Leer, ¡qué gran aventura!: El libro de los profes Ángeles y Esteban

martes, 21 de enero de 2014
Hace ya algunos días que Ángeles Lara (@AngelesLara3) y Esteban de las Heras (@Estebandelashg) tuvieron la amabilidad de enviarme un ejemplar de su libro Leer, ¡qué gran aventura!

Justo en el mismo instante que acabé de leer la última página (con una sonrisa dibujada en mis labios) y cerré el libro, lo tuve claro: tenía que escribir un post sobre él. Aunque escribir sobre este libro, en realidad, es escribir sobre sus autores, sobre sus alumnos, sobre creatividad, sobre innovación, sobre entusiasmo, sobre educación.

Leer, ¡qué gran aventura! es una iniciativa didáctica y literaria que demuestra que nuestras escuelas están muy vivas, que no tienen que ser aburridas para los alumnos, y que nuestros docentes, a pesar de los pesares, mantienen un altísimo grado de implicación, una imaginación sin limites y una profesionalidad a prueba de bombas (léase leyes educativas sin sentido).

Tengo que comentaros que Ángeles da clase en primer ciclo de Primaria y Esteban es maestro de Educación Física y tiene buena mano para la literatura. Ambos son profesores en el CEIP Maestro José Acosta de Ceuta. Pues bien, un día decidieron escribir unos cuentos en los que los protagonistas son ellos mismos y sus alumnos. ¡No se me ocurre una herramienta mejor para motivar y animar a los niños en la lectura! Los alumnos se reconocen, se ríen, se sorprenden, se implican en el proceso de creación de las historias...

Dicen la frías estadísticas que a los niños y niñas de nuestros tiempos (esos a los que se les ha puesto la etiqueta de "nativos digitales") no les gusta leer. Creo que Ángeles y Esteban han conseguido demostrar que eso no es cierto. Les gusta leer aquello que les emociona, les sorprende, les reta, les abre nuevos horizontes... les gusta leer lo que les hace disfrutar.

Me escribieron una nota los autores del libro en la que me decían, entre otras cosas, "tienes que tener en cuenta que no somos escritores, sólo humildes maestros". Hay reside la verdadera grandeza de esta obra.

Ficha técnica:
LARA, Ángeles y DE LAS HERAS, Esteban: Leer, ¡qué gran aventura! Entrelíneas editores, Madrid, 2011.

8 citas sobre el nuevo rol docente

lunes, 13 de enero de 2014
Repasando las notas de los últimos libros que he leído sobre educación he visto que existe una constante: la necesidad de dotar a los docentes de un nuevo rol. A continuación os dejo 8 citas que, en mi opinión, dan una imagen muy acertada de los que debe ser un profesor en el siglo XXI:


"Se supone que los maestros son personas que ayudan a los estudiantes a encontrar sus intereses en la vida, les enseñan a tomar decisiones, o a abordar problemas y los sensibilizan en determinados temas." (pág. 14) Roger SCHANK: Enseñando a pensar. Erasmus ediciones, Barcelona, 2013.

"De la educación al aprendizaje, podemos decir, de la jerarquía indiscutible de un profesor omniscente a su posicionamiento como guía, como orientador que ayude a digerir el flujo imparable de información en internet, que ayude a ser eficientes en la difícil tarea de convertirla (...) en conocimiento." (pág. 222) Dolors REIG: Socionomía. Deusto, Barcelona, 2012.


"Lo que los profesores enseñamos no es lo que los estudiantes aprenden." (pág. 35) María ACASO: rEDUvolution. Paidós, Barcelona, 2013.


"En una escuela moderna y democrática no deberían ser los alumnos quienes siguen a los maestros. Al contrario, los maestros, y también el personal no docente, deberían intentar crear un ambiente rico y estimulante, educativo ya en su planteamiento, su distribución y su equipamiento, y no sólo por lo que dentro de sus paredes se hace y se dice." (Pág. 149) Francesco TONUCCI: Peligro, niños. Graó, Barcelona, 2012.


"Y puede que, habiendo probado el dulce fruto de la comprensión, se sientan motivados para seguir siendo buscadores de conocimiento -quizás incluso creadores de conocimiento- durante el resto de su vida." (pág. 280) Howard GARDNER: La educación de la mente y el conocimiento de las disciplinas. Paidós, Barcelona, 2012.


"Y para ser práctica, una enseñanza de calidad necesita propiciar y propagar la apertura de la mente y no su cerrazón." (Pág. 31) Zygmunt BAUMAN: Sobre la educación en un mundo líquido. Paidós, Barcelona, 2013.


"Debemos configurar mejor los cerebros de nuestros alumnos para que constantemente puedan aprender, crear, programar, adoptar, adaptar y relacionarse positivamente con lo que o con quien se encuentren, y de la forma en que se encuentren con ellos, que cada vez más será por medio de la tecnología." (Pág. 26) Marc PRENSKY: Enseñar a nativos digitales. SM, Madrid, 2011.


“No me importa cómo lo hagáis, pero cuando recorra esta escuela como director, quiero percibir que los niños tienen un sentimiento de que están viviendo su vida, y que yendo a la escuela aprenderán a vivir mejor.” (Pág. 74) Richard GERVER: El cambio. Conecta, Barcelona, 2013.

Que cada uno extraiga sus conclusiones...
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El valor del tiempo en la escuela

martes, 7 de enero de 2014
“Los que emplean mal su tiempo son los primeros en quejarse de su brevedad.” Jean de la Bruyère (escritor francés, 1645-1696)

A pesar de que han transcurrido muchos años, recuerdo que en la escuela algunas clases se me pasaban volando y otras, en cambio, se me hacían eternas. Y, curiosamente, lo mismo me sucedía en el instituto y en la universidad.

Coincidía que las clases interminables y aburridas eran aquellas en las que el docente no paraba de hablar ni un segundo (algunos hablaban muy deprisa, otros, por el contrario, lo hacían con toda lentitud para que pudiéramos copiar una por una todas sus palabras) e incluso recuerdo a algún profesor que escribía en la pizarra lo que yo tenía que escribir en mis apuntes. En esas clases, que eran la mayoría, mi única tarea era la de tomar apuntes. Mi principal labor en la escuela, el instituto y la universidad era, pues, la de escriba (a imagen y semejanza del famoso Escriba sentado del arte egipcio), por ese motivo, esas horas de clases se convirtieron en torturas interminables.

En cambio, las clases que pasaban muy deprisa, aquellas que no quería que acabaran nunca, eran en las que debatíamos, experimentábamos, trabajábamos en equipo..., es decir, aquellas en las que participaba activamente haciendo alguna cosa que no fuera solo escuchar al “profe” y tomar apuntes de forma mecánica. Desafortunadamente, estas clases fueron las menos numerosas.

¡Sí!, el tiempo es relativo... a veces va muy deprisa y otras muy despacio. Además, el tiempo en la escuela es muy valioso por lo que no debemos malgastarlo. Lo cierto es que en la escuela se dedica demasiado tiempo (y demasiado esfuerzo) a hacer cosas que no tienen como objetivo que los alumnos aprendan sino que tienen como propósito que no causen problemas: que no alboroten, que no se muevan, que estén atentos, que hagan las labores de clase, que obedezcan...

Está muy extendida la idea de que ir a la escuela es el “trabajo” de los niños como el de los adultos es ir a la oficina, al taller, a la fábrica... En mi opinión, esa comparación tiene efectos muy perniciosos en nuestra forma de plantear las actividades escolares. Me explico: se percibe al alumno como un subordinado y al docente se le otorga una función autoritaria, de jefe al que se debe obediencia absoluta y fe ciega. De hecho, esta jerarquización de las relaciones entre profesores y alumnos recuerda, en cierto modo, al funcionamiento de la sociedad feudal, donde al rey se le rendía vasallaje.

Para hacer un uso adecuado del tiempo escolar es necesario planificar bien nuestras actividades, porque inevitablemente surgirán múltiples imprevistos. También debemos simplificar al máximo la organización y el funcionamiento del aula y establecer rutinas eficaces. Rutinas que deben cuestionarse periódicamente para valorar su eficacia y cambiarlas cuando sea necesario: no podemos hacer siempre lo mismo porque siempre se ha hecho así. No en vano, ya decía Francisco de Quevedo que “Cuando decimos que todo tiempo pasado fue mejor, estamos condenando el futuro sin conocerlo.”

Ahora bien aprovechar el tiempo no significa que tengamos que estar en todo momento haciendo tareas. Aunque pueda parecer paradójico, el descanso es necesario para aprovechar adecuadamente el tiempo de aprendizaje... y no basta con el tiempo de recreo. Es necesario establecer pausas en la dinámica del aula, momentos de desconexión, que ayuden a no perder ese estado que podemos llamar “tensión de aprendizaje”. Pausas que tienen que estar programadas y que deben romper con la monotonía y la rigidez académica: podemos hablar de temas que les interesen, de la película que dieron ayer por la tele, de cómo se relacionan chicos y chicas... Debemos hablar de las cosas que les resultan verdaderamente interesantes que nunca están recogidas en los currículos.

Por todo ello, propongo que las aulas se conviertan en un ágora, en una plaza donde se reúnen profesores y alumnos para dialogar y aprender juntos, donde se democratice el funcionamiento de las clases, donde se comente qué es lo que se quiere aprender y de qué modo... En definitiva, se trata de hacer que los alumnos también participen activamente de la organización escolar. Se trata de conocer qué es lo que les interesa, lo que les motiva y aprovecharlo para que aprendan (no para que aprueben) y para que disfruten al mismo tiempo.

Los docentes deben explicar menos para que los alumnos aprendan más. Los alumnos deben estudiar (empollar, memorizar...) menos para aprender de verdad y que el tiempo que pasan en la escuela sea agradable y provechoso para su vida.
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El Blog de Salvaroj os desea un 2014 lleno de éxito educativo

domingo, 22 de diciembre de 2013
A todos los que habéis decidido asomaros a mi ventana, esa que he abierto para explicarle al mundo lo que es para mí la educación, a los que os habéis detenido un rato a conversar, a los que habéis echado un vistazo y habéis continuado vuestro camino, a los que os gusta venir de tanto en tanto para mirar y comentar lo que expongo... a todos y todas: ¡gracias por compartir!

A aquellos que dedicáis vuestra vida a educar a los demás, a cultivar semillas de ilusión en nuestras escuelas, a luchas por cambiar la educación aún teniéndolo todo en contra:

FELICES FIESTAS Y QUE EL AÑO 2014 SE CUMPLAN TODOS VUESTROS DESEOS.


(El poema visual es obra de mi amiga Maite Mateo (@maite_mabe), a la que agradezco su amabilidad y generosidad)
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La escuela de los animales, una fábula educativa

jueves, 12 de diciembre de 2013
En un lejano y extraño país vivían, hace muchos años, unos animales muy especiales que dedicaban su existencia al noble arte de enseñar a otros animales. Les gustaba educar a los cachorros, cuanto más pequeños mejor, porque decían que era cuando mejor asimilaban sus enseñanzas.

Lo cierto es que, un día, estos animales decidieron crear una escuela donde sus pupilos asistirían regularmente y aprenderían todo lo que necesitaban para ser animales de provecho. Dotaron a su escuela de los mejores recursos de los que disponían... pero pronto empezaron los problemas.

Los pequeños animales no aprendían como ellos habían previsto y decidieron reunirse en un claustro para evaluar lo que estaba pasando. El cangrejo, que era profesor de manualidades, dijo que en vez de avanzar iban hacia atrás. El avestruz, maestra de inglés, prefirió esconder la cabeza bajo tierra, para no tener que decir lo que pensaba... tenía muchas manías por ser un ave que no sabía volar. El pez cirujano (Dory en Buscando a Nemo), el profesor de educación física, se olvidaba al momento de lo que estaban hablando. La mula, profesora de física, erre que erre, insistía sin descanso en que no pasaba nada, en que todo iba bien.

Así pasaban las horas y el claustro no conseguía ponerse de acuerdo en cómo arreglar la situación para que la escuela funcionase mejor. El profesor camaleón, especialista en pintura, cambiaba continuamente de opinión, según quien hablara. La profesora hormiga, la más trabajadora de toda la escuela, insistía en que debían seguir trabajando sin descanso; mientras que la maestra de canto, doña Cigarra, insistía en dedicarse a dejar pasar el tiempo disfrutando de la vida. El profesor perro y el profesor gato no dejaban de pelearse entre ellos. Mientras tanto, el más veterano de todos los animales de la escuela, don dinosaurio los miraba de reojo y solo esperaba que le llegara el tiempo de la jubilación.

El claustro era una jaula de grillos. De repente, el director del centro el señor ornitorrinco decidió intervenir. Era un animal muy especial, una mezcla poco habitual de distintos animales que le otorgaba la condición de ser muy asertivo con el resto de los animales. El señor ornitorrinco pidió la palabra y explicó:

-La única manera de que consigamos averiguar lo que sucede en nuestra escuela es trabajar en equipo como si fuéramos una bandada de estorninos o un banco de peces. Solo dejando de lado nuestras manías personales, trabajando en colaboración, destacando lo que une y no lo que nos diferencia... solo así crearemos una escuela mejor. Y así lo hicieron y sus alumnos lo agradecieron.

Moraleja: Todos tenemos una manera personal de hacer las cosas pero trabajando en equipo, sumando nuestras inteligencias y nuestras fuerzas, conseguiremos mejorar nuestras escuelas.

Colorado, colorín... esta fábula ya tiene fin.
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¿En busca del docente tipo McGyver? Contra los recortes en educación

lunes, 9 de diciembre de 2013
A la próxima persona a la que escuche decir que una mayor inversión en educación no implica un mejor rendimiento... le voy a soltar un improperio de dimensiones considerable.
El 9 de diciembre de 2013 se pudo leer esta noticia en El País: El recorte educativo alcanzará en 2014 los 7.300 millones de euros. En ella se afirma que en España la inversión pública en educación se ha reducido un 16’7% en cuatro años y que han visto recortados sus presupuestos todas las administraciones y para todos los niveles educativos.

Ante cifras tan elevadas es imposible afirmar que los fundamentos básicos de la educación de calidad no se ven afectados. Ya no solo afecta a los “flecos” o a las cosas que podían estar sobredimensionadas. La calidad de la educación pública y, por tanto, la educación de los futuros ciudadanos de este país está en peligro.

Es cierto que en nuestras escuelas hay muchos docentes tipo McGyver. McGyver era el protagonista de la serie del mismo nombre de gran éxito en la década de 1980. Este personaje era capaz de inventar o construir casi cualquier cosa con una navaja suiza multiusos y un chicle. Es cierto que hay muchos profesores y profesoras capaces de crear clases maravillosas con un lápiz y un trozo de papel, capaces de motivar sus alumnos con su profesionalidad y su imaginación.

Pero no es menos cierto que para mejorar la calidad de la enseñanza habría que triplicar el sueldo de los docentes (como también ha afirmado en estas fechas Arturo Pérez-Reverte @perezreverte), que es necesaria una importante inversión económica para equipar a las escuelas de las tecnologías que permitan que nuestras aulas sean ventanas abiertas al mundo, que debe ofrecerse a los docentes una formación continua y de calidad, que debe invertirse en I+D para que las pedagogías emergentes lleguen a todos los centros educativos…

Es un tópico, lo sé… pero la educación no es un gasto, es una inversión. No hace falta que nuestros docentes sean como McGyver, pues los problemas a los que se enfrentan cada día nuestros profesores y profesoras son reales y no ficciones televisivas. 
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La educación sincera

lunes, 2 de diciembre de 2013
Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la sinceridad es "Sencillez, veracidad, modo de expresarse libre de fingimiento". ¿Existe una definición mejor de la labor docente?

En el mundo actual, donde las relaciones (entre las personas o entre colectivos) son muy complejas, la sinceridad no es un valor demasiado apreciado. La complejidad, la mentira, el modo de expresarse más conveniente a nuestros intereses marcan el día a día de las relaciones sociales.

El fruto de la falta de sinceridad en la sociedad actual es: corrupción política, búsqueda del éxito fugaz y del enriquecimiento fácil, aumento de las desigualdades sociales, deseo de aparentar lo que no se es y, lo que es aún peor, millones de jóvenes sin estudio ni trabajo.

Por este motivo, hoy quiero reivindicar el valor de la sinceridad en la educación. La sinceridad genera confianza y esto es fundamental en las relaciones que se establecen en los procesos de enseñanza/aprendizaje. Hay que ser sincero con los demás (alumnos, compañeros de claustro, familias...) pero sobre todo hay que ser sincero con uno mismo: es la única manera de desarrollar adecuadamente nuestra labor profesional.

Debemos tener siempre presente que "Mejor que con palabras la sinceridad se muestra con acciones." (William Shakespeare). Por este motivo los docentes no solo deben decir la verdad sino también actuar conforme a ella. El docente que tiene siempre presentes las necesidades de los alumnos como motor para su labor es un docente sincero y los vínculos que se crean entre docente y discente son mucho más fuertes.

"Con el tiempo es mejor una verdad dolorosa que una mentira útil." (Baltasar Gracián). Yo no creo, como pretenden algunos, que todos los niños puedan ser Einstein, ni falta que hace. Orientar adecuadamente a los alumnos en base al tipo de inteligencia en el que demuestran más capacidad, es una tarea fundamental en la educación del siglo XXI. Si educamos con sinceridad evitaremos falsas expectativas que solo pueden acabar en frustración y, en consecuencia, reduciremos el absentismo y el "fracaso" escolar: educaremos personas más felices y capaces de participar críticamente en su entorno social.

Estoy convencido de que una educación basada en la sinceridad mejora los resultados educativos de nuestros alumnos y nos ayuda a desarrollar de manera más rica nuestra labor docente... lo creo sinceramente.
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