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La luz al final del túnel de la educación

miércoles, 5 de marzo de 2014
Estos últimos días ando un poco preocupado... Sabéis que este blog tiene como objetivo reflexionar sobre la educación en tiempos de crisis. Pues bien, ahora resulta que, según los responsables políticos, la crisis se está acabando: ¡ja,ja, ja! Yo no me lo acabo de creer: hay unos 6 millones de parados, el estado del bienestar ha quedado bajo mínimos, están intentando desmantelar la sanidad y la educación pública, etc., pero según ellos hay "brotes verdes" y "se ve la luz al final del túnel". Si la crisis económica llega a su fin, ¿tendré que cambiar mi blog?

No. Primero porque, desgraciadamente, la crisis y sus consecuencias nos acompañarán durante muchos años por mucho que digan los políticos de turno y sus intereses electorales.
Y en segundo lugar porque, por definición, la educación siempre está en crisis y ahí reside su grandeza. Siempre son tiempos de crisis para la educación, pero no en sentido económico, ni negativo.

La educación siempre está en crisis porque es un proceso sin fin, un proceso que jamás puede culminar pues cuanto uno más se acerca a un objetivo, aparece otro más allá y así sucesivamente hasta el infinito. La educación de una persona es un proceso permanente que dura toda la vida... jamás se puede dejar de aprender. Nunca es tarde para aprender algo nuevo, siempre se puede seguir otro camino y llegar a un nuevo destino. Para muestra está mujer de 92 años que acaba de graduarse en educación primaria. 

La crisis es el estado natural de la educación porque los cambios en la sociedad son cada vez más rápidos y los sistemas educativos actuales (inflexibles y obsoletos) no tienen capacidad para adaptarse a ellos.

Pero para que cumpla con su cometido, si la educación está en un túnel, lo importante es que siempre veamos luz al final del mismo. Esa luz debe ser la que emana de nuestros niños y jóvenes, la que nos guíe para cubrir sus necesidades, siempre cambiantes, como personas y como miembros de la sociedad.

Todos los docentes y educadores perseguimos esa luz, unos con más fortuna que otros. Unos vamos hacia ella poco a poco con el paso cansino del desánimo, otros, en cambio, nos dirigimos hacia ella a toda velocidad empujados por la fuerza de la innovación constante y la búsqueda de nuevos retos.

Ningún docente puede permitirse entrar en el túnel de la educación, sin ver una luz al final del mismo... no podría cumplir con su labor. 

¿Es la educación realmente importante?

martes, 27 de marzo de 2012
Siempre he pensado que educar tiene algo que ver con poner orden en el caos. Vivir en sociedad nos obliga a pasar por un proceso a través del cual dejamos de lado nuestros instintos para convertirnos en elementos de un conjunto, capaces de convivir en armonía, capaces de transmitir nuestras costumbres y modos de vida, y, al mismo tiempo, capaces de transformar y mejorar nuestro mundo.

La educación, según he creído hasta ahora, es el motor que posibilita una sociedad más justa, un mundo mejor. 

Pero, en los últimos tiempos, una duda me consume y me planteo si no estoy equivocado. ¿Seguro que la educación es algo tan importante? ¿Tiene realmente la educación la fuerza para transformar el mundo en el que vivimos?

La crisis económica global que estamos sufriendo es la excusa perfecta que están utilizando muchos gobiernos de Europa para desmontar sus sistemas de educación pública, para recortar sus recursos, y dejar sin una formación de calidad a buena parte de sus ciudadanos. Si nuestros gobernantes toman estas decisiones... ¿será que la educación no es tan importante como yo creo?

No, después de pensarlo con mucha calma, la respuesta es no. La educación sí que es una fuerza transformadora de la sociedad y, por ello, en un mundo donde los mercados son más importantes que las personas, en un mundo donde la economía es más importante que las personas, donde los intereses económicos prevalecen ante los intereses humanos... lo mejor que pueden hacen los que mandan es mantener a sus súbditos en la ignorancia. De este modo son mucho más manejables, menos críticos, menos peligrosos. Solo de este modo se explica que se recorte la escuela pública.

Pero sin un buen sistema educativo, que llegue a toda las personas, una sociedad no se puede desarrollar. Por eso, todos los que creemos en la educación tenemos la obligación de luchar por mantener una escuela de calidad que forme a personas capaces de hacer un mundo mejor, tenemos el deber de demandar un sistema educativo que dé una respuesta eficaz a las necesidades reales de la sociedad.

Sí, soy un ingenuo, creo en la educación. ¿Y tú?
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