De mayor quiero ser... curioso

domingo, 13 de septiembre de 2015
"Las personas tienen más éxito cuando hay otras personas que entienden sus talentos, desafíos y habilidades." Ken Robinson: El Elemento.

Los niños son una fuente inagotable de sorpresas. Su inocencia, su sinceridad y su sentido común nos golpean como una bofetada en la cara y nos muestran que, en ocasiones, los adultos somos incapaces de ver lo simple y lo evidente aunque lo tengamos ante nuestras narices.

Hace unos días estaba comiendo en casa de unos amigos que tienen un hijo de 6 años. Como el niño estaba a punto de empezar la educación primaria me puse a hablar con él sobre sus expectativas del nuevo colegio, si quería conocer nuevos amigos, cómo quería que fuese su nuevo maestro... En un momento determinado, demostrando mi poca originalidad, le pregunté:
-¿Tú qué quieres ser de mayor?
-De mayor quiero ser curioso -me contestó dejándome ojiplático y boquiabierto.

Sus padres me explicaron que el niño se pasa el día preguntando el porqué de las cosas, que puede estar horas montando y desmontando cosas para averiguar cómo funcionan, que le encanta leer cuentos y cambiar sus argumentos y sus finales, que es capaz de inventar historias con sus muñecos y vivirlas intensamente... Por todo eso sus padres le dicen a menudo que es muy curioso y como esas cosas son las que más le gustan hacer en esta vida, él de mayor quiere seguir siendo curioso.

Esta vivencia me ha hecho reflexionar sobre la educación y la escuela. La curiosidad de este niño ha sobrevivido a su paso por la educación infantil, pero ¿será capaz de sobrevivir a la educación primaria, a toda su escolarización?

No sé muy bien por qué la escuela es un lugar donde la curiosidad y la creatividad se transforman en monotonía y memorización. Lo que sí sé es que debemos trabajar para cambiar el hecho de que ir a la escuela es una obligación y un sacrificio para los chavales (y para los adultos) y conseguir que la escuela sea un lugar donde los alumnos (y los docentes) quieran ir y disfruten aprendiendo y enseñando en ella.

No se trata de convertir la escuela en un lugar donde los alumnos hagan lo que les venga en gana, en un espacio sin normas, ni se trata de reducir el nivel de exigencia para con ellos. En una educación que no solo tenga en cuenta los contenidos sino también la curiosidad, la emoción, la formación del carácter y la creatividad el nivel de exigencia debe ser alto para obtener buenos resultados. Pero la exigencia es más llevadera si lo que se aprende tiene sentido para los alumnos.

Un alumno no es un robot. Cuando aprende hay que tener en cuenta su "motivación por hacer" y sus "emociones al hacer"; es decir, no tiene ningún valor obligarle a hacer cosas porque sí, porque es su obligación, y no sirve para nada hacer las cosas de cualquier forma sin que sean significativas para ellos. Debemos aprender a utilizar su impulso natural por aprender para que sirva de motor para su vida en la escuela.

Si no cambiamos la escuela, solo si tiene la suerte de caer en manos de uno de esos profes innovadores y disruptivos que siembren cada vez más aulas, el hijo de mis amigos quizá de mayor pueda ser curioso.

5 comentarios:

  1. Tengo una dilatada experiencia educativa. Recuerdo mis adolescentes de hace veinticinco años en segundo de BUP llenos de curiosidad que no costaba nada fomentarla. Yo les daba un canal para que saliera. Este era la literatura. La literatura era un arma poderosa que los estimulaba. Recuerdo aquellas clases con el entusiasmo que provocaban en ellos que pugnaban por hacerse preguntas y debatir.

    Ahora no es así. Hace mucho tiempo que no es así. Sin duda el estilo de nuestros planes de enseñanza tiene mucho que ver. La escuela es todo menos creativa y no fomenta la curiosidad. Nuestros alumnos cuando llegan a cuarto de ESO son máquinas de copiar, de trampas, tras largos años de pasividad, monotonía y ejercicio de la copia de contenidos. Ahí hemos caído todos. No se utiliza el aula para promover la curiosidad y el interés. Todos los profesores, incluido yo, contribuimos a la grisura de las aulas, unido al resultado evidente de que no aprenden nada o casi nada. Esta es mi visión de mi instituto. Todos los profesores se quejan de que no estudian, de que no aprenden, que no saben nada. Algo falla ¿no? Sin duda el sentido de la escuela ha cambiado por la presencia de la tecnología, la evolución de la sociedad en todos los sentidos. Y la escuela no ha cambiado para estar a la altura de los tiempos. Sigue siendo un pozo de mediocridad y de falta de curiosidad por los planteamientos meramente repetitivos de los profesores que no piden, que no enseñan a pensar. Tal vez porque ellos tampoco saben cómo hacerlo, o abiertamente porque no se lo plantean. Espero que en los próximos años se abra un debate sobre el sentido de la escuela. Hoy por hoy su único factor positivo es la convivencia y la socialización, pero, por otro, sigue siendo un lugar de aburrimiento en que nos aburrimos los profesores y, por supuesto, los alumnos.

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  2. Cuanta razón tienes, Salvador…
    La curiosidad ha hecho avanzar al mundo y cómo algo que es tan evidente no ocupa un objetivo fundamental en la escuela? ¿por que no vemos en la ninguna ley de Educación un objetivo tan evidente?
    Cuanta razón tienes...

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Como todos sabemos los niños empiezan a ser curiosos desde el momento que empiezan hablar la idea del educador debería ser tratar de organizarle sus ideas,que no se pierda eso porque no solo los niños tienen curiosidad, nosotros los adolescentes y hasta los adultos y bueno para nadie es un secreto que venir ah clase se ah convertido mas en una obligación que en una satisfacción por así decirlo... Solo hay que plantearles estas ideas a los nuevos educadores y tener la esperanza de que la educación cambiara que no solo se vuelva una rutina tantos para los alumnos como para los educadores que se convierta en un placer y así ir cambiando muchas cosas

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