Lo que un profesor es y lo que no es

domingo, 15 de abril de 2018
"Un maestro es una brújula que activa los imanes de la curiosidad, conocimiento y sabiduría en sus pupilos." Ever Garrison.

Un profesor (o profesora) es, sin duda, toda aquella persona que tiene la generosidad y la valentía de situarse ante lo que es, casi siempre, un número excesivo de alumnos y alumnas para conseguir que estos aprendan matemáticas, literatura, ciencias, física, música... pero también a ser mejores personas, más autónomas y capaces de afrontar los retos de la vida. Un profesor es el que toca la mente de sus alumnos, pero también su corazón.

Por eso, un profesor no es el que aprueba o suspende, es el que enseña. Es quien posibilita que sus alumnos y alumnas aprendan siempre y en cualquier circunstancia, es quien les dota de las capacidades, destrezas y habilidades que les permitirán no dejar de aprender nunca. 

Un profesor no es el que grita y castiga, sino el que convence y responsabiliza. Es el que no despierta miedo sino gratitud. Un profesor no es un amigo porque pone límites a sus alumnos dejando claro qué se puede y qué no se puede hacer. Por muy buena relación que tenga con ellos no es un colega, es un ejemplo, un guía, un modelo, una referencia... pero no un amigo. La relación profesor alumno siempre es inevitablemente desigual.

Aunque puede parecer contradictorio con lo dicho antes (pero no lo es), un profesor es el que no limita los sueños de sus alumnos, el que no corta sus alas, el que sabe ver en cada uno de sus alumnos cuál es su verdadero y propio potencial, e identificar cuáles son sus límites. Por eso les enseña de forma que puedan superar sus limitaciones y llegar siempre lo más lejos posible. 

Un profesor es aquel que no etiqueta a sus alumnos, sino que es capaz de desterrar de su vocabulario palabras y expresiones negativas que limitan y coartan a sus alumnos. Un profesor no selecciona, incluye; no pone nota para calificar sino para detectar qué hay que hacer para que sus alumnos mejoren su aprendizaje.

Un profesor (o profesora) es, sin duda, un bastión fundamental para que el mundo sea cada día un poco mejor. Y, por eso, merece el reconocimiento y la gratitud de toda las sociedad.

La mejor educación: la teoría de las croquetas de mamá

domingo, 8 de abril de 2018
"La educación es un acto de amor, por tanto, un acto de valor." Paulo Freire

Cuando valoramos nuestra forma de educar o simplemente hablamos de educación, nos pasa lo mismo que cuando hablamos de las croquetas de nuestras madres: todos pensamos que las de la nuestra son las más buenas del mundo, las mejores que hemos probado nunca, que no hay otras iguales.

Es lo que podemos denominar la "Teoría de las croquetas de mamá".

¿Cuál es el secreto del éxito de las croquetas de nuestras madres? No, el secreto no está en los ingredientes ni en la manera de cocinarlas, el secreto está en el único ingrediente común en las croquetas que haces nuestras madres: están hechas con mucho amor. Su rebozado puede ser más o menos crujiente, su masa puede ser más o menos melosa y sus ingredientes de gran calidad... pero lo que las hacen las mejores del mundo para nosotros es el amor con el que están elaboradas.

Eso mismo sucede con nuestra manera de educar, tenemos una tendencia natural a considerar que la nuestra es la mejor, la más adecuada para nuestros hijos o alumnos. Es igual si utilizamos una u otra metodología, seguimos esa o aquella moda o teoría... consideramos que le nuestra es la mejor manera de educar por que lo hacemos con amor. Porque cuando educamos usamos las TIC de las que habla siempre Manu Velasco (@manu_velasco): Ternura, Interés y Cariño.

Da igual si somos o nos consideramos muy innovadores y lo que elaboramos son esferificaciones de esencia de croqueta (a lo Ferrán Adriá), o si le damos la vuelta a la croqueta y los del interior es crujiente y lo de fuera meloso (a lo Flipped Classroom)... da igual cómo las elaboramos, siempre creemos que son las mejores (exceptuando quizás a aquellos que las compran congeladas aunque sean de una marca que se llame La cocinera).

Si hoy en día aún queda gente que cree el propósito de la educación que se imparte en nuestros centros educativos es exclusivamente la transmisión pura y dura de conceptos y datos de las diferentes asignaturas está cometiendo un grave error, de consecuencias catastróficas para nuestros alumnos y alumnas. La transmisión de datos y conceptos es necesaria, pero no exclusiva. Dotarles de las herramientas que les permiten afrontar de forma adecuada los retos de la vida es un acto de amor y de valor. Por eso creo, que esta, como las croquetas de mi madre, es la mejor manera de educar.
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Compromiso, paciencia y acompañamiento claves del éxito educativo

domingo, 18 de marzo de 2018
"Los líderes educativos necesitan comprender que el cambio es un proceso dinámico que requiere compromiso, paciencia y acompañamiento." Fernández y Pinzón


Estoy muy cansado de las posiciones excluyentes en educación. La educación es algo tan importante y tan grande que no puede dejarse exclusivamente en manos de un grupo particular, sea este cual sea.

La educación no puede depender de manera exclusiva de los políticos, pero necesitamos de su participación responsable y comprometida. No puede estar solo en manos de los investigadores de las universidades y fundaciones, pero necesitamos de sus ideas y de sus planeamientos. La educación no solo puede ser cosa de los docentes que están cada día en el aula, pero entre ignorarlos sistemáticamente y hacer solo lo que ellos quieran hay un gran abanico de posibilidades aún por explorar. También hay que escuchar a los alumnos y alumnas y tener en cuenta sus intereses, propuestas y demandas; y los de sus familias, y lo de las empresas que tendrán que emplearlos en el futuro.

Dicen que Henry Ford comentó que “Si hubiera preguntado a mis clientes qué es lo que necesitaban, me hubieran dicho que un caballo más rápido.” Quizás si lo hubiera hecho ahora nuestras calles aún estarían llenas de artefactos tirados por caballos y no por vehículos a motor. Lo mismo puede suceder en la educación. ¡La educación es cosa de todos!

Educar es generar oportunidades, no solamente transmitir conocimientos, destrezas y habilidades. Educar es preparar para la vida, es desarrollar el talento de todos y cada uno de nosotros para mejorar el mundo. Educar es incluir y no seleccionar. Educar lo es todo... y, por eso, todos debemos hacer lo posible por mejorarla, por cambiarla, por hacerla mejor.

La educación necesita del compromiso de todos y cada uno de nosotros, de nuestra paciencia, de nuestra empatía y de nuestro entusiasmo... y de nuestra capacidad de ir todos de la manos (acompañamiento) ayudándonos y no enfrentándonos.
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El problema de ignorar los problemas de la educación

domingo, 11 de marzo de 2018
"El diseño de mi escuela ideal del futuro se basa en dos hipótesis: la primera es que no todo el mundo tiene los mismos intereses y capacidades; no todos aprendemos de la misma manera. La segunda hipótesis puede doler: es la de que en nuestros días nadie puede llegar a aprender todo lo que hay que aprender." Howard Gardner

Cuando hablamos de educación es fácil que coincidamos en su diagnóstico, pero es casi imposible que nos pongamos de acuerdo en las soluciones que debemos dar para mejorarla. Hay demasiados intereses políticos, ideológicos, económicos... y eso dificulta que se pueda hablar de la educación desde un punto de vista basado en las evidencias y las necesidades reales de las personas y de la sociedad.

Esta diversidad de intereses también provoca que no haya una voluntad real de atender los problemas de la educación por falta de consenso... y eso sí que es un problema.

No es aceptable que no nos enfrentemos de manera decidida y consensuada a acabar con situaciones tan dolorosas como el abandono escolar. Cuando las cifras del abandono escolar están rondando el 20% ignorar esta situación por el motivo que sea representa se condena a demasiadas personas a una exclusión inaceptable. Justo el papel de la escuela y del sistema educativo debe ser el contrario, debe ser incluir en la sociedad a todas y cada una de las personas que forman parte.

Es también inadmisible que se potencie desde distintos ámbitos el descrédito profesional de los docentes. Señalar que los profesores y profesoras de nuestros centros educativos son la causa de los males de la educación es la excusa perfecta para los políticos y administradores que no quieren afrontar los problemas de la educación. Potenciar la imagen social y profesional de los docentes es una cuestión que debe ser abordada de sin falta.

No podemos aceptar que la escuela no sea capaz de adaptarse a las necesidades cambiantes de la sociedad y del mundo en el que vivimos. El problema es especialmente grave cuando ese inmovilismo lleva a cerrar las puertas de nuestras aulas a los avances tecnológicos que están cambiando nuestra manera de interaccionar entre las personas y con la realidad. No afrontar de manera efectiva y adecuada la digitalización de nuestras aulas y de nuestra forma de enseñar y aprender puede causar daños irreparables para las generaciones futuras.

Para finalizar, no afrontar que nuestro sistema educativo se basa en diseños curriculares obsoletos y sobredimensionados nos lleva a un tipo de enseñanza basada en la memorización y a afrontar los contenidos desde la superficialidad. Menos es más en educación, aunque muchos parecen no creerlo. 

En definitiva, para afrontar los problemas de la educación debemos ponernos de acuerdo sobre cuál es la función de la educación y cuál es el propósito de la escuela. Yo creo que la escuela tiene la función de dotar a todas las personas de todas las herramientas, destrezas y conocimientos que les permitan tener una vida plena y que la escuela es el lugar idóneo para conseguirlo.
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En educación no hay lugar para la resignación

domingo, 4 de marzo de 2018
"Acepta. No es resignación, pero nada te hace perder más energía que el resistir y pelear contra una situación que no puede cambiar." Dalai Lama

Una de las cosas más difíciles en esta vida es saber escoger bien nuestras luchas. Es muy complicado reconocer cuándo una situación se puede cambiar y cuándo esa situación es totalmente irreversible. Y eso sucede de igual manera en educación.

Durante muchos años he tenido la certeza de que la resignación era el estado más habitual entre las personas que nos dedicamos a esto tan bonito y complicado de educar. Pero la resignación es el opio del docente.

Uno de los lemas más conocidos de las revueltas estudiantiles de Mayo del 68 fue "Tomar la palabra, combatir la resignación"... y no podría tener mayor vigencia en la actualidad.

En educación, resignarse suele ser sinónimo de pérdida, de rendición, de derrota:

- Si un alumno no aprende y nos resignamos, lo perdemos. Y lo que es peor aún, se pierde para sí mismo y para la sociedad de la que forma parte.

- Si las circunstancias son adversas para desarrollar de la mejor manera posible la labor docente y nos resignamos los grandes perjudicados son los sujetos de la educación, nuestros alumnos. Por supuesto hay que alzar la voz y denunciar esa situación, pero sin dejar de hacer todo lo posible (y en ocasiones un poquito más) para que eso afecte lo menos posible en nuestra aula.

- Si un docente cree que ya lo sabe todo y se resigna a no seguir aprendiendo, si es incapaz de adaptarse a los cambios y a las nuevas circunstancias... es una de las peores derrotas a las que puede enfrentarse.

Un educador no puede permitirse el lujo de la resignación porque le incapacita para desarrollar con éxito su labor, le impide desarrollar las acciones que posibilitarán que sus alumnos y alumnas aprendan, que es sin duda el único objetivo de su trabajo.
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Educar es dirigir menos y cuestionar más

domingo, 25 de febrero de 2018
"Ni el problema ni la pregunta son conocimientos, al contrario, son reconocimientos de ignorancia, pero abren espacio al conocimiento, Impulsando al investigador más allá de lo que sabe. La inteligencia no es, por tanto, la capacidad para resolver problemas, sino, sobre todo, la capacidad para plantear problemas. Es decir, para inventar proyectos de investigación." José Antonio Marina

Es curioso que en la escuela muchas veces enseñamos a nuestros alumnos respuestas antes incluso de que conozcan y tengan capacidad de comprender las preguntas.

Y no es menos peculiar que nuestro objetivo sea dotarles de respuestas y no herramientas, habilidades y destrezas que les permitan cuestionarse el mundo.

Sin darnos cuenta, tristemente, educamos a nuestros alumnos y alumnas para "no ver", cuando lo que deberíamos educar es su forma de mirar el mundo.

En nuestros sistemas educativos se potencia una enseñanza instrumental y acrítica, que lo que crea son "niños y niñas loro", que repiten sin entender en realidad de qué se trata. Es un tipo de alumno que en palabras de Ritscher "recoge, barre, compone más o menos confusamente ideas y sugerencias, y las lleva dentro de sí, intentando volverlas a proponer tal como las ha recibido".

A nuestros alumnos debemos dirigirlos menos y cuestionarlos más... pero esa no es una tarea sencilla y está muy lejos del tipo de formación que reciben los docentes. La pregunta adecuada es generadora de conocimiento y la búsqueda de respuestas debe ser el propósito de la educación.

Para generar preguntas, para cuestionarse el mundo que nos rodea, para no aceptar de manera acrítica lo que nos dicen y proponen es necesario que seamos capaces de construir un andamiaje mental en nuestros alumnos que les dote de las capacidades adecuadas para ello. Ese andamiaje debe estar basado en un alto nivel de exigencia para con los alumnos, de modo que no se limiten a navegar superficialmente por los problemas a los que se enfrentan, sino que se enfrenten a ellos con meticulosidad y perseverancia.

Una buena forma de empezar a cambiar nuestra manera de educar en las escuelas es replantearnos la forma de evaluar a los alumnos basada en la respuesta a preguntas estándar. Eso genera un tipo de aprendizaje basado en la memoria corto plazo que no tiene los efectos que pretendemos en una educación que buscar que los alumnos y alumnas sean capaces de mejorar el mundo en el que viven.

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El docente como enseñante, aprendiz e investigador

domingo, 18 de febrero de 2018
"Hoy los docentes tenemos conciencia de que somos a la vez enseñantes, aprendices e investigadores permanentes." José Blas García en Pedagogías emergentes. 14 preguntas para el debate


Tengo una amiga, psicóloga ella, que dice que cada vez que alguien publica un post diciendo que el niño debe estar en el centro del aprendizaje, muere un pajarito en Instagram... Que sí, que no cabe la menor duda de que los alumnos deben estar en el "centro" del aprendizaje. ¿En qué otro lugar debería estar si no?

Que sí, que no cabe duda alguna que los alumnos deben tener un papel activo en la construcción del conocimiento, ¿quién lo duda aún?

Pero, ¿y los docentes?

Todos y cada uno de nosotros, seamos docentes, médicos, arquitectos, mecánicos, administrativos, informáticos... somos el centro de nuestro aprendizaje a lo largo de toda nuestra vida. Aprendemos lo que amamos (según Francisco Mora), pero también lo que necesitamos, lo que las circunstancias no sitúan como reto a lo largo de nuestra existencia.

Por eso, los docentes también aprenden lo que aman, lo que necesitan y lo que les obliga las circunstancias para dar respuesta a las necesidades de su aula. Por ello nunca pueden dejar de ser enseñantes, aprendices e investigadores. Enseñantes porque su objetivo es que los alumnos aprendan. Aprendices porque necesitan adquirir constantemente nuevos conocimientos que les permita dar respuesta a las necesidades que van a ir apareciendo inexcusablemente. Investigador porque no hay nada peor para la labor docente que creer que ya se sabe todo... y que lo que se sabe sirve para siempre.

La labor docente ha sido, es y será una de las más importantes, de las más necesarias para el progreso de la sociedad. Podrá transformarse, podrá cambiar, pero su esencia permanecerá inalterable porque es fundamental para que las personas adquieran los conocimientos, las destrezas y las habilidades que les permitan triunfar en la vida. 

Para finalizar me gustaría comentar que tomar prestada una frase de mi admirado y apreciado José Blas García para dar título a mi reflexión ha sido una alegría añadida a la hora de ponerme a escribir. Gracias José por todas ideas, reflexiones y experiencias compartidas.
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¿Guerra en la educación?

domingo, 11 de febrero de 2018
"La educación no cambiará por tener mejores profesores si no cambia el modelo en el que enseñan, o lo que es lo mismo, si no cambia lo que enseñamos y cómo lo hacemos." Javier Martínez en el capítulo 1 de Pedagogías emergentes. 14 preguntas para el debate.

Llevo un tiempo muy preocupado por el recrudecimiento del enfrentamiento, al menos en redes sociales, entre docentes innovadores y docentes no innovadores. Y por los tuits que he podido leer estos últimos días no soy el único.

Estamos dedicando (unos más que otros) demasiado tiempo y demasiado esfuerzo en darnos cera los unos a los otros: que si tú eres un profe tradicional que no quiere cambiar nada, que si tú eres un profe que solo busca destacar para "huir" del aula, que si tú más, que si aquel todavía peor, etcétera, etcétera.

Y eso es un problema, porque todo el tiempo que dedicamos a esa lucha fratricida sin sentido, no lo dedicamos a lo que es realmente importante: reflexionar seria y profundamente sobre cuál es el propósito de la educación, la función de la escuela y el papel de los docentes. Y de paso exigir a los que nos gobiernan que se pongan a trabajar para mejorar los fundamentos de nuestro sistema educativo.

No hay profesores buenos y profesores malos en función de cómo enseñan a sus alumnos y alumnas, siempre que consigan su objetivo. Si un docente consigue que sus alumnos aprendan... pero aquí está la clave de todos nuestros problemas y conflictos: ¿qué significa "si nuestros alumnos aprenden"?

En mi opinión, nuestros alumnos y alumnas no aprenden por conocer de memoria un motón de datos y conceptos, cosa que es necesaria pero no suficiente. Aprenden si son capaces de utilizar todos esos datos y conceptos para tener una vida mejor, para adaptarse con facilidad a los cambios y desafíos que nos deparará el futuro. Si se consigue esto, no importa el cómo.

Estamos en un momento de cambio en el que todo puede suceder... aunque también puede ser que no suceda nada. Por eso, el mejor o la mejor docente es quien no pierde la ilusión por seguir aprendiendo, por muy complejo que sea el proceso, quien está en búsqueda permanente de soluciones, propuestas y actividades que den respuesta a las necesidades de aprendizaje de nuestros alumnos y alumnas.

Por cierto... para aquellos que disfrutan con este enfrentamiento sin sentido entre docentes innovadores y no innovadores no olvidéis nunca que la guerra más difícil e importante es combatir contra uno mismo.
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Aprender es el objetivo, enseñar el medio para alcanzarlo

domingo, 28 de enero de 2018
"Aprender es el objetivo, y enseñar es un medio para alcanzar ese fin. Los docentes nunca deben olvidar ese objetivo cuando idean formas de dar clase." Don Finkel


Cuenta la leyenda que había un profesor que se vanagloriaba de poder enseñar cualquier cosa que quisiera a cualquier persona. Y tenía toda la razón... él podía enseñar lo que quisiera, lo complicado era conseguir que la otra persona lo aprendiera. La labor de un profesor no es enseñar, sino conseguir que sus alumnos aprendan.

Lo cierto es que en nuestros centros educativos también hay demasiados docentes que creen que enseñan, pero hay demasiados alumnos que no aprenden. Y esa es una situación que debe cambiar urgentemente.

Los caminos para alcanzar el aprendizaje son múltiples y variados. Esa es una realidad que vemos cada día en nuestras aulas y que debemos tener muy presente a la hora de preparar nuestras clases. Pero debemos hacerlo con mucho cuidado para no tomar la dirección errónea. No se trata de enseñar a cada alumno según su estilo de aprendizaje, sino de conocer y explotar las virtudes y los talentos de nuestros alumnos y alumnas, y de reforzar sus puntos más débiles.

El propósito de todo educador es que sus alumnos aprendan y para ello tiene el deber y la obligación de conocer todos los recursos didácticos que están a su alcance. Y de utilizar los más adecuados en cada momento, situación o circunstancia. Para ello es preciso tener un gran conocimiento de nuestros alumnos y de su contexto. Por ello es imposible aplicar fórmulas mágicas que resuelvan los problemas a los que nos enfrentamos para que nuestros alumnos aprendan.

El sentido común nos debería ayudar a no dejar que los cantos de sirena (en forma de metodología mágicas y de soluciones innovadoras que anulan todo lo hecho con anterioridad) no impidan ver la realidad... ¡ya sabéis lo que le pasó a Ulises!

Lo único que debería importarnos es conseguir que nuestros alumnos y alumnas aprendan... el cómo lo hacen es importante, pero que lo hagan es una necesidad ineludible. Nos guste o no, enseñar solo tiene sentido si se produce aprendizaje... haríamos bien en no olvidarlo nunca.
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¿Dar clase con la boca cerrada?

domingo, 21 de enero de 2018
"La educación debería buscar un aprendizaje de larga duración que altere para siempre nuestra apreciación del mundo, profundizándola, ampliándola, generalizándola, agudizándola." Don Finkel

El otro día revolviendo libros en la librería de mi barrio, como hago periódicamente, me encontré con una joya cuyo título me llamó la atención como una bofetada: Dar Clase con la boca cerrada de Don Finkel (Universitat de València).

¡Qué buen título! -pensé-. ¡Hay libros que te ponen las pilas sin necesidad de abrirlos! E inmediatamente se vino a casa conmigo con impaciencia por empezar a leerlo.

Pero no, este post no va sobre el contenido del libro (tendréis que leerlo 😉), esta reflexión surge de la fuerza y de la provocación de su título. Yo mismo escribí una sentencia en la misma línea en este blog: "Los docentes deben explicar menos para que los alumnos aprendan más. Los alumnos deben estudiar (empollar, memorizar...) menos para aprender de verdad y que el tiempo que pasan en la escuela sea agradable y provechoso para su vida."


Escuchar es todavía hoy una de las principales tareas de los alumnos y alumnas en nuestras clases. Hablar (explicar, contar, narrar...) sigue siendo uno de los principales quehaceres diarios de los docentes (por eso hay tantos problemas de cuerdas vocales). Necesitamos que esa realidad se invierta y vamos camino de conseguirlo.

No creo que los docentes tengan que "cerrar la boca", creo que tienen que hablar cuando quieran, pero siempre utilizando sus propias palabras al margen de tradiciones o modas. Deben utilizar las palabras que permitan que sus enseñanzas sean significativas para los alumnos, las que les conduzcan a alcanzar el objetivo final de la educación: que las personas sean capaces de vivir una vida plena adaptándose a los posibles retos y desafíos que le depare el futuro.

Y es que el objetivo de lo que hacemos en nuestras aulas debe ser un aprendizaje de larga duración, que deber ir mucho más lejos que una evaluación trimestral o anual, debe servir para ser aplicado durante toda la vida. Para que esto sea posible, los alumnos y alumnas deben ser algo más que meros espectadores del aprendizaje, deben ser participantes activos y responsables de lo que sucede en las aulas.

Un docente debe hablar cuando necesite hablar, y debe callar cuando sepa que eso es lo mejor para que los alumnos aprendan. Un docente debe estar presente y visible cuando lo necesite, pero también debe saber cuándo es el momento de dar un paso al lado y convertirse en invisible. Porque en realidad no existe una única forma de dar clase, ni metodología mágica alguna que resuelva todos los problemas. En realidad, solo el docente ante su clase y con el conocimiento de sus alumnos y de su entorno tiene la información adecuada para saber cómo debe dar sus clases.

Para poder hacer esto con éxito es totalmente necesario que los docentes conozcan todas las herramientas que están a su alcance (metodologías didácticas, materiales didácticos) y decidan cómo y cuándo aplicarlas con libertad, sin presiones, con el objetivo de que sus alumnos y alumnas alcances un aprendizaje duradero. 
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La educación de ayer no es suficiente para mañana

domingo, 14 de enero de 2018
"La arrogancia del éxito es pensar que lo que hiciste ayer será suficiente para mañana." William Pollard

Uno de los grandes errores que cometemos en educación es centrarnos en los problemas y no en las soluciones.

Dedicamos demasiados esfuerzos a gritar a los cuatro vientos lo mal que estamos, la pérdida de valoración social, el maltrato por parte de la administración, la falta de recursos..., y muy pocos a buscar soluciones efectivas para afrontarlos. Seguimos enzarzados en discusiones sobre si este o aquel es un buen docente por usar una u otra metodología, sobre si es lícito nombrar "al mejor profesor/a del mundo", sobre si uno pretende vender tal o cual cosa... La educación hoy necesita soluciones, es decir, necesita más investigación, análisis, evaluación, cooperación y menos postureo.

Para afrontar los problemas de la educación actual de forma eficaz (y esto es válido para otros muchos aspectos de la vida) no debemos olvidar nunca que lo que hicimos ayer es necesario, pero insuficiente para mañana.

Que la educación no es inmutable, que las necesidades de la sociedad se transforman, que las personas cambian, que la tecnología evoluciona es una realidad que, en demasiadas ocasiones olvidamos. Es por ese motivo que es obligación de cualquier educador estar siempre alerta a esas nuevas necesidades y contextos y hacer todo lo posible por adaptarse.

"Por qué voy a cambiar mi forma de enseñar, si siempre me ha funcionado" es una actitud que conduce al fracaso; "Hay que romper con todo lo que se ha hecho hasta ahora" conduce al mismo lugar. El equilibrio entre lo tradicional y lo innovador es la clave para que los cambios sean efectivos. Conservar aquello que funciona y desechar lo que ha dejado de hacerlo buscando nuevas soluciones es la única manera de hacer mejor la noble tarea de los y las docentes. Para que esto se realice de forma correcta son necesarias altas dosis de sentido común, profesionalidad y entusiasmo.

Las personas necesitamos aprender constantemente para sobrevivir. Los seres humanos somos lo que la educación hace de nosotros, por eso no podemos ofrecer ahora el mismo tipo de educación que ofrecíamos ayer, ni lo que hacemos hoy será eficaz para mañana.

El inconformismo que detecto en la mayoría de los profesionales de la educación y el entusiasmo por llevar a cabo una de las profesiones más bellas, necesarias e importantes del mundo son las claves que me permiten ser optimista y confiar en que cada día la educación que ofrecemos sea un poco mejor.
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El lado oscuro de la innovación educativa

domingo, 7 de enero de 2018
"Yo soy tu profe", además de un blog y una cuenta de Twitter (@yosoytuprofe_) que me encanta, es una frase con reminiscencias de Star Wars que se oye todos los días en las aulas de todos los colegios del mundo.

En la película, la frase la pronuncia un personaje de los malos malísimos; en nuestras escuelas, la dicen miles de docentes que son los heroes (o superheroes) de la película.

Esto os los explico porque el mundo de la educación se parece cada día más a un enfrentamiento entre el imperio y la república de La Guerra de las Galaxias. Y es que en nombre de la innovación educativa estamos enfrentando a los docentes como innovadores o no innovadores... ¡Qué barbaridad!

Creo que innovar es una actitud necesaria e imprescindible para cualquier docente. Es su obligación conocer a fondo las metodologías emergentes, las nuevas tendencias didácticas, pero no de cualquier forma ni a cualquier precio. Lo que no es lícito es utilizar el empleo de una metodología para atacar a aquellos que no la usan o viceversa.

No creo en teorías conspiratorias de grupos de presión que se dedican a premiar docentes para "vender" visión interesada de la educación... aunque tampoco creo que todo el mundo sea totalmente altruista. Seguramente, todos los que defienden a capa y espada una u otra metodología didáctica como la solución a todos los males de la educación, lo hacen porque creen de verdad en ello.

La clave está en "creen". La aplicación de una u otra metodología no debería estar sujeta a una creencia sino que debería ser fruto de la investigación y la evaluación sistemática de sus resultados.

Ya dije en otro post: "Estos días hay demasiados fashion victims en nuestras aulas, docentes que aplican de manera poco reflexiva las metodologías de moda, por el simple hecho de estar de moda. Estas metodologías hay que conocerlas, reflexionar sobre ellas, aplicarlas y evaluarlas... no convirtamos en un inconveniente lo que es, sin duda, una ventaja".

Docentes del mundo, seguid con vuestra labor diaria, que es indispensable para que el mundo sea un poco mejor. Y que la fuerza os acompañe.
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