El traje nuevo del profesor o el docente desnudo

domingo, 23 de julio de 2017

Ilustración de Vilhelm Pedersen, el primer ilustrador de Andersen.
https://es.wikipedia.org/wiki/El_traje_nuevo_del_emperador
Uno de los cuentos infantiles que siempre me ha fascinado es El traje nuevo del emperador, también conocido como El rey desnudo, de Hans Christian Andersen.

No voy a contar su argumento, de sobras conocido por todos, pero si que quiero comentar su moraleja: no debemos dejarnos llevar por lo que dicen los demás, ni por lo que otros hacen, ni tener obediencia ciega sin criterio propio... ¡Qué gran enseñanza para los que nos dedicamos a esto de educar!

Lo que le sucede al emperador del cuento, le pasa también a algunos docentes en sus aulas... están "desnudos" porque les han hecho creer que llevan un traje hecho a medida y confeccionado con las telas más finas y suaves que nadie pueda imaginar. Y nadie, ni ellos mismos, se atreve a decirles que van "desnudos": "pensarán que soy un/a profe carca", "creerán que no soy innovador/a", "parecerá que no estoy a la última"...

Algunos profes van desnudos y otros llevan trajes inadecuados. Y mira que, igual que en el cuento, en muy sencillo averiguar si esto sucede: solo hay que preguntar a los alumnos y alumnas cómo ven ellos ese traje. La mirada de los niños, y evaluar si alcanzan los aprendizajes que nos habíamos propuestos, son la prueba de si vamos desnudos o no, de si vamos vestidos adecuadamente o no.

Para que nuestros alumnos y alumnas aprendan, es fundamental que nos vistamos con las ropas adecuadas a cada momento, tiempo y lugar; es básico que seamos plenamente conscientes de la ropa que llevamos y de por qué la llevamos.

Al hilo de esta metáfora de cuento, me gustaría acabar diciendo que si un docente quiere conseguir llegar a sus alumnos y alumnas de manera que estos se emocionen y aprendan de manera significativa y autónoma, debe presentarse (metafóricamente) desnudo ante ellos, mostrándose abiertamente ante ellos, ofreciéndoles amor y respeto... como publicó en Twitter hace unos días mi amigo Óscar González (@OscarG_1978): "La mejor herramienta disciplinar de todos los tiempos: un abrazo".

5 razones para educar des-pa-ci-to

domingo, 16 de julio de 2017
"Estudiar sin pensar es tan inútil como pensar sin estudiar." Confucio

Es más que probable que, al leer el título del post, en tu cabeza hayan resonado algunas notas de la canción de moda de estos días. Da igual si, como me sucede a mi, la canción os parece facilona y pegadiza... todos en algún momento nos hemos sorprendido tarareándola o moviendo la cabeza siguiendo el ritmo mientras suena de fondo en la radio del coche o en la televisión.

Igual de inevitable que verse atrapado por la susodicha cancioncita, es la eterna discusión sobre cuál es la mejor manera de educar. Y el título de la canción nos viene de lujo para reclamar una educación que vaya des-pa-ci-to, pasito a pasito.

Todo va demasiado deprisa en la educación actual, seguramente contagiada por el ritmo frenético de la vida misma. Queremos saber un poco de muchas cosas, por lo que pasamos por ellas de forma superficial y ligera.

Pero si queremos educar a personas del siglo XXI es necesario establecer espacios de reflexión, momentos de calma, de profundización, de análisis... A continuación se enumeran cinco razones por la que esto es cada vez más necesario:

1. Porque la educación tiene que ser adaptativa. Debe servir para conseguir que las personas sean capaces de aprender a lo largo de toda su vida, que sean capaces de adaptarse a los cambios y a enfrentarse a los desafíos y retos de la vida.

2. Porque la educación debe ser ética. Debe servir para mejorar el mundo: para tener conciencia ecológica y no desaprovechar los escasos recursos de la naturaleza, para participar de forma activa y responsable en pro del bien común...

3. Porque la educación ha de ser crítica. Debe servir para formar personas capaces de pensar por sí mismos, capaces de replantearse lo establecido.

4. Porque la educación tiene que ser colaborativa. Debe servir para que las personas seamos capaces de trabajar juntas, de aunar esfuerzos, de cooperar...

5. Porque la educación tiene que ser creativa. Debe servir para que las personas seamos capaces de ir más allá de lo establecido, que tengamos una mirada disruptiva. Y eso requiere de tiempo.

Te pido que ahora dediques unos instantes a reflexionar sobre esta manera de entender la educación. Luego, si quieres, puedes seguir cantando Despacito y disfrutando del verano.
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En la escuela se enseña más de lo que se aprende...

domingo, 9 de julio de 2017
"La dimensión de la experiencia queda totalmente despachada por un saber prêt-à-porter, siempre disponible, que, de hecho, genera anorexia mental, rechazo de la búsqueda del conocimiento en el nombre de su adquisición sin esfuerzo." Massimo Recalcati

La escuela está llena de paradojas y algunas de ellas son bastante significativas y tienen un efecto considerable en su funcionamiento y en los resultados que se obtienen. Una de estas paradojas es que se enseña mucho más de lo que se aprende, pero, al mismo tiempo, se aprende mucho más de lo que se enseña. Y deberíamos ser capaces de encontrar el equilibrio entre lo que se enseña y lo que se aprende.

Es verdad que los docentes enseñan muchos más contenidos de los que los alumnos aprenden, pero no es menos cierto que los alumnos aprenden de los docentes ciertas capacidades, actitudes, destrezas y saberes que el docente no enseña de manera voluntaria y consciente.

No me canso de repetir a todo aquel que quiera escucharme que en la escuela se cumple aquello de que "menos es más"; que es mejor enseñar menos cosas pero de manera profunda y comprensiva, que muchas cosas de manera superficial y memorística. Se trabaja con currículos escolares absolutamente sobredimensionados que incitan a pasar por encima de las cosas que hay que aprender de manera rápida y ligera, generando esa anorexia mental de la que habla Recalcati.

Y en lo s tiempos que corren no podemos permitirnos seguir enseñando y aprendiendo de esa forma. Según un reciente informe de la Fundación Cotec, el 60% de los empleos tiene al menos un 30% de actividades que se pueden automatizar, y por tanto son susceptible de ser hechas por robots. La educación, concluye este informe, es uno de los sectores que menos potencial tiene de ser automatizado. Por eso creo en la necesidad de potenciar al máximo el aprendizaje de aquellos contenidos, procesos cognitivos y no cognitivos que presentan mayor resistencia a ser automatizados. Y enseñarlos de forma activa, inductiva, creativa, colaborativa y con espíritu crítico.

Así la escuela educará a personas que no puedan ser sustituidas por robots.
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La educación siempre es imperfecta

domingo, 2 de julio de 2017
"En algunas ocasiones, la verdad se halla no escindiendo el mundo en 'o ... o ...', sino abarcándolo en una actitud de 'y ... y ...'. A veces, la verdad es la unión paradójica de aparentes contrarios, y si queremos conocer esa verdad, tenemos que aprender a abrazar ambos opuestos como si constituyesen una unidad." Parker J. Palmer: El coraje de enseñar

La educación que ofrecemos en nuestras escuelas está basada, excepto contadas excepciones, en una concepción del mundo "o ... o ...", es decir, en contrarios: o cabeza o corazón, o libertad o disciplina, o hechos o sentimientos, o teoría o práctica, o hablar o escuchar, o correcto o incorrecto, o aprobado o suspendido...

Cuando la educación debería estar llena de matices, como sucede con la vida misma. En vez de excluir y enfrentar deberíamos incluir y ofrecer una imagen del mundo "y ... y ...", es decir, en equilibrio: y cabeza y corazón, y libertad y disciplina, y hechos y sentimientos, y teoría y práctica, y hablar y escuchar... No hay necesidad de decidirnos por uno u otro extremo, cada uno debe buscar el equilibrio adecuado entre ambos.

Este tipo de educación nos permite elegir de forma razona y coherente, nos permite tener criterio propio, nuestra propia percepción del mundo. Por eso, la educación es inevitablemente imperfecta, ya que requiere de toma de decisiones, de espíritu crítico, de capacidad de elección.

Necesitamos una educación paciente, pues la impaciencia nos conduce a escoger entre un extremo u otro y nos obliga a dejar de lado los matices. Necesitamos una educación colaborativa, pues nos permitirá ir juntos y llegar mucho más lejos. Necesitamos una educación creativa, pues no se trata solamente de reproducir el saber heredado sino de ir más allá.

La educación siempre es imperfecta, pero es que el mundo, la sociedad y las personas también lo son. La imperfección de la educación es la característica que le otorga un papel fundamental en la construcción de un mundo mejor.
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Si eres profe no deberías estar leyendo este post

jueves, 29 de junio de 2017
Según el imaginario popular y las leyendas urbanas, si eres profesor o profesora no deberías estar leyendo este post en un blog sobre reflexión educativa porque estás disfrutando de tus largas, larguísimas, vacaciones. Como el señor de la fotografía, que muchos pensarán que es un profe en una playa idílica dando las gracias por tener una profesión que le ofrece el lujo de un periodo vacacional que es la envidia de todos.

¡Qué gran mentira y qué injusticia! Nada está más lejos de la realidad que ese mantra que se repite de manera cansina cada final de curso y que ayuda a desprestigiar injustamente el valor social de los docentes. Eso no es cierto... y, además, es mentira.

Los profes siguen asistiendo a sus centros, tienen que rellenar y redactar informes variados, asisten a múltiples y sesudos cursos de formación (¡esas escuelas de verano que están siempre a tope de profes que quieren desarrollarse profesionalmente!), leen multitud de libros sobre educación que durante el año no tienen tiempo ni de mirar (algunos hasta me han dicho que aprovecharán para el mío 😃), empiezan a preparar el próximo curso...

Los profesores y profesoras tienen las mismas y merecidas vacaciones que cualquier otro trabajador, decir lo contrario es una falta de respeto por la única profesión que crea a las demás profesiones.

Escribo esto, aunque hace mucho tiempo que publico únicamente un post semanal cada domingo, porque no he podido resistirme a hacerlo tras escuchar una conversación sobre los privilegios que tienen los profesores... como no he querido contestarles en persona, he tenido que redactar esta entrada.
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Re-imaginar la educación

domingo, 25 de junio de 2017
No sé si es por intenso calor que hace estos días o, quizás, por el entusiasmo que me despierta la proximidad de un merecido descanso... el caso es que me siento con un optimismo y una positividad que me hacen estar convencido de que todo es posible, hasta lo que parece imposible.

Puedes decir que soy un soñador, pero no soy el único.”
Y lo que hasta hace poco tiempo me parecía una empresa titánica, hoy me parece una realidad incontestable: el paradigma educativo está cambiando. Con el trabajo que desarrollan día a día, miles y miles de docentes (y otros profesionales de la educación) estamos re-imaginando la educación.

Re-imaginar la educación es mucho más que repensarla, porque el pensamiento está limitado por la razón y, en cambio, "la imaginación es libre como los pájaros, inabarcable como el mar. Nadie puede detenerla" (Haruki Murakami).

Miles y miles de personas (profesionales, pero también alumnos, padres, madres...) están cambiando la escuela a base de perder el miedo a lo nuevo, a lo diferente, a lo distinto; a base de replantearse los propósitos de le educación, de imaginarse una educación que dé respuesta a las necesidades reales de las personas del siglo XXI, de creer en una escuela que incluya y no seleccione.

La educación que estamos re-imaginando ya no se "da", sino que se comparte y se construye en colaboración. Los docentes ya no "dan clase", ahora crean espacios de aprendizaje; no se limitan a transmitir de forma directa el conocimiento, guían la construcción del aprendizaje.

Cada día somos más conscientes de que hablar de aprendizaje no significa gran cosa sin especificar qué, por qué, para qué, cómo y cuándo aprender. La educación que estamos construyendo se basa en el equilibrio entre estos tres aspectos (Gert Biesta):
- Cualificación: Adquisición de conocimiento, habilidades y destrezas que nos cualifican para hacer algo.
- Socialización: Cómo las personas se integran en el orden sociocultural.
- Subjetivización: Construcción de nuestra individualidad.

Puede que hoy esté excesivamente optimista... pero la educación ya está cambiando.
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Se acaba el curso: "He aprobado" o "Me han suspendido"

domingo, 18 de junio de 2017

copy emoticonos: Alan Klim
"Lo poco que he aprendido carece de valor, comparado con lo que ignoro y no desespero en aprender." René Descartes

Se acaba el curso académico 2016/17 y hay dos expresiones que miles y miles de estudiantes van a repetir hasta la saciedad: "He aprobado" y "Me han suspendido".

Los estudiantes se otorgan los méritos del aprobado, pero suelen culpar a los profesores del suspenso. Puede que esto suceda como consecuencia de la idiosincrasia del ser humano, que se responsabiliza de sus éxitos y se vanagloria de sus virtudes, pero hace todo lo contrario con sus fracasos y defectos.

Pero, quizás, también sea consecuencia de los sistemas de evaluación que se utilizan mayoritariamente en nuestros centros educativos. Estos favorecen el aprendizaje fingido, es decir, aquel en el que se memoriza contenido sin comprensión del mismo, con la finalidad de servir de respuesta a un examen y, a continuación, ser desechado de nuestra memoria.

Lo que deberían decir los miles y miles de estudiantes que acaban el curso es: "He aprendido" o "No he aprendido", y cuestionarse "Qué tengo que hacer para seguir aprendiendo".

Por supuesto que hay alumnos y alumnas que aprueban y aprenden al mismo tiempo. Afortunadamente son muchos y muy buenos (que la educación en este país no está tan mal como algunos la pintan). Pero no es menos cierto que aún hay demasiados centros educativos que utilizan la evaluación como un fin en sí misma, y no como un medio para dirigir el proceso de aprendizaje. Siguen obsesionados por las notas y las calificaciones, por seleccionar y clasificar; cuando deberían estarlo por el aprendizaje y la inclusión.

Por todo lo dicho, creo sinceramente que la evaluación en nuestras escuelas "no progresa adecuadamente y necesita mejorar".
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¿Cómo ofrecer una educación de calidad en nuestras escuelas?

domingo, 11 de junio de 2017
"La educación es un descubrimiento progresivo de nuestra propia ignorancia." Will Durant

Debo confesar que cuantas más cosas creo saber sobre educación, cuantos más libros leo, cuanta más gente sabia escucho y cuantas más experiencias conozco; menos claro tengo qué, cómo, con qué y cuándo enseñar... lo que no sé es si es algo bueno o algo malo.

Sospecho que es algo positivo, ya que vivimos en un mundo tan complejo y diverso en el que, al menos en lo que se a la educación se refiere, no existen soluciones únicas, infalibles e indiscutibles.

Quizás este sea el motivo por el cual, en el panorama educativo actual, estamos perdiendo el norte. Olvidamos con demasiada frecuencia el verdadero propósito de la educación: que nuestros alumnos y alumnas dispongan de los conocimientos, las destrezas, las habilidades, el carácter... que les permitan estar preparados (en el sentido más amplio que puedas imaginar) para la vida. Olvidamos demasiado a menudo que lo que debemos conseguir en nuestras escuelas, no es que los niños y las niñas hagan lo que quieran, si no que quieran lo que hagan (Montessori).

Tenemos una tendencia casi obsesiva a complicarnos la existencia, y lo que es peor aún la existencia de nuestros alumnos y alumnas. Proponemos supuestas innovaciones cada vez más complicadas y complejas que no apartan mejora ni solución real alguna, pero las defendemos porque "molan" porque es "cool", porque nos diferencia de "otros".

Si de verdad queremos mejorar la calidad de la educación que ofrecemos en nuestras escuelas, debemos plantearnos propósitos claros y sencillo como estos:

- Leer comprensiva y compulsivamente.
- Comunicarse de forma eficaz, ya sea oralmente o por escrito. Utilizar provechosamente las TIC.
- Ser capaces de plantear y resolver problemas, es decir, ser capaces de pensar de forma creativa y crítica.
- Conocer el mundo que nos rodea, pero no de memoria sino comprendiéndolo. Educar localmente para entender el mundo en su globalidad.
- Conocer y dominar el lenguaje de las ciencias, de las matemáticas; pero también el de la música, la pintura, la escultura...
- Conocer las emociones y dominarlas. Tener un carácter perseverante, meticuloso, resiliente...

Para conseguir esto (y seguramente alguna que otra cosa más) hay muchos caminos. Busca y encuentra el tuyo propio, evalúa los resultados que consigues, revísalo permanentemente y, sobre todo, compártelo con otros. Pero ten siempre presente que "la complejidad es tu enemiga. Cualquier tonto puede hacer algo complicado. Lo difícil es hacer algo simple." (Richard Branson).
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Educación "selfie"

domingo, 4 de junio de 2017
Entre selfie y selfie quizás nos quede un rato para enseñar y aprender. 

Si buscas en Google frases cortas para selfies puedes encontrar joyas como: "Hay un mundo mejor, pero es carísimo", "Estudiar es desconfiar de la inteligencia del compañero de al lado", "Vivir en las nubes no es malo, lo malo es bajar", "Prohibirnos algo es despertarnos el deseo"... cada una de ellas una muestra de cómo son, cómo piensan y cómo viven los jóvenes de la Generación Selfie.

Esta generación es fruto de un futuro incierto, de estar permanente sometidos a una sobreexposición de información... se les acusa de narcisistas, de superficiales, de ser más visuales que textuales, de consumistas, de apáticos, de involucrarse poco o nada en la comunidad, de dependientes de la tecnología... Pero muchas veces olvidamos que también son curiosos, que utilizan de forma cotidiana las redes sociales para expresar opiniones y para comunicarse con otras personas, que son solidarios, que tienen iniciativa...

Los jóvenes (y no tan jóvenes) que no dejan de autofotografiarse a la mínima ocasión y de compartir su imagen en Instagram, Snapchat, Facebook (o yo que sé que red social está de moda ahora entre ellos) necesitan de una educación que les proporcione herramientas para afrontar la incertidumbre, que les posibilite ser autónomos y emprendedores, que les dé esperanza para perseguir sus sueños.

Debemos ofrecerles una educación que les enseñe a pensar, que les permita interactuar con el mundo de forma sostenible, que les ayude a conocer y controlar sus emociones, que les permita tener una mirada divergente y ser creativos. Por supuesto, no se puede conseguir nada de todo esto sin ayudarles a acceder al conocimiento de forma significativa, sin abrirles las puertas del conocimiento. Pero, en este contexto, debemos ser conscientes de que menos, es más: deberían aprender menos cosas, pero de forma mucho más profunda. No olvidemos que la comprensión es la base para la memorización.

La educación que les ofrecemos a los jóvenes del siglo XXI debe ser compartida, colaborativa y las TIC es lo que nos permitirá que así sea. Debemos enseñarles que si aprenden solos aprenden más rápido, pero que se aprende más y mejor en compañía.

Yo creo en los jóvenes de esta generación y en su capacidad para cambiar el mundo, de nosotros depende prepararlos para que lo consigan.
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La "moda" de las metodologías didácticas innovadoras

domingo, 28 de mayo de 2017
Aunque lo pueda parecer por el título, este post no es una crítica a las metodologías didácticas innovadoras (inductivas, activas...), es un toque de atención ante su mal uso y abuso.

Estoy convencido de que cuantos más y mejores recursos didácticos tengamos más y mejores posibilidades hay de que nuestros alumnos aprendan. De hecho, como puedes ver en la ilustración, las metodologías didácticas de las que disponemos son como la ropa que tenemos en nuestros armario.

Si nos vestimos de forma distinta según la época del año, las condiciones meteorológicas, las circunstancias e incluso nuestros gustos personales y criterios de funcionalidad y comodidad... ¿por qué no hacemos lo mismo con nuestra forma de educar? Por mucho que estuviera de moda, ¿vestirías un jersey de lana de cuello alto a 40 grados centígrados a la sombra o una camiseta sin mangas a 20 grados bajo cero? Pues lo mismo sucede con las metodologías didácticas innovadoras, hay que utilizar en todo momento la que mejor se adapte a las características de un proceso de enseñanza/aprendizaje concreto y a los objetivos que queremos alcanzar.

Permitidme un consejo radical: No utilicéis nunca una metodología didáctica que no dominéis, en la que no tengáis formación suficiente. Para utilizar cualquier metodología es necesario pasar al menos por tres fases: formación/reflexión, aplicación y evaluación. Hay que saber cómo funciona, por qué, para qué, cuándo, dónde y con quién aplicarla.

Si en un momento concreto se quiere transmitir conocimientos a los estudiantes que por su complejidad necesitan de una explicación detallada y personalizada se puede hacer una clase magistral. Si se pretende que los estudiantes desarrollen aprendizajes activos a través de la resolución de problemas se puede aplicar ABP; además, se puede trabajar colaborativamente. Si lo que se busca es que los alumnos ejerciten, ensayen y pongan en práctica sus conocimientos previos se puede plantear la sesión con resolución de problemas...

Estos días hay demasiados fashion victims en nuestras aulas, docentes que aplican de manera poco reflexiva las metodologías de moda, por el simple hecho de estar de moda. Estas metodologías hay que conocerlas, reflexionar sobre ellas, aplicarlas y evaluarlas... no convirtamos en un inconveniente lo que es, sin duda, una ventaja.
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Tiritas para esta educación "partía"

domingo, 21 de mayo de 2017
Estos días, el cantante y compositor Alejandro Sanz está celebrando el 20 aniversario de uno de los discos más importantes de la música Pop en español. Una de las canciones insignia de ese disco fue Corazón partío y, como homenaje, me gustaría mostraros que la letra de esta canción refleja de manera sorprendentemente acertada la situación actual de la educación... de esa educación partía, que necesita tiritas que ayuden a cuidarla.

Por supuesto, la “interpretación” que hago de la letra es totalmente libre y nada tiene que ver con lo que pretende expresar Alejandro... pero ya veréis que es una interpretación cuanto menos curiosa:

Tiritas pa' este corazón partío.
Tiritas pa' este corazón partío.

Si sustituimos la palabra corazón por educación, esta frase expresa una realidad indiscutible: la educación está herida y necesita que la cuidemos. La educación está en un proceso de transformación que provoca una angustiosa sensación de indefinición, que hace que esté pasando por unos momentos decisivos en los que necesita del máximo cuidado por parte de todos.

Ya lo ves, que no hay dos sin tres,
que la vida va y viene y que no se detiene...
Y, ¿qué sé yo?


La vida no se detiene, va cambiando, se transforma y las personas tenemos que estar preparadas para enfrentarnos a ella. Hay que prepararse para aprender durante toda la vida, sin descaso, para ser capaces de adaptarnos a los cambios, para ser resilientes, para no quedar abandonado en los márgenes de la sociedad. ¿Qué sé yo? Refleja la incertidumbre con la que nos enfrentamos al futuro.

Pero miénteme aunque sea, dime que algo queda
entre nosotros dos, que en tu habitación
nunca sale el sol, ni existe el tiempo,
ni el dolor.


Tu habitación es tu escuela... en ella todo es artificial, todo es falso: ni pasa el tiempo, ni sale el sol. Se pretende enseñar de manera aséptica, sin dolor, sin tener en cuenta la realidad. Los alumnos deben enfrentarse a situaciones hipotéticas alejadas de sus intereses cuando podrían aprender interaccionando con lo cotidiano, planteando y solucionando situaciones reales, prestando servicios a la comunidad a la que pertenecen (aprendizaje servicio).

Llévame si quieres a perder,
a ningún destino, sin ningún porque.


Si nada cambia, si no transformamos nuestra manera de enseñar en las escuelas, el resultado será que los alumnos no llegarán a ningún destino, a ningún lugar... se perderán sin remisión en la vorágine de un mundo en continuo cambio.

Ya lo sé, que corazón que no ve
es corazón que no siente,
o corazón que te miente, amor.
Pero, sabes que en lo más profundo de mi alma
sigue aquel dolor por creer en ti,
¿qué fue de la ilusión y de lo bello que es vivir?

Para que me curaste cuando estaba herío,
si hoy me dejas de nuevo el corazón partío.


Este fragmento nos dice que, de forma involuntaria, algunos docentes que no ven ni sienten la necesidad de cambiar la educación se esfuerzan por enseñar a sus alumnos de la mejor manera posible. Pero no lo consiguen pues nos les ofrecen las herramientas y destrezas que les permitan afrontar los desafíos de la vida. La educación que les ofrecen nos les prepara para la vida (vital y laboral). Y por eso el reproche final: para qué tengo que esforzarme si tengo la certeza de que lo que me enseñan en la escuela no me va a servir para nada: me dejas de nuevo el corazón partío.

¿Quién me va a entregar sus emociones?
¿Quién me va a pedir que nunca me abandone?
¿Quién me tapará esta noche si hace frío?
¿Quién me va a curar el corazón partío?
¿Quién llenará de primaveras este enero,
y bajará la luna para que juguemos?
Dime, si tú te vas, dime, cariño mío,

¿quién me va a curar el corazón partío?

Los alumnos necesitan de docentes que les emocionen, que sientan pasión por enseñar; que les protejan y estén siempre a su lado; que les ayude a levantarse si se caen; que les ayuden a perseguir sus sueños y sus ilusiones. Tenemos que enseñarles matemáticas, ciencias, filosofía, literatura pero también a identificar y controlar sus emociones, a trabajar colaborativamente, a ser autónomos...

Dar solamente aquello que te sobra
nunca fue compartir, sino dar limosna, amor.
Si no lo sabes tú, te lo digo yo.
Después de la tormenta siempre llega la calma,
pero, sé que después de ti,
después de ti no hay nada.


Enseñar es un acto de generosidad, un acto de amor... y si no se entiende así es muy difícil conseguir que los alumnos alcancen un aprendizaje significativo y valioso para su vida. Hay que seguir peleando por transformar la educación, hay que seguir haciendo pedagogía de la nueva educación, hay que seguir poniendo tiritas a la educación partía.

Sé que esta interpretación de la letra de la canción es fruto de mi imaginación y nada tiene que ver con las intenciones del autor... pero, ¿a que no deja de ser curiosa?
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En clase no hay preguntas estúpidas

domingo, 14 de mayo de 2017
"De vez en cuando tengo la suerte de enseñar en una escuela infantil o elemental. Encuentro muchos niños que son científicos natos, aunque con el asombro muy acusado y el escepticismo muy suave. Son curiosos, tienen vigor intelectual. Se les ocurren preguntas provocadoras y perspicaces. Muestran un entusiasmo enorme. Me hacen preguntas sobre detalles. No han oído hablar nunca de la idea de una pregunta estúpida." Carl Sagan

En muchos centros educativos (en la mayoría) se prepara a los alumnos para que sean capaces de responder preguntas, pero no para sean capaces de plantearlas. De hecho, en algunas aulas se comportan como si asistir a clase fuese algo parecido a participar en un concurso de televisión, donde hay que responder, lo más rápidamente posible, el mayor número de preguntas: Gana quien es capaz de responder sin equivocarse a las preguntas de un examen, sin importar si ha habido o no un aprendizaje significativo. Y pierde quien no es capaz de reproducir las respuestas... aquel que, por un motivo u otro, "pasapalabra".

En una escuela cuyo principal propósito era ser garante de la transmisión de conocimientos, esto era aceptado como válido y servía como criterio de selección de los alumnos. Pero en una escuela cuyo objetivo es formar a personas que sean capaces de cambiar el mundo, y de la que nadie puede quedar excluido, esto carece de validad y legitimación. Lo que debemos hacer es dotarles de las herramientas necesarias para que sean capaces de cuestionarse el mundo en el que vivimos.

Una educación basada en respuestas busca conseguir personas sumisas, que se somentan al establishment imperante. En cambio, una educación basada en preguntas pretende provocar a los alumnos, busca despertar su espíritu crítico, hacerles responsables de sus actos y acciones. Perder el miedo a hacer preguntas posibilita el cambio, la creatividad, la innovación, la colaboración, la resiliencia...

La educación que lleva a las personas a cuestionarse lo establecido necesita de un tiempo más lento, un tiempo que permita la reflexión, profundizar en los contenidos y conceptos que se estudian. Una educación basada en las respuestas es mucho más acelerada y superficial. Como dice Carl Honoré: "Creo que vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir. Nuestra cultura nos inculca el miedo a perder el tiempo, pero la paradoja es que la aceleración nos hace desperdiciar la vida".

Antes de finalizar, una aclaración que seguramente no debiera ser necesaria: como en todo y para todo hay que aplicar el sentido común. Que la educación que ofrecemos a nuestros alumnos les desafíe a plantear preguntas, no quiere decir que tengamos que cuestionarlo absolutamente todo, que no tengamos que transmitir nada de lo que la humanidad ha ido aprendiendo a lo largo de la historia. Es una cuestión de actitud y predisposición a la hora de enseñar y aprender... Lo dicho: ¡sentido común!
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Educar en la esperanza y la confianza

domingo, 7 de mayo de 2017
Educar es mostrar que hay sol tras los nubarrones.
"Educar es guiar a los estudiantes en su viaje personal hacia modos más veraces de ver el mundo y de estar en él." Parker J. Palmer: El coraje de enseñar. Editorial Sirio

El mundo actual, con su inconsistencia e incertidumbre, provoca desconcierto y nos hace sentir pequeños e insignificantes porque no hay referentes estables ni objetivos claros que perseguir. Nos sentimos superados por las circunstancias y es fácil caer en la frustración y el desánimo, esto les sucede especialmente a los más jóvenes.

La falta de algo estable a lo que aferrarse tiene consecuencias negativas en nuestra manera de entender la educación y, por tanto, de entender y afrontar la vida. Por eso, la educación que ofrecemos a los niños y jóvenes debe tener como propósito ayudarles a no desencantarse ante los retos de la vida, a no empequeñecerse ante ellos, sino dotarles de las herramientas que les permitan enfrentarse con garantías de éxito. La educación debe ayudarles a buscar su "elemento" (en el sentido que propone Ken Robinson), a perseguir sus sueños... y no rendirse nunca; y no debe ser un elemento de exclusión y discriminación.

Nuestros alumnos necesitan tener la certeza de que el esfuerzo que están realizando en sus estudios tiene una incidencia significativa en sus vidas a todos los niveles: en lo intelectual, en lo emocional y en lo espiritual. Educar, en este sentido, necesita de dos elementos imprescindibles: esperanza y confianza.

Esperanza porque sin ella no hay presente ni futuro. Tener esperanza significa tener expectativas de que se van a conseguir nuestros propósitos. La esperanza es más fuerte que el miedo y nos permite perseguir nuestros sueños. La esperanza nos hace perseverantes, entusiastas y resilientes, nos da fuerzas para no caer en el desánimo ni la frustración.

Confianza porque hay una correlación elevada entre ella y el aprendizaje. Cuando se tiene confianza en uno mismo y cuando se recibe la confianza de los demás en nuestras posibilidades es más fácil encontrar la forma de alcanzar nuestros objetivos. La falta de confianza es el primer paso para fracasar, en cambio, si hay confianza el error es un paso más hacia el éxito.

Este tipo de educación basada en la esperanza y en la confianza solo es posible en una escuela inclusiva y no selectiva, que no excluye a nadie.
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¿Tienen los alumnos el "deber" de aprender en la escuela?

domingo, 30 de abril de 2017
Photo credit: Kate Ter Haar. 
"Es necesario aprender lo que necesitamos y no únicamente lo que queremos." Paulo Coelho

Vivimos en un mundo tan complejo, en el que hay tanta información y cambios constantes, que ir a la escuela es un derecho, pero aprender en ella es un deber. O como he dicho en otras ocasiones: no hay que ir a la escuela, hay que vivirla (ver post).

Hay una creciente tendencia a evitar reconocer que los niños tienen deberes, seguramente por sobreprotección, y no solamente derechos. Pero aceptar que los alumnos tienen el "deber" de ir a la escuela no debería ser algo que nos incomodara, sobre todo si lo que hacen en la escuela es aprender y adquirir las habilidades, las destrezas, los conocimientos... que les permitirán afrontar el presente y el futuro con garantía de éxito. La cosa cambia cuando en la escuela se prioriza "aprobar" por encima de "aprender".

Se atribuye a Jean Paul Sartre una frase que, a mi entender, ofrece una idea clara de lo que debería ser la escuela para los alumnos: "Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace." Los alumnos no deben hacer solo lo que ellos quieren o les gusta, pero los docentes tienen la obligación de hacerles querer lo que hacen. No es lícito pretender que quieran hacer algo a lo que no le encuentran ningún sentido, ni valor, ni utilidad. No podemos olvidar que el deber se convierte en motivación solo cuando se aprende a amarlo... y despertar el deseo de aprender es tarea de los docentes (y las familias, por supuesto).

Para que esto se produzca es necesario que la escuela acepte con normalidad que ya no es el garante único de la transmisión del conocimiento (aunque sigue teniendo un lugar preponderante), que existen otros medios también eficaces para ello. Esa facilidad de acceso a la información debe convertirse en una ventaja para la escuela, una de sus nuevas funciones debe ser la de enseñar a discriminar y valorar la información relevante.

Eso implica que los docentes deben aprender a enseñar de otra forma y a enseñar otras cosas que no solo los contenidos de las disciplinas académicas: tolerancia a la frustración, trabajo colaborativo, creatividad... Y, aunque a muchos les cueste entenderlo, esto no va en detrimento de los conceptos propios de las materias, sino que es un complemento necesario. Muchos docentes idealizan la educación del pasado ante la incertidumbre que provoca un futuro incierto. El cambio, lo nuevo, lo desconocido obligan a salir de la zona de confort y eso suele provocar rechazo, miedo e inseguridad.

Que ir a la escuela sea un "deber" para los estudiantes, no debería estar reñido con que sea un "gozo". Sabemos que cuando más y mejor se aprende es cuando nos emocionamos, cuando el aprendizaje es significativo. Para que esto sea posible no existe ninguna receta, ni ninguna fórmula mágica. Si conseguimos conectar lo que se enseña en las escuela con los "intereses" de los alumnos, conseguiremos personalizar el aprendizaje. Ahí está la clave para mejorar la educación que ofrecemos en nuestros centros de enseñanza.
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La educación que deja huella (y no cicatrices)

domingo, 23 de abril de 2017
"Las buenas prácticas educativas dejan huella en las personas, dejan la impronta necesaria para que podamos desarrollarnos de forma autónoma a lo largo de nuestra vida. En cambio, las malas prácticas educativas dejan cicatrices que impiden que alcancemos nuestra máxima plenitud, limitándonos e impidiéndonos que seamos capaces de adaptarnos a situaciones cambiantes."

Este párrafo es el que da pie al título de mi primer libro La educación que deja huella (y no cicatrices), publicado por Ediciones deFabula (@EdDeFabula) y que fue presentado el pasado día 20 en Barcelona.


Con ilustraciones de @javigaar y prólogo de mi admirado y amigo Manu Velasco (@Manu_Velasco), a los que no tengo palabras para agradecer sus aportaciones, el libro es, en buena parte, el resultado de casi cinco años de publicaciones en este blog.

Ha sido un ejercicio de sistematización, de ordenación, que necesitaba llevar a cabo, ya que tenía la sensación de tener muchas cosas publicadas pero muy dispersas. Quería darle coherencia y unificación a todas las reflexiones que iba haciendo de forma aislada cada semana... ¡Espero haberlo conseguido!

Por eso, hoy que es el Día Internacional del Libro quería aprovechar para dar las gracias a todos los que cada semana os pasáis por aquí, a los que comentáis lo que escribo (ya sea para mostrar vuestro desacuerdo o para expresar vuestra conformidad), a los que lo compartís en las redes sociales, a los que los difundís en vuestros blogs o entre vuestros contacto y, por supuesto, a los que me acompañasteis en la presentación del libro. A todos. ¡gracias! Este libro también es un poco vuestro.




Si leéis el libro y queréis comentar alguna cosa, podéis utilizar los hastag #eduhuella. #eduhuelladefabula, #eduhuellasalvaroj. Estaré encantado de conocer vuestras opiniones.


¡Feliz Día Internacional del Libro!
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El docente es un facilitador, no un expositor

domingo, 9 de abril de 2017
Si buscar en imágenes de Google la palabra profesor, las fotografías que aparecen de forma mayoritaria es un hombre (muchos con corbata) o una mujer, en actitud de estar dando una lección, con una pizarra verde de las de toda la vida como fondo. Y esa es la imagen mayoritaria que se tiene de los docentes.

Que la gente en general tenga esa imagen del profesor, tiene una justificación, ya que la imagen del profesor dando una clase magistral es la que han vivido.

El problema aparece cuando son los propios docentes los que se ven así. Permitidme que os explique una anécdota: el otro día, asistí a la presentación de una experiencia educativa bastante innovadora en la que un profesor explicaba que había dejado de explicar los temas a sus alumnos, sino que eran ellos los que, a través de vídeos, adquirían la información y él les guiaba, les planteaba actividades y les solucionaba dudas. Bien, pues al acabar el acto, una profesora de ESO me comentó que ese profesor no explicaba a sus alumnos porque no dominaba la asignatura... ¡Esa mujer no había entendido nada de lo que nos habían explicado!

Es evidente que para enseñar es necesario un buen conocimiento de la materia (o materias o proyectos...) que se imparte. Pero hay otras muchas condiciones tan o más necesarias: el conocimiento de los estudiantes, el conocimiento de cómo se enseña y el conocimiento del contexto en el que se enseña.

Que alguien sea un buen profesor no viene dado exclusivamente por su nivel de conocimiento de una materia, porque el propósito de la docencia no es que él sepa, sino que sepa transmitir el saber a sus alumnos. Para ello es necesario tener recursos didácticos para afrontar las distintas situaciones de aprendizaje que se plantean en el aula.

Hay un refrán popular que, como todos ellos, concentra un saber muy profundo: Del mal maestro no sale discípulo diestro. Todos estaremos de acuerdo en afirmar que para tener una educación de calidad es necesario tener buenos docentes... y el buen profesor es el que consigue que sus alumnos aprendan.
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¿Cómo explicar a un alumno que lo que hace en la escuela es importante?

domingo, 2 de abril de 2017
"Todos lo sabemos: una hora de clase puede cambiar una vida, dar al destino otra dimensión, consagrar para siempre lo que sólo estaba débilmente esbozado." Massimo Recalcati

Nadie sabe con certeza cómo será la educación del futuro, pero reflexionar sobre ello nos ayuda a mejorar la educación del presente. Esta es la que, en realidad, debe importarnos.

Aún hoy hay quien piensa que esto no es arte.
De manera análoga, hay quien piensa
que la Nueva Educación, ni es nueva ni es educación.
El presente de la educación está en plena convulsión, entre otros motivos, por la irrupción de tecnologías que ofrecen un abanico de posibilidades impensables hasta hace muy poco. El mundo digital está cambiando la educación del mismo modo que, en el siglo XIX, la aparición de la fotografía cambió el mundo de la pintura.

El paso del tiempo ha demostrado que la fotografía no acabó con la pintura sino que le abrió un nuevo campo de posibilidades, transformándola hasta convertirla en algo muy distinto de lo que había sido hasta ese momento. Y es que los avances tecnológicos transforman lo más profundo de las comunidades humanas: sus valores.

En este momento de profundos cambios, los que nos dedicamos a la apasionante y compleja tarea de educar sabemos que "una hora de clase" puede cambiar una vida. Pero, ¿lo saben nuestros alumnos? ¿Qué percepción tienen sobre lo que deben aprender en la escuela?

Creo que todos estamos de acuerdo en aceptar que los alumnos que piensan que lo que aprenden en la escuela les es útil para su vida, están más motivados y desempeñan mejor su labor académica. El problema surge cuando esa percepción de utilidad se identifica con aprobar, más allá de la calidad del aprendizaje. Esta situación queda perfectamente reflejada en el conocido refrán: Pan para hoy, y hambre para mañana.

Los educadores tenemos la obligación (más allá de que también es labor de la familia) de transmitir a los estudiantes el deseo de aprender, de generar en ellos curiosidad por el conocimiento. Esto se consigue desafiándolos, retándolos, no poniéndoles las cosas demasiado fáciles, permitiendo que experimenten sin que penalicemos el error. También se consigue facilitando que trabajen colaborativamente, educando sus emociones, potenciando sus capacidades comunicativas...

Lo que los alumnos aprenden en la escuela deben ser cosas realmente significativas para ellos e imprescindibles para cualquier persona. El problema es que los actuales currículos educativos ya no cumplen con esa función pero siguen siendo el referente de los aprendizajes escolares.

Para que los alumnos valores la utilidad de la educación que reciben en la escuela, hay que mostrarles el sentido y el valor personal de lo que aprenden: eso es personalizar el aprendizaje.
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La educación está cambiando: ¿estamos preparados?

domingo, 26 de marzo de 2017
"Lo que hace que una clase sea una buena clase no es que en ella se aprendan fechas y datos, sino que se establezca un diálogo constante, una confrontación de opiniones, una discusión sobre lo que se aprende en la escuela y lo que ocurre fuera de ella." Umberto Eco

Da igual si eres docente, alumno, padre, madre, pedagogo, director de escuela, orientador...: ¿Estás realmente preparado/a para aceptar y asumir los cambios que se están produciendo en el mundo de la educación?

Porque es un hecho indiscutible que la educación está cambiando. Queramos o no, nos guste o no, nos parezca bien o no... la transformación del paradigma educativo vigente es una realidad. Es algo que podemos ver en el día a día, pero también en las jornadas y congresos educativos.

En el último mes he asistido a dos grandes eventos sobre educación. El primero organizado por WISE y el Banco de Santander tenía como tema Imaginando el futuro de la educación. El segundo evento fue el ITworldEdu, al que puede asistir invitado por @educaixa, que tenía como tema Transformando la escuela. Los temas que se trataron en ambos eventos nos muestran sin discusión que estamos en un proceso de transformación imparable.

¿Cuáles son esas cosas que están cambiando?

- La primera de ellas es la personalización del aprendizaje con la ayuda de la tecnología digital. La transversalidad de los contenidos que se enseñan en las aulas y su conexión con lo que los alumnos aprenden fuera de ella.

-La aplicación de metodologías que según los principios de la neurodidáctica mejoran los procesos de enseñanza aprendizaje, que requieren de una participación activa y responsable de los alumnos. Se ha demostrado la inoperancia de las clases magistrales y las bondades del ABP (aprendizaje basado en proyectos), del trabajo colaborativo, de la identificación y control de las emociones, del Flipped Classroom, la gamificación...

-La creatividad como motor del aprendizaje. En el mundo actual tenemos que formar a personas capaces de dar respuestas nuevas, disruptivas, diferentes a los retos y desafíos que el futuro nos deparará.

Está cambiando la función misma de la escuela. Antes la escuela debía asegurar el acceso al conocimiento mínimo indispensable a todas las personas. Ahora el acceso a ese conocimiento se ha facilitado enormemente y la función de la escuela es, según autores como Marc Prensky, hacer un mundo mejor.

Pero la mejor prueba de que la escuela está cambiando es el trabajo diario de miles de profesores que demuestran que otra educación no solo es posible, sino que es una realidad que mejora el aprendizaje de los alumnos al hacerlos participar de su construcción, al motivarlos al despertar su curiosidad y al empujarlos a que sean ellos los que se enfrenten a retos donde tengan que elaborar cosas, resolver problemas que tengan incidencia en el mundo real y no se queden solo en el plano de la teoría.

La educación está cambiando y ahora eres tú quien debe decidir qué actitud tomar ante esta situación: ¿me subo al carro y me adapto porque mejora mi labor como educador o me lamento de forma trágica porque estos cambios me obligan a salir de mi zona de confort?
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Profe: aprendo contigo, aprendo de ti... y aprendo conmigo mismo

domingo, 19 de marzo de 2017
En su discurso de aceptación del título de doctor honoris causa por la Universidad Pompeu Fabra, Miquel Barceló, el genial pintor mallorquín, explicó una anécdota que me parece muy significativa para entender cómo se produce el aprendizaje en el ámbito escolar.

Barceló cuenta que asistió durante tan solo unas semanas a la Escuela de Bellas Artes de Barcelona y que, al cabo de unos años, se reencontró con el que había sido director de esta escuela cuando él era alumno. El director le manifestó con entusiasmo que había sido el mejor alumno que había pasado por el centro. Barceló, con cierta sorpresa, le dijo: "Caramba, debe saber que yo asistí a la escuela tan solo un mes"; a lo que el director le respondió: "Es igual, aprovechó usted muy bien el tiempo".


No siempre es posible aprender uno mismo.
A veces necesito aprender contigo y de ti.
Esta anécdota nos muestra que, en la escuela, la transmisión de conocimiento directo o reproductivo por parte del docente al alumno no es la única, ni tan siquiera la función principal, y que la transmisión indirecta o inductiva del conocimiento debe tener más importancia.

Lo cierto es que ni el docente debe "enseñarlo" todo, como si el alumno fuera un recipiente vacío al que hay que llenar; ni este debe "descubrirlo" siempre todo, porque de esta forma sería difícil progresar al repetir eternamente procesos innecesarios. Decidir qué y cómo enseñar es, posiblemente, la tarea más importante del docente.

Buscar el equilibrio entre los diferentes estilos de enseñanza y de aprendizaje es una tarea imprescindible en nuestras escuelas. Para ello, la mayoría de las veces solo es necesario aplicar el sentido común. Hay distintas y variadas formas de enseñar y de aprender, lo que hace necesario conocer nuestro perfil docente y el perfil de inteligencias múltiples de nuestros alumnos y alumnas para así plantear estrategias que faciliten nuestra labor y para compensar aquellos aspectos en los que tenemos mayores deficiencias.

No debemos olvidar nunca que un maestro, que un profesor, no solo "informa", sino que además "forma". Esto condiciona necesariamente la relación que se establece entre docente y alumno. La figura del docente es necesaria para educar a los alumnos, aunque estos tengan un alto grado de autonomía. Por este motivo, el e-learning, por ejemplo, es un complemento muy valioso para la labor docente, pero nunca puede sustituirla del todo.

También es importante tener siempre presente que tanto enseñar como aprender requieren de un esfuerzo. Ni se aprende ni se enseña por "ciencia infusa", sin trabajo. Si alguien no lo ve así, tiene un grave problema para cumplir con su cometido. La cuestión es saber vestir ese esfuerzo para que sea gozoso y no estresante con los elementos adecuados: motivación, interés, curiosidad, asombro, creatividad, disrupción, colaboración, inclusión...

Quien piense que enseñar y aprender tiene que ser siempre sacrificado y doloroso, le hace un flaco favor a la Educación; pero lo mismo sucede con quien piense que se aprende sin esfuerzo.
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Aprender durante toda la vida no es una opción, es una obligación

domingo, 12 de marzo de 2017
"[Nuestra educación] adolece de una enorme carencia en lo que atañe a una necesidad primordial del vivir: equivocarse y engañarse lo menos posible, reconocer fuentes y causas de nuestros errores e ilusiones, buscar en toda ocasión el conocimiento más pertinente posible." Edgar Morin


Lo peor que le puede pasar a una persona, sea en su vida cotidiana o en su vida laboral, es pensar que ya lo sabe todo, que ya no tiene nada que aprender.

Hoy en día, aprender durante toda la vida no es una opción, es una obligación. Nadie sabe cómo será el futuro, pues el mundo cambia cada vez más y más deprisa, por lo que debemos estar preparados para enfrentarnos a él. Y no hay mejor manera de prepararse para los retos que han de venir que prepararse día a día para afrontar el presente.

Por eso hay que cambiar nuestra forma de enseñar en las escuelas. Hay que preparar a los niños y jóvenes para que vivan el presente, no para lo que serán en el futuro. Hay que enseñarles a equivocarse lo menos posible, por lo que no podemos castigarles o sancionarles por errar, sino que debemos darles las herramientas para que lo hagan lo menos posible.

Analizar y evaluar nuestros actos y sus consecuencias es una labor que debe enseñarse desde la escuela. Debemos aprender que nuestras acciones conllevan unas consecuencias. Por ello, no solo es importante aprender contenidos de las materias curriculares, sino que debemos aprender a utilizar las herramientas no cognitivas que nos permitan dar respuesta a los desafíos.

La escuela nos enseña sin tener en cuenta los problemas que plantea el vivir, como si el conocimiento y el saber estuvieran desvinculados de la vida real. ¡Qué gran error! En la escuela debemos preparar la vida en todos sus ámbitos: aprender a conocer, a ser, a hacer y a convivir. Y eso, no es una opción, es una obligación.

En muchas ocasiones pienso que no hacemos esto en nuestras escuelas porque la educación actual carece de poesía... porque deja de lado la vertiente humana, aquello que tiene que ver con lo más íntimo de las personas, con las emociones. En realidad, es nuestro mundo el que no tiene poesía, el que obliga a la escuela a preparar a los jóvenes para la empleabilidad y para que sirvan para el progreso económico. Pero la realidad es que la escuela debe preparar para la vida, para desarrollar su potencial al máximo.

La realidad es que la escuela actual está envuelta en un huracán. Las escuelas que funcionan son las que están inmersas en el ojo de huracán, donde todo está en calma. Pero el resto están siendo sacudidas por los fuertes vientos de cambio que azotan nuestro mundo. Para conseguir salir del huracán, estas escuelas deben entender que hay que preparar a los niños y jóvenes para que sean capaces de aprender autónomamente durante toda su vida.
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