¿Por qué la realidad supera (casi) siempre a la pedagogía?

domingo, 31 de marzo de 2019
"Cuestionarse las cosas permite a los innovadores romper con lo establecido y considerar nuevas posibilidades." Tony Wagner

Imagen de Ulrike Mai en Pixabay 
El interés que demuestra la comunidad educativa es inversamente proporcional a la dotación de recursos que recibe por parte de las administraciones. Es una paradoja, cuantos menos recursos, más propuestas disruptivas se producen y más congresos y jornadas sobre educación con gran afluencia de docentes se organizan y se llevan a cabo. Me parece que es una respuesta comprensible, pero... ¿es eficaz?

La realidad, es decir, la falta de recursos económicos, las insostenibles ratios de alumnos y alumnas, el desinterés de los políticos, la nula valoración social del trabajo de los educadores y educadoras..., es una piedra muy pesada en la espalda de la pedagogía, por lo que muchas de sus propuestas quedan en acciones bienintencionadas sin resultados efectivos sobre la mejora del aprendizaje.

Esa es la cruda realidad. Un montón de docentes, orientadores, pedagogos... haciendo mucho más de lo que su profesionalidad les demanda y logrando apenas pequeños logros en su espacio más próximo sin tener una incidencia destacada en el conjunto del sistema.

¿Significa eso que debemos dejar de intentar aportar nuestro grano de arena? Dijo Eduardo Galeano que "Mucha gente pequeña en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo" y me parece una frase tan hermosa como peligrosa. El hacer pequeñas cosas no debería ser motivo de dejar de lado el hacer grandes cosas. Me explico: el esfuerzo vocacional de miles de educadores debe ir siempre acompañado de acciones contundentes por conseguir que las administraciones dediquen los recursos necesarios para que nuestros niños y jóvenes reciban la educación que merecen y necesitan.

Yo, como el niño de la película El sexto sentido, en ocasiones veo innovadores. Ojalá los siga viendo por mucho tiempo, pero con el apoyo real para que sus acciones tengan una incidencia menos parcial y mucho más global.

Las 10 palabras que tienen que cambiar la educación

domingo, 24 de marzo de 2019
Imagen de Gerd Altmann en Pixabay 
"Una palabra mal colocada estropea el más bello pensamiento." Voltaire

La neurociencia considera que las palabras que usamos pueden cambiar nuestra mente. Del mismo modo, las palabras que utilizamos en nuestra manera de educar definen lo que entendemos por educación. Por eso es muy importante elegir bien las palabras que usamos, porque van a configurar aquello de lo que hablamos.

Nuestra forma de entender la educación, y, por tanto nuestra forma de educar, viene definida por las palabras con la que hablamos de ella. Este es el motivo por el que me gustaría compartir con cuáles son las diez palabras que creo que pueden cambiar la educación:

1. Inversión. Sin inversión económica para dotar a los centros educativos de recursos, para poder reducir las ratios, para mejorar los recursos materiales de las aulas, para formar más y mejor a los y las docentes... todas las demás palabras que puedan utilizarse pierden una parte de su poder.

2. Saber. Una de las funciones fundamentales de la educación es la adquisición de conocimientos... eso no deberíamos olvidarlo nunca. Pero esos conocimientos deben ser útiles, aplicables a la vida, que nos permitan ser críticos. Hay que huir del saber fugaz, ese que se olvida a las pocas horas de hacer un examen. ¡Ah! Por cierto, cualquier aprendizaje requiere de un esfuerzo y de un nivel de concentración y atención. Pero ese esfuerzo puede realizarse de muchas formas y no vales eso de que la letra con sangre entra... ese es el recurso de quien no tiene recursos.

3. Hacer. La educación también necesita de la palabra hacer porque siempre debe invitar a la acción. Lo que aprendemos debe poder materializarse en cosas concretas que nos permitan mejorar nuestra vida y la de los demás.

4. Pensar. La educación también debe ayudarnos a pensar mejor a dotarnos de estrategias y destrezas que nos permitan tener una visión propia de las cosas y nos permita discernir entre lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo...

5. Convivir. No estamos solos, cualquier aspecto de nuestra vida necesitas de otros. Saber convivir es un valor imprescindible en nuestro mundo y la educación no puede estar al margen de esta realidad.

6. Colaborar. Pero no se trata solo de convivir en armonía con los demás, sino de tener la capacidad de colaborar, de cooperar, de compartir conocimientos y experiencias. La educación debe hacernos competentes más que competitivos.

7. Inclusión. No podemos dejar a nadie fuera de la educación. Se trata de que cualquier individuo, sea como sea, tenga el talento que tenga quede incluido en el sistema educativo para que pueda desarrollar al máximo su potencial, sea este cual sea.

8. Emoción. Hay quien dice que sin emoción no hay aprendizaje. Quizás es una afirmación algo extremista (creo que se aprende también por necesidad e incluso por obligación), pero que duda cabe de que con emoción el aprendizaje es un poco más fácil y significativo. 

9. Sostenible. La educación debe incidir en los valores que hacen el mundo sostenible porque nada de lo dicho anteriormente tiene sentido si acabamos con el planeta.

10. Creatividad. Tener una mirada disruptiva, ser creativo/a a la hora de afrontar los problemas y desafíos de la vida es fundamental para desarrollarnos como personas y para colaborar en hacer un mundo cada vez un poco mejor.
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5 cosas que no sé sobre Educación

domingo, 10 de marzo de 2019
"Jamás he conocido un hombre tan ignorante del que no pudiera aprender algo." Galileo Galilei

La única certeza que tengo sobre el mundo de la Educación es que no hay verdades absolutas ni fórmulas mágicas ni recetas infalibles. De hecho, cada vez soy más consciente de que para afrontar cómo educar es mejor ser consciente de tu ignorancia que de tu sabiduría. Es decir, si crees que sabes mucho no tendrás la capacidad de adaptar tu forma de educar a las circunstancias, a las necesidades, al entorno... En cambio, si eres consciente de tu ignorancia, antes de actuar, analizarás las circunstancias, las necesidades, el entorno...

Por este motivo, ando estos días reflexionando sobre las cosas que no sé sobre Educación. Y me gustaría compartir con vosotros 5 de ellas:

1. No sé cómo podemos ponernos de acuerdo sobre cuál es el propósito de la Educación. La manera de entender la Educación condiciona, sin ningún lugar a dudas, nuestra forma de educar.

2. No sé cómo colaborar o debatir sobre Educación con quien no quiere hacerlo. La intransigencia es uno de los mayores males de la Educación. Quien no es capaz de escuchar con la mente abierta las opiniones de otros, nunca progresará ni avanzará en su manera de educar.

3. No sé cómo hacer que la Educación sea realmente inclusiva, que no deje a nadie de lado, que no se limite a seleccionar quién vale y quién no con criterios más que dudosos.

4. No sé qué es en realidad la innovación educativa. Se presentan como innovadoras muchas propuestas que no lo son en absoluto y, por ignorancia de la herencia pedagógica, se presentan como novedosas propuestas que en ocasiones tienen más de cien años de antigüedad.

5. No sé cómo convencer a los incrédulos de que la pedagogía no es la causa de los males de la Educación, sino su única solución.

Espero que estas 5 muestras de mi ignorancia sobre la educación nos ayuden a todos reflexionar sobre ella y nos ayuden a educar cada día un poco mejor.
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La educación se construye con el lenguaje de los sueños

domingo, 3 de marzo de 2019
"Siembra en los niños ideas buenas, aunque no las entiendan... Los años se encargarán de descifrarlas en su entendimiento y de hacerlas florecer en su corazón." María Montessori

Imagen de darksouls1 en Pixabay

Los niños y las niñas no ponen límites a las cosas que pueden llegar a hacer. Todos y cada uno de ellos se cree capaz de cualquier cosa y actúa como tal. Se creen capaces de viajar por el espacio, de luchar contra dragones, de pintar los más hermosos cuadros, de encontrar la cura de las perores enfermedades... Según Ken Robinson, esto sucede porque no tienen ningún miedo a equivocarse... "hasta que el sistema les va enseñando poco a poco que el error existe y que deben avergonzarse de él".

Los contenidos, las competencias, los valores son importantísimos para la educación de los niños y las niñas, pero la educación verdadera, esa que les permite crecer siendo quienes quieren y pueden ser, que les impulsa a desarrollar sus talentos, que les da las herramientas para tener opinión propia y espíritu crítico, esa educación se construye con el lenguaje de los sueños.

Los sueños están hechos con un material capaz de adaptarse a cualquier persona, que les motiva a perseguir metas, que les da fuerza para trabajar sin descanso para alcanzar sus objetivos. En los sueños todo es posible... y ese debe ser siempre el punto de partida de la educación: TODO ES POSIBLE. Los límites de aquello que podemos o no podemos hacer los deben poner nuestras capacidades y no ser el resultado de una educación que no nos permita desarrollarnos al máximo.

Si la educación se construye exclusivamente con el lenguaje de la realidad, es meramente reproductiva y su función es la de conservar lo establecido. Pero la educación también debe formar personas capaces de hacer del mundo un lugar siempre un poco mejor y por eso es necesario que utilice el lenguaje de los sueños. La vida es mejor cuando nunca se deja de soñar.
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Educar sin miedo

domingo, 24 de febrero de 2019
"La educación ayuda a la persona a aprender a ser lo que es capaz de ser." Hesíodo

Una de las características más definitoria del ser humano es nuestra diversidad. Tenemos culturas y religiones distintas, opiniones diferentes, ideologías políticas en ocasiones contrapuestas y, por tanto, hay tantas maneras de entender el mundo como personas habitan el planeta.

Puede que esta sea una de las causas por las que es tan complicado ponernos de acuerdo sobre cuál es la mejor manera de educar. Porque para decidir cómo hay que educar a nuestros niños y niñas, lo primero que hay que plantearse es cuál es el propósito de la educación. Y esta no es una decisión nimia ya que los niños y las niñas son lo más importante que tiene una sociedad porque ellos son los protectores de los sueños de la misma y los garantes de su buen funcionamiento futuro. Por este motivo debemos educarlos sin miedo.

Si entendemos el mundo como un lugar competitivo donde el más fuerte se impone sobre el débil educaremos a nuestros niños y niñas de forma selectiva, procurando que cada uno ellos intenten ser el mejor de manera individual, algo así como una competición deportiva sin fin.

En cambio, si creemos en un mundo en el que todos tenemos cabida, donde todos colaboramos, educaremos a nuestros niños y niñas de manera inclusiva, sin excluir a nadie. El objetivo es que cada persona sin excepción alcance lo mejor de sí misma.

Y entre estas dos maneras extremas de entender el mundo hay muchas otras que se diferencias en matices, pero que implican otras formas de entender el propósito de la educación.

Por todo lo explicado es por lo que la mayoría de las discusiones sobre si una metodología didáctica es adecuada o no, si utilizamos libros de texto o no, si damos clases magistrales o no... tienen más que ver sobre cómo entendemos el mundo y no sobre las bondades o deficiencias de las metodologías mismas. Y aquí radica la dificultad para que nos pongamos de acuerdo sobre cuál es la mejor manera de educar.

Por eso es tan importante educar sin miedo, porque nuestras generaciones futuras serán en buena parte el resultado de la manera como les hemos educado e interactuarán en el mundo con los valores que les hayamos transmitido. Aquí radica el valor de la docencia y la importancia sin parangón de la educación.
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Corazón y razón en la educación actual

domingo, 10 de febrero de 2019
"Es muy importante entender que la inteligencia emocional no es lo opuesto a la inteligencia, no es el triunfo del corazón sobre la cabeza, es la intersección de ambas." David Caruso

En la sociedad actual y, por tanto, también en la educación, la razón parece haber perdido parte de la importancia que tenía. ¡Qué terrible error! ¿Cómo podemos vivir y aprender sin discurrir sobre todas las cosas?

Pero en el mundo actual tampoco parece que la emoción esté mucho mejor considerada. Todo se hace en función del interés, de los réditos materiales que se puedan conseguir con nuestras acciones. Y eso también sucede en la educación del siglo XXI, muy encaminada en formar personas que en el futuro sean buenos profesionales.

La razón y la emoción, el cerebro y el corazón, deben formar parte por igual de la educación. Es un error optar por lo uno o por lo otro. Los contenidos son importantes y el nivel de exigencia para su adquisición debe ser alto. Pero estos contenidos deben aprenderse de modo significativo, deben entenderse y saber utilizar en distintos contextos. Los contenidos no tienen sentido si se pretende que se memoricen de manera provisional y se olviden tras un examen. Además, parece probado que el aprendizaje es más significativo cuando emociona.

La gestión y el control de las emociones también dota a las personas de una mayor capacidad para adaptarse a situaciones cambiantes... y eso en el mundo actual es un gran valor para tener éxito. Reconocer nuestras emociones es tan importante como identificar las de los demás. La resiliencia es una capacidad que nos ayuda a ser más inteligentes en todos los sentidos.

La razón es básica para entender el mundo, la emoción es fundamental para gestionarlo. Por eso no podemos ofrecer a nuestros alumnos y alumnas una educación sin uno de estos elementos. No tiene ningún sentido perder ni un minuto de nuestro tiempo en discutir si la educación debe dejar de lado los contenidos o si la emoción no debe formar parte de la formación en nuestras escuelas. Cerebro y corazón deben formar parte de cualquier proceso de enseñanza/aprendizaje.

Dicen que la manera más rápida y efectiva de cambiar la mente de una persona es conectando con ella a través del corazón. Por eso, por mucho que a ciertas personas les cueste entenderlo, la mejor manera de que nuestros alumnos y alumnas aprendan es emocionándoles. Tú como docentes debes encontrar cuál es la mejor manera de hacerlo, porque hay múltiples formas de conseguirlo... conoces a tus estudiantes y sé capaz de encontrar aquello que les motiva.
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Aprender de verdad, enseñar de verdad

domingo, 3 de febrero de 2019
"Dar clase con la boca cerrada supone evitar la tentación natural de dar clase Narrando y proporcionar a los estudiantes experiencias instructivas y después provocar en ellos la reflexión sobre estas experiencias." Don Finkel


https://www.flickr.com/photos/sweet_vengeance/5054972190
Hace unos días, Toni Solano (@tonisolano), para mí una de las voces más sensatas y coherentes del universo educativo, publicaba el siguiente tuit:
Me dice un alumno: "me han dado la nota de ****** y he sacado un 9". Le doy la enhorabuena y le pregunto qué contenidos salían en el examen. "Uf, ya no me acuerdo de qué iba. Hace tres semanas que lo hicimos". ¿En esto consiste la excelencia?

Soy de los que creen que los contenidos y los conceptos siguen siendo importantes en la escuela. Pero qué sentido tiene promover el aprendizaje fingido, qué sentido tiene hacer que los alumnos y alumnas acumulen datos y conceptos en su memoria a corta plazo para que se olviden a los pocos días. ¿Eso es aprendizaje?

El aprendizaje es activo y debe ser construido. No. esto no quiere decir que las clases magistrales sean siempre inútiles. Según Don Finkel este tipo de clase solo funciona los estudiantes han tenido de verdad las experiencias relatadas y si la explicación del docente les ayuda a reflexionar por ellos mismos sobre esa experiencia. Siempre he defendido que las formas de enseñar son diversas y variadas, por lo que hay que utilizar la metodología más adecuada para conseguir nuestros propósitos.

Enseñar es complejo y complicado, pero también lo es el aprender. Por ese motivo es mejor no dedicar ni un minuto de nuestro tiempo a memorizar cosas que vamos a olvidar al cabo de poco tiempo, es mejor no dedicar ni un poco de nuestro esfuerzo a trabajar cosas sin sentido. Lo que se aprende en la escuela debe servir para siempre, para poder afrontar la vida con garantías.

La realidad es muy compleja y solo puede afrontarse con la misma complejidad. Pocas veces debemos enfrentarnos a algún reto en nuestra vida con los conocimientos aislados de una única materia o disciplina. Los conocimientos deben estar interrelacionados y deben presentase en su contexto. Es el momento de replantearnos la existencia de asignaturas y horarios, de clases cerradas, de la presencia de un único profesor por clase, de agrupaciones por edad, de aulas auditorio. Es el momento de afrontar la complejidad del proceso de enseñanza/aprendizaje en su totalidad.

Sé que esta propuesta no gusta a aquellos que se dedican a la enseñanza desde una perspectiva de especialista en un campo del saber, pero la colaboración y cooperación es más que una opción, es una necesidad.
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