Estos últimos días ando un poco preocupado... Sabéis que este blog tiene como objetivo reflexionar sobre la educación en tiempos de crisis. Pues bien, ahora resulta que, según los responsables políticos, la crisis se está acabando: ¡ja,ja, ja! Yo no me lo acabo de creer: hay unos 6 millones de parados, el estado del bienestar ha quedado bajo mínimos, están intentando desmantelar la sanidad y la educación pública, etc., pero según ellos hay "brotes verdes" y "se ve la luz al final del túnel". Si la crisis económica llega a su fin, ¿tendré que cambiar mi blog?
No. Primero porque, desgraciadamente, la crisis y sus consecuencias nos acompañarán durante muchos años por mucho que digan los políticos de turno y sus intereses electorales.
Y en segundo lugar porque, por definición, la educación siempre está en crisis y ahí reside su grandeza. Siempre son tiempos de crisis para la educación, pero no en sentido económico, ni negativo.
La educación siempre está en crisis porque es un proceso sin fin, un proceso que jamás puede culminar pues cuanto uno más se acerca a un objetivo, aparece otro más allá y así sucesivamente hasta el infinito. La educación de una persona es un proceso permanente que dura toda la vida... jamás se puede dejar de aprender. Nunca es tarde para aprender algo nuevo, siempre se puede seguir otro camino y llegar a un nuevo destino. Para muestra está mujer de 92 años que acaba de graduarse en educación primaria.
La crisis es el estado natural de la educación porque los cambios en la sociedad son cada vez más rápidos y los sistemas educativos actuales (inflexibles y obsoletos) no tienen capacidad para adaptarse a ellos.
Pero para que cumpla con su cometido, si la educación está en un túnel, lo importante es que siempre veamos luz al final del mismo. Esa luz debe ser la que emana de nuestros niños y jóvenes, la que nos guíe para cubrir sus necesidades, siempre cambiantes, como personas y como miembros de la sociedad.
Todos los docentes y educadores perseguimos esa luz, unos con más fortuna que otros. Unos vamos hacia ella poco a poco con el paso cansino del desánimo, otros, en cambio, nos dirigimos hacia ella a toda velocidad empujados por la fuerza de la innovación constante y la búsqueda de nuevos retos.
Ningún docente puede permitirse entrar en el túnel de la educación, sin ver una luz al final del mismo... no podría cumplir con su labor.