Aprendices involuntarios, alumnos desmotivados

domingo, 4 de septiembre de 2016
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"Hemos de pensar no solo ofrecer una formación superficial de uno o dos días y luego desearles suerte, sino estimular redes cooperativas realmente sólidas que transformen la cultura de una escuela mediante la colaboración continua, la asunción de riesgos y la innovación a diario." Daniel Goleman: Triple Focus.

Ser o no ser, eso es la educación. Una de las características que define al ser humano es nuestra capacidad infinita de aprendizaje. Nuestro cerebro tiene una plasticidad ilimitada, está preparado para aprender indefinidamente. Esto es lo que nos permite sobrevivir, adaptarnos a los cambios y superar los retos y desafíos a los que nos enfrentamos. Esta capacidad de aprendizaje está muy condicionada por el tipo de educación que recibimos. El problema surge cuando la escuela ignora este hecho.

En la escuela actual, el aprendizaje está cautivo por el aprobado. El sistema educativo se ha ido desvirtuando paso a paso, casi sin percatarnos, pero de forma constante. Resultado: los alumnos ya no aprenden, aprueban. Al mismo tiempo se les pretende enseñar muchas y muy diversas cosas, cuantas más mejor, por lo que todo se trata de manera muy superficial, sin profundizar en causas, efectos, consecuencias, relaciones... Además todo se enseña de forma atomizada como si las matemáticas, la geografía, la lengua no tuvieran relación entre . Pero la realidad es compleja y, casi siempre, los problemas a los que debemos enfrentarnos las personas suelen necesitar de los saberes y las competencias de más de una disciplina.

Ante esta situación, deberíamos ofrecer a los alumnos la posibilidad de que aprendan asumiendo riesgos. Es obvio que, en la escuela, deberíamos aprender a equivocarnos lo menos posible, pero nunca deberíamos aceptar que el miedo al error paralice (física e intelectualmente) a nuestros alumnos. En la escuela, como en la vida, deberíamos asumir riesgos, deberíamos marcarnos objetivos que nos motiven y luchar por ellos sin descanso. Puede que no sea fácil alcanzar esos objetivos pero, tan importante como alcanzarlos, es no dejar de intentarlo nunca. Como actitud, hay que desterrar de nuestras aulas el "no puedo hacerlo" y el "porque lo digo yo".

Si no retamos a nuestros alumnos y se lo damos todo hecho o les facilitamos demasiado las cosas, de manera que alcancen sus metas sin esfuerzo, no les hacemos ningún favor... eso es "pan para hoy y hambre para mañana." Hay que permitir que se esfuercen, hay que motivarles y aprovechar esa motivación. Hay que conseguir que nuestros alumnos sean personas resilientes, solidarias y responsables... que lleguen a ser autónomos en su aprendizaje. Tristemente, educamos teniendo como valores de referencia el egoísmo, la obediencia ciega y la competitividad cuando deberíamos perseguir la generosidad, el espíritu crítico y la cooperación.

Nuestras aulas deberían estar llenas de aprendices "voluntarios", que disfrutan con el viaje interminable de aprender, y no de aprendices "involuntarios", que sufren para conseguir aprobar. Con el paso de los años, los niños que no asumen riesgo se conviertan en adultos temerosos, sumisos, apocados, poco creativos y nada emprendedores. ¿Es eso lo que queremos conseguir?

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