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¿Es la educación la llave que abre todas las puertas?

domingo, 6 de noviembre de 2016
Dicen que la educación es la llave que abre todas las puertas...
La educación que ofrecemos en la mayoría de las aulas de nuestros centros escolares se basa en la creencia errónea de que se puede enseñar lo mismo a todos los alumnos y alumnas, de la misma forma y con el mismo grado de exigencia.

Esto es así porque entendemos la educación académica como un proceso de selección "natural" de los más capaces, excluyendo a los menos capaces. ¡No se puede tener una visión más inadecuada de los que es la educación escolar!

Imaginemos, como suele ser habitual, que la educación es una llave. La creencia más extendida es que existe una llave maestra capaz de abrir la puerta del aprendizaje a todos los alumnos. No deja de ser curioso que este tipo de llave se conozca como "maestra", la misma palabra que designa a las personas que enseñan en un aula... 

Pero el día a día en la escuela se empeña en demostrar que esto no así, que no existe una única llave. Cada alumno y alumna necesita una llave distinta para abrir su puerta del aprendizaje. A cada uno debe se le debe ofrecer la llave adecuada para su tipo de cerradura (llámese inteligencias múltiples, talento, habilidad...).

Al utilizar distintas llaves (al personalizar el aprendizaje) se pretende que cada alumno desarrolle al máximo su potencial, no que se enseñen mínimos para que todos puedan alcanzarlos. Se trata de que aquellos que pueden aprender más deprisa y llegar más lejos puedan hacerlo. Dicen que en cada aula hay algún alumno de altas capacidades... suelen ser ignorados sistemáticamente permitiendo que se aburran, cuando debería posibilitarse que aprendieran a su ritmo y llegaran tan lejos como pudieran.

Ya he dicho en otras ocasiones que la escuela no puede excluir, ni seleccionar, ni limitar. Todo lo contrario, la escuela debe ser inclusiva y potenciar al máximo los talentos de cada alumno. Puede y debe hacerse.

En las escuelas que enseñan de ese modo se produce un efecto muy curioso: al sonar el aviso de que la clase ha finalizado, los alumnos no salen corriendo despavoridos, sino que, en ocasiones, hay que insistir en que deben dejar la tarea que están haciendo. Y eso demuestra que se puede aprender trabajando intensamente sin necesidad de que ello supongo un sacrificio.

Para finalizar quisiera recordar que el post que estás leyendo está publicado en un blog de reflexión educativa, donde no se pretende ofrecer recetas para aplicar en el aula. La pretensión es que quien lo lea dedique un tiempo a pensar en su manera de afrontar las clases y que decida por sí mismo qué es lo mejor para sus alumnos y alumnas.

¿Por qué no somos capaces de hacer que la escuela despierte la curiosidad de los alumnos?

lunes, 6 de octubre de 2014
Uno de los principales problemas de la educación escolar es que, a causa de la imperiosa necesidad de cumplir con un currículo cada vez más cerrado, oferta a los alumnos algo que ni han demandado ni tienen interés alguno por conocer.

Esta es la causa por la que gran parte del esfuerzo y de la energía de los docentes se pierde en conseguir motivar a los alumnos y en mostrarles que lo que van a aprender es de alguna utilidad para ellos. Lo que no deja de ser paradójico porque la curiosidad (el asombro del que habla Catherine L'Ecuyer) es una de las características más definitorias de los niños y adolescentes y el verdadero motor del aprendizaje. ¿Cuál es entonces el problema? ¿Por qué no somos capaces de hacer que la escuela despierte la curiosidad de los alumnos?

La situación es aún más grave pues lo que se enseña se hace de manera uniforme e incuestionable. Esto provoca que la educación escolar se base en verbos como memorizar, obedecer, creer, repetir... cuando en realidad debería basarse en verbos como comprender, cuestionar, explorar, crear, elegir...

Pero en realidad cualquier docente sabe que la diversidad de maneras de aprender que hay en su aula es igual al número de alumnos que la forman. Hay tantas posibles maneras de aprender como alumnos hay en clase. Por eso, según Howard Gardner, las inteligencias múltiples pueden mejorar la comprensión del estudiante: 
-Ofreciendo unas vías de acceso eficaces.
-Ofreciendo unas analogías adecuadas.
-Ofreciendo múltiples representaciones de las ideas esenciales.

Debemos desterrar definitivamente expresiones del lenguaje docente como: “es el/la más inteligente de clase”, “no es capaz de aprender nada”... ya que hay distintas formas de abordar el aprendizaje y, además, responden a una visión estática de la educación cuando, en realidad, la educación es un proceso dinámico en continuo movimiento.

El estado natural de la educación debería ser el movimiento. Al igual que pasa con nuestro planeta, La Tierra, la educación debería basarse en dos tipos de movimiento:
-De rotación: Relacionado con la metacognición, con la reflexión de la práctica educativa como tal. Es la revisión constante de las prácticas y los supuestos educativos, la reflexión sobre la tarea de enseñar y sus consecuencias.
-De traslación: Debería girar en torno a los cambios del mundo en que vivimos y las necesidades que tienen la sociedad y las personas. Se trata de moverse al ritmo de los cambios, de tener la capacidad de detectarlos rápidamente y adaptarse a ellos.

Sabemos que tenemos que cambiar la educación para que dé respuesta a las necesidades del mundo actual, tenemos los conocimientos sobre cómo hacerlo, podemos hacer una escuela del asombro que guste a los alumnos porque despierta su curiosidad... pero nos quedamos siempre en el plano teórico, en la dialéctica. Por eso, llevamos tanto tiempo dando vueltas sobre lo mismo que estamos todos mareados. Debemos dejar de girar para conseguir avanzar y producir cambios.
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¿Cuántos talentos hemos matado en la escuela?

lunes, 10 de febrero de 2014
"Ella decía que algunos de los niños no estaban hechos para estudiar, pero en cambio poseían un talento innato para la música y era una pena desaprovecharlo." Haruki Murakami: Los años de peregrinación del chico sin color. Tusquets Editores.

Aunque nos cueste reconocerlo, el mundo está lleno de abogados mediocres que podrían haber sido músicos excepcionales, de médicos desmotivados que hubieran sido poetas excelsos, de maestros sin vocación que hubieran llegado a ser pintores eminentes... 

Esto es así porque una de las características de la escuela tradicional ha sido (y es) "probar que somos eficientes: aprende, recuerda, demuestra" (Richard Gerver), uniformizando a todos, ofreciendo como imagen del éxito educativo el éxito laboral y el reconocimiento social. Una escuela donde la creatividad, lo diferente, se sanciona, se castiga, se corrige.

La escuela solo se ha ocupado (y se ocupa, salvo contadas excepciones) de la inteligencia lingüística y de la matemática e ignora por completa otro tipo de talentos. Es por ello que dicen que la escuela mata la creatividad... pero no es la escuela, es la sociedad y su falta de valores.

Además, la escuela no se ocupa en absoluto de los intereses de los alumnos, se centra exclusivamente en cumplir con un currículo obsoleto y carente de sentido. "Cuando la materia que se enseña no tiene nada que ver con los objetivos reales de los estudiantes, se olvidará por completo" (Roger Schank).

La escuela puede (y debe) fomentar la creatividad, potenciando los distintos talentos de nuestros alumnos. La escuela debe abrir mentes, debe fomentar el espíritu crítico, debe ser un mundo de posibilidades, debe ser multicolor y dejar de ser en blanco y negro. 

"¿Cuántos talentos he matado en la escuela?" Debería ser una pregunta que nos planteáramos todos los educadores y ser consecuentes con la respuesta. Ojalá todos pudiéramos contestar: ¡ninguno!
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Cuando el talento no es el motor de la educación...

jueves, 11 de julio de 2013

Talento entre nuestros jóvenes hay a raudales; riqueza, no tanta.

Cuando la posibilidad de cursar estudios de grado superior, de obtener una formación de calidad, depende de los recursos económicos de los que uno dispone y no de su capacidad intelectual y su talento: ¡Cuánto talento desperdiciado! Y lo que muchos no parecen darse cuenta: ¡Cuánta riqueza (cultural y económica) desperdiciada para la sociedad!

Algunos políticos consideran que las becas son un dispendio irracional e insostenible. Pero es justo al contrario, es una inversión necesaria para asegurarnos un futuro cultural y económico mucho mejor, para que nuestra sociedad progrese.

Defender una visión clasista de la educación limita las posibilidades de desarrollo y desperdicia la riqueza humana de un país.

Aunque yo no creo (como creen algunos) que “todos los niños pueden ser Einstein”, sí que estoy convencido de que todos los niños tienen algún talento que necesitan desarrollar para alcanzar el máximo de su potencialidad. Algunos niños niños pueden ser Einstein; otros, Marie Curie; otros Fernando Alonso; otros, Picasso; otros, García Márquez; otros, Shakira; otros, Ferrán Adriá; otros, Gloria Fuertes... Pero lo que es realmente importante es que todos desarrollen al máximo su potencial, y eso el Estado tiene la obligación y el deber de posibilitarlo. 
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