltiples de nuestros alumnos y alumnas para así plantear estrategias que faciliten nuestra labor y para compensar aquellos aspectos en los que tenemos mayores deficiencias.

No debemos olvidar nunca que un maestro, que un profesor, no solo "informa", sino que además "forma". Esto condiciona necesariamente la relación que se establece entre docente y alumno. La figura del docente es necesaria para educar a los alumnos, aunque estos tengan un alto grado de autonomía. Por este motivo, el e-learning, por ejemplo, es un complemento muy valioso para la labor docente, pero nunca puede sustituirla del todo.

También es importante tener siempre presente que tanto enseñar como aprender requieren de un esfuerzo. Ni se aprende ni se enseña por "ciencia infusa", sin trabajo. Si alguien no lo ve así, tiene un grave problema para cumplir con su cometido. La cuestión es saber vestir ese esfuerzo para que sea gozoso y no estresante con los elementos adecuados: motivación, interés, curiosidad, asombro, creatividad, disrupción, colaboración, inclusión...

Quien piense que enseñar y aprender tiene que ser siempre sacrificado y doloroso, le hace un flaco favor a la Educación; pero lo mismo sucede con quien piense que se aprende sin esfuerzo.
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Aprender durante toda la vida no es una opción, es una obligación

domingo, 12 de marzo de 2017
"[Nuestra educación] adolece de una enorme carencia en lo que atañe a una necesidad primordial del vivir: equivocarse y engañarse lo menos posible, reconocer fuentes y causas de nuestros errores e ilusiones, buscar en toda ocasión el conocimiento más pertinente posible." Edgar Morin


Lo peor que le puede pasar a una persona, sea en su vida cotidiana o en su vida laboral, es pensar que ya lo sabe todo, que ya no tiene nada que aprender.

Hoy en día, aprender durante toda la vida no es una opción, es una obligación. Nadie sabe cómo será el futuro, pues el mundo cambia cada vez más y más deprisa, por lo que debemos estar preparados para enfrentarnos a él. Y no hay mejor manera de prepararse para los retos que han de venir que prepararse día a día para afrontar el presente.

Por eso hay que cambiar nuestra forma de enseñar en las escuelas. Hay que preparar a los niños y jóvenes para que vivan el presente, no para lo que serán en el futuro. Hay que enseñarles a equivocarse lo menos posible, por lo que no podemos castigarles o sancionarles por errar, sino que debemos darles las herramientas para que lo hagan lo menos posible.

Analizar y evaluar nuestros actos y sus consecuencias es una labor que debe enseñarse desde la escuela. Debemos aprender que nuestras acciones conllevan unas consecuencias. Por ello, no solo es importante aprender contenidos de las materias curriculares, sino que debemos aprender a utilizar las herramientas no cognitivas que nos permitan dar respuesta a los desafíos.

La escuela nos enseña sin tener en cuenta los problemas que plantea el vivir, como si el conocimiento y el saber estuvieran desvinculados de la vida real. ¡Qué gran error! En la escuela debemos preparar la vida en todos sus ámbitos: aprender a conocer, a ser, a hacer y a convivir. Y eso, no es una opción, es una obligación.

En muchas ocasiones pienso que no hacemos esto en nuestras escuelas porque la educación actual carece de poesía... porque deja de lado la vertiente humana, aquello que tiene que ver con lo más íntimo de las personas, con las emociones. En realidad, es nuestro mundo el que no tiene poesía, el que obliga a la escuela a preparar a los jóvenes para la empleabilidad y para que sirvan para el progreso económico. Pero la realidad es que la escuela debe preparar para la vida, para desarrollar su potencial al máximo.

La realidad es que la escuela actual está envuelta en un huracán. Las escuelas que funcionan son las que están inmersas en el ojo de huracán, donde todo está en calma. Pero el resto están siendo sacudidas por los fuertes vientos de cambio que azotan nuestro mundo. Para conseguir salir del huracán, estas escuelas deben entender que hay que preparar a los niños y jóvenes para que sean capaces de aprender autónomamente durante toda su vida.
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Maestro no estás solo: educar es cosa de todos

domingo, 5 de marzo de 2017

Ya es hora de revertir la afirmación de Recalcati que encabeza este post: hay que acabar con la soledad del maestro. Pero esta es una tarea tan necesaria como complicada.

Decía César Bona (@cccesssarrr) en una entrevista que "es un error pensar que en casa se educa y en la escuela se enseña". No puedo estar más de acuerdo con él, hace tiempo que esa afirmación es errónea. En el mundo actual la transmisión de conocimiento está directamente vinculada con la transmisión de valores, emociones...

Creo que es importante no perder de vista que si el papel del maestro se limita exclusivamente a la transmisión del conocimiento propio de las distintas asignaturas, la docencia será una de las muchas profesiones en las que los robots sustituyan a las personas. Y eso sucederá en un futuro inmediato.

Necesitamos que familia y escuela remen en la misma dirección. De nada sirve que en el hogar se digan y se hagan unas cosas, se transmitan unos valores, y en el aula se digan y hagan cosas distintas. Educar es una tarea colectiva, una labor social. El maestro que pretenda enseñar en la soledad de su aula, no podrá cumplir con su función. Se acabaron las puertas cerradas en las aulas.

En una sociedad donde el conocimiento está siempre disponible, donde Google se ha convertido en el depositario del saber y lo ha convertido en algo fácilmente accesible, la propensión a intentar adquirirlo sin esfuerzo es muy fuerte, genera lo que Massimo Recalcati llama "anorexia mental". La labor del maestro debe ser luchar contra ella. El conocimiento solo puede adquirirse con esfuerzo (no confundir con sacrificio y angustia).

Ya no podemos permitirnos educar en soledad, la soledad en educación es cosa del pasado. El saber compartido se amplifica, la experiencia educativa compartida, también. Por tanto, el acto de educar debe ser horizontal (todos debemos participar con responsabilidad) y no vertical (traspasar el conocimiento del maestro al aprendiz).

En conclusión, educar en el mundo actual tiene estas características:

1. Perder el miedo a compartir. De hecho, hay que compartir siempre.

2. No existe un único espacio donde educar, se educa en todo tiempo y lugar.

3. No hay transmisión de conocimiento sin valores, no hay valores sin conocimiento.

4. Hay que preparar para el presente, dotar de las herramientas que permitan vivir el ahora, para poder afrontar el futuro con garantías de éxito.
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No solo hay que educar distinto, hay que educar mejor

domingo, 26 de febrero de 2017
"Lo que se le dé a los niños, los niños darán a la sociedad." Karl Menninger

El mundo de la educación está lleno de buenas intenciones, pero nos juzgan por nuestros resultados no por nuestros propósitos, aunque a veces parece que lo olvidemos. Es por ello que no solo debemos educar de una manera distinta a como se ha hecho tradicionalmente, sino mejor.

Las dificultades ante las que nos enfrentamos para educar mejor, es decir, para dotar a las personas de las herramientas que les permitan tener un aprendizaje autónomo y perdurable en el tiempo, son múltiples y variadas. La primera de ellas tiene que ver con la gran cantidad de contenidos innecesarios, inútiles, obsoletos y desfasados que pretendemos enseñarles.

No somos conscientes de los tratos que llegamos a acumular en nuestras casas, en nuestros trasteros guardados en cajas sin clasificar, hasta que tenemos que organizar una mudanza o tenemos que hacer una limpieza a fondo por obras o algo parecido. Guardamos todas esas cosas porque les tenemos afecto, por si acaso algún día las necesitamos (cosa que nunca sucede)... en general, nos cuesta despegarnos de nuestraspropiedades. Pues algo parecido ocurre con los contenidos que se establecen en el currículo y que nos "obligan" a enseñar en la escuela. Son contenidos que han ido acumulándose con el paso del tiempo, se han ido añadiendo nuevos, pero no se han desechado los que han quedado desfasados.

También sucede lo mismo con nuestra forma de enseñar, con nuestra práctica educativa. Incluso aquellos que innovan de forma evidente suelen conservar maneras de hacer que proceden de metodologías obsoletas.

Por todo ello, propongo que de tanto en tanto, dediquemos un tiempo para hacer limpieza, para reflexionar y detectar qué enseñamos que ya no tenga sentido y cómo lo hacemos.

También es interesante saber ordenar, clasificar todo lo que hacemos en cajas diferentes. con sus etiquetas, que nos permitan acceder a ello de manera más fácil. Solo así seremos conscientes de que son cosas útiles, que cumplen con un objetivo o no.

Otra de las grandes dificultades a la que nos enfrentamos a la hora de educar mejor es el reparo que tenemos a evaluar y ser evaluados, y nuestra arraigada costumbre utilizar para ello casi exclusivamente exámenes. El propósito de la evaluación es detectar si estamos consiguiendo nuestros objetivos o no, e identificar qué tenemos que cambiar para conseguirlo. Para ello no solo tenemos que evaluar si se adquieren o no ciertos contenidos, sino el proceso como se llega a ellos. Hay que evaluar también las destrezas, habilidades y el grado de competencia que tenemos. La evaluación no debe tener como objetivo premiar, castigar o clasificar sino dirigir nuestra práctica educativa. Para saber si no solo educo de forma diferente, sino mejor, necesito evaluar constantemente lo que hago.

Por tanto, adelgazar de manera coherente el currículo y perder el miedo a evaluar y a ser evaluados de una manera constante y no puntual son dos de las cosas que nos permitirán educar mejor. Vamos a ello.
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ABSC: Aprendizaje Basado en el Sentido Común

domingo, 19 de febrero de 2017

En el mundo actual estamos viviendo tiempos de aparición continua y casi descontrolada de múltiples metodologías didácticas "emergentes": ABP (Aprendizaje Basado en Proyectos), Flipped Learning, Inteligencias múltiples, Aprendizaje servicio, Aprendizaje cooperativo... Cada poco tiempo aparece una metodología nueva que pretende solucionar todos los problemas de la educación.

Por este motivo creo que ha llegado el momento de reivindicar y defender las bondades de una metodología que, a pesar de su probada eficacia y sencillez en la aplicación, brilla por su ausencia en la mayoría de nuestras escuelas: el ABSC o el Aprendizaje Basado en el Sentido Común.

De hecho, el ABSC es la herramienta que debe permitir a los docentes aplicar con sentido y funcionalidad cualquier otra metodología. En función de mi entorno, de mi centro, de mis alumnos, de mis circunstancias... y de lo que quiero conseguir en cada momento, el ABSC nos permite escoger qué metodología o metodologías son las más adecuadas.

El sentido común nos permite entender que es más importante aprender que aprobar, que tan importante como el conocimiento es la gestión de las emociones, que se aprende más colaborando que compitiendo, que se puede disfrutar del aprendizaje, que la escuela debe preparar para la vida en un sentido amplio... Y para conseguir todo esto debemos aplicar en cada momento y con el máximo criterio la manera más adecuada de enseñar.

La calidad de la educación tiene que ver con una evaluación constante de la experiencia docente y con una revisión continua de nuestros conocimientos didácticos, con una actitud abierta y alejada de cuestiones preconcebidas y una búsqueda permanente de las necesidades de nuestros alumnos. Para conseguirlo hay que aplicar, sin duda, el sentido común, cosa que no es fácil, pero que es absolutamente necesaria.
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¿Por qué hemos desterrado la imaginación de la práctica educativa?

domingo, 12 de febrero de 2017
"La creatividad necesita la inspiración de la imaginación, es su sustrato básico, es el alimento que lleva a materializar los sueños." Marta Ligoiz

Hablar de la importancia que le otorgamos a la imaginación en la educación actual es como intentar escribir un cuento con un bolígrafo sin tinta, es decir, una tarea inútil porque no quedará nada escrito en el papel. La imaginación no tiene valor alguno en la práctica educativa de nuestros centros de enseñanza.

La imaginación es progresivamente desterrada y denostada en las escuelas. Durante los primeros años de escolarización se potencia en los niños pero, conforme pasan los cursos, la imaginación va desapareciendo de las aulas, hasta el punto de estar muy mal vista por la mayoría de los docentes de enseñanza media y superior. Ser imaginativo suele ser considerado como un defecto y no como una virtud.

Pero, en educación, la imaginación ha de servir para comprender mejor la realidad, no para evadirse de ella. La imaginación es necesaria para romper las limitaciones de la sensatez y la cordura, para romper las limitaciones de lo previsible y lo establecido. Por ello, es tan necesaria y aplicable en la solución de un teorema matemático como en la creación de un poema, como en un debate en el aula, etc.

No se trata de vivir permanentemente entre ogros, duendes y seres fantásticos... se trata de tener la facultad, la habilidad de enfrentarse a los problemas sin estar limitado por el corsé de lo presumible. En este sentido, Gianni Rodari dijo que: "Si queremos enseñar a pensar, debemos antes enseñar a inventar". En la escuela se enseña a imitar, a obedecer, a memorizar el saber establecido; cuando debería enseñarse a crear, a reflexionar, a preguntar, a cuestionar el saber establecido para mejorar el mundo en el que vivimos.

Las personas imaginativas son más curiosas, son más observadoras, escuchan más atentamente y miran más profundamente las cosas que les rodean. Y esas son virtudes y habilidades fundamentales para las personas.

Potenciar la imaginación en nuestra práctica educativa es dar alas al conocimiento, pero a un conocimiento creativo, crítico, significativo. En verdad, la racionalidad no está reñida con la imaginación, más bien al contrario, se complementan. Sin imaginación, la educación solo puede ser reproductiva... y eso no es lo que pretendemos cuando educamos a las personas del siglo XXI.
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El riesgo de no arriesgar en educación

domingo, 5 de febrero de 2017
"En un mundo que cambia rápido, la única estrategia que tiene garantizado fracasar es no tomar riesgos." Mark Zuckerberg

En la escuela solemos relacionar el riesgo con el fracaso, y no hay error más grande ni nada es más contrario a la esencia de la educación.

Educar es un diálogo abierto y permanente, un proceso que tiene como objetivo dotar a las personas de los conocimientos, las habilidades y las destrezas que les permitan aprender autónomamente durante toda su vida y así adaptarse, con espíritu crítico y creativo, a las exigencias de un mundo cambiante... y para conseguirlo es necesario asumir riesgos, que lejos de conducirnos al "fracaso" nos deben acercar cada vez más al "éxito".

La escuela no debe ser un freno a la autonomía
y la creatividad de los alumnos.
"Pruébalo, inténtalo... no tengas miedo a equivocarte" debería ser una de las frases más escuchadas en nuestras aulas. En cambio, solemos escuchar: "Esto se hace así", "¿Puedes repetir lo que acabo de decir?", "El resultado es correcto, pero no lo has hecho como debe hacerse, como yo he explicado". Los alumnos deben aprender por motivación, no por intimidación o coacción. Por este motivo, el docente en el aula debe dejar de ser un dictador, en los dos sentidos de la palabra: no debe exigir obediencia ciega e incondicional y no debe "dictar su conocimiento" para que el alumno "lo copie".

La escuela debe ser un desafio constante para los alumnos (y para los docentes), debe suponer un reto. No podemos (ni debemos) dárselo todo hecho. Cuando las cosas son demasiado fáciles, cuando no necesitan de la implicación y de la responsabilidad de los alumnos, no hay aprendizaje significativo, ni progreso posible. El aprendizaje que adquieren es fingido, es decir, no tiene permanencia en nuestra memoria ni modifica su comportamiento ni sus actos.

A los alumnos se les debe educar para que sean capaces de hacer preguntas más que dar respuestas, para que sean capaces de plantear y resolver problemas, para que sean capaces de construir y de crear cosas. Se les debe educar para que sean responsables de su propio aprendizaje, no para que sean capaces de repetir lo que el profesor les transmite.

Es habitual escuchar a personas adultas decir que, en su trabajo o en la vida, se sienten  como si estuvieran siendo permanentemente examinadas. En realidad, lo que sucede es que deben enfrentarse constantemente a situaciones problemáticas y cambiantes a las que tienen que adaptarse. La vida es así, y la escuela debe asumir el riesgo de prepararnos para ello.
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Educar en la fascinación, no en la frustración

domingo, 29 de enero de 2017
"Las investigaciones en neurociencia y educación demuestran que el proceso de aprendizaje es mucho más efectivo y rico cuando combinamos calidez humana, emociones, buen ánimo, cooperación y elementos sorpresa." Marta Ligioiz en Neuromitos en educación


Crédito imagen: ©Quino
¿Por qué la escuela tiene que ser aburrida y frustrante cuando podría y debería ser fascinante?

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la palabra fascinación tiene dos significados distintos, contrapuestos, que nos pueden ayudar a entender cómo es y cómo debería de ser la educación: 1. Engaño o alucinación. 2. Atracción irresistible.

Tradicionalmente (y siempre teniendo en cuenta de que ha habido y hay excepciones), la educación ha sido "fascinante" según la primera acepción de la palabra. Es decir, se ha basado en el engaño de que la escuela debe seleccionar a los mejores, en la farsa de que aprobar es siempre lo mismo que aprender, en la falacia de que "la letra con sangre entra", en la mentira de que un examen sirve para evaluar el aprendizaje. En realidad, la educación que se ofrece en nuestras escuelas debería ser "fascinante" según la segunda acepción porque debería provocar una atracción irresistible en los alumnos.


© Nicolás Pérez, Wikimedia Commons, License CreativeCommons
Para entender mejor lo que hemos explicado, imaginemos que la escuela es un pavo real. Para la mayoría de nuestros alumnos la escuela es como un pavo real que no tiene desplegada su cola, por lo que no le parece atractiva, no capta su atención, no le resulta motivadora.

En cambio, la escuela debería ser siempre como un pavo real mostrando las plumas multicolores de su cola, es decir, debería ser atractiva, interesante y motivadora para los alumnos.

Lo memorístico, lo repetitivo, lo mecánico, lo monótono... no resulta nunca fascinante. Lo significativo, lo sorprendente, lo novedoso, lo creativo, sí.
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Los niños no son tontos: un "descubrimiento" que cambiará la educación

domingo, 22 de enero de 2017
"Todas las personas mayores fueron al principio niños, aunque pocos de ellos lo recuerdan." Antoine de Saint-Exupéry

¡Qué gran descubrimiento para el mundo educativo! Tras arduas investigaciones (leer este párrafo en modo "sarcasmo") hemos averiguado, al fin, que nuestros niños y niñas ni son tan tontos ni tan dependientes ni tan irresponsables como creíamos.

Y esto supone un grave problema porque la educación que les ofrecemos, en casa y en la escuela, está basada en este falso supuesto, con lo que nos vemos obligados a replantear nuestra forma de educar.

La primera consecuencia es que debemos dejar de educar a los niños para el futuro, para el adulto que serán, y debemos empezar a educarlos para el presente, para la persona que son. Nuestra forma de enseñar se basa erróneamente en que los niños son seres incompletos, imperfectos, que deben tomar forma para convertirse en hombres y mujeres de provecho. La infancia es una etapa de la vida que tiene valor por sí misma, no es solo un periodo de tránsito.

Hay que dejar de sobreproteger a los niños, de darles todo hecho, de hacerles las cosas demasiado fáciles. Hay que proponerles desafíos y retos a los que deban enfrentarse con autonomía. Hay que permitir que experimenten, que se equivoquen, que se levanten cuando hayan caído... hay que educarles para que participen de manera activa y responsable de su aprendizaje en la vida. Solo así serán adultos creativos, con capacidad de tolerar la frustración, tendrán espíritu crítico e iniciativa para emprender proyectos vitales que les permitan ser felices en la vida. 

Antoine de Saint-Exupéry escribió también que "Los niños han de tener mucha tolerancia con los adultos" porque, aunque los educan como si fuesen incapaces de hacer nada por sí mismos, lo hacen con la mejor de las intenciones. Lo malo es que, aun haciéndolo con la mejor de las intenciones, el daño que se les hace repercute para toda su vida.

Los niños y las niñas no son tontos, nos lo demuestran cada día, aunque no parece que nos demos cuenta. Por eso hay que dejar de llevarles siempre de la mano para que no se pierdan y hay que empezar a enseñarles a que, como Pulgarcito, dejen pistas por el camino para que puedan regresar por ellos mismos. Hay que dejar de educar a los niños como si fueran incapaces de hacer nada por sí mismos, para que puedan ser creadores de su propio conocimiento y responsables de sus actos presentes y futuros.
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Todo el mundo sabe de educación

domingo, 15 de enero de 2017

"El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona." Aristóteles

Tener en casa un ordenador y usarlo como usuario, no me convierte en informático. Que una vez, ante los primeros síntomas de un resfriado decidiera tomarme un analgésico y remitieran los síntomas, no me convierte en médico. Tener mi dinero en un banco y buscar que me dé el máximo rendimiento, no me convierte en economista. Peinarme todos los días antes de salir de casa, no me convierte en peluquero...

Entonces, ¿por qué todo el mundo cree saber sobre educación por el simple hecho de haber ido a la escuela?

Quizás esta sea la causa del desprestigio que estamos sufriendo los profesionales de la educación. Aquellos que hemos dedicado buena parte de nuestra vida a estudiar todo lo que nos permite conocer cuál es la mejor de transmitir conocimientos, saberes, valores, habilidades, destrezas somos continuamente cuestionados sobre nuestra manera de educar, por personas que creen saber más que nosotros sin más argumento que el hecho de que ahora se pretende enseñar de manera distinta a como ellos fueron enseñados.

Es habitual que nos tachen de charlatanes, vendehúmos, ignorantes, embaucadores y otras faltas de respeto parecidas, que en ocasiones incluso provienen de personas de están en cargos públicos de alto nivel. Se desprecia nuestra forma de entender la práctica educativa, aunque esté basada en teorías, investigaciones y experiencias contrastadas.

La educación es mucho más que la memorización de datos, fechas y definiciones. A aquellos que dicen que los niños de ahora "no saben nada" les preguntaría de qué les ha servido en la vida conocer de carrerilla la lista de los reyes godos, o cualquier otra lista que les hacían aprender.

La educación debe aportar mucho más y debe servir para compensar las desigualdades sociales; la equidad es uno de sus principales propósitos. La educación debe servir para transmitir el conocimiento y la cultura conocidos, pero también para transformarlos y mejorarlos. Para ello debe dotar de las herramientas que permitan un aprendizaje permanente y autónomo que nos permitan desarrollar todo nuestro potencial como seres humanos. Y eso no se hace simplemente obligando a los alumnos a recibir pasivamente unos conocimientos... hay que hacer que ellos mismos sean capaces de construirlos y saber qué hacer con ellos.

Para finalizar, me gustaría hacer un poco de autocrítica. No ayuda nada a cambiar ese concepto negativo del que hemos hablado el hecho de que exista tanto "papanatismo tenoeducativo", Se ofrecen continuamente soluciones mágicas y recetas milagrosas a los problemas de la educación sin antes realizar un trabajo previo de fundamentación y una posterior evaluación de los resultados. En demasiadas ocasiones, se innova por el hecho simple hecho de demostrar que soy un educador "moderno" y eso es narcisismo educativo. Esa forma de hacer las cosas no ayuda a que recuperemos nuestro prestigio.

Si los arquitectos construyen edificios, los médicos curan enfermedades, los fontaneros reparan tuberías, los jueces se encargan de aplicar las leyes... confiemos en docentes y pedagogos para que enseñen.
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Decálogo para tener éxito educativo

domingo, 8 de enero de 2017
Todos sabemos que, en educación, no existen recetas mágicas e infalibles para alcanzar el éxito. El problema se agrava cuando ni siquiera somos capaces de ponernos de acuerdo en lo que es el "éxito educativo".

Aunque tengo la esperanza de que algún día escolarización y educación sean dos conceptos sinónimos, lo cierto es que hoy en día no es así. Personalmente estoy convencido de que el éxito educativo no coincide necesariamente con un expediente académico excelente; creo que tiene que ver con todo aquello que nos permite vivir con plenitud y autonomía.

Para tener una vida plena  y autónoma es necesario que la educación nos aporte contenidos y conceptos, cuantos más y más complejos, mucho mejor: sin tener una cabeza "bien amueblada" es imposible ser crítico, creativo... Pero también es fundamental que la educación que recibimos posibilite que utilicemos lo que sabemos para crear cosas, para afrontar retos y desafíos, para adaptarnos a los cambios, para tener espíritu crítico. Por ello, es necesario saber, pero también saber hacer; es necesario ser, pero también convivir.

A continuación, enumeraré 10 consejos que pueden conducir a docentes y alumnos al éxito educativo, tal y como lo he definido:

1. Conócete, valórate. La educación solo puede comenzar a edificarse sobre unos buenos cimientos de autoconocimiento. Tanto el que enseña como el que aprende debe ser consciente de sus fortalezas y de sus debilidades. Tener confianza en uno mismo nos debe llevar a marcarnos unas altas expectativas en nuestras posibilidades de aprendizaje.

2. Lee todo lo que puedas, todo lo que caiga en tus manos. Además de la lectura, hay otras muchas formas de alcanzar el conocimiento. Pero la lectura nos aporta un plus, nos abre la posibilidad de visitar y conocer otros mundos, otras realidades, otras gentes, otras culturas... lo que despierta nuestra curiosidad y nuestra imaginación, que son dos elementos fundamentales para alcanzar el éxito educativo.

3. Emociónate y emociona. Tanto para enseñar como para aprender, es importante tener en cuenta las emociones. Sin emoción es muy difícil motivarse y es casi imposible lograr un aprendizaje significativo. También es imprescindible saber identificar y poder controlar nuestras emociones, que seamos resilientes, que seamos tolerantes a la frustración.

4. Busca tu elemento. Nunca debemos dejar de perseguir nuestros sueños, nunca debemos dejar de dedicar tiempo y esfuerzo a aquello que nos gusta y que nos hacer sentir realizados. Esfuérzate, sin esfuerzo no hay resultados; rétate, desafíate... disfruta de ese esfuerzo. Cuando hacemos lo que nos gusta el esfuerzo es placentero pero también nos ayuda a que nos cueste menos sacrificio hacer cosas que no nos gustan, pero que son necesarias.


5. Menos es más. No debemos pretender enseñar ni aprenderlo todo. Es mejor abarcar menos pero de forma profunda que pasar superficialmente por muchas cosas. Tenemos que buscar causas, efectos, consecuencias, relaciones en todo lo que enseñamos o aprendemos.

6. Más allá de los contenidos. No solo los contenidos, los datos, las informaciones son importantes. También lo es potenciar las habilidades no cognitivas (meticulosidad, perseverancia...) que fortalezcan nuestro carácter y nos doten de las herramientas y destrezas que nos permitan perder el miedo a equivocarnos y que un fracaso no sea motivo de frustración, sino un paso más hacia el éxito.

7. Colabora para ser competente, para ser mejor tú y hacer mejores a los demás. Se puede ser competente sin ser necesariamente competitivo, en la colaboración está la base del progreso de la sociedad. La suma de los talentos, esfuerzos y el trabajo común de un grupo de personas nos hace llegar más lejos, ser mejores como equipo y como individuos.

8. Comunícate. Debemos dominar la capacidad de expresarnos tanto oralmente como por escrito. Debemos cuida la forma de comunicarnos con los demás, es fundamental para mostrar quiénes somos en realidad.

9. Crea, no solo digas y consumas. Si nos limitamos a enseñar y a aprender aquellos otros ya han enseñado o aprendido, no tendremos una educación completa. Es necesario que seamos creativos, que miremos las cosas desde distintos puntos de vista, desde diferentes perspectivas para aportar algo nuevo: es la base del progreso.

10. No dejes nunca de aprender. Esta es la consecuencia final de una educación exitosa. Cuando creemos saberlo todo, es cuando no sabemos nada. No hay que tener miedo al cambio. Hay que tener siempre la capacidad de aprender y de desaprender cuando sea necesario.
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