Las múltiples inteligencias docentes

domingo, 11 de diciembre de 2016
"Si tienes que poner a alguien en un pedestal, pon a los maestros. Son los héroes de la sociedad." Guy Kawasaki

Se habla mucho del talento, de las destrezas y de las competencias de los alumnos y alumnas, se llenan páginas y páginas sobre la necesidad de adaptar nuestros métodos de enseñanza a sus "múltiples inteligencias". Decimos que no hay dos alumnos iguales y que, por eso, hay que personalizar la educación.

Pero, ¿qué pasa con el talento, las destrezas y las competencias de los docentes? ¿Acaso solo los alumnos tienen distintos tipos de inteligencia en el sentido que nos explica Gardner?

Nos empeñamos en juzgar la labor docente en función de un modelo ideal que hemos establecido de manera poco científica, dejándonos llevar en muchas ocasiones por posiciones ideológicas poco reflexionadas. Así, el "estándar" del buen docente establece que es aquel que innova constantemente, que es creativo, que utiliza las últimas metodologías didácticas (ABP, Flipped Clasroom...), que utiliza las TIC en el aula, que participa activamente de las comunidades de aprendizaje, etc.

Y con toda probabilidad es cierto que un docente como el descrito es un buen docente. Pero conviene no olvidar, para no ser injustos y no prejuzgar, que lo que define a un buen docente es que sus alumnos alcancen el aprendizaje y no el camino que utiliza para ello. Cada docente debe utilizar su talento y sus capacidades para conseguir que los alumnos sean mejores personas y alcancen un alto nivel de conocimientos. Cada profesor o profesora debe ser consciente de cuáles son las cosas que por sus características personales le ayudan a conseguir que sus alumnos aprendan.

Hay grandes profesores que obtienen excelentes resultados utilizando pizarra y tiza, libros de texto y otros recursos que hemos puesto alegremente en la "lista negra" de la docencia, porque utilizan de manera eficaz su "inteligencia", es decir, su talento. Enseñar no es solo transferir conocimientos, sino crear las posibilidades para su producción o su construcción, decía Paulo Freire... y eso se puede alcanzar siguiendo caminos muy distintos (aunque a algunos les pese).

Lo que no es concebible es que existan múltiples experiencias de éxito docente que quedan ocultas por las paredes de un aula. Hay que abrir la docencia a compartir, evaluar y colaborar. Formación, formación y más formación es lo que hay que ofrecer a los docentes. Formación para que tengan cuantos más recursos didácticos mejor, para que tengan cuantas más herramientas mejor para utilizar según las necesidades de cada momento. pero también para que posean un excelente nivel de dominio de los contenidos que ha de transmitir. 

Dicen que la calidad de un sistema educativo viene marcada por la calidad de sus docentes. Y creo que no les falta razón. 

3 comentarios:

  1. Gracias por haber hecho visible algo que todos los docentes padecemos. No se si por allá será igual, pero por estos lares los éxitos son de los alumnos y los fracasos son culpa del docente. No todo es absoluto. Yo en lo personal creo que algún mérito tengo cuando mis alumnos alcanzan sus metas en el campo del conocimiento. Y cuando no, no es todo responsabilidad mía. Todos los actores estamos involucrados en uno y otro resultado.
    Por otro lado, aunque las intenciones de muchos sean innovar, ser creativos, no siempre se cuentan con los recursos y a veces no queda otra que tiza (de colores mejor) y pizarrón, y libros o fotocopias si la economía no lo permite.
    Como siempre un gusto leerte.
    Aprovecho a desearte muchas felicidades en estas fiestas!
    Saludos desde Argentina!
    Mónica

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    Respuestas
    1. Excelente reflexion del desempeño docente.

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  2. Creo que no se trata de innovar todo el tiempo pero sí poder contexualizar. Me parece que a veces se puede innovar sin contextualizar y eso no produce logros es un esfuerzo inútil. Estancarse tampoco está bueno porque el mundo cambia y las necesidades formativas también. Por otro lado mayor logro de un docente creo que está en poder contagiar el deseo de aprender de ir por más y si esa no es una filosofía de vida no podemos motivarla en otros.

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