Decálogo para educar en el mundo actual: lo que hay y lo que no hay que hacer

sábado, 2 de marzo de 2024

"Los maestros abren la puerta, pero tú debes entrar por ti mismo." Proverbio chino


Este decálogo pretende dar una visión integral de cómo debería ser la educación en el mundo actual, destacando aspectos fundamentales para preparar a los estudiantes para enfrentar los desafíos y aprovechar las oportunidades de un entorno cambiante y globalizado. Seguramente puedan añadirse más puntos y quizás creas que sobran algunos, lo que realmente importa es que nuestro alumnado aprenda de verdad:

        1.    Fomentar la creatividad y la innovación:

✅  Lo que hay que hacer: Promover un ambiente en las aulas que fomente la creatividad y la innovación, donde los estudiantes sean alentados a pensar de manera crítica y a encontrar soluciones originales a los problemas.

 ❌ Lo que no hay que hacer: Limitar el aprendizaje a la memorización de información sin comprensión ni aplicación creativa.

2.    Educación personalizada y diversificada:

✅  Lo que hay que hacer: Adaptar el proceso de enseñanza-aprendizaje a las necesidades individuales de cada estudiante, reconociendo sus diferentes estilos de aprendizaje y ritmos de progreso.

 ❌ Lo que no hay que hacer: Implementar un enfoque único y uniforme que no tenga en cuenta las diferencias individuales de los estudiantes.

3.    Fomentar la colaboración y el trabajo en equipo:

  Lo que hay que hacer: Promover actividades que fomenten la colaboración entre estudiantes, enseñando habilidades sociales y la importancia del trabajo en equipo.

  Lo que no hay que hacer: Priorizar actividades individualistas que no fomenten la cooperación ni el desarrollo de habilidades sociales.

4.    Incorporar la tecnología de forma responsable:

  Lo que hay que hacer: Integrar la tecnología de manera responsable en el aula, utilizándola como una herramienta para mejorar el aprendizaje y la enseñanza.

❌  Lo que no hay que hacer: Tener una dependencia excesiva de la tecnología sin un propósito educativo claro o ignorar los riesgos asociados con su uso inadecuado.

5.    Enseñar pensamiento crítico y resolución de problemas:

  Lo que hay que hacer: Fomentar el pensamiento crítico y la capacidad de resolver problemas complejos, enseñando a los estudiantes a analizar información, cuestionar supuestos y tomar decisiones fundamentadas.

 ❌ Lo que no hay que hacer: Limitarse a transmitir conocimientos de manera pasiva sin desarrollar habilidades de pensamiento crítico en los estudiantes.

6.    Promover la educación emocional y el bienestar:

  Lo que hay que hacer: Integrar la educación emocional en el currículo, ayudando a los estudiantes a desarrollar habilidades para gestionar sus emociones, resolver conflictos y cultivar el bienestar personal. Según la neurociencia, la emoción lleva al aprendizaje.

 ❌ Lo que no hay que hacer: Descuidar el aspecto emocional del aprendizaje, ignorando la importancia del bienestar emocional en el rendimiento académico y el desarrollo integral de los estudiantes.

7.    Fomentar la ciudadanía global y la empatía:

  Lo que hay que hacer: Educar a los estudiantes para que sean ciudadanos globales conscientes, compasivos y con una mentalidad abierta hacia diferentes culturas y perspectivas.

 ❌ Lo que no hay que hacer: Limitar el enfoque educativo a lo local, sin fomentar la comprensión y el respeto por la diversidad cultural y social a nivel global.

8.    Desarrollar competencias del siglo XXI:

  Lo que hay que hacer: Enseñar habilidades del siglo XXI como el pensamiento crítico, la comunicación efectiva, la colaboración, la creatividad y la alfabetización digital.

 ❌ Lo que no hay que hacer: Centrarse exclusivamente en la transmisión de conocimientos teóricos desactualizados, sin preparar a los estudiantes para enfrentar los desafíos del mundo moderno.

9.    Promover la sostenibilidad y el cuidado del medio ambiente:

  Lo que hay que hacer: Integrar la educación ambiental y la sostenibilidad en el currículo, concienciando a los estudiantes sobre la importancia de cuidar el medio ambiente y adoptar prácticas sostenibles.

 ❌ Lo que no hay que hacer: Ignorar la crisis ambiental y sus implicaciones en la educación, perpetuando hábitos y actitudes que contribuyan al deterioro del medio ambiente.

10.  Fomentar una evaluación formativa y continua:

  Lo que hay que hacer: Implementar una evaluación formativa y continua que permita retroalimentar el proceso de aprendizaje, identificar áreas de mejora y reconocer el progreso individual de cada estudiante.

 ❌ Lo que no hay que hacer: Limitar la evaluación a exámenes estandarizados que no reflejen de manera integral el aprendizaje y desarrollo de los estudiantes.

 

En conclusión, es muy importante que nuestros estudiantes aprendan de forma significativa, profunda, perdurable y transferible. Es decir, que lo que aprendan les sirva para afrontar los retos personales, académicos y laborales del presente y del futuro de manera efectiva y real.

Sin embargo, no es recomendable promover el aprendizaje temporal, parcial y pasajero, que en realidad no les sirve para nada. Y es que la labor de los docentes es plantar semillas en nuestros estudiantes para que florezcan cuando lo necesiten y no pretender que den sus frutos antes de tiempo, para que estos maduren y caigan al suelo sin que se puedan aprovechar.

El desorden educativo: nadie puede quedar fuera

sábado, 9 de mayo de 2020
"Una época de movimiento y de conciencia del desorden es a la vez una época de grandes riesgos y grandes posibilidades. Puede convertirse en una época de contagio entrópico y, más aún, de implosiones y explosiones sociales en cadena y locuras desastrosas." Georges Balandier

Si el mundo educativo llevaba ya un tiempo convulso, solo ha faltado la crisis del Covid 19 para acabar de remover aún más los vientos de cambio y transformación que están azotando a nuestras escuelas, a nuestros docentes, a nuestros alumnos y a cualquier miembro de la comunidad educativa.

Esto genera un movimiento de cambio paradigmático que es, a su vez, contrarrestado por un movimiento de conservación de los modelos establecidos. Y en esas estamos, unos que, si hay que cambiarlo todo, otros que si hay que volver a los valores de la educación tradicional... con todas las posiciones intermedias que se quieran.

Los retos que se plantean ante la situación de alarma provocada por el coronavirus son, a la vez, una gran posibilidad de introducir mejorar en el sistema escolar y una posibilidad muy factible de introducir "locuras desastrosas". Hacer que en las aulas solo pueda haber 15 alumnos y que parte del horario y el trabajo escolar sean online son al mismo tiempo cambios positivos y negativos, depende de los recursos y las transformaciones metodológicas que los acompañen. Reducir el número de alumnos por aula, petición docente histórica, solo tiene sentido si va acompañada de un cambio metodológico que le dé sentido.

Pero el tema más importante es que esta crisis no acentúe aún más las diferencias entre alumnos y la igualdad de oportunidades (la equidad no es uno de los puntos fuertes de nuestro sistema educativo): que nadie quede fuera del sistema. Si los protocolos de salud recomiendan que parte del horario escolar sea online, hay que posibilitar que todos los alumnos (y todos los docentes) tienen acceso a los recursos digitales pertinente, tanto materiales (ordenadores, tablets, conectividad...) como formativo (saber utilizarlos adecuadamente).

Si la educación online consiste solamente en la comunicación a los alumnos de tareas y deberes, no aprovecharemos las circunstancias para transformar la metodología con la que nos dirigimos a los alumnos para que aprendan.

Los docentes no son ni héroes ni villanos... son los profesionales que van a formar a las generaciones futuras y necesitan de los recursos materiales y formativos para llevar a cabo su tarea de manera eficaz.

Dice Michael Fullan que un sistema educativo aburrido es malo, pero que un sistema irrelevante lo es por partida doble. Quizás podríamos aprovechar las circunstancias actuales, que por otro lado son inevitables, para conseguir que el sistema sea relevante, para que los alumnos hagan tareas a las que les vean o les hagan ver el significado y la relevancia.

Para finalizar, me gustaría decir la única forma de entender la educación es de forma inclusiva, sin dejar a nadie al margen, sin perder a nadie por el camino... porque aprender es el camino que recorremos, no los lugares a los que llegamos. Porque todos debemos aportar nuestro mejor yo, la educación debe sacar lo mejor de todos y cada uno de nosotros.
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La educación en tiempos de alerta: lo que de verdad importa

sábado, 25 de abril de 2020
Imagen de Gerd Altmann en Pixabay 
"Habíamos olvidado últimamente que las escuelas alimentaban a las sociedades, no solo a las economías." Alex Beard

Nunca pensé que me vería escribiendo algo así. Desde mi casa, confinado, con las calles vacías, con las escuelas cerradas, con miles de personas muriendo y muchas más enfermando. Por momentos, más que vivir en la realidad, me parece estar viviendo en una película de ciencia ficción. Pero no, lo que sucede es muy real, cruel y brutalmente real. Lo que sucede no tiene ningún aspecto positivo que resaltar, ni con una visión muy optimista de la situación.

Ante una realidad nueva, inesperada, para la que no tenemos respuestas, ni soluciones debemos actuar de la forma como se refleja en la ilustración: hay que ser consciente de ella, pensar cuál es la mejor manera de afrontarla, idear soluciones o respuestas y, lo que es fundamental, pedir ayuda y compartir nuestra forma de actuar ante ella.

Y eso es lo que estos días está sucediendo en el ámbito de la educación, con sus luces y sus sombras. Creo que hoy más que nunca es necesario reformular nuestra manera de entender la educación y replantear cuál es el propósito de la escuela. 

Algunos plantearán la necesidad de vaciar a la escuela de su valor para la sociedad. La enseñanza online es más barata, mucho más barata, pero no cubre ni un mínimo porcentaje de lo que se necesita para educar a nuestros alumnos y alumnas. Puede que sí sirva, aunque también con limitaciones, para instruirlos, pero no para educarlos.

Y es que esa es la clave para reflexionar: ¿En la escuela solo se aprenden los contenidos de las asignaturas del currículum o se aprenden también los valores, las habilidades, las destrezas que les permitan vivir con plenitud? Yo lo tengo claro: La educación de nuestra época tiene que ir mucho más allá de la mera instrucción, y debe dotar a las nuevas generaciones de los valores y las habilidades o competencias que les permitan vivir de forma responsable y activa en un mundo cambiante.

La escuela ha de ser garante de lo que Michael Tomasello llama evolución cultural acumulativa, es decir, debe garantizar que las nuevas generaciones conocen "las prácticas y los artefactos humanos más complejos -incluyendo las industrias que utilizan herramientas, la comunicación simbólica y las instituciones sociales" que en ningún caso fueron creadas una vez y para siempre, sino que han sido adaptadas y modificadas sucesivamente por las nuevas generaciones. De manera que, a diferencia de los animales, los seres humanos hemos podido progresar generación tras generación de una forma rápida y eficaz.

Para que esto sea posible la escuela debe enseñar conceptos y contenidos, pero también debe enseñar a reflexionar sobre ellos de un modo crítico, debe ser posibilitadora de la aplicación real de esos conceptos y contenidos y debe tener las herramientas para que estos puedan ser compartido con otros para trabajar en colaboración. La escuela debe enseñar a pensar, a hacer, a convivir, a compartir...

En este contexto, la función presencial del profesor es esencial y las herramientas online son un potente complemento a su labor, pero nunca pueden substituirla al 100% (ni tan siquiera al 50%). Es posible que esta situación excepcional haya destapado algunas carencias en cuanto a la formación TIC-TAC del profesorado... ¿pero a quién le sorprende eso? Más allá de heroicidades, siempre loables, pero también excepcionales, la profesionalidad y la capacidad de adaptación de los profesores y profesoras ha quedado más que demostrada... por eso, cada día a las 8 de la tarde salgo al balcón de mi casa y mi aplauso también es para ellos. Pero quiero ir más allá y pedir que se deje de recortar la inversión en educación, que se dote de recursos y formación permanente y eficaz a los docentes, que se reduzca el número de alumnos por aula, que se posibiliten espacios de intercambios de experiencias docentes... en definitiva, que ayudemos de verdad a los profesores a hacer su labor.
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Hacia una educación sostenible

domingo, 29 de septiembre de 2019
Imagen de ejaugsburg en Pixabay
"La enseñanza debería ser el trabajo más importante del siglo XXI porque estamos en una época en la que todos los recursos de la Tierra se están agotando, y el único que no lo hace y es ilimitado es la inteligencia humana y, precisamente, los profesores son quienes la cultivan" Alex Beard

Dicen que la educación no puede dejar un mundo mejor a nuestros niños y niñas, pero sí mejores personas para nuestro planeta. Y esa es una tarea fundamental para la supervivencia de este mundo frágil y enfermo.

La emergencia es tan grande, el problema es tan grave, que hoy en día es tan importante hablar sobre qué, cómo y cuándo educar como conseguir que nuestros alumnos aprendan cómo cuidar el medio ambiente y hacer un uso responsable de los limitados recursos que nos ofrece la naturaleza... porque si destruimos nuestro planeta nada tiene sentido, ni siquiera hablar de educación.

No se trata de querer incluir una asignatura más en nuestro ya de por sí extenso currículo, se trata de incorporar en toda la esencia educativa los valores y los conocimientos que nos permitan dar respuesta a esta necesidad social, como leí que la definía Víctor Cuevas en una entrevista. Si no somos capaces de hacer que los hombres y mujeres del futuro tengan un comportamiento sostenible, la labor de los educadores nunca será completa.

Que la educación sea sostenible significa que debe ser perdurable en el tiempo... y eso debe ser aplicable tanto a los valores que transmite como a los aprendizajes que adquieren los alumnos. La educación debe quedar al margen de modas y contenidos vacíos, la educación debe incidir en lo más profundo de las personas.
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No esperes al futuro de la educación: ¡créalo!

domingo, 22 de septiembre de 2019
"La tecnología es solo una herramienta. Para conseguir que los niños trabajen juntos y motivarles, el profesor es lo más importante." Bill Gates

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay
Si estás esperando a que la tecnología, por mucho que esta avance día a día, cambie la educación, un consejo: no sigas esperando y actúa, haz tú que cambien las cosas. Somos las personas las que cambiaremos la educación y no las máquinas.

De hecho, la digitalización de la educación no está siendo ni tan rápida ni tan profunda como en otros sectores: la música, el cine, el comercio... En mi opinión, esto es debido a que la educación no es un producto, sino un servicio. La educación no busca un resultado final sino que es un proceso que dota de herramientas, competencias y habilidades para poder desenvolvernos en un mundo cambiante.

La tecnología no es ni el enemigo de los docentes, ni la panacea que resolverá todos los problemas de aprendizaje de nuestros alumnos. La tecnología es y será lo que las personas hacemos que sea, porque es una herramienta, una herramienta muy potente para facilitar el aprendizaje, pero una herramienta al fin y al cabo y su funcionalidad está determinada por el uso que hacemos de ella.

Los humanos somos creadores de tecnología desde nuestros orígenes y una de nuestras señas de identidad es nuestra capacidad de aprendizaje... nuestra vida es un aprendizaje continuo y la tecnología debe usarse para que ese aprendizaje sea más efectivo y significativo. Dejar la tecnología fuera de la escuela es un error que no podemos permitirnos, pero utilizar la tecnología sin que esté al servicio de la educación sin tener un propósito educativo claro, sería un error de consecuencias imprevisibles.
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10 cualidades para educar en tiempos de inquietud*

domingo, 15 de septiembre de 2019
Imagen de Gerd Altmann en Pixabay
*Inquietud: 1. Falta de quietud, desasosiego, desazón. 2. Curiosidad o interés.

"Sabemos con certeza que nos orientaremos con mapas que todavía no existen, tendremos una idea de la belleza que no sabemos prever, y llamaremos verdad a una red de imágenes que en el pasado habríamos denunciado como mentiras." Alessandro Baricco 

Seguramente la palabra que mejor define cómo nos sentimos ante todo lo que está sucediendo en el mundo en el que vivimos es inquietud. Curiosamente en la doble acepción de la palabra: desasosiego e interés:

- Desasosiego porque están reapareciendo ideas, actitudes y acciones que parecían estar olvidadas, lo que provoca la sensación de estar retrocediendo en el tiempo, de estar volviendo a épocas superadas con mucho esfuerzo y sacrificio. En lo que se refiere al mundo educativo son cosas como la propuesta de introducir el conocido como "pin parental", el cuestionar constantemente la labor docente y su capacidad para hacerla, el criticar la enseñanza inclusiva, sostenible y en igualdad de género... entre otras muchas "perlas".

- Interés porque hoy más que nunca hay un enorme movimiento en la búsqueda de nuevas soluciones a los problemas del mundo, hay más propuestas que nunca por conseguir que el mundo sea más sostenible, más justo y más colaborativo. En educación, esto se refleja en un constante intento de plantear nuevas maneras de enseñar (aprendizaje basado en proyectos, trabajo colaborativo...), rediseñar los espacios de aprendizaje, etc.

Estas dos visiones del mundo conviven y, de alguna manera, existe un evidente conflicto entre ambas. Por este motivo me parece muy importante que los alumnos y alumnas de nuestros centros educativos trabajen una serie de cualidades que les permitan ser personas autónomas y responsables en este mundo inquietante e inquieto. Entre otras, destacaría las 10 cualidades siguientes:

1. Respeto. Para poder ser educado, lo primero es respeto por uno mismo y por los demás. Sin ello no hay posibilidad de aprendizaje.
2. Agradecimiento. Para poder ser educados, los alumnos y las alumnas deben entender que la labor docente es realmente importante para ellos y valorarla como tal.
3. Diálogo. Para poder ser educado, hay que fomentar la capacidad de conversar con otros exponiendo las ideas propias y escuchando y respetando las de los demás.
4. Compromiso. Para aprender deben ser conscientes de que deben contraer la obligación de hacerlo porque es importante para ellos y para la sociedad.
5. Esfuerzo. No hay aprendizaje sin esfuerzo. Pero esfuerzo no es sinónimo de angustia y dolor sino que puede ir de la mano del goce y la satisfacción del trabajo bien hecho.
6. Honestidad. Para aprender hay que ser razonable y justo con uno mismo y con los demás.
7. Humildad. Para poder ser educado hay que ser consciente de las habilidades y las cualidades propias pero también de las limitaciones y carencias.
8. Prudencia. Para aprender es necesario este valor que está relacionado con la discreción y la reflexión, y que nos ayuda a considerar los efectos de nuestros actos.
9. Rigor. Para aprender debemos perseguir nuestros objetivos con eficacia y firmeza, dando todo lo que está en nuestras manos.
10. Sostenibilidad. Para ser educado hay que entender que este planeta tiene recursos limitados y que debemos hacer buen uso de ellos.
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El coraje de enseñar y la coherencia educativa

domingo, 8 de septiembre de 2019
Imagen de congerdesign en Pixabay
"Los maestros deben enseñar, se les debe permitir enseñar, y más aún, deben tener el coraje de enseñar." Gert Biesta

La coherencia tiene que ver con la relación entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace. Ser coherente está muy relacionado con la integridad y con ser fiel a las propias ideas. En cambio, los miedos, las inseguridades y/o los complejos a la hora de defender nuestras ideas, conducen a la incoherencia... y nada es más contrario a la educación que la incoherencia.

Dedicamos mucho tiempo y esfuerzo a aplicar métodos y metodologías "innovadoras" sin el previo e imprescindible trabajo de saber cuál es el propósito de la acción educativa que se va a llevar a cabo. Nos preocupamos demasiado por el cómo sin plantearnos el por qué y el para qué. ¡Qué más da cómo se enseñar si no se tiene claro lo que se quiere enseñar!

Para ser coherentes necesitamos establecer siempre cuál es el propósito de nuestra intervención educativa. Gert Biesta distingue tres tipos o dominios de propósitos educativos:

1. de cualificación (conocimientos y habilidades)
2. de socialización (el encuentro educativo con culturas y tradiciones)
3. de subjetivación (orientació educativa hacia el niño como sujeto de acción y responsabilidad)

Los y las docentes combinan los tres tipos para establecer sus fines educativos, dando mayor o menor importancia a cada uno de ellos en función de aquello que quiere que sus alumnos aprendan.

El foco de la educación escolar debe pasar de la enseñanza al aprendizaje, pero eso no significa que los y las docentes tengan un papel menos importante en este contexto. Cualquier aprendizaje de los alumnos y alumnos debe realizarse en contextos intencionales con propósito educativo propiciados por el profesor/a. Por tanto, los y las docentes deben tener el coraje de enseñar y no dejar de hacerlo nunca, porque el aprendizaje de sus alumnos solo es posible en contextos creados para ello. En demasiadas ocasiones se enseñan cosas solo por el hecho de que "lo dice el currículo" y, por ello, no se produce el aprendizaje de nuestros alumnos.

Las diferentes metodologías didácticas que podemos aplicar en el aula deben estar al servicio del propósito educativo que perseguimos y no son un fin en sí mismas... por mucho que se presenten como la solución a todos los males de la educación.
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