La educación como paracaídas: educación y libertad

lunes, 7 de septiembre de 2015
Los seres humanos, según Sartre, estamos condenados a ser libres. ¡Bendita condena!, aunque ser libre (como todo gran poder) conlleva una gran responsabilidad: la libertad no consiste en hacer lo primero que se nos pasa por la cabeza, sino, que para ejercerla, siempre hay que valorar el efecto de nuestras acciones en los demás.

Al tener la capacidad de tomar nuestras propias decisiones, el libre albedrío convierte nuestra existencia en una especie de salto al vacío, pues siempre corremos el riesgo de errar, siempre sentimos la angustia de la incertidumbre... y la educación es el paracaídas que nos permite tomar tierra sin estrellarnos.

Todos sabemos que un paracaídas es una gran pieza de tela que frena la velocidad de la caída. Este aparato dispone de algunos elementos que permiten dirigirlo para ir en una u otra dirección y, además (esto es fundamental para la educación), tiene un dispositivo de emergencia por si el paracaídas principal falla. Así es (o debería ser) la educación.

Educar es hacer libre a las personas. La educación nos hace libres porque nos proporciona las herramientas necesarias para tomar las decisiones que nos parecen adecuadas en cualquier momento y lugar, y nos dota de los mecanismos necesarios para valorar las consecuencias de nuestros actos. Por ello es tan importante que la educación sea un valor universal y esté al alcance de todos.

Para que estas herramientas sean válidas, la educación debe tener en cuenta ciertos valores. Porque como escribió Julio Cortázar en Rayuela:

"La melancolía de una vida demasiado corta para tantas bibliotecas. Cuando creés que has aprehendido plenamente cualquier cosa, la cosa lo mismo que un iceberg tiene un pedacito por fuera y te lo muestra, y el resto enorme está más allá de tu límite."

El conocimiento es inabarcable y cambiante, por ello, es necesario que la educación transmita unos valores que sean permanentes, que no estén sujetos al devenir propio de nuestros días, que tengan una validez universal y sean el motor que mueva el mundo.

Una educación que solo tiene como objetivo la apropiación (memorización y aplicación) de contenidos es del todo insuficiente. Por muy importante que se considere (y lo es) formar en cuatro disciplinas fundamentales (STEM: ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas), sin una transmisión de valores adecuada es como si para jugar al ajedrez enseñáramos solo las reglas básicas: posición de las fichas en el tablero, cuáles son sus movimientos, qué es un enroque... Para convertirnos en buenos jugadores de ajedrez es imprescindible enseñar jugadas, estrategia, cómo prever los movimientos del contrincantes, aprender de las derrotas...

Y es que, parafraseando a Einstein, la educación es como un paracaídas... solo funciona si se abre.

2 comentarios:

  1. Hola, la frase de Einstein, según tengo entendido es, "La mente es como un paracaídas, sólo funciona si la abres", no sobre la educación. Saludos, buenos articulos

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  2. Hola, la frase de Einstein, según tengo entendido es, "La mente es como un paracaídas, sólo funciona si la abres", no sobre la educación. Saludos, buenos articulos

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