Desde la persistente sombra del abandono escolar hasta la
urgente necesidad de cuidar la salud mental en las aulas, vamos a analizar
brevemente los siete retos que la escuela debe superar para garantizar un
futuro de oportunidades para todos.
1. Abandono escolar temprano: una
herida que no cicatriza
Las cifras son tozudas. Aunque hemos mejorado, España sigue
a la cola de Europa en abandono escolar temprano. Con una tasa del 13,6% en 2023, casi cuatro puntos por encima de la
media de la UE (9,6%), el sistema sigue expulsando a una parte significativa de
su juventud antes de tiempo. Este fenómeno no es homogéneo: golpea con más
fuerza a los hombres y al alumnado de origen migrante, evidenciando una clara
brecha de equidad.
2. La brecha de la desigualdad: dime
dónde estudias y te diré quién eres
Uno de los principios fundamentales de un sistema educativo
justo es garantizar la igualdad de oportunidades. En España, este principio se
tambalea. El contexto socioeconómico del alumnado sigue siendo un factor
demasiado determinante en su éxito académico. Esta desigualdad se manifiesta de
dos formas principales:
•
Segregación
de facto: La diferencia en resultados
entre la red pública y la concertada/privada a menudo refleja una segregación
socioeconómica del alumnado.
•
La
cultura de la repetición: España es uno de los países de
la OCDE con mayor tasa de alumnos repetidores. Una medida que, según consenso
experto, es pedagógicamente ineficaz, económicamente costosa y socialmente
estigmatizante.
3. La eterna promesa: una financiación
insuficiente
Hablar de mejorar la educación sin hablar de inversión es
un brindis al sol. La inversión educativa en España, medida como porcentaje del
PIB, sigue por debajo de la media de nuestros vecinos europeos y de la OCDE.
Esta infrafinanciación crónica tiene consecuencias directas en el día a día de
los centros: ratios elevadas que impiden una atención personalizada, falta de
recursos para atender a la diversidad y unas infraestructuras que, en muchos
casos, piden a gritos una renovación urgente.
4. El laberinto normativo: ocho leyes
en 40 años
Si algo ha caracterizado a nuestro sistema educativo es su
inestabilidad. La falta de un Pacto de Estado por la Educación nos ha condenado
a un vaivén legislativo —ocho leyes educativas desde la restauración de la
democracia— que agota a la comunidad educativa y dificulta la consolidación de
proyectos a largo plazo. A esto se suma una carga burocrática asfixiante que
roba un tiempo precioso a los docentes, que deberían dedicarlo a lo que mejor
saben hacer: enseñar.
5. Cuidar a quien cuida: la situación
del profesorado
No hay sistema educativo de calidad sin un profesorado
motivado, formado y respetado. Sin embargo, los docentes en España se enfrentan
a un panorama complejo:
•
Una
plantilla envejecida: En la próxima década, se
jubilará un porcentaje muy significativo del profesorado, lo que exige una
planificación urgente para atraer y formar a una nueva generación de maestros.
•
Pérdida
de autoridad y reconocimiento social: La
percepción de que la profesión ha perdido estatus social y la falta de
confianza por parte de la administración minan la motivación.
•
Formación
continua: La adaptación a la
digitalización, a las metodologías emergentes y a la creciente diversidad del
alumnado requiere una actualización constante que no siempre está garantizada.
6. La salud mental entra en el aula
(por fin)
La pandemia actuó como un catalizador, visibilizando una
necesidad que llevaba tiempo latente: el bienestar emocional es una condición
indispensable para el aprendizaje. La ansiedad, la depresión y otros problemas
de salud mental entre los jóvenes han aumentado de forma alarmante. Las
escuelas necesitan, con urgencia, más recursos y personal especializado
—orientadores, psicólogos educativos— para convertir las aulas en entornos
emocionalmente seguros.
7. El reto de la modernización: del
siglo XX al XXI
Finalmente, la escuela se enfrenta al desafío de su propia
transformación. El modelo tradicional, centrado en la transmisión de
conocimientos, ya no es suficiente para preparar a los ciudadanos de un futuro
incierto y digital. El reto es doble: integrar la tecnología de manera crítica
y eficaz, evitando ampliar la brecha digital, y transitar hacia un modelo
basado en competencias, que fomente el pensamiento crítico, la creatividad y la
capacidad de aprender a aprender.
Superar estos retos no es una tarea sencilla. Requiere visión a largo plazo, consenso político y una inversión decidida. Solo así podremos asegurar que la escuela cumpla su promesa: ser el gran motor de la igualdad de oportunidades y el progreso social.

