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Educar en la era de la innovación

domingo, 28 de abril de 2019
"Pero en una sociedad en la que el conocimiento y las habilidades se tornan obsoletas antes incluso de convertirse en rutina, prácticamente todos los miembros de la sociedad pasan a formar parte del proceso creativo, quizá no generando nuevas ideas, pero sí aprendiendo e incorporando a sus vidas esas nuevas ideas, conceptos y habilidades." Elkhonon Goldberg


En un mundo en constante cambio, la educación, para cumplir con su propósito de preparar a las personas para la vida, debe tener un doble referente: por un lado, la sociedad en la que vivimos y, por otro, la sociedad en la que queremos vivir.

Para educar es necesario conocer el contexto en el que vivimos, la forma y los medios con los que nos relacionamos con el mundo y las personas, los recursos de los que disponemos... Pero también es necesario tener claro hacia dónde queremos que vaya la sociedad, cómo queremos que sea el mundo y cómo debemos relacionarnos con los demás. Y esto que parece muy obvio, no siempre lo tenemos presente.

Además de este doble referente, la educación también debe tener siempre presente el pasado, su historia y sus prácticas porque son fruto de momentos y contextos históricos precisos. Si no se mantienen los referentes del pasado, corremos el peligro de repetir nuestros errores una y otra vez  y perdemos la perspectiva de lo que estamos haciendo, con lo que podemos creer que estamos inventando o innovando cosas que ya fueron inventadas o innovadas en su momento.

En el contexto actual tenemos que acabar con lo que Goldberg denomina "el piloto automático mental", es decir, afrontar la vida con los conocimientos y habilidades adquiridas en nuestra infancia y juventud. Nuestro cerebro tiene la capacidad de adaptarse y de aprender a lo largo de toda la vida, por lo que la educación que ofrecemos a nuestros alumnos y alumnas debe estar encaminada a este propósito. Aprender de forma autónoma, ser resilientes y tolerantes a la frustración, saber trabajar colaborativamente, tener una mirada disruptiva que lleve a planteamientos y respuestas creativas son los objetivos de la educación en la era de la innovación.

Si a todo esto le sumamos que según Francesco Tonucci "cada uno de nuestros hijos o nuestros alumnos tiene un ámbito de excelencia, lo que Gabriel García Márquez llamaba el juguete preferido", lo que es garantía de su trabajo futuro y su felicidad, es evidente que la educación del siglo XXI debe ser inclusiva, que nadie puede quedar al margen, que nadie puede permanecer en los márgenes de la sociedad y que la creatividad es uno de sus principales valores. 

Este post ha sido inspirado por la lectura de Elkhonon Goldberg: Creatividad. El cerebro humano en la era de la innovación. Ed. Crítica, 2019.

¿Por qué la realidad supera (casi) siempre a la pedagogía?

domingo, 31 de marzo de 2019
"Cuestionarse las cosas permite a los innovadores romper con lo establecido y considerar nuevas posibilidades." Tony Wagner

Imagen de Ulrike Mai en Pixabay 
El interés que demuestra la comunidad educativa es inversamente proporcional a la dotación de recursos que recibe por parte de las administraciones. Es una paradoja, cuantos menos recursos, más propuestas disruptivas se producen y más congresos y jornadas sobre educación con gran afluencia de docentes se organizan y se llevan a cabo. Me parece que es una respuesta comprensible, pero... ¿es eficaz?

La realidad, es decir, la falta de recursos económicos, las insostenibles ratios de alumnos y alumnas, el desinterés de los políticos, la nula valoración social del trabajo de los educadores y educadoras..., es una piedra muy pesada en la espalda de la pedagogía, por lo que muchas de sus propuestas quedan en acciones bienintencionadas sin resultados efectivos sobre la mejora del aprendizaje.

Esa es la cruda realidad. Un montón de docentes, orientadores, pedagogos... haciendo mucho más de lo que su profesionalidad les demanda y logrando apenas pequeños logros en su espacio más próximo sin tener una incidencia destacada en el conjunto del sistema.

¿Significa eso que debemos dejar de intentar aportar nuestro grano de arena? Dijo Eduardo Galeano que "Mucha gente pequeña en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo" y me parece una frase tan hermosa como peligrosa. El hacer pequeñas cosas no debería ser motivo de dejar de lado el hacer grandes cosas. Me explico: el esfuerzo vocacional de miles de educadores debe ir siempre acompañado de acciones contundentes por conseguir que las administraciones dediquen los recursos necesarios para que nuestros niños y jóvenes reciban la educación que merecen y necesitan.

Yo, como el niño de la película El sexto sentido, en ocasiones veo innovadores. Ojalá los siga viendo por mucho tiempo, pero con el apoyo real para que sus acciones tengan una incidencia menos parcial y mucho más global.
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Educación, ¿avanzamos o retrocedemos?

domingo, 13 de enero de 2019
"La educación está en movimiento (...). La pregunta, por tanto, no es si la escuela está en transformación o no, sino más bien hacia dónde avanza (o incluso si retrocede)." Fernando Trujillo (@ftsaez)


Reconocer que la educación está en continuo movimiento, que es como un ser vivo que nace, crece, se reproduce y se adapta (porque no muere, sino que se transforma) es un paso fundamental para mejorarla y hacerla eficiente en el cumplimiento de su propósito, que no es otro que el de preparar a las personas para la vida.

El movimiento conlleva acción. Por ese motivo docentes y alumnos deben tener una actitud activa para que ese movimiento sea productivo (en términos de generación de conocimiento significativo) y eficaz en cuanto a su capacidad de dar respuesta a las nuevas necesidades que se generan con los cambios de la sociedad. Por ejemplo, en este mundo hiperconectado, donde lo digital invade todos los ámbitos (laboral, de relación con los demás, de entretenimiento,,,), ¿tiene sentido no incluir lo digital en el ámbito escolar?

En una educación en movimiento, lo ecléctico y lo transversal deben ser la clave. No existen caminos señalados hacia el éxito, ni recetas mágicas infalibles. Escoger en cada momento y situación cuál es el método y la metodología para conseguir nuestros objetivos es de obligado cumplimiento. No debemos dejarnos llevar por el inmovilismo ni por el fanatismo ciego por alguna de las "motodologías" de moda.

Si has leído bien: motodologías, que son aquellas que nos están imponiendo como si nos "vendieran la moto", es decir, sin tener constancia real de sus resultados, ni una evaluación fiable de su aplicación.

El peligro de la educación actual, y al mismo tiempo la grandeza, es que su transformación está condicionada por nuestras acciones. Estamos en un momento de retroceso en lo que se refiere a valores y políticas. La irrupción en el panorama político de partidos de ideología de extrema derecha está llevando a plantear cosas en el ámbito de la educación que nada tienen que ver con lo pedagógico, sino todo lo contrario con cuestiones ideológicas que algunos ya creíamos superadas.

En nuestras manos está, en nuestras acciones diarias, que la educación avance o retroceda. Creo que es una irresponsabilidad quedarse al margen y ver cómo van desarrollándose los acontecimientos. Luchar contra la desinformación, las fake news y la propaganda ideológica demagógica solo puede combatirse con pedagogía y responsabilidad por nuestra parte.
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6 dudas sobre la educación actual

domingo, 16 de diciembre de 2018
“Es más importante abrir una puerta a la curiosidad de los niños que darles toda la información.” César Bona

El mundo ha cambiado mucho en muy poco tiempo. Además, todo parece indicar que seguirá transformándose a un ritmo cada vez más acelerado. Por eso sorprende que la educación, el arma más poderosa que tenemos para disfrutar de una vida plena, apenas haya experimentado cambios significativos en sus aspectos más esenciales. Las múltiples reformas del sistema educativo solo han conseguido transformar aspectos formales y secundarios.

Ante esta situación se escuchan cada vez más voces que demandan una educación que dé una respuesta real a las necesidades del mundo de incertidumbre en el que vivimos. Al mismo tiempo, se está produciendo un movimiento contrario, pues se alzan otras voces que consideran que esta trasformación es innecesaria e incluso perjudicial, por lo que insisten en abordar las exigencias del siglo XXI con el paradigma educativo del siglo XX. Afortunadamente, este movimiento de contrarreforma educativa no tiene la suficiente fuerza como para impedir la transformación radical de los procesos de enseñanza/aprendizaje que se dan en nuestros centros.

Algunos de los postulados que propugna la nueva educación generan dudas y críticas entre las personas que tienen un punto de vista más tradicional. A continuación, trataremos de dar respuesta a las 6 dudas y críticas más habituales:

1. ¿Se pueden trabajar las emociones en la escuela?

La neurociencia ha demostrado que los aspectos emocionales están relacionados con el rendimiento académico y con el bienestar personal: la amígdala y el hipocampo, que son las estructuras cerebrales responsables de la memoria a largo plazo, están situadas en el área emocional del cerebro.

La tolerancia a la frustración y la “resiliencia” son aspectos que deben trabajarse en clase, no solo para que los alumnos sean capaces de gestionar sus emociones, sino para que los conocimientos que adquieran sean relevantes y significativos.

2. ¿Se pueden trabajar los valores en la escuela?

La crisis de valores es uno de los grandes problemas que tiene el mundo actual. La escuela, junto a la familia, es un espacio privilegiado para transmitir los valores que están aceptados por todos y contemplados en la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Una de las consecuencias más importantes de la incorporación de la enseñanza por competencias en las escuelas es la superación del concepto de instrucción incorporando también la formación del carácter. Esto supone la necesidad de trasmitir unos valores que permitan educar en el siglo XXI.

3. ¿Se puede enseñar a ser creativo?

Según Ken Robinson, la creatividad se aprende igual que se aprende a leer. En un mundo cambiante, donde la información se genera y se transmite a velocidades de vértigo, la escuela no puede limitarse a transmitir conocimientos, sino que también debe crearlos y compartirlos.

La respuesta divergente, la búsqueda de nuevas preguntas y nuevas respuestas, la iniciativa emprendedora… son habilidades básicas imprescindibles en nuestra sociedad.

4. ¿Se puede enseñar a pensar?

La escuela tradicional dedica mucho tiempo y esfuerzo a memorizar datos y conceptos que más tarde somos incapaces de recordar. Por eso, no siempre aprobar un examen es lo mismo que adquirir un aprendizaje.

En un mundo donde la información es líquida, la nueva educación debe proporcionar a los alumnos las herramientas, las destrezas y las competencias que les permitan tener un pensamiento crítico. No se trata exclusivamente de saber cosas sino de saber qué hacer con ellas.

5. ¿Se debe escuchar a los alumnos?

Los alumnos deben ser los protagonistas principales en la construcción del conocimiento. Para ello es necesario escucharles, conocer sus inquietudes, sus gustos, sus motivaciones y partir de ellas. Deben tener una participación activa y responsable en el funcionamiento de la escuela.

Las escuelas deben ser lugares a los que los alumnos estén deseando ir porque disfrutan aprendiendo y participando activamente.

6. ¿Competir o compartir?

Las personas podemos ser competentes sin tener que ser necesariamente competitivas. La competitividad no tiene por qué ser un valor negativo, pero cuando el sistema educativo se basa exclusivamente en ella no posibilita la cooperación ni la solidaridad.

En el mundo actual, ser capaz de trabajar colaborativamente es una habilidad cada vez más demandada en cualquier ámbito.

La educación ha empezado una trasformación que es imparable y necesaria para dotar a las personas de las herramientas que les permitan aprender autónomamente durante toda su vida y así ser capaces de adaptarse a los retos desconocidos que les deparará el futuro. Estas herramientas incluyen un alto nivel en el aprendizaje de los contenidos de las distintas materias curriculares, pero no exclusivamente. Se trata de saber muchas cosas, pero con sentido, entendiéndolas y sabiendo aplicarlas en situaciones reales. La educación necesita de otras habilidades y destrezas para empoderar a los alumnos y alumnas ante la incertidumbre de un mundo cambiante.
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Autocomplacencia educativa: Más no siempre es mejor

domingo, 13 de mayo de 2018
"Está de moda el dar más, exigirse, ir más lejos, estar maravilloso por dentro y por fuera, hacer deporte y cuidarse. Pero esta corriente e imposición por la superación personal puede generar unas expectativas inalcanzables para algunos y sentimientos de frustración, la sensación de tener que estar siempre corriendo para no llegar nunca."  Patricia Ramírez (@patri_psicologa)

Vivimos con la permanente, incómoda y desagradable sensación de que, si te despistas, te quedas fuera de juego... y eso nos conduce con demasiada frecuencia a la insatisfacción y a la frustración personal y profesional. Ante esta situación los profesionales de la educación tenemos dos opciones: nos rendimos y decidimos hacer siempre lo mismo pase lo que pase, suceda lo que suceda; o, por el contrario, no dejamos de hacer más, de buscar nuevos caminos, de innovar sin descanso.

Las personas autocomplacentes suelen ser indulgentes y poco críticas, se sienten satisfechas con lo que hacen y dicen. Basan su vida en la aceptación de lo establecido, rehúyen de las complicaciones. En principio, eso no me parece mal siempre y cuando sus alumnos y alumnas, en el caso de los docentes, aprendan. El problema es que este tipo de personas no aceptan otros puntos de vista, otras formas de actuar y se pasan la vida atacando a aquellos que no se regocijan en su aceptación de lo establecido.

En el lado contrario están aquellos y aquellas que no dejan de hacer cosas nuevas cada día, que lo "flipean" todo, que "gamifican" hasta lo "ingamificable". Sé que es duro de aceptar, pero en educación no siempre más es mejor.

Creo que en estos momentos convulsos y de transformación de la educación, sería muy positivo dejar que las metodologías que se están introduciendo en las aulas se consoliden, se evalúen y se mejoren con datos reales y contratables y no con intuiciones bienintencionadas, pero no siempre constatables.

Que hay que cambiar es una realidad incuestionable. Que tengamos que hacerlo de cualquier modo y a cualquier precio... eso es más que cuestionable. En ciertos momentos, aceptar nuestras limitaciones y nuestro modo de hacer las cosas, no es incompatible con la capacidad de mejorar.
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Educar es dirigir menos y cuestionar más

domingo, 25 de febrero de 2018
"Ni el problema ni la pregunta son conocimientos, al contrario, son reconocimientos de ignorancia, pero abren espacio al conocimiento, Impulsando al investigador más allá de lo que sabe. La inteligencia no es, por tanto, la capacidad para resolver problemas, sino, sobre todo, la capacidad para plantear problemas. Es decir, para inventar proyectos de investigación." José Antonio Marina

Es curioso que en la escuela muchas veces enseñamos a nuestros alumnos respuestas antes incluso de que conozcan y tengan capacidad de comprender las preguntas.

Y no es menos peculiar que nuestro objetivo sea dotarles de respuestas y no herramientas, habilidades y destrezas que les permitan cuestionarse el mundo.

Sin darnos cuenta, tristemente, educamos a nuestros alumnos y alumnas para "no ver", cuando lo que deberíamos educar es su forma de mirar el mundo.

En nuestros sistemas educativos se potencia una enseñanza instrumental y acrítica, que lo que crea son "niños y niñas loro", que repiten sin entender en realidad de qué se trata. Es un tipo de alumno que en palabras de Ritscher "recoge, barre, compone más o menos confusamente ideas y sugerencias, y las lleva dentro de sí, intentando volverlas a proponer tal como las ha recibido".

A nuestros alumnos debemos dirigirlos menos y cuestionarlos más... pero esa no es una tarea sencilla y está muy lejos del tipo de formación que reciben los docentes. La pregunta adecuada es generadora de conocimiento y la búsqueda de respuestas debe ser el propósito de la educación.

Para generar preguntas, para cuestionarse el mundo que nos rodea, para no aceptar de manera acrítica lo que nos dicen y proponen es necesario que seamos capaces de construir un andamiaje mental en nuestros alumnos que les dote de las capacidades adecuadas para ello. Ese andamiaje debe estar basado en un alto nivel de exigencia para con los alumnos, de modo que no se limiten a navegar superficialmente por los problemas a los que se enfrentan, sino que se enfrenten a ellos con meticulosidad y perseverancia.

Una buena forma de empezar a cambiar nuestra manera de educar en las escuelas es replantearnos la forma de evaluar a los alumnos basada en la respuesta a preguntas estándar. Eso genera un tipo de aprendizaje basado en la memoria corto plazo que no tiene los efectos que pretendemos en una educación que buscar que los alumnos y alumnas sean capaces de mejorar el mundo en el que viven.

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La educación de ayer no es suficiente para mañana

domingo, 14 de enero de 2018
"La arrogancia del éxito es pensar que lo que hiciste ayer será suficiente para mañana." William Pollard

Uno de los grandes errores que cometemos en educación es centrarnos en los problemas y no en las soluciones.

Dedicamos demasiados esfuerzos a gritar a los cuatro vientos lo mal que estamos, la pérdida de valoración social, el maltrato por parte de la administración, la falta de recursos..., y muy pocos a buscar soluciones efectivas para afrontarlos. Seguimos enzarzados en discusiones sobre si este o aquel es un buen docente por usar una u otra metodología, sobre si es lícito nombrar "al mejor profesor/a del mundo", sobre si uno pretende vender tal o cual cosa... La educación hoy necesita soluciones, es decir, necesita más investigación, análisis, evaluación, cooperación y menos postureo.

Para afrontar los problemas de la educación actual de forma eficaz (y esto es válido para otros muchos aspectos de la vida) no debemos olvidar nunca que lo que hicimos ayer es necesario, pero insuficiente para mañana.

Que la educación no es inmutable, que las necesidades de la sociedad se transforman, que las personas cambian, que la tecnología evoluciona es una realidad que, en demasiadas ocasiones olvidamos. Es por ese motivo que es obligación de cualquier educador estar siempre alerta a esas nuevas necesidades y contextos y hacer todo lo posible por adaptarse.

"Por qué voy a cambiar mi forma de enseñar, si siempre me ha funcionado" es una actitud que conduce al fracaso; "Hay que romper con todo lo que se ha hecho hasta ahora" conduce al mismo lugar. El equilibrio entre lo tradicional y lo innovador es la clave para que los cambios sean efectivos. Conservar aquello que funciona y desechar lo que ha dejado de hacerlo buscando nuevas soluciones es la única manera de hacer mejor la noble tarea de los y las docentes. Para que esto se realice de forma correcta son necesarias altas dosis de sentido común, profesionalidad y entusiasmo.

Las personas necesitamos aprender constantemente para sobrevivir. Los seres humanos somos lo que la educación hace de nosotros, por eso no podemos ofrecer ahora el mismo tipo de educación que ofrecíamos ayer, ni lo que hacemos hoy será eficaz para mañana.

El inconformismo que detecto en la mayoría de los profesionales de la educación y el entusiasmo por llevar a cabo una de las profesiones más bellas, necesarias e importantes del mundo son las claves que me permiten ser optimista y confiar en que cada día la educación que ofrecemos sea un poco mejor.
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El lado oscuro de la innovación educativa

domingo, 7 de enero de 2018
"Yo soy tu profe", además de un blog y una cuenta de Twitter (@yosoytuprofe_) que me encanta, es una frase con reminiscencias de Star Wars que se oye todos los días en las aulas de todos los colegios del mundo.

En la película, la frase la pronuncia un personaje de los malos malísimos; en nuestras escuelas, la dicen miles de docentes que son los heroes (o superheroes) de la película.

Esto os los explico porque el mundo de la educación se parece cada día más a un enfrentamiento entre el imperio y la república de La Guerra de las Galaxias. Y es que en nombre de la innovación educativa estamos enfrentando a los docentes como innovadores o no innovadores... ¡Qué barbaridad!

Creo que innovar es una actitud necesaria e imprescindible para cualquier docente. Es su obligación conocer a fondo las metodologías emergentes, las nuevas tendencias didácticas, pero no de cualquier forma ni a cualquier precio. Lo que no es lícito es utilizar el empleo de una metodología para atacar a aquellos que no la usan o viceversa.

No creo en teorías conspiratorias de grupos de presión que se dedican a premiar docentes para "vender" visión interesada de la educación... aunque tampoco creo que todo el mundo sea totalmente altruista. Seguramente, todos los que defienden a capa y espada una u otra metodología didáctica como la solución a todos los males de la educación, lo hacen porque creen de verdad en ello.

La clave está en "creen". La aplicación de una u otra metodología no debería estar sujeta a una creencia sino que debería ser fruto de la investigación y la evaluación sistemática de sus resultados.

Ya dije en otro post: "Estos días hay demasiados fashion victims en nuestras aulas, docentes que aplican de manera poco reflexiva las metodologías de moda, por el simple hecho de estar de moda. Estas metodologías hay que conocerlas, reflexionar sobre ellas, aplicarlas y evaluarlas... no convirtamos en un inconveniente lo que es, sin duda, una ventaja".

Docentes del mundo, seguid con vuestra labor diaria, que es indispensable para que el mundo sea un poco mejor. Y que la fuerza os acompañe.
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La escuela que quiere enseñar, pero tiene que cumplir el currículo

domingo, 31 de diciembre de 2017
"El aprendizaje se considera como no lineal y navegable como lo son los nuevos medios, en vez de transmitido como lo eran los medios de comunicación convencionales; se imagina que es editable, como una wiki, en vez de ser jerárquico y dictado de una única autoría." Loveless y Williamson



Tras El niño que quería aprender, pero tenía que aprobar y El profesor que quiere enseñar, pero no le dejan cierro esta trilogía con La escuela que quiere enseñar, pero tiene que cumplir con el currículo.

Varios son los graves problemas a los que se enfrenta la institución escolar en estos tiempos de conflicto y posverdad. Una escuela que sufre un serio problema de identidad.

El primer problema es la dificultad endémica que ha demostrado siempre para adaptarse rápidamente a los cambios del mundo en el que vivimos. La escuela, como cualquier institución monolítica, es muy conservadora en su funcionamiento y en su estructura. La adaptación al cambio no es precisamente una de las virtudes de la escuela.

El segundo problema tiene que ver con un currículo excesivamente amplio, que lejos de marcar los mínimos que hay que aprender, provoca un estrés y una ansiedad por abarcarlo en su totalidad. Resultado de ello es un aprendizaje "fingido" que se olvida una vez vomitado en un examen memorístico. Todo esto llevo a un aprendizaje superficial. Se olvida con demasiada frecuencia que menos es más... que más vale poco, pero en profundidad que demasiado con ligereza.

Un tercer problema (y aunque hay más, con este acaba la enumeración) es la falta de voluntad política y la cada vez mayor escasez de recursos. La educación no debería depender de los vaivenes políticos. No es aceptable que cada vez que hay un cambio de gobierno, haya un cambio o una reforma del sistema educativo. Y tampoco es aceptable que las diferencias políticas impidan llegar a acuerdos sobre cómo debe ser la educación de un país.

Sí, la escuela se enfrenta a innumerables problemas y dificultades. Pero no es menos cierto que hay multitud de escuelas que luchan contra viento y marea para superar esas limitaciones y dotar a sus alumnos de las competencias y los conocimientos necesarios para aprender a lo largo de toda la vida. Escuelas creativas, colaborativas, inclusivas, emocionantes que ofrecen a los alumnos y a las alumnas experiencias de aprendizaje participativas, que tiene fuertes vínculos con su realidad y su entorno.

A pesar de las dificultades, hay una escuela que sabe que enseñar solo tiene sentido si hay aprendizaje. Que sabe que su función va mucho más allá de la de calificar y seleccionar a sus alumnos. Que entiende que los datos solo tienen sentido cuando son significativos. Que deja espacio para las emociones y los sentimientos.

La innovación, cuando esta es real y efectiva, es el símbolo de la identidad de nuestra escuela. Innovar significa afrontar los problemas existentes y enfrentarse a las nuevas necesidades.

La escuela está cambiando, se está transformando y continuará haciéndolo. 
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¿Hablamos de innovación educativa?

domingo, 26 de noviembre de 2017
"Educar es convertir el conocimiento en experiencia personal y la información en vida." Massimo Borghesi

Hace un tiempo leí en El Adarve (el blog de Miguel Ángel Santos Guerra, febrero de 2013) una anécdota que se me antoja muy significativa para entender un poco mejor la situación de la educación en nuestras escuelas:

"Una maestra le pregunta a una alumna, un tanto abstraída en sus propios pensamientos:


-Dígame, ¿cuántas patas tiene un artrópodo?

La alumna, exhalando un hondo suspiro, responde:


-Ay, señorita, ya me gustaría a mí tener los problemas que tiene usted."

Hay una realidad que, cada uno por diferentes motivos e intereses, nos empeñamos en ignorar: no existe una única Educación, no hay un único tipo de escuela, no hay un solo tipo de alumno y no hay una única forma de enseñar y de aprender.


Por eso, innovar, o lo que es lo mismo, buscar cambiar la escuela y la forma de enseñar, se ha convertido en una especie de obsesión para todos y todas, que amenaza con convertirse en un serio problema. Por eso me parece importante no hacerlo a la ligera y reflexionar profundamente sobre lo que estamos haciendo.

Lo cierto es que el límite entre innovación y extravagancia es cada vez más difuso. Muchas de las experiencias que se están llevando a cabo en nombre de la innovación parecen estar por encima de los intereses de los alumnos y las alumnas. Interesa lo "diferente" sin evaluar ni tener en cuentas sus resultados y consecuencias.

Quizás ha llegado el momento de frenar la "innovación". El objetivo de ese alto en el camino es consolidar los avances realmente están produciendo una mejora en los procesos de enseñanza/aprendizaje.

Que nadie se equivoque ni saque conclusiones precipitadas. Lo cierto es que la educación y la escuela deben adaptarse a los cambios del mundo en el que vivimos al menos a la misma velocidad con los que estos se producen. Y cada vez se producen más deprisa. Pero esos cambios deben producir mejoras mesurables o dar respuesta a nuevas situaciones.

La sociedad actual y sus características obliga a necesitar aprender muchas más cosas de la que eran necesarias hace un tiempo. Ahora sigue siendo necesario aprender todo lo de antes, pero además también debemos aprender creatividad, trabajo colaborativo, control de nuestras emociones... Hoy es tan necesario tener una buena cabeza como tener un buen corazón.

En este contexto, la escuela tiene la obligación de estar siempre alerta a las necesidades emergentes de las personas y de la sociedad en su conjunto. Eso implica innovar, es decir, mejorar procesos y metodologías. Pero esto no supone estar inventando cosas nuevas y extravagantes todos los días. Hay que dejar que la innovación se aposente en nuestra manera diaria de enseñar para que sus resultados se consoliden.
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