Innovación: del dicho al hecho en educación

domingo, 6 de marzo de 2016
¿Por qué inventar la bombilla si las velas ya nos iluminaban?
No siempre resulta fácil pasar de la palabra al hecho, de la reflexión a la acción. La vorágine del día a día nos lleva a lo rutinario, a la mecanización de acciones y respuestas, a la seguridad y a la comodidad de lo que nos es conocido. Esto pasa en casi todos los ámbitos de la vida, pero es todavía más evidente en nuestras prácticas educativas, ya que la educación es compleja, orgánica y dinámica.

La educación es compleja porque tiene como objeto a seres humanos y en ella intervienen un número inmenso de variables. La educación es orgánica porque nace, crece y se desarrolla; es decir, cambia constantemente. La educación es dinámica porque requiere de la acción constante.

Hoy en día, la innovación es un requisito demandado en prácticamente todos los aspectos de la vida pues el mundo en el que vivimos se transforma a velocidades de vértigo. Pero no se trata de cambiar por cambiar, es decir, por el simple hecho de hacer las cosas de manera distinta. La innovación debe tener como objetivo y como resultado una mejora, una mayor eficiencia y/o eficacia. Innovamos para de mejores respuestas a situaciones o problemas conocidos o para dar respuestas a situaciones o problemas nuevos.

En educación llevamos demasiado tiempo con discursos (palabras/reflexión) que nos señalan el camino a seguir para mejorar nuestras prácticas y, en consecuencia, la educación de nuestros hijos y alumnos. Pero aún aceptando la adecuación y la validez del discurso, se da la paradoja de que su incidencia en la práctica (hechos/acción) es mínima, ya que se tienden a reproducir hasta el infinito los modelos tradicionales de transmisión del conocimiento, que están fuertemente arraigados en nuestras prácticas educativas.

Por este motivo, en todo proceso de enseñanza/aprendizaje es necesario establecer espacios de reflexión. Debemos analizar continuamente si nuestra practica educativa consigue los objetivos que nos hemos marcado, debemos comparar nuestra practica con la de otros educadores, estamos en la obligación de adaptarnos a las necesidades cambiantes de los educandos.



Pero no es menos cierto que toda reflexión necesita de una validación en la práctica. Las teorías deben demostrar su efectividad en la acción. La palabra solo tiene sentido si conduce a la acción.

El mundo actual se empeña en demostrarnos en todo momento nuestra incapacidad de saberlo todo. Aún así nos empeñamos en intentarlo y seguimos educando a los niños y jóvenes como si tuvieran la obligación de ser depositarios de todo el conocimiento de la humanidad.

Es una realidad incontestable que no se puede enseñar ninguna materia o asignatura sin tener un alto dominio de la misma. Pero no lo es menos que se pueden enseñar mejor esos contenidos si, además, se tiene un alto dominio de los recursos pedagógicos indispensables para cualquier educador (entiendo que todo formador es también educador): educación emocional, trabajo colaborativo, espíritu crítico, iniciativa emprendedora...

¿Por qué inventar la bombilla si las velas ya nos iluminaban? ¿Por qué aprender a construir edificios si ya vivíamos en cuevas? Porque nuestra naturaleza como seres humanos nos lleva a saciar nuestra curiosidad, porque es inherente al ser humano la búsqueda del progreso, porque los seres humanos hemos sobrevivido por nuestra capacidad de adaptarnos a las nuevas necesidades.

Por ese motivo, quiero acabar con una invitación a todos los educadores para que la innovación sea un elemento imprescindible en su quehacer diario, pero no a cualquier precio, ni de cualquier manera, sino con el objetivo de cumplir adecuadamente con nuestra misión: que nuestro hijos y alumnos puedan desarrollar al máximo todo su potencial y puedan tener éxito en la vida.

5 comentarios:

  1. Dices que nuestros proyectos innovadores deben tener como objetivo desarrollar al máximo el potencial de nuestros alumnos y que tengan éxito en la vida.

    ¿Hay acaso alguna pedagogía que no lleve implícita esta doble ambición?

    Y más. La idea de desarrollar al máximo el potencial de nuestro alumnos ¿depende en realidad de nosotros? ¿No hay un cierto determinismo social, biológico, personal en la realidad de cada uno de ellos?
    ¿Podemos nosotros hacerles perseguir su máximo potencial además de ponerles retos para desafiarlos?

    Y el éxito en la vida ¿qué es? ¿Qué tipo de éxito? ¿Depende de nosotros su éxito en la vida? Hay tanto azar y tanta indefinición en la idea de éxito que no veo que eso dependa de mí.

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  2. Depende de toda la historia personal, de todo lo que acompaña a cada ser humano, todo docente influye aunque no quiera. Que triste pensar que no depende de ti. Acaso no te sientes educador?

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Acabo de descubrir este blog y estoy más que contenta. Una seguidora más que espera aprender con la lectura de este espacio y poder plasmarlo también en su propio blog. Enhorabuena por este rincón.

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  5. Si os interesa la innovación educativa a través de los contenidos interactivos, Genially es vuestra herramienta, recomiendo que la probéis

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