¿Educar para seleccionar o educar para incluir?

domingo, 30 de septiembre de 2018
"Estamos en un contexto de incertidumbre y no se puede decir qué será del día de mañana, excepto si nos consideramos profetas. Pero si el futuro es incierto, significa que lo peor tampoco es seguro, y que dependerá también, al menos en parte, de lo que hagamos o no hagamos en el presente para orientar su trayectoria." Robert Castel


Cuando hablamos del futuro, de cómo será la sociedad de aquí a unos años, solemos tener una visión negativa, en ocasiones apocalíptica. Pero lo cierto es que esa incertidumbre, el hecho de que no sepamos cómo va a ser, nos debería dar esperanza para conseguir que sea un futuro esperanzador. Y nuestras decisiones y actuaciones presentes van a condicionar que sea así o no.

Es por esto que ha llegado el momento de escoger cuál debe ser el propósito de la escuela: seguir seleccionando y excluyendo o formar e incluir. Nuestra decisión va a tener, sin duda, una enorme influencia en cómo serán los tiempos venideros.

Nuestra sociedad es enormemente competitiva y en un momento de descuido, en una mala decisión, puedes quedar fuera de juego. Bauman lo compara con una especie de cruel juego de las sillas, en el que si no estás atento y aprovechas tus oportunidades puedes quedar fuera del sistema. Y esa exclusión no debe nunca iniciarse en la escuela.

La escuela (el sistema educativo) debería perseguir que cada persona pueda desarrollar al máximo su potencial, sea este cual sea, para que se desarrolle como individuo y participe activa y responsablemente de la sociedad en la que vive. En cambio, el sistema educativo actual promueve la competición entre individuos, el enfrentamiento entre rivales (como si de una competición deportiva se tratase). Tienes que ser mejor que los demás para tener mejores oportunidades.

Pero en realidad es cuando trabajamos con otros, cuando colaboramos, cuando nos convertimos en verdaderamente competitivos, porque la suma de individualidades tiene un efecto amplificador en los resultados que se obtienen. Y este es un valor, una habilidad, cada vez más importante en el mundo actual.

Más que educar para ser competitivos, debemos educar para ser competentes... y eso implica no dejar a nadie abandonado a su suerte por el camino de la educación.

10 cosas que todos tus alumnos y alumnas merecen

domingo, 23 de septiembre de 2018
"El sistema educativo se tendría que construir pensando en el desarrollo de los niños." Richard Gerver

Qué y cómo aprender en la escuela es una cuestión clave para el desarrollo de las generaciones futuras y es motivo de múltiples y variadas reflexiones en todo tipo de contextos. A diario, gracias a la magia de las redes sociales y al trabajo incansable de miles de profesionales de la educación, podemos leer, debatir, compartir y comentar muchas experiencias y teorías educativas, con las que no siempre se está de acuerdo, pero que nos enriquecen.

Hoy os propongo algo distinto. Más allá de las grandes metodologías didácticas, os propongo pensar en esas cosas que no cuestan mucho y dan resultados fantásticos. En esos pequeños detalles que muchas veces pasan desapercibidos y pueden hacer que el clima de aprendizaje en el aula sea el adecuado, que la actitud de los alumnos y alumnas para el aprendizaje sea la más propicia para alcanzarlo, que la relación docente/alumno sea fluida y respetuosa.

Dice Juanjo Vergara (@juanjovergara) que los alumnos, y nosotros mismos, aprendemos porque queremos, cuando sentimos la necesidad de conocer. Os propongo 10 cosas que todos los alumnos y alumnas merecen y que ningún docente debería dejar de darles para facilitar que sientan esa necesidad de conocer:

1. Confianza, que se crea en ellos. Todo alumno merece que el docente crea en él, que lo trate como si tuviera el potencial necesario para hacer cosas maravillosas. Solo así un alumno puede alcanzar su máximo talento y tener la oportunidad de perseguir sus sueños.

2. Ser escuchados. En general, a los niños y niñas se le oye mucho, pero se les escucha poco. Es hora de que tengan voz, que se tengan en cuenta sus necesidades, sus intereses, sus motivaciones.

3. Participar activamente. Si lo que se propone en el aula parte de sus intereses, los alumnos y alumnas deben ser partícipes de la organización y la realización de las actividades que se llevan a cabo.

4. Recibir sonrisas. Todos los alumnos y alumnas debería recibir, al menos, una sonrisa en cada clase. Crear un clima afectivo y alegre facilita un ambiente propicio para aprender y para convivir.

5. Escuchar cosas amables y constructivas. Dirigirse a los alumnos y alumnas con un lenguaje positivo, que destaque lo bueno y que no estigmatice con negatividad, también es un elemento imprescindible para un buen ambiente de aprendizaje y de convivencia.

6. Ser mirados a los ojos. Un alumno que siente la mirada de su profesor, siente a su vez que es participe de lo que está sucediendo en el aula. Además, si la mirada es el espejo del alma, el contacto visual facilita la conexión a nivel emocional.

7. Saciar su curiosidad y creatividad. La actividad de los docentes debe ir encaminada a que los alumnos y alumnas aprovechen su curiosidad para aprender y su creatividad para tener una mirada disruptiva.

8. Permitir que aprendan de sus errores. No es bueno que a los alumnos y alumnas se les ponga todo fácil "para que no se frustren". Debe permitirse que pierdan el miedo a equivocarse, a probar cosas nuevas, a hacer las cosas a su manera.

9. Inclusión. Es obligación de todo docente que se haga todo lo posible para evitar la exclusión del sistema del cualquier alumno o alumna. Que no se les seleccione con criterios arbitrarios debería ser un objetivo prioritario en la escuela del siglo XXI.

10. Aprender más allá de aprobar. Como conclusión, todos los alumnos y alumnas merecen que se les enseñe más allá de aprobar, que su paso por la escuela les proporcione los conocimientos, las destrezas y las habilidades necesarias para tener éxito (a todos los niveles) en la vida.
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Enseñar en un mundo digital y acelerado

domingo, 16 de septiembre de 2018
"La profesión del educador contribuye más al futuro de la sociedad que cualquier otra profesión." John Wooden

Cuando nos enfrentamos al reto de tener que enseñar/formar/educar deberíamos tener siempre presente el contexto y las circunstancias en las que vivimos, nosotros como educadores y, más importante aún, los sujetos de la educación: hijos, alumnos...

Y lo cierto es que vivimos en un mundo global, digital, hiperconectado, acelerado y superficial donde el acceso al conocimiento se ha facilitado de forma impensable hace tan solo unas décadas. Cualquier conocimiento, información, idea... (incluso los más inadecuados) están a nuestro alcance a un solo "clic". Por tanto, todo aquello que nuestros hijos/alumnos quieran aprender, lo harán por su cuenta y sin ningún tipo de filtro en YouTube. ¿Es adecuado delegar el acceso al conocimiento a Internet?

Quizás ha llegado el momento de adelgazar y flexibilizar los currículos educativos y dejar más tiempo y espacio a los intereses y motivaciones de los alumnos y alumnas. Creo que sí que hay una serie de conocimientos que podríamos llamar clave o básicos a los que todo alumno debería acceder. Pero cuando analizamos los estándares de aprendizaje que establece el currículo, aunque hagamos un análisis rápido y superficial, nos damos cuenta de que esos contenidos distan mucho de ser los básicos y obligatorios para todo alumno.

La realidad de la educación actual es que nos enredamos en debates interminables sobre qué metodología o qué tecnología debemos utilizar cuando nuestros debates y discusiones deberían centrarse en el qué, el para qué y el cuándo educar. La verdadera revolución de la educación pasa por redefinir cuál es su propósito, cuál es su fin. Cuando tengamos claro su propósito y cuáles son los conocimientos y/o competencias que deben adquirir nuestros alumnos y alumnos, será el momento de hablar del cómo las adquieren.

La realidad de nuestro día a día en educación es que la pobreza de recursos (materiales y teóricos) para innovar se ve sustituida por el ímpetu, el entusiasmo y la entrega de un pequeño porcentaje de docentes... y, aún reconociendo el enorme mérito de estos docentes, este no es el camino para educar en un mundo digital y acelerado.
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Todo profesor quiere que sus alumnos aprendan

domingo, 9 de septiembre de 2018
"El currículo es viejo, viejo, viejo. Enseñamos a leer libros sobre nada importante, a escribir a mano con buena letra, a calcular de cabeza, a memorizar tablas... y todo esto ya no es tan útil como antes." Marc Prensky

Cuando debatimos, en ocasiones acaloradamente, sobre qué, cómo, cuándo y dónde educar nos aferramos a nuestras creencias, experiencias e ideas y nos olvidamos que hay un principio básico indiscutible: Todo profesor quiere que sus alumnos aprendan. A partir de aquí podemos empezar a debatir, reflexionar e incluso discutir de manera que sirva para, entre todos, mejorar la educación que ofrecemos a nuestros niños y jóvenes.

Todo docente quiere enseñar a sus alumnos aquello que ellos creen que les va a servir para su desarrollo personal y/o laboral... la cuestión principal reside en establecer qué aprendizajes son estos y cuál es la mejor manera de alcanzarlos.

Hace un tiempo escribí en un post para la campaña #realinfluencers que "enseñar no puede reducirse solo a una técnica, a la aplicación de una u otra metodología didáctica. Esta es condición necesaria, pero no suficiente. Un buen docente, además de tener un gran conocimiento de la materia (o materias) que imparte, debe tener una serie de habilidades, destrezas y valores como la empatía, la resiliencia, la creatividad, la capacidad de comunicar (escucha, diálogo), la tolerancia a la frustración... A su vez debe también conocer a sus alumnos (sus talentos, sus limitaciones, sus posibilidades) y el contexto en el que enseña." Y sigo suscribiendo cada una de estas palabras. Una persona puede ser un gran músico, por ejemplo, un excelente guitarrista... pero eso no le capacita de manera fehaciente para ser un buen educador... la enseñanza requiere conocimientos específicos para llevarla a cabo.

La mejora de la educación pasa ineludiblemente por la redefinición de cuál es su propósito y aquí hay múltiples opiniones que se basan más en creencias e ideologías que en constataciones basadas en principios válidos y coherentes. Lo que no debería ser motivo de disputa es que para educar se necesita una mayor dotación económica por partes de las administraciones (la educación no es un gasto, es una inversión), una mejor formación inicial y continua para los docentes (que esté contemplada en su horario de trabajo), la disminución de las ratios y la elaboración de leyes educativas valientes que recojan la experiencia de las personas que están cada día a pie del cañón en las aulas.

A pesar de todo... creo que la educación que se ofrece en nuestros centros educativos es de una altísima calidad y que la escuela y los profesionales que en ella trabajan realizan una tarea poco valorada y reconocida. Existe una tendencia injustificable a desmerecer esa labor. ¡Claro que hay cosas que se pueden mejorar!... pero no estamos tan mal como a algunos les gusta decir.

Este curso que empieza, y para el que os deseo lo mayores éxitos educativos, vamos a seguir reflexionando y debatiendo sobre educación. Pero que este debate sea constructivo y sirva para una mejora real de la formación y el aprendizaje de nuestros alumnos.
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¿Al salir de clase? Educar durante las vacaciones

domingo, 8 de julio de 2018
"La primera tarea de la educación es agitar la vida, pero dejarla libre para que se desarrolle." Maria Montessori

Ya no hay alumnos en nuestros centros educativos. Llegaron las vacaciones y con ellas, pasa lo mismo cada año, llegan las listas de tareas, deberes o "queredes" que algunos docentes publican en las redes sociales y triunfan en likes y tuits. Listas con incidencia a nivel de prensa, radio y televisión que se sorprenden con el hecho de que haya docentes que no propongan a sus alumnos tareas escolares para los meses de verano.

No, en este post no voy a dar una lista de tareas. ¡Ni nada que se le parezca! Solo quiero invitar a reflexionar sobre qué es la educación (en cualquier época del año, en cualquier contexto, en cualquier circunstancia).

Durante el curso, para muchos niños y niñas la vida fuera de la escuela continúa siendo excesivamente académica. Sus actividades extraescolares son una extensión de saberes y experiencias que se consideran necesarios para tener éxito en la vida (especialmente en la laboral). Y esa misma idea suele hacerse extensiva durante el periodo vacacional.

¡Por eso me encantan esas listas! Me parece que son propuestas muy necesarias para que la educación de niños y niñas cumpla con su principal propósito: prepararles para la vida (en todos los sentidos). Lo que en realidad cuestiono es que esas tareas se propongan solo para las vacaciones, deberían plantearse durante todo el año y, especialmente, en los centros educativos durante el curso académico.

Dibujar o escribir lo que te apetezca, pasear por el bosque, escuchar música, mirar las estrellas, hacer deporte, cantar, bailar, jugar, leer por gusto, hacer nuevos amigos y amigas... ¡eso hay que hacerlo siempre! Eso, junto con la adquisición de contenidos y competencias curriculares, es preparación para la vida.

Casi siempre olvidamos que el día tiene 24 horas. Si de estas, 8 las pasamos durmiendo, nos quedan 16 horas para realizar actividades de todo tipo. También durante las vacaciones. Por lo que si un niño o niña necesita reforzar algún aspecto académico durante las vacaciones, tampoco es ningún crimen. Al contrario, es necesario para que se ponga al día, para compensar aquellos aspectos en los que pueda tener alguna limitación o deficiencia.

Pero para hacer esto no es necesario volver a encerrarse en un aula. Se puede hacer mediante juegos, retos y desafíos que les hagan trabajar y disfrutar al mismo tiempo. La propuesta de actividades gamificadas se me antoja una herramienta genial para estas tareas.

¡Feliz verano!
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7 ideas clave sobre educación que nadie debería cuestionar

domingo, 1 de julio de 2018
"En lo que respecta a la enseñanza, es importante no limitar el porvenir de tus hijos dando por hecho que la educación que tú tuviste será de manera inevitable la más conveniente para ellos. Quizá das por sentado que algunas asignaturas serán necesariamente más útiles que otras para su futuro profesional. Con este mundo en continuo cambio, eso podría no ser cierto." Ken Robinson

Siempre he pensado, y no voy a cambiar de opinión ahora, que en educación no existen recetas mágicas, ni fórmulas infalibles que nos aseguren alcanzar nuestros objetivos. Lo que funciona en un centro, en un aula y con unos alumnos no tiene porque funcionar en otro contexto y circunstancia.

A pesar de ello, creo que sí que existen algunas ideas clave que pueden considerarse como pilares de una educación de calidad. A continuación comentaré 7 de estas ideas que, el título del post, me he atrevido a decir que nadie debería cuestionar... y, aunque soy consciente de que esa es una misión casi imposible, sí que tengo el convencimiento de que son cuestiones que van más allá de metodologías y modas o "motodologías" como me gusta llamarlas, porque te venden la moto sin contrastar y evaluar sus resultados de forma fiable):

1. Mantén siempre un alto nivel de exigencia con tus alumnos y alumnas. No les hacemos ningún favor cuando, para evitar que fracasen o se equivoquen, bajamos nuestro nivel de exigencia. No hay que ponérselo todo tan fácil que no tengan la opción de equivocarse, de tropezar para tener que levantarse... que no tengan que esforzarse.

2. Solo se aprende con trabajo y esfuerzo, el aprendizaje no aparece de manera difusa. Pero el trabajo y el esfuerzo no están reñidos con el goce y el disfrute. El aprendizaje tiene que ser una experiencia gratificante y no frustrante.

3. Saca el máximo provecho de los recursos de que dispongas. Antes de que se me malinterprete, creo que es obligación de toda la sociedad en su conjunto exigir que nuestros centros educativos tengan todos los recursos necesarios para poder desarrollar adecuadamente los procesos de enseñanza/aprendizaje. Pero eso no impide que seamos capaces de exprimir al máximo los recursos (aunque sean escasos) disponibles. Me explico: si mi aula dispone de una PDI, no es de recibo utilizarla de manera similar a una pizarra de tiza.

4. Conoce a fondo a tus alumnos y alumnas, sus talentos y limitaciones, sus sueños y sus frustraciones. Y, como dice mi amigo Manu Velasco (@manu_Velasco), ayúdales a que se conozcan a sí mismos.

5. Consigue que tus alumnos y alumnas sean lo más autónomos posible, tanto en acción (que sean competentes) como en pensamiento (que sean críticos).

6. Huye del aprendizaje memorístico a corto plazo y selectivo que da respuesta a la cultura del examen. Busca que el aprendizaje sea significativo y, en la medida de lo posible, emocionante.

7. Evalúa para diagnosticar, no para calificar. Lo importante no es la calificación, la nota, sino el aprendizaje. Comprobar si se ha aprendido y cómo se ha aprendido debería ser el objetivo de la evaluación en nuestros centros educativos.
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Balance de un año educativo complejo y apasionante: me confieso

domingo, 24 de junio de 2018
Acaba de llegar el verano y con él, al menos en nuestro hemisferio, acaba el curso académico. Es el momento de hacer balance y valorar cómo ha ido todo.

A nivel personal, ha sido un año tan complicado como apasionante. He participado en la coordinación de un material de educación primaria para una editorial. La propuesta consiste en elaborar materiales didácticos que superen el concepto caduco de libro de texto y ofrecer materiales que puedan dar una respuesta diversa y adaptativa a las diferentes necesidades de docentes y alumnos.

Este proyecto me ha llevado mucho tiempo y esfuerzo... y eso ha repercutido en este blog. He tenido alguna que otra crisis para mantener un cierto ritmo de publicaciones y que estas fueren de interés y mantuvieran los niveles de calidad que me autoexijo. También he estado menos participativo en redes sociales y he participado en menos "saraos educativos". En las redes sociales (Twitter) porque aunque aún es mucho lo que me aportan y me encanta compartir y debatir con mi claustro virtual, no me gusta el tono de enfrentamiento y las faltas de respeto que se están produciendo cada vez con mayor frecuencia. Todos deberíamos expresar nuestras ideas y opiniones sin llegar a la falta de repeto y mucho menos al insulto. En jornadas y formaciones... porque el día solo 24 horas y no se puede abarcar todo, al menos con un cierto nivel de calidad y coherencia.

Me gustaría aprovechar la ocasión para aclarar que, con lo que publico en este blog, nunca he tenido la pretensión de decirle a nadie cómo debe dar sus clases o comportarse con sus alumnos y alumnas... es pretencioso y absurdo por parte de cualquiera decirle a un docente cuál es la mejor manera de dar su clase o qué metodología debe aplicar, sin conocer ni a sus alumnos, ni su centro, ni su formación, ni sus circunstancias.

Todo lo que escribo y comparto en este blog o en redes sociales son invitaciones y provocaciones para reflexionar sobre la educación en abstracto porque creo que es lo que debemos hacer todas las personas que nos dedicamos a este mundo. Creo que reflexionar sobre educación mejora (o puede mejorar) la práctica educativa. Estoy convencido de que tanto para utilizar como para cuestionar una metodología educativa es necesario conocerla a fondo... y, a partir de ahí, defender su uso o su abuso. Debemos empezar a valorar cada vez más los datos y los resultados tangibles, que las opiniones o las intuiciones.

Posdata: Lamento el rollo casi psicoanalítico que os he explicado, pero sentía la necesidad de hacerlo. Por cierto, aprovechad el verano para descansar y recuperar energías.
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Educar es conectar mentes y conectar corazones

domingo, 17 de junio de 2018
"La tendencia a tratar el aprendizaje como una actividad individual se ve reforzada por la cultura competitiva de continuos exámenes." Ken Robinson



A veces tengo a sensación de ir contracorriente. En un tiempo donde todo sucede a velocidad de vértigo, donde todo es inmediato, donde se buscan soluciones "mágicas" y recetas metodológicas que prometen arreglar todos los males de la educación, a mi me da por mantener un blog donde reflexionar sobre todos estos temas... y parece que eso ya no se lleva, que no está de moda.

A pesar de ello, me reafirmo: hoy es más necesario que nunca reflexionar sobre la educación. Y es que lo que estamos viviendo en nuestros centros centros educativos, en particular, y en la sociedad, en general, es tan apasionante como peligroso.

Desde que las neurociencias nos han permitido entender que nuestras habilidades personales pueden desarrollarse a lo largo de toda la vida, a la educación formal se han abierto un abanico de posibilidades que, aunque conocidas desde hace mucho tiempo, no se daban las condiciones adecuadas para su implementación en la realidad de nuestras escuelas. Lo que nos propusieron hace muchos años pedagogos como Montessori, Freinet, Dewey, Decroly y otro muchos, hoy puede ser al fin realidad en nuestros centros educativos.

Dice José Antonio Marina que el talento no está antes, sino después de la educación. Eso supone que no solo podemos y debemos aprender ciencias, matemáticas o literatura, sino que también podemos y debemos aprender capacidades como la creatividad, el emprendimiento, el agradecimiento, la perseverancia o la resiliencia. A pesar de ello seguimos enseñando y evaluando como si el aprendizaje solo pudiera alcanzarse de forma individual, memorística, repetitiva y competitiva.

Sin duda el aprendizaje necesita de la memoria, pero aprender no es memorizar. Aprender es conectar, relacionar, comparar, analizar, intercambiar y colaborar. Para aprender es necesario conectar mentes y conectar corazones, compartir conocimiento y compartir emociones. Para aprender es necesario conectar ideas y hechos, saberes y valores, conceptos y sentimientos.

La escuela no es un simulacro de la vida, la escuela es la vida... y, en ella, los alumnos y las alumnas deben adquirir y manejar los conocimientos, las habilidades, las destrezas y las capacidades que necesitan para dar respuesta a los retos, desafíos y necesidades que les plantea la vida.

El "docente instructor", aquel que enseña exclusivamente conceptos y datos de una materia o asignatura, es una reliquia del pasado. Pero, el "docente emocional", el que solo trabaja lo emocional, lo sentimental, el ser, es una falacia bienintencionada del presente. Todo docente debe ser a la vez "instructor" y "emocional" porque como dice el maestro Francisco Mora solo se aprende lo que se ama.

La educación del siglo XXI debe hacer personas más competentes que competitivas, más colaboradoras que individualistas, más críticas que sumisas, más autónomas que dependientes y eso solo se consigue si conectamos mentes y conectamos corazones.
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¿Puede un algoritmo educar a un niño?

domingo, 10 de junio de 2018
"Los megamillonarios de Silicon Valley saben perfectamente que es mucho mejor que sus hijos tengan una enseñanza personalizada a que sean instruidos por los algoritmos de los ordenadores. Pero es inexacto decir que apartan a sus hijos de la tecnología, pues cuando terminan las clases la utilizan en su casa." Linda Castañeda

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? es el título del libro en el que se está inspirada la película de culto Blade Runner. ¿Serán las generaciones futuras educadas por robots mediante complejos algoritmos?, podría ser el título de una reflexión sobre el futuro inmediato de la educación.

Uno de los grandes retos a los que va a enfrentarse la educación en los próximos años, como otros muchos aspectos de nuestro mundo, es la "robotización" de los procesos de enseñanza/aprendizaje. De hecho, el proceso ya ha comenzado. Se están empezando a proponer soluciones tecnológicas simples (y de bajo coste) a complejos problemas y situaciones educativas. Se pretende que un algoritmo marque el camino de aprendizaje personalizado para cada uno de los estudiantes. Se piensa erróneamente que un buen algoritmo es mejor que un mal profesor... pero deberíamos tener claro que ese es el peor error que se puede cometer para que la educación del futuro sea de calidad.

Un algoritmo nunca podrá sustituir a un docente, como mucho podrá ayudarle, facilitar su tarea. Pero esto es así siempre y cuando entendamos de una vez por todas que en las escuelas los alumnos van para mucho más que para aprender contenidos de las distintas áreas curriculares o asignaturas, allí los alumnos y las alumnas deben aprender todos aquellos contenidos, todas aquellas destrezas y habilidades que les permitan tener éxito en la vida.

Con un algoritmo se puede instruir, pero no educar. Como dice Catherine L'Ecuyer: 
"La dificultad de educar, y también paradójicamente el éxito en hacerlo, reside precisamente en eso: en la capacidad de discernir entre lo que reclama el niño y lo que reclama su naturaleza, que no siempre coinciden. Eso no lo puede hacer un manual de crianza escrito por personas que no conocen a nuestros hijos, no lo puede hacer una aplicación informática, por muy sofisticados que sean sus algoritmos, ni nos lo pueden resolver consejos, por muy bienintencionados que sean, y menos si son oportunistas y seudocientíficos."

La tecnología está facilitando y facilitará, sin ninguna duda, los procesos de enseñanza/aprendizaje. Pero, en educación, el factor humano es indispensable e insustituible. El mundo actual es digital, nuestros hijos y alumnos usan la tecnología para su vida cotidiana e incluso algunos piensan que los robots nos sustituirán en muchas de las tareas que no necesitan de la creatividad y la intuición de los humanos... y la docencia es una de estas tareas.
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Aquí no sobra nadie: Decálogo para una escuela inclusiva

domingo, 3 de junio de 2018
"No hay calidad sin equidad. No hay equidad sin atención a la diversidad. No hay buena atención a la diversidad sin concepciones y actitudes presididas por el sentido de inclusión." Miguel Ángel Santos Guerra

Todos somos iguales y todos somos distintos. Iguales en derechos y deberes, en oportunidades; todos somos distintos en intereses y talentos. Por ello, la verdadera revolución, la transformación radical que debe producirse en el mundo de la educación es que la escuela debe dejar de ser selectiva y debe pasar a ser inclusiva.

Creo sinceramente que el mundo es mejor cuando compartimos, que cuando competimos; creo que es más justo cuando incluimos, que no cuando seleccionamos y excluimos. Y la escuela debe ser un instrumento para que esto sea posible.

A continuación, propongo 10 ideas para una escuela inclusiva*:

1. Escuela de calidad para todos y todas. Todos tenemos derecho a recibir una educación de calidad que nos permita desarrollar al máximo nuestro potencial y nuestro talento y minimizar al máximo nuestras limitaciones.

2. Atender la diversidad del alumnado. Se trata de ofrecer a todos los alumnos y alumnas las mismas oportunidades y condiciones a través de una atención personalizada.

3. Formación docente continua y de calidad. La escuela inclusiva necesita que los profesores y profesoras estén permanentemente aprendiendo y formándose, compartiendo experiencias entre ellos.

4. Fomentar la creatividad y la innovación del profesorado.  Se trata de conocer y dominar las metodologías didácticas que den respuestas a los desafíos a los que se enfrentan ante sus alumnos y alumnas.

5. Educación emocional. Una escuela inclusiva no solo debe enseñar contenidos de las distintas áreas curriculares, sino que debe ayudar a que los alumnos y alumnas identifiquen y gestionen de forma eficaz sus emociones.

6. Afecto y confianza. Los alumnos y alumnas de una escuela inclusiva deben aprender a autogestionarse y a tener la máxima autonomía, sean cuales sean sus talentos y limitaciones.

7. Implicación de todos los agentes de la comunidad educativa. Docentes y familias deben participar activa y conjuntamente en la organización y el funcionamiento de una escuela inclusiva.

8. Favorecer la permanencia de los alumnos y alumnas en el sistema educativo. La orientación y la tutorización son herramientas fundamentales para conseguir que nadie quede fuera del sistema educativo, porque ello supondría su exclusión social.

9. Cambiar los sistemas de evaluación. En una escuela inclusiva se deben evaluar los procesos de aprendizaje y el esfuerzo por alcanzarlos y no solo los resultados.

10. Todo el alumnado, sin excepción, debe formar parte activa y responsable de la comunidad escolar. La escuela es una representación de la vida misma por lo que un funcionamiento democrático de la misma es una condición inexcusable.

*Parte de este decálogo está inspirado en las conclusiones y las actas del congreso Diversidad, calidad y equidad educativas, celebrado en diciembre de 2011... pasan los años y seguimos luchando por conseguir una escuela inclusiva.
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10 mentiras sobre la educación escolar actual

domingo, 27 de mayo de 2018
"Una escuela es una comunidad de personas que aprenden. ¿Qué hace que una escuela sea buena? Debería crear las condiciones óptimas para que tus hijos aprendan y evolucionen en todos los aspectos (...): cognitivo, afectivo, social y espiritual. Debería sacar a la luz sus mejores cualidades personales y ayudarles a desarrollar las competencias que necesitan para abrirse camino en la vida." Ken Robinson: Tú, tu hijo y la escuela.


La educación está viviendo un momento de transformación, que podríamos denominar disruptivo. Es decir, todo está cambiando inevitablemente y a una velocidad impensable para una institución históricamente tan conservadora como es la escuela. Esta situación de crisis de transformación está creando ciertas distorsiones a la hora de interpretar lo que está pasando realmente.

Este artículo está pensado para desenmascarar algunas de estas confusiones y mentiras que circulan en nuestro día a día y que, gracias a las redes sociales, se amplifican y transmiten sin freno y sin las verificaciones que serían convenientes.

1ª mentira: Si una persona despertara después de cincuenta años en un aula de una escuela actual, no vería ningún cambio con respecto a la escuela de su época. La transformación de los espacios de aprendizaje en las escuelas se está produciendo cada vez de forma más evidente. Eso que se conoce como aula del futuro es una realidad cada día más evidente, a pesar de los costes económicos que conlleva. Lo cierto es que se están creando nuevos espacios que condicionan una nueva manera de enseñar y de aprender.

2ª mentira: El propósito de la escuela continúa siendo invariablemente la transmisión de conocimiento de las diferentes áreas curriculares. Sin duda, esta continúa siendo una de las funciones de la escuela, pero no es la única ni posiblemente la más importante. Como dice Robinson en la cita que encabeza este post, el propósito de la escuela es dotar de los conocimientos, las herramientas, las destrezas, las habilidades... que ayudarán a nuestros alumnos y alumnas a tener éxito en la vida.

3ª mentira: Los alumnos son receptores pasivos de su aprendizaje. La consolidación de un buen número de metodologías inductivas, que se están introduciendo de manera evidente en nuestras aulas, es una buena muestra de ello. El problema, como he comentado ya en otras muchas ocasiones, está en no hacer un buen uso de ellas... está sucediendo y es necesario ponerle freno.

4ª mentira: Hay un fuerte enfrentamiento entre "buenos" y "malos" profesores. Podría parecer que eso está sucediendo... pero creo que es más un eco, una consecuencia de la utilización masiva y descontrolada de las redes sociales. En ellas damos rienda suelta a nuestro ego y transmitimos una imagen distorsionadas e idealizada de la realidad. Los "superprofes" no existen... o quizá sí, cualquier persona que dedica su tiempo a enseñar, a facilitar el aprendizaje de otra persona, merece ese calificativo. Pero no siempre lo grandes profes reciben premios y reconocimientos.

5ª mentira: Más innovación, implica más y mejor aprendizaje. Esta afirmación no siempre es real. En el nombre de la innovación se están cometiendo verdaderas atrocidades con nefastas consecuencias para el alumnado. La innovación debe tener sentido y debe disponer de tiempo para consolidarse.

6ª mentira: La tecnología no se está incorporando en las aulas. No es verdad, la tecnología sí que se está incorporando en los procesos de enseñanza/aprendizaje. Sí, es cierto que a un ritmo muy lento y no sin dificultades y múltiples obstáculos, pero cada día se están mejorando procesos gracias al uso de las TIC. Por si alguien aún tiene la intención de enfrentarse a esta realidad, le diría que dedicara su esfuerzo a otros asuntos... la tecnología acabará siendo un elemento imprescindible en nuestras aulas de manera inminente e inevitable.

7ª mentira: La neurociencia está transformando nuestra forma de enseñar y de aprender. Esto aún no es una realidad, la neurociencia está todavía en una fase demasiado embrionaria y la incidencia de sus descubrimientos en la realidad del aula es muy compleja y difícil. Estoy convencido de que en un futuro (que deseo no muy lejano) está mentira pasará a ser una verdad indiscutible.

8ª mentira: Hay que enseñar a cada niño o niña según su estilo de aprendizaje. En ocasiones comentemos el error de querer facilitar demasiado la labor de los alumnos. En lugar de limitarnos a enseñarles de manera que se refuerce su talento, quizá resulte más interesante que les enseñemos reforzando aquello en lo que tienen más dificultades o limitaciones. Relacionado con esto, me gustaría poner atención el mal uso que se está cometiendo de la teoría de la inteligencia múltiples en muchas aulas, reconocidas y denunciadas por el propio Gardner. 

9ª mentira: Hay que mejorar los resultados en PISA a toda costa. Esto es algo que nuestros gobernantes, e incluso la opinión pública (si es que esta existe), demandan como si fuera la solución a todos los problemas de nuestro sistema educativo. PISA solo es un indicador, potente pero limitado... la mejora de los resultados debería ser por mejorar los procesos de enseñanza/aprendizaje y no por preparar a nuestros alumnos y alumnas para mejorar en estas pruebas.

10ª mentira: Hay que recuperar la cultura del esfuerzo: codos, codos... Creo que no hay que confundir la capacidad de sufrimiento y angustia, con la motivación y las ganas de trabajar y estudiar. Los alumnos se esfuerzan más cuando entienden y captan el sentido y la aplicación de aquello que están aprendiendo. Es hora de acabar con los exámenes que solo evalúan la retentiva a corto plazo de información y pasar a una evaluación diagnóstica que sirva para mejorar el aprendizaje de nuestros alumnos y alumnas.

Seguro que tú conoces otras mentiras sobre la educación escolar actual... ¿las compartes con nosotros?
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Autocomplacencia educativa: Más no siempre es mejor

domingo, 13 de mayo de 2018
"Está de moda el dar más, exigirse, ir más lejos, estar maravilloso por dentro y por fuera, hacer deporte y cuidarse. Pero esta corriente e imposición por la superación personal puede generar unas expectativas inalcanzables para algunos y sentimientos de frustración, la sensación de tener que estar siempre corriendo para no llegar nunca."  Patricia Ramírez (@patri_psicologa)

Vivimos con la permanente, incómoda y desagradable sensación de que, si te despistas, te quedas fuera de juego... y eso nos conduce con demasiada frecuencia a la insatisfacción y a la frustración personal y profesional. Ante esta situación los profesionales de la educación tenemos dos opciones: nos rendimos y decidimos hacer siempre lo mismo pase lo que pase, suceda lo que suceda; o, por el contrario, no dejamos de hacer más, de buscar nuevos caminos, de innovar sin descanso.

Las personas autocomplacentes suelen ser indulgentes y poco críticas, se sienten satisfechas con lo que hacen y dicen. Basan su vida en la aceptación de lo establecido, rehúyen de las complicaciones. En principio, eso no me parece mal siempre y cuando sus alumnos y alumnas, en el caso de los docentes, aprendan. El problema es que este tipo de personas no aceptan otros puntos de vista, otras formas de actuar y se pasan la vida atacando a aquellos que no se regocijan en su aceptación de lo establecido.

En el lado contrario están aquellos y aquellas que no dejan de hacer cosas nuevas cada día, que lo "flipean" todo, que "gamifican" hasta lo "ingamificable". Sé que es duro de aceptar, pero en educación no siempre más es mejor.

Creo que en estos momentos convulsos y de transformación de la educación, sería muy positivo dejar que las metodologías que se están introduciendo en las aulas se consoliden, se evalúen y se mejoren con datos reales y contratables y no con intuiciones bienintencionadas, pero no siempre constatables.

Que hay que cambiar es una realidad incuestionable. Que tengamos que hacerlo de cualquier modo y a cualquier precio... eso es más que cuestionable. En ciertos momentos, aceptar nuestras limitaciones y nuestro modo de hacer las cosas, no es incompatible con la capacidad de mejorar.
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El mejor regalo de un docente a su alumno: Cree en ti

domingo, 29 de abril de 2018
"Si no puedes volar entonces corre, si no puedes correr entonces camina, si no puedes caminar entonces arrástrate, pero hagas que hagas, sigue moviéndote hacia adelante." Martin Luther King

¿Para qué sirve la escuela? En la respuesta a esta cuestión está la verdadera clave de la innovación educativa. En este mundo globalizado, digitalizado y en continuo movimiento, la escuela ha de servir para mucho más que para transmitir los contenidos de las distintas áreas curriculares. El mundo y los desafíos que nos plantea son tan complejos que ya no podemos darle respuesta con respuestas simples y compartimentadas.

El verdadero propósito de la escuela es preparar para la vida y eso no es tarea fácil ni simple. Para conseguir este objetivo la escuela debe ser por un lado transmisora del saber de las distintas disciplinar, pero de no manera aislada y ni descontextualizada, ese saber tiene que ser multidisciplinar y, sobre todo, aplicable en la solución de situaciones reales de la vida.

Pero para cumplir con su función, la escuela aún debe ir más allá. La capacidad de trabajar en equipo, el reconocimiento y la gestión de las emociones, el espíritu crítico y la capacidad para pensar de forma autónoma, entre otras muchas cosas relacionadas con la educación del carácter y las habilidades y destrezas personales, son imprescindibles para que nuestros alumnos afronten el futuro con garantías de éxito.

"Cree en ti" debería ser el mejor regalo que los docentes puedan hacer a sus alumnos y alumnas. La confianza en sus posibilidades y el conocimiento y aceptación de sus limitaciones (al menos para poder enfrentarse a ellas) es la manera más adecuada para que desarrollen al máximo su talento y puedan perseguir sus sueños. Porque los sueños son el combustible del aprendizaje.

Cree en ti, cree en ti, cree en ti, cree en ti... debería ser una especie de mantra que los docentes deberían repetir constantemente a los jóvenes que deben hacer del mundo un lugar mejor... y esa es una tarea tan compleja que lo que los alumnos y alumnas deben aprender en la escuela va mucho más allá de aprobar exámenes y memorizar conceptos. Aunque parece que a algunos todavía les cueste un poco entenderlo.

Para alcanzar estos conocimientos, destrezas, habilidades y saberes hay muchos caminos distintos. El mejor de ellos lo debes decidir tú en función de tu realidad, de tus circunstancias y las de tus alumnos. La mejor manera de enseñar es la que consigue que los alumnos aprendan... y eso se puede conseguir de las más diversas formas, no hay un único camino ni una receta mágica.

Cree en ti... yo creo en ti.
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La curiosidad como motor de aprendizaje

domingo, 22 de abril de 2018
"La curiosidad es la llave que abre las ventanas de la atención, y con ella el aprendizaje y la memoria, y con lo aprendido y su clasificación, la adquisición de nuevos conocimientos." Francisco Mora

Dicen que la curiosidad mató al gato, pero en realidad la curiosidad no suele matar a nadie. En realidad es un impulso humano que nos ha llevado a viajar al espacio, a explorar las profundidades de los océanos, a componer los más hermosos sonetos y a proponer las teorías científicas que explican el origen del universo, entre otras muchas maravillas.

Entonces, ¿por qué la curiosidad no es el combustible que utilizamos para que nuestros alumnos y alumnas aprendan? Puede que sea porque las personas curiosas son más creativas y menos propensas a ser manipuladas y "domesticadas". La curiosidad lleva a desarrollar el espíritu crítico y la iniciativa emprendedora y esas son características que no todo el mundo, por desgracia, está dispuesto a desarrollar en nuestros niños y jóvenes, no sea el caso que cuando sean mayores nos salgan contestatarios y revoltosos... que no hagan lo que se les dice.

Las personas curiosas se cuestionan el porqué de las cosas, su funcionamiento y dejan de lados los argumentos banales como es "siempre se ha hecho así". Eso permite innovar, mejorar los procesos, plantear nuevas propuestas, buscar nuevas soluciones. Por eso, la curiosidad también debe ser el combustible que mueve a todas las personas que se dedican a educar.

La curiosidad nos lleva a cuestionar las cosas, a buscar las preguntas adecuadas para descubrir las mejores respuestas. Lo curioso de ser curioso es que vives la vida con pasión, enfrentándote sin desfallecer a todos los retos a los que te enfrentas. Eso hace la vida más divertida, más emocionante. Los curiosos parecen que se enfrentan a lo que les motivo sin esfuerzo, con energía positiva, pero en realidad trabajan muy duro, sin descanso.

Pero, ¿es bueno tener demasiada curiosidad? ¡Claro que sí! Siempre y cuando entendamos que el cotilleo, el chismorreo y las habladurías no tienen nada que ver con la curiosidad bien entendida. Cuanta más curiosidad, más aprendizaje y mayor crecimiento personal, por tanto, sé curioso y despierta la curiosidad de tus alumnos y alumnas para que aprendan significativamente, todo será un y más poco más fácil y gratificante.
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Lo que un profesor es y lo que no es

domingo, 15 de abril de 2018
"Un maestro es una brújula que activa los imanes de la curiosidad, conocimiento y sabiduría en sus pupilos." Ever Garrison.

Un profesor (o profesora) es, sin duda, toda aquella persona que tiene la generosidad y la valentía de situarse ante lo que es, casi siempre, un número excesivo de alumnos y alumnas para conseguir que estos aprendan matemáticas, literatura, ciencias, física, música... pero también a ser mejores personas, más autónomas y capaces de afrontar los retos de la vida. Un profesor es el que toca la mente de sus alumnos, pero también su corazón.

Por eso, un profesor no es el que aprueba o suspende, es el que enseña. Es quien posibilita que sus alumnos y alumnas aprendan siempre y en cualquier circunstancia, es quien les dota de las capacidades, destrezas y habilidades que les permitirán no dejar de aprender nunca. 

Un profesor no es el que grita y castiga, sino el que convence y responsabiliza. Es el que no despierta miedo sino gratitud. Un profesor no es un amigo porque pone límites a sus alumnos dejando claro qué se puede y qué no se puede hacer. Por muy buena relación que tenga con ellos no es un colega, es un ejemplo, un guía, un modelo, una referencia... pero no un amigo. La relación profesor alumno siempre es inevitablemente desigual.

Aunque puede parecer contradictorio con lo dicho antes (pero no lo es), un profesor es el que no limita los sueños de sus alumnos, el que no corta sus alas, el que sabe ver en cada uno de sus alumnos cuál es su verdadero y propio potencial, e identificar cuáles son sus límites. Por eso les enseña de forma que puedan superar sus limitaciones y llegar siempre lo más lejos posible. 

Un profesor es aquel que no etiqueta a sus alumnos, sino que es capaz de desterrar de su vocabulario palabras y expresiones negativas que limitan y coartan a sus alumnos. Un profesor no selecciona, incluye; no pone nota para calificar sino para detectar qué hay que hacer para que sus alumnos mejoren su aprendizaje.

Un profesor (o profesora) es, sin duda, un bastión fundamental para que el mundo sea cada día un poco mejor. Y, por eso, merece el reconocimiento y la gratitud de toda las sociedad.
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La mejor educación: la teoría de las croquetas de mamá

domingo, 8 de abril de 2018
"La educación es un acto de amor, por tanto, un acto de valor." Paulo Freire

Cuando valoramos nuestra forma de educar o simplemente hablamos de educación, nos pasa lo mismo que cuando hablamos de las croquetas de nuestras madres: todos pensamos que las de la nuestra son las más buenas del mundo, las mejores que hemos probado nunca, que no hay otras iguales.

Es lo que podemos denominar la "Teoría de las croquetas de mamá".

¿Cuál es el secreto del éxito de las croquetas de nuestras madres? No, el secreto no está en los ingredientes ni en la manera de cocinarlas, el secreto está en el único ingrediente común en las croquetas que haces nuestras madres: están hechas con mucho amor. Su rebozado puede ser más o menos crujiente, su masa puede ser más o menos melosa y sus ingredientes de gran calidad... pero lo que las hacen las mejores del mundo para nosotros es el amor con el que están elaboradas.

Eso mismo sucede con nuestra manera de educar, tenemos una tendencia natural a considerar que la nuestra es la mejor, la más adecuada para nuestros hijos o alumnos. Es igual si utilizamos una u otra metodología, seguimos esa o aquella moda o teoría... consideramos que le nuestra es la mejor manera de educar por que lo hacemos con amor. Porque cuando educamos usamos las TIC de las que habla siempre Manu Velasco (@manu_velasco): Ternura, Interés y Cariño.

Da igual si somos o nos consideramos muy innovadores y lo que elaboramos son esferificaciones de esencia de croqueta (a lo Ferrán Adriá), o si le damos la vuelta a la croqueta y los del interior es crujiente y lo de fuera meloso (a lo Flipped Classroom)... da igual cómo las elaboramos, siempre creemos que son las mejores (exceptuando quizás a aquellos que las compran congeladas aunque sean de una marca que se llame La cocinera).

Si hoy en día aún queda gente que cree el propósito de la educación que se imparte en nuestros centros educativos es exclusivamente la transmisión pura y dura de conceptos y datos de las diferentes asignaturas está cometiendo un grave error, de consecuencias catastróficas para nuestros alumnos y alumnas. La transmisión de datos y conceptos es necesaria, pero no exclusiva. Dotarles de las herramientas que les permiten afrontar de forma adecuada los retos de la vida es un acto de amor y de valor. Por eso creo, que esta, como las croquetas de mi madre, es la mejor manera de educar.
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Compromiso, paciencia y acompañamiento claves del éxito educativo

domingo, 18 de marzo de 2018
"Los líderes educativos necesitan comprender que el cambio es un proceso dinámico que requiere compromiso, paciencia y acompañamiento." Fernández y Pinzón


Estoy muy cansado de las posiciones excluyentes en educación. La educación es algo tan importante y tan grande que no puede dejarse exclusivamente en manos de un grupo particular, sea este cual sea.

La educación no puede depender de manera exclusiva de los políticos, pero necesitamos de su participación responsable y comprometida. No puede estar solo en manos de los investigadores de las universidades y fundaciones, pero necesitamos de sus ideas y de sus planeamientos. La educación no solo puede ser cosa de los docentes que están cada día en el aula, pero entre ignorarlos sistemáticamente y hacer solo lo que ellos quieran hay un gran abanico de posibilidades aún por explorar. También hay que escuchar a los alumnos y alumnas y tener en cuenta sus intereses, propuestas y demandas; y los de sus familias, y lo de las empresas que tendrán que emplearlos en el futuro.

Dicen que Henry Ford comentó que “Si hubiera preguntado a mis clientes qué es lo que necesitaban, me hubieran dicho que un caballo más rápido.” Quizás si lo hubiera hecho ahora nuestras calles aún estarían llenas de artefactos tirados por caballos y no por vehículos a motor. Lo mismo puede suceder en la educación. ¡La educación es cosa de todos!

Educar es generar oportunidades, no solamente transmitir conocimientos, destrezas y habilidades. Educar es preparar para la vida, es desarrollar el talento de todos y cada uno de nosotros para mejorar el mundo. Educar es incluir y no seleccionar. Educar lo es todo... y, por eso, todos debemos hacer lo posible por mejorarla, por cambiarla, por hacerla mejor.

La educación necesita del compromiso de todos y cada uno de nosotros, de nuestra paciencia, de nuestra empatía y de nuestro entusiasmo... y de nuestra capacidad de ir todos de la manos (acompañamiento) ayudándonos y no enfrentándonos.
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El problema de ignorar los problemas de la educación

domingo, 11 de marzo de 2018
"El diseño de mi escuela ideal del futuro se basa en dos hipótesis: la primera es que no todo el mundo tiene los mismos intereses y capacidades; no todos aprendemos de la misma manera. La segunda hipótesis puede doler: es la de que en nuestros días nadie puede llegar a aprender todo lo que hay que aprender." Howard Gardner

Cuando hablamos de educación es fácil que coincidamos en su diagnóstico, pero es casi imposible que nos pongamos de acuerdo en las soluciones que debemos dar para mejorarla. Hay demasiados intereses políticos, ideológicos, económicos... y eso dificulta que se pueda hablar de la educación desde un punto de vista basado en las evidencias y las necesidades reales de las personas y de la sociedad.

Esta diversidad de intereses también provoca que no haya una voluntad real de atender los problemas de la educación por falta de consenso... y eso sí que es un problema.

No es aceptable que no nos enfrentemos de manera decidida y consensuada a acabar con situaciones tan dolorosas como el abandono escolar. Cuando las cifras del abandono escolar están rondando el 20% ignorar esta situación por el motivo que sea representa se condena a demasiadas personas a una exclusión inaceptable. Justo el papel de la escuela y del sistema educativo debe ser el contrario, debe ser incluir en la sociedad a todas y cada una de las personas que forman parte.

Es también inadmisible que se potencie desde distintos ámbitos el descrédito profesional de los docentes. Señalar que los profesores y profesoras de nuestros centros educativos son la causa de los males de la educación es la excusa perfecta para los políticos y administradores que no quieren afrontar los problemas de la educación. Potenciar la imagen social y profesional de los docentes es una cuestión que debe ser abordada de sin falta.

No podemos aceptar que la escuela no sea capaz de adaptarse a las necesidades cambiantes de la sociedad y del mundo en el que vivimos. El problema es especialmente grave cuando ese inmovilismo lleva a cerrar las puertas de nuestras aulas a los avances tecnológicos que están cambiando nuestra manera de interaccionar entre las personas y con la realidad. No afrontar de manera efectiva y adecuada la digitalización de nuestras aulas y de nuestra forma de enseñar y aprender puede causar daños irreparables para las generaciones futuras.

Para finalizar, no afrontar que nuestro sistema educativo se basa en diseños curriculares obsoletos y sobredimensionados nos lleva a un tipo de enseñanza basada en la memorización y a afrontar los contenidos desde la superficialidad. Menos es más en educación, aunque muchos parecen no creerlo. 

En definitiva, para afrontar los problemas de la educación debemos ponernos de acuerdo sobre cuál es la función de la educación y cuál es el propósito de la escuela. Yo creo que la escuela tiene la función de dotar a todas las personas de todas las herramientas, destrezas y conocimientos que les permitan tener una vida plena y que la escuela es el lugar idóneo para conseguirlo.
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En educación no hay lugar para la resignación

domingo, 4 de marzo de 2018
"Acepta. No es resignación, pero nada te hace perder más energía que el resistir y pelear contra una situación que no puede cambiar." Dalai Lama

Una de las cosas más difíciles en esta vida es saber escoger bien nuestras luchas. Es muy complicado reconocer cuándo una situación se puede cambiar y cuándo esa situación es totalmente irreversible. Y eso sucede de igual manera en educación.

Durante muchos años he tenido la certeza de que la resignación era el estado más habitual entre las personas que nos dedicamos a esto tan bonito y complicado de educar. Pero la resignación es el opio del docente.

Uno de los lemas más conocidos de las revueltas estudiantiles de Mayo del 68 fue "Tomar la palabra, combatir la resignación"... y no podría tener mayor vigencia en la actualidad.

En educación, resignarse suele ser sinónimo de pérdida, de rendición, de derrota:

- Si un alumno no aprende y nos resignamos, lo perdemos. Y lo que es peor aún, se pierde para sí mismo y para la sociedad de la que forma parte.

- Si las circunstancias son adversas para desarrollar de la mejor manera posible la labor docente y nos resignamos los grandes perjudicados son los sujetos de la educación, nuestros alumnos. Por supuesto hay que alzar la voz y denunciar esa situación, pero sin dejar de hacer todo lo posible (y en ocasiones un poquito más) para que eso afecte lo menos posible en nuestra aula.

- Si un docente cree que ya lo sabe todo y se resigna a no seguir aprendiendo, si es incapaz de adaptarse a los cambios y a las nuevas circunstancias... es una de las peores derrotas a las que puede enfrentarse.

Un educador no puede permitirse el lujo de la resignación porque le incapacita para desarrollar con éxito su labor, le impide desarrollar las acciones que posibilitarán que sus alumnos y alumnas aprendan, que es sin duda el único objetivo de su trabajo.
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Educar es dirigir menos y cuestionar más

domingo, 25 de febrero de 2018
"Ni el problema ni la pregunta son conocimientos, al contrario, son reconocimientos de ignorancia, pero abren espacio al conocimiento, Impulsando al investigador más allá de lo que sabe. La inteligencia no es, por tanto, la capacidad para resolver problemas, sino, sobre todo, la capacidad para plantear problemas. Es decir, para inventar proyectos de investigación." José Antonio Marina

Es curioso que en la escuela muchas veces enseñamos a nuestros alumnos respuestas antes incluso de que conozcan y tengan capacidad de comprender las preguntas.

Y no es menos peculiar que nuestro objetivo sea dotarles de respuestas y no herramientas, habilidades y destrezas que les permitan cuestionarse el mundo.

Sin darnos cuenta, tristemente, educamos a nuestros alumnos y alumnas para "no ver", cuando lo que deberíamos educar es su forma de mirar el mundo.

En nuestros sistemas educativos se potencia una enseñanza instrumental y acrítica, que lo que crea son "niños y niñas loro", que repiten sin entender en realidad de qué se trata. Es un tipo de alumno que en palabras de Ritscher "recoge, barre, compone más o menos confusamente ideas y sugerencias, y las lleva dentro de sí, intentando volverlas a proponer tal como las ha recibido".

A nuestros alumnos debemos dirigirlos menos y cuestionarlos más... pero esa no es una tarea sencilla y está muy lejos del tipo de formación que reciben los docentes. La pregunta adecuada es generadora de conocimiento y la búsqueda de respuestas debe ser el propósito de la educación.

Para generar preguntas, para cuestionarse el mundo que nos rodea, para no aceptar de manera acrítica lo que nos dicen y proponen es necesario que seamos capaces de construir un andamiaje mental en nuestros alumnos que les dote de las capacidades adecuadas para ello. Ese andamiaje debe estar basado en un alto nivel de exigencia para con los alumnos, de modo que no se limiten a navegar superficialmente por los problemas a los que se enfrentan, sino que se enfrenten a ellos con meticulosidad y perseverancia.

Una buena forma de empezar a cambiar nuestra manera de educar en las escuelas es replantearnos la forma de evaluar a los alumnos basada en la respuesta a preguntas estándar. Eso genera un tipo de aprendizaje basado en la memoria corto plazo que no tiene los efectos que pretendemos en una educación que buscar que los alumnos y alumnas sean capaces de mejorar el mundo en el que viven.

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