¿Es lo mismo aprobar que aprender? Siempre he oído decir que las cosas importantes de la vida no se aprenden en la escuela y llevo mucho tiempo esperando que deje de ser cierto. Lo mismo sucede con la universidad... se dice que se aprende más en el bar de la facultad, compartiendo conversaciones y debates con los compañeros que en la mayoría de las aulas. Y lo triste es que posiblemente sea verdad.
Esto sucede porque en realidad los sistemas educativos están pensados para que los alumnos aprueben no para que aprendan. Es decir, la escuela y la universidad tienen como objetivo que los alumnos se preparen para sacar la mejor nota posible en unos exámenes, que solo consiguen medir el grado de memorización de lo que el profesor ha explicado, y así demuestren ser mejores que sus compañeros.
Y es que no es lo mismo aprobar que aprender. Aprobar no demuestra necesariamente que se ha aprendido, ni suspender demuestra que no se haya adquirido aprendizaje. Memorizar datos, cifras y definiciones para luego recitarlas, solo demuestra tener una buena capacidad mnemotécnica pero no es síntoma de aprendizaje alguno. Ese contenido que se introduce en la cabeza de los alumnos debe servir para algo: resolver problemas, plantear preguntas, crear cosas, dar respuesta a dudas, saciar la curiosidad... debe ser un contenido capaz de ser aplicado en distintos contextos y situaciones. Y eso es lo que deberían hacer los centros educativos en cualquier nivel.
El peligro de la educación de nuestros días es que se convierta en una preparación para aprobar unas pruebas externas, eso sería limitar el desarrollo de los alumnos y limitar la función de la educación. Si dejamos que la educación que impartimos en nuestras escuelas esté dirigida exclusivamente a mejorar nuestros resultados en las pruebas de evaluación internacionales, estaremos cometiendo un error muy grave que pagarán las generaciones futuras.
Si no somos capaces de llenar la educación de valores y contenidos que sirvan realmente para que los alumnos lleven una vida plena y sepan adaptarse a cualquier situación nueva y puedan desarrollar al máximos sus talentos, sean estos cuales sean, lo que estaremos haciendo en nuestros centros educativos deberá dejar de llamarse educación para pasar a llamarse formación o "aprobación". Y es que tristemente muchos confunden la excelencia educativa con la habilidad de aprobar exámenes.
Nos irá mucho mejor cuando decidamos pasar del ¡Aprobad, si queréis ser algo en la vida! al ¡Aprended, si queréis vivir con plenitud!... Y esa es nuestra tarea: cambiar la educación para ayudar a nuestros alumnos a ser mejores personas.
Esto sucede porque en realidad los sistemas educativos están pensados para que los alumnos aprueben no para que aprendan. Es decir, la escuela y la universidad tienen como objetivo que los alumnos se preparen para sacar la mejor nota posible en unos exámenes, que solo consiguen medir el grado de memorización de lo que el profesor ha explicado, y así demuestren ser mejores que sus compañeros.
Y es que no es lo mismo aprobar que aprender. Aprobar no demuestra necesariamente que se ha aprendido, ni suspender demuestra que no se haya adquirido aprendizaje. Memorizar datos, cifras y definiciones para luego recitarlas, solo demuestra tener una buena capacidad mnemotécnica pero no es síntoma de aprendizaje alguno. Ese contenido que se introduce en la cabeza de los alumnos debe servir para algo: resolver problemas, plantear preguntas, crear cosas, dar respuesta a dudas, saciar la curiosidad... debe ser un contenido capaz de ser aplicado en distintos contextos y situaciones. Y eso es lo que deberían hacer los centros educativos en cualquier nivel.
El peligro de la educación de nuestros días es que se convierta en una preparación para aprobar unas pruebas externas, eso sería limitar el desarrollo de los alumnos y limitar la función de la educación. Si dejamos que la educación que impartimos en nuestras escuelas esté dirigida exclusivamente a mejorar nuestros resultados en las pruebas de evaluación internacionales, estaremos cometiendo un error muy grave que pagarán las generaciones futuras.
Si no somos capaces de llenar la educación de valores y contenidos que sirvan realmente para que los alumnos lleven una vida plena y sepan adaptarse a cualquier situación nueva y puedan desarrollar al máximos sus talentos, sean estos cuales sean, lo que estaremos haciendo en nuestros centros educativos deberá dejar de llamarse educación para pasar a llamarse formación o "aprobación". Y es que tristemente muchos confunden la excelencia educativa con la habilidad de aprobar exámenes.
Nos irá mucho mejor cuando decidamos pasar del ¡Aprobad, si queréis ser algo en la vida! al ¡Aprended, si queréis vivir con plenitud!... Y esa es nuestra tarea: cambiar la educación para ayudar a nuestros alumnos a ser mejores personas.
